Revolución #53, 16 de julio de 2006


Reseña:

LEGADOS: Artistas contemporáneos reflexionan sobre la esclavitud

slavery art
Parte de la obra de Carrie Mae Weems.

La “institución peculiar”. Con este término petulante e irónico se ha descrito el oscuro capítulo de la historia estadounidense en que unas personas eran dueñas de la vida de millones de seres humanos: sus esclavos.

¿Cuán profundamente ha signado el salvaje sistema de esclavitud todo aspecto de la historia y la conciencia de este país, desde sus primeros días hasta la actualidad? El Museo de la Sociedad Histórica de Nueva York está presentando una exposición que explora esa pregunta: LEGADOS: Artistas contemporáneos reflexionan sobre la esclavitud.

El cuello. Los tres cuadros de Kerry James Marshall (Heirlooms and Accessories) muestran collares inmensos y grotescos con relicarios de fotos de mujeres blancas que miran sin amor. Raro. Poco a poco, el trasfondo se va aclarando: es una foto famosa de un linchamiento en Indiana. Dos negros cuelgan de un árbol y las mujeres están viendo el espectáculo.

A poca distancia se ve otro collar; este es un “collar de esclavo”. En una pequeña placa de plata colocada debajo de la barbilla se ve el nombre “J. Davis No. 101”: el nombre del dueño del esclavo que usaba el collar. Este collar es parte de una compleja instalación (Liberte/Liberty) que tiene dos bustos de yeso de George Washington; de las espaldas cuelgan cadenas y grilletes oxidados de esclavos. Un busto de Napoleón está lado a lado con un retrato de Toussaint L’Ouverture, el líder de una rebelión de esclavos que echó a los franceses de Haití. Al frente del conjunto está una estatua de madera de un negro de las que se veían en las tabaquerías; en la mano tiene el gorro frigio que usaban los esclavos emancipados en Roma. El artista, Fred Wilson, es famoso por “escarbar” en museos y ensamblar objetos de modo que se vean las relaciones sociales que normalmente tapa la falsa historia oficial de la clase explotadora.

En una pared, frente a frente cuelgan dos fotos color azul añil de dos mujeres africanas no conquistadas con hermosos collares y deslumbrantes tocados que se miran, parecería desde grandes distancias. En la parte inferior de las fotos dice: “DESDE AQUÍ VI LO QUE PASABA… Y LLORÉ”. Esta obra de Carrie Mae Weems me ha obsesionado: es imposible borrarse de los ojos y de la cabeza lo que uno conoce aquí sobre lo que la esclavitud del “Nuevo Mundo” conllevó para los africanos que perdieron esposos, esposas e hijos.

Entre las dos mujeres, la artista ha colocado una versión en rojo y negro de una foto muy conocida del “esclavo liberto Peter” titulada “El capataz Artayou Carrier me azotó”…

Las manos. ¿Cómo será crecer con el conocimiento de que a una y a todas las mujeres que conoce las puede violar en cualquier momento cualquier hombre o muchacho blanco que decida permitirse ese “derecho”? Pasar 10 minutos viendo Mammy/Daddy, un video que forma parte de una instalación de Jacqueline Terry y Brad McCallum, abre una puerta a ese mundo inconcebiblemente tóxico: un salón de baile iluminado por la Luna. Dos personas, el dueño de una plantación elegantemente vestido y una esclava, están enganchados de espaldas a una especie de rueda de la fortuna. El aparato da vueltas y vueltas. Cuando el hombre asciende con un imperioso gesto de la mano, la mujer cae boca abajo. Cuando la mujer asciende, con una mirada de angustia desafiante, se tapa la cara y el estómago con las manos y después extiende los brazos con ganas de volar o de irse nadando. Nunca sucede. En la siguiente escena, se ven de cerca las manos blancas agarrando el pecho de ella, con una música de fondo lánguida al ritmo de la máquina giratoria. De fondo, se oye de vez en cuando un trueno o una carcajada de hombre. Al volver la vista, uno ve un grupo de objetos perturbadores: la ropa de ella y de él, blanca y negra, en una vitrina. Entre las prendas, un montón de seda de color rojo sangre. Arriba cuelgan dos moldes a color en tamaño natural del esclavista y la esclava.

