20 meses después del huracán Katrina... El sistema sigue cometiendo crímenes en Nueva Orleáns

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Revolución 1° de julio de 2007

20 meses después del huracán Katrina…

El sistema sigue cometiendo crímenes en Nueva Orleáns

“Esta noche hago este compromiso con el pueblo americano: haremos todo lo necesario, y nos quedaremos todo el tiempo necesario, para ayudar a los ciudadanos a reconstruir sus comunidades y su vida. Todos los que dudan del futuro de esta ciudad deben saber que no se puede imaginar América sin Nueva Orleáns y que esta gran ciudad resucitará”.

George Bush

“Nuestros vecinos mueren porque no pueden regresar a casa”.

Sharon Jasper, 6 de junio de 2007, ex inquilina del proyecto St. Bernard

El 31 de enero de 2007, la unidad Swat del Departamento de Policía de Nueva Orleáns realizó una redada en el centro comunitario New Day de St. Bernard Development, un proyecto habitacional cerrado después del huracán Katrina. Los agentes tumbaron puertas, rompieron barreras y arrestaron a los que encontraron adentro.

Los inquilinos llevan más de un año en la lucha para obligar al gobierno a reparar y volver a abrir St. Bernard, uno de los mayores proyectos habitacionales de Nueva Orleáns, y otros proyectos de vivienda pública por toda la ciudad. Han realizado protestas animadas, a pesar de la oposición de la policía de vivienda, y los inquilinos que ahora viven en Houston y otras ciudades de alguna manera han regresado para participar.

Antes de Katrina había unas 5,000 unidades de vivienda pública en Nueva Orleáns, pero en vez de repararlas y volver a abrirlas, el gobierno federal y las autoridades de vivienda de Nueva Orleáns han estado demoliendo los mayores proyectos: St. Bernard, C.J. Peete, B.W. Cooper y Lafitte. Varias semanas después de la redada, la alcaldía y el departamento de vivienda tumbaron la Ciudad de la Resurrección, un campamento al lado de St. Bernard que ha sido el símbolo de la resistencia a los esfuerzos del gobierno de impedir que los inquilinos regresen y reconstruyan la vida.

Nueva Orleáns: Una herida abierta

Hoy, casi dos años después de Katrina, gran parte de la ciudad de Nueva Orleáns es un terreno baldío. Tras las inundaciones, apiñaron a los pobres y los negros en el Superdome, donde tenían que vivir en sus propios excrementos, sin agua potable o comida, en una situación que hizo pensar en los barcos negreros que traían a los africanos a este país y en que la situación del pueblo negro no ha cambiado fundamentalmente. Mientras el mundo miró horrorizado y la gente seguía muriendo, Bush y sus compinches no hicieron nada. Cuando por fin se entremetió, Bush abrazó a Michael Brown, director de FEMA, y le dijo: “Bien hecho, Brownie”.

Desde el momento que Katrina se dirigió a la ciudad, no cabe duda de que las entidades del gobierno (desde los más altos niveles para abajo) decidieron no dedicar los recursos necesarios a ayudar a la ciudad y sus habitantes. Su meta ha sido controlar, reprimir y degradar a las masas, especialmente a los negros.

Durante décadas y siglos, Nueva Orleáns ha sido la cuna de expresiones culturales que le han tocado el corazón a gente por todo el mundo. Es una ciudad histórica, donde la profunda opresión de los esclavos africanos, y de los afroamericanos hoy (y la resistencia a esa opresión desde la época de la esclavitud), ha sido un elemento central de la conciencia y la cultura local. Los lazos de comunidad, barrios e historia son muy fuertes en esta ciudad. Hoy la gente de muchos de esos barrios (Treme, Gentilly, New Orleans East, Uptown, 7th Ward, el famoso 9th Ward y otros) se encuentra dispersa por todo el país.

De esta tragedia humana, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Alphonso Jackson, dijo: “Nueva Orleáns no será tan negra como antes durante mucho tiempo, quizás nunca”. Richard Baker, un congresista de Baton Rouge, lo dijo sin rodeos: "Por fin se ha limpiado la vivienda pública de Nueva Orleáns. No lo pudimos hacer nosotros, pero Dios lo hizo".

Hace dos años aproximadamente un millón de personas tuvieron que huir de Nueva Orleáns y el sur de Louisiana debido al huracán Katrina, y muchos terminaron en Houston, Dallas, Jackson, Mississippi, y otras ciudades. El gobierno federal calcula que 150,000 desplazados viven en Houston. El alcalde Nagin y otros líderes políticos dicen que pueden regresar si quieren, y que les darán la bienvenida. Quieren regresar, pero el sistema capitalista lo impide. En marzo de 2007, la población de Nueva Orleáns era 225,000, o sea, menos de la mitad de la población de antes de Katrina.

Evacuación y luego abandono

Durante la evacuación de Nueva Orleáns, un sinnúmero de familias se encontraron separadas, y muchas veces ni siquiera sabían en qué ciudad estaban sus seres queridos o si todavía vivían. Muchos pensaban en la separación de las familias durante la época de la esclavitud, cuando vendían a los familiares a diferentes plantaciones. El proceso de reunificación duró muchos meses y les agotaron los recursos.

