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Revolución #103, 7 de octubre de 2007


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El fundamentalismo religioso, el imperialismo y la “guerra contra el terror”

Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, EU

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De la Redacción: A continuación publicamos un pasaje del libro¡ABAJO CON TODOS LOS DIOSES! Desencadenar la mente y transformar radicalmente el mundo, de Bob Avakian (que la editorial Insight Press publicará en la primavera). Aunque todavía no se ha publicado el libro —y lo que publicamos aquí no es necesariamente la última versión de esta parte del libro—, en vista de lo importante y muy pertinente que es el tema hoy, Revolución ha recibido permiso del autor y de Insight Press para publicar este pasaje. (Las notas de pie son parte del [borrador del] texto del libro).

Aquí es importante responder al razonamiento nada infrecuente –que incluso se oye de quienes se oponen a la religión en general— de que todo el fundamentalismo religioso es malo y dañino, pero hay algo especialmente malvado y peligroso del fundamentalismo islámico. Esa, por ejemplo, es la posición de Sam Harris, autor de THE END OF FAITH, Religion, Terror and the Future of Reason (EL FIN DE LA FE, Religión, terror y el futuro de la razón) y Letter to a Christian Nation (Carta a una nación cristiana); y es la posición bastante clara y muy agresiva de Christopher Hitchens, cuyo libro reciente y su título, GOD IS NOT GREAT, How Religion Poisons Everything (DIOS NO ES GRANDE, Cómo la religión lo contamina todo), concentra la contradicción de la que estoy hablando aquí. Por un lado, como lo expresa la segunda parte del título, el libro de Hitchens es un ataque frontal contra la religión en general; pero la primera y principal parte del título tiene –y no cabe duda de que lo tiene a propósito— una salva dirigida claramente contra el islam en particular: es un “eco en negativo”, por así decirlo, de la invocación islámica común: Dios es grande. No es difícil captar cómo esta posición encaja ingeniosamente con la del gobierno de Bush y de los imperialistas estadounidenses en general, con su “guerra contra el terror” y su objetivo declarado, los “extremistas islámicos”.

Para empezar, de lo que se ha demostrado hasta este punto, debe estar claro que, en cuanto a las escrituras y la tradición religiosa del cristianismo, no hay ninguna base para decir que es, en ningún sentido fundamental o esencial, distinto o mejor que el islam. Cualquier intento de decir esto y aplicar ese razonamiento –por no decir nade de imponerlo y hacerlo cumplir—, en un sentido textual, e insistir en que es la palabra infalible de Dios que hay que obedecer al pie de la letra, como hacen los fundamentalistas cristianos, solo puede llevar a los horrores de primera magnitud. Una vez más, todo esto es algo que la humanidad tiene que superar y dejar atrás para siempre.

Quizás en vista de la realidad de que no hay nada que escoger entre el fundamentalismo islámico y el fundamentalismo cristiano, en sí y al nivel de la palabra textual, un componente común de la posición que dice que de alguna manera el fundamentalismo islámico es peor que el fundamentalismo cristiano es decir que, sí, el contenido de este podría ser igualmente malo, pero especialmente en un país como Estados Unidos –donde es cada vez más difícil negar o hacer caso omiso de que el fundamentalismo cristiano es un fenómeno importante—, un factor que refrena o atenúa sus consecuencias y el peligro que representa es el hecho de que uno de los pilares del gobierno constitucional en este país es la separación entre iglesia y estado. Bueno, primero que todo, tal separación, aunque existe, nunca ha sido absoluta; y, además, es una separación que está bajo un ataque coordinado de parte de los fundamentalistas cristianos y poderosas fuerzas de la clase dominante que representan, o están aliadas con, esos fundamentalistas (mientras que los sectores de la clase dominante que no son en sí partidarios de este fundamentalismo religioso se esfuerzan mucho en transigir y conciliar con él y fomentar la religión en la vida pública; para mencionar solo un ejemplo, veamos las repetidas profesiones de una profunda fe religiosa de parte de todos los principales candidatos a la nominación presidencial del Partido Demócrata). El peligro que representan los fascistas cristianos teocráticos –y la falta de una auténtica oposición en la clase dominante a ellos— es muy serio. Y este ataque contra la separación entre iglesia y estado no ha sido descolmillado ni debilitado estratégicamente, a pesar de que Bush sea un presidente sumamente impopular.1