El sufrimiento que esperaba a los fugitivos llena toda una sala de la exhibición. En The Loophole of Retreat, Ellen Driscoll cuelga una fila de columnas blancas, réplicas siniestras de una mansión de las plantaciones. Cuelgan de una choza de madera basta parecida a una cápsula espacial. Uno entra, cierra la puerta y se encuentra en una caverna totalmente oscura: una simulación del claustrofóbico ático en que vivió encerrada por siete años en Carolina del Norte Harriett Jacobs, una esclava que huyó de un amo que la violaba. Cuando los ojos se adaptan a la oscuridad, ven una serie de imágenes en un disco flotante (una ventana, la mano de un niño…). Son proyecciones de una cámara oscura y ese rayo de luz es lo único que la esclava veía del mundo exterior. Harriet a la larga escapó al Norte y pudo contar su historia en “Incidentes de una niña esclava”.

La resistencia es un hilo común de “LEGADOS”, manifiesta en las mil formas de lucha de los esclavos por su libertad y su dignidad. Vale la pena ir a la exposición nada más para pasar un momento frente a la colcha de Faith Ringgold titulada “Slave Rape Story Quilt”. Es una colcha de batik con dibujos de cuerpos y huesos, y la crónica escrita a mano de Beata, una nena que nace en la cubierta de un barco negrero, vive y desafía a sus captores.

El jardín de recuerdos de Lorenzo Pace, rodeado por una cerca blanca, se construye alrededor del candado de hierro y la llave con que encadenaban a su bisabuelo Steve Pace. Nada nos puede preparar para ver ese cacho de hierro que usaba una persona de una familia que hoy conocemos. El candado y la llave, que el artista heredó de su tío, también han inspirado un enorme monumento de piedra negra para conmemorar a los esclavos, que se erigió en Manhattan cerca de un cementerio africano recién descubierto.

Una obra notable de Betye Saar (Leader) nos lanza al futuro. En una tabla de lavar de marca “Leader”, la artista pega una pintura en metal de una aya negra, en cuyo delantal blanco dice: “Oh, esas frías manos blancos nos rompieron como ramitas de un árbol, tallaron a Europa en nuestras máscaras africanas y nos hicieron títeres…” (Henry Dumas).

La mayoría de los artistas de esta exhibición son negros y el curador es Lowery Stokes Sims del Studio Museum of Harlem. Se presentará aquí hasta enero del año entrante y después es posible que vaya a otras ciudades. Es la primera exposición de arte contemporáneo de la Sociedad Histórica de Nueva York, y es valiente. El New York Times Holland Cotter escribió una reseña favorable: “La esclavitud americana, lo que hizo y lo que sigue haciendo, es un tópico incendiario… y esta exposición nos hace ver, pensar y repensar”.

“LEGADOS” se conecta con tres exhibiciones anteriores de la Sociedad Histórica de Nueva York: Esclavitud en Nueva York y Guerras civiles: Nueva York y la esclavitud 1815-1870. La impresionante exhibición de postales de linchamientos Sin santuario: Fotografías de linchamientos en Estados Unidos, también se presentó aquí.

En 1867, Marx escribieron sardónicamente en El capital: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos representan otros factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria”.

Esta importante exhibición examina un segmento de esa historia, a través de los ojos de artistas que tienen el valor de representar con fuerza y belleza esta verdad: la esclavitud está en el centro de lo que este país fue y es hoy. Una nota escrita en el libro de visitas del museo el 4 de julio dice: “La esclavitud fue la base de la fundación de Estados Unidos… Que se sepa la verdad tal cual…”.

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