Dos años después de Katrina, un sistema que puede enviar centenares de miles de soldados a Irak en unas semanas no ha podido reconstruir las casas en Nueva Orleáns. A muchos habitantes no les alcanza el dinero para las viviendas que quedan o las pocas que han reparado. Muchos no pueden regresar debido a las rentas, que se han disparado hasta el 300%.

Unas 12,000 familias viven en los campamentos de casas móviles establecidos por la Agencia Federal de Control de Emergencias (FEMA), casi todos en zonas rurales. Gran parte de las casas móviles son viejas y destartaladas, y muchos campamentos están cerca de vertederos de basura y lejos de los camiones a las zonas urbanas donde están los trabajos y las escuelas. La mayoría de los inquilinos de los campamentos alquilaban viviendas en Nueva Orleáns, y por eso ni siquiera han recibido la miseria que el gobierno ofrece a los dueños para reconstruir las casas dañadas.

El gobierno municipal y de los condados cerca de Nueva Orleáns, como Pascagoula, Mississippi, St. Bernard, St. John the Baptist y St. Bernard, Louisiana, han aprobado leyes que prohíben la construcción de los campamentos o que fijan fechas límites para cerrarlos. En este sistema, los desplazados agotan los recursos de los gobiernos locales. Muchos inquilinos han tenido que trasladarse de un campamento a otro; los hijos tienen que trasladarse de una escuela a otra y los padres no pueden encontrar trabajo estable.

Un ejemplo típico ocurrió en marzo, cuando los agentes de FEMA llegaron a un campamento de Hammond, Louisiana. Sin aviso previo, a los inquilinos les dieron 48 horas para mudarse y ni siquiera les dijeron adónde iban. Un señor le dijo al Leesville Daily Leader: “Es como un ataque de pavor de Irak. Lo llamamos el huracán FEMA”. Una señora que tuvo que mudarse con sus dos hijos dijo: “La situación empeoró. Pero cuando uno no tiene donde vivir, no hay opción”.

A pesar de la gran pérdida de población, en Nueva Orleáns y Louisiana la cantidad de personas sin seguro médico ha aumentado a 1.2 millones, informa el Dr. Michael Ellis, ex presidente de la Sociedad de Medicina de Louisiana. Después de Katrina cerraron el hospital Charity, el más antiguo hospital público del país, y hace unos meses la gobernador Kathleen Blanco anunció que no lo volverán a abrir.

Un sinnúmero de niños y adultos han sufrido choques emocionales y psicológicos del trauma de ver a los cadáveres en las calles y la agonía y muerte de familiares. Pero hay muy pocos servicios de salud mental.

Han desmantelado y privatizado sistemáticamente el sistema escolar. Antes de Katrina, el distrito escolar tenía 117 escuelas y 78,000 estudiantes. En el otoño del 2006, solo había 36,000 estudiantes en sus escuelas. De las 58 escuelas abiertas desde Katrina, 31 son escuelas privadas charter y las demás son del “Distrito Escolar de Recuperación”, una entidad del estado de Louisiana que dirige escuelas “fracasadas”.

Criminalizar a la población… y tratarla como seres infrahumanos

"Cuando vi las escenas de los enfrentamientos de los policías blancos armados con fusiles contra los habitantes, casi todos negros, me hicieron pensar en las escenas asombrosamente parecidas del apartheid en Sudáfrica, donde me crié y estudié".

De The Storm (La tormenta), de Ivor van Heerden, subdirector del Centro de Huracanes de la Universidad Louisiana State

Desde Katrina hasta hoy, han soltado una serie de mentiras para justificar la sistemática y brutal represión de la población. Dicen que la ciudad está asediada por la violencia y plagada de delincuentes y matones.

A los dos días del huracán, en el centro de evacuación River Center de Baton Rouge, docenas de personas expresaron su indignación a un corresponsal de Revolución por las mentiras que circulaban los medios acerca de asesinos y violadores que andaban por toda la ciudad, y de que los inquilinos disparaban a los trabajadores de rescate y quemaban la ciudad. Describieron las caravanas militares que patrullaban los barrios desesperados, y que no hacían nada para ayudar a los que luchaban para sobrevivir y hasta se burlaban de ellos.

El general Gary Jones, comandante de las unidades de la Guardia Nacional de Louisiana, dijo: "Esta ciudad parecerá una pequeña Somalia. Será una operación de combate y vamos a restablecer el control de la ciudad".

Un incidente en el puente del canal de la calle 17 el 4 de septiembre de 2005 es una concentración de las acciones de la policía y el ejército en los primeros días. Varias personas murieron a manos de policías, y el jefe de policía Eddie Compass y otros agentes aplaudieron su muerte. El periódico New Orleans Times Picayune informó: “En su ‘cuartel general’, un lote de estacionamiento del casino Harrah’s, los comandantes vitorearon la noticia. Cuando les preguntaron por qué celebraban, un capitán contestó: ‘Matamos a seis de ellos y ningún agente quedó herido’”.