En general (aunque no de modo uniforme) es cierto que en las regiones del mundo donde el islam es la religión dominante no se ha dado el fenómeno de una transformación social democrático-burguesa, como en los países como Estados Unidos, en la que uno de los principales aspectos ha sido la separación (relativa) entre iglesia y estado. La doctrina y los principios predominantes e institucionalizados del islam rechazan una separación entre iglesia y estado, por un lado, y la política y el derecho, por el otro, tanto como la religión y lo que en general se conoce como la sociedad civil. Pero eso también vale para el cristianismo, y los estados donde el cristianismo ha sido la religión dominante, durante la mayor parte de su historia —y es solo en el período relativamente reciente, hablando históricamente, que se ha dado un cambio, por medio de la transformación democrático-burguesa a la que me he referido. Y es importante reconocer que, como regla, esos países donde se ha dado la transformación democrático-burguesa, como parte del surgimiento y triunfo del sistema capitalista, son los que se han convertido en potencias imperialistas, y su conquista y dominación imperialistas de los países del tercer mundo, entre ellos los países donde el islam es la religión dominante, han sido un gran factor que ha impedido la clase de transformación que hubiera llevado a la separación entre iglesia y estado. Se ha invocado repetidas veces el “atraso” relativo de esos países del tercer mundo para justificar el colonialismo y la conquista imperialista. Y, a su vez, esa conquista y explotación imperialistas, con todas las consecuencias que producen, como instalar en el poder y apuntalar a “gobiernos locales” corruptos y tiránicos, así como devastar buena parte del estilo de vida y de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población, en realidad ha fortalecido las tendencias que identifican las ideas asociadas con “el Occidente” –como los aspectos progresistas de la Ilustración, el estímulo al pensamiento crítico, su reto al dogma religioso y su contribución a separar la política de la iglesia oficial— como ajenas y antagónicas a lo que necesita la población.

Esto responde al argumento que se oye a menudo que, aun si es cierto que las ideas que encarna el fundamentalismo cristiano son igualmente malas a las del fundamentalismo islámico, de todos modos hay una gran diferencia porque los fundamentalistas cristianos no andan dinamitando a gente o edificios y, por lo general, no cometen actos de terrorismo, mientras que esa es la práctica común de los fundamentalistas islámicos. Además del hecho de que los fundamentalistas cristianos sí han cometido actos de terror, incluso en Estados Unidos –como los atentados dinamiteros de clínicas de aborto y asesinatos de médicos que practican abortos—, y de que a las fuerzas fundamentalistas cristianas las están “preparando” para llevar a cabo violencia reaccionaria en una escala mayor si los que las están preparando como tropas de asalto y de choque deciden que sea necesario—, la realidad es que, hasta hoy, la violencia al servicio de las metas que los fascistas cristianos fundamentalistas apoyan fervientemente lo hace en una escala enorme la clase dominante imperialista de Estados Unidos, con las fuerzas armadas y policiales del estado imperialista—, que amenaza con desatar aún más de esa violencia (como por ejemplo atacar a Irán, además de las guerras que actualmente libra en Irak y Afganistán). Y una de las características distintivas de esas fuerzas armadas hoy es precisamente que, de arriba abajo, cada vez más las están influenciando y hasta adoctrinando con el punto de vista del fascismo cristiano fundamentalista.2 Por eso, por lo menos hasta ahora, estos fascistas cristianos fundamentalistas no se han sentido en la necesidad ni compelidos a participar en actividades terroristas o la violencia reaccionaria en gran escala, aparte de las fuerzas armadas y policiales “oficiales” de la clase dominante—aunque, para repetir, no cabe duda de que los fascistas cristianos las han llevado a cabo en una escala menor y existe el potencial de que lo hagan en una escala mucho mayor.

Todo esto, una vez más, refleja el “desequilibrio” de las relaciones de un mundo dominado por un puñado de países imperialistas, y hoy por una superpotencia imperialista en particular, mientras que la gran mayoría de los países, y de los pueblos del mundo, en particular del tercer mundo, padecen condiciones de extrema pobreza, explotación, y desplazamientos y trastornos enormes, impuestos por la dominación imperialista.

En el mundo actual, una expresión concreta de esas contradicciones es la oposición entre la globalización imperialista y sus consecuencias, por un lado, y el fundamentalismo islámico jihadista, por el otro, que se refuerzan mutuamente. Haciendo uso de una expresión (que en realidad es el título de un libro) de Benjamin R. Barber, que habla del fenómeno de “Jihad vs. McWorld”, y ampliándola para incluir el hecho de que el fascismo fundamentalista cristiano es en realidad un elemento importante del programa y la ideología imperantes de la clase dominante imperialista de Estados Unidos, lo he explicado así:

“Lo que vemos en contienda, con la jihad por un lado y McMundo/McCruzada por el otro, son sectores históricamente anticuados de la humanidad colonizada y oprimida contra sectores dominantes históricamente anticuados del sistema imperialista. Estos dos polos reaccionarios se oponen, pero al mismo tiempo se refuerzan mutuamente. Apoyar a uno u otro de esos polos anticuados, acabará fortaleciendo a los dos”.

Esto responde precisamente a lo incorrecto de la posición de que de alguna manera el fundamentalismo islámico es peor que el fundamentalismo cristiano y a cómo esa posición lleva a apoyar a los “sectores dominantes históricamente anticuados del sistema imperialista”. Y, como he subrayado en cuanto a esos “dos anticuados”:

“…tenemos que tener en claro cuál de ‘los dos sectores históricamente anticuados’ ha causado más daño y representa la mayor amenaza a la humanidad: los ‘sectores dominantes históricamente anticuados del sistema imperialista’, y en particular los imperialistas estadounidenses.

“Es interesante. Hace poco oí un comentario