En diciembre del 2006, un señor que ahora vive en Dallas dio testimonio acerca de lo que vio desde un techo cercano. Dijo que una camioneta de agentes sin identificación ni uniforme mató a balazos a dos hermanos desarmados, Lance y Ronald Madison, que cruzaban el puente, y a otro grupo de personas. Ronald Madison murió de varios tiros en la espalda. Un disparo de una escopeta le cortó el brazo a Susan Bartholomew. James Brissette murió de varios tiros. A José Holmes, de 19 años, le pegaron varios tiros a quemarropa cuando estaba tirado en el puente ensangrentado.

Incluso antes de Katrina Nueva Orleáns era una ciudad de mucha pobreza, con uno de los mayores niveles de desempleo del país. Hoy, cuando la situación ha empeorado, ¿a quién realmente le escandaliza que algunas personas han tenido que recurrir a medidas desesperadas para subsistir? ¿Quiénes tienen la culpa de esto? ¿Quiénes dejaron desmoronar los diques? ¿Quiénes cerraron las escuelas? El mismo sistema que ahora tilda de matones y delincuentes a las víctimas.

Restaurar la industria turística

Durante un período de grandes crisis en la vida de miles y miles de personas, cuando gran parte de la ciudad estaba sin electricidad, agua potable, escuelas u hospitales, el gobierno destinó millones de dólares para proteger la propiedad privada capitalista.

El periódico Daily Reveille de la Universidad Louisiana State informó que, con gran parte de la ciudad en ruinas, gastó $185 millones ($116 millones de FEMA) para restaurar el Superdome.

Han dedicado mucho dinero y atención a la industria turística en zonas como el French Quarter y el centro comercial: por ejemplo, gastaron $60 millones para restaurar el centro de convenciones Morial y $37 para construir un nuevo estacionamiento para los barcos de lujo. Nueva Orleáns era el centro del negocio de esclavos del Sur, y tenía dos docenas de centros de subasta de esclavos. Hoy, la publicidad de los hoteles turísticos del French Quarter dice que ofrecen habitaciones “donde dormían los esclavos”.

A comienzos del año, J. Stephen Perry, presidente de la agencia de turismo, dijo: "Es casi una historia de dos ciudades. Hay unos barrios en la periferia construidos después de la II Guerra Mundial que sufrieron daños increíbles. Pero el centro de la ciudad donde vienen los turistas —el French Quarter, el Garden District y el Arts District— sigue intacto y de hecho parece mejor que antes de la tormenta”.

El mundo no tiene que ser así

Cuando el gobierno le dio la espalda a los habitantes de Nueva Orleáns, la gente común y corriente respondió como héroes. En los días, semanas y meses después del huracán, personas de todo el mundo ofrecieron ayudar. Los artistas recaudaron dinero. Mucha gente alojó a desconocidos. Por todo el país los estudiantes de primaria recaudaron monedas y las enviaron a Nueva Orleáns. Unos habitantes arriesgaron la vida en aguas peligrosas para rescatar a sus vecinos, y otros entraron a la fuerza a tiendas abandonadas en busca de comida, ropa y agua potable para compartir con sus vecinos y sobrevivir cuando el gobierno no les daba nada. Los universitarios pasaron sus vacaciones limpiando y reparando casas.

Pero en el país más rico del planeta, el funcionamiento del sistema los impide a cada paso. Una voluntaria que fue a Nueva Orleáns para limpiar casas y escuelas escribió en este periódico: "Cinco días en el centro de voluntarios de Common Ground, en el 9th Ward de Nueva Orleáns: algo profundamente diferente a lo que había vivido. Condiciones de vida del tercer mundo. Destrucción de zona de guerra. Manzanas y manzanas de casas en ruinas. Del 9th Ward a casas lujosas, del French Quarter a las unidades habitacionales. Nada de movimiento. El gobierno no hace nada y cada iniciativa de reconstrucción se convierte en batalla". ("Sobre Nueva Orleáns: Semillas de un futuro radicalmente diferente", Revolución #43, Alice Woodward)

Pensando en sus experiencias de trabajar junto con gente de todo el país y muchas capas sociales y perspectivas, y en el papel inútil (y peor) del gobierno, escribió: "En Nueva Orleáns están las semillas de un futuro radicalmente diferente, que no se puede consumar en los hechos sin una revolución y una clase radicalmente diferente de poder estatal. Imagina un estado que movilizara a las decenas de millones de personas enfurecidas y entristecidas por el huracán y que quieren ayudar. En lugar de un estado que mata, reprime e ignora cuando hay un desastre, un estado que desencadena a la gente para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad sin recurrir a la explotación y opresión. Imagina que la gente se reúna y cree un espíritu y cultura en torno a eso… algo parecido a lo que la gente logró con su creatividad en la lucha por la reconstrucción, con la ayuda de las masas afectadas".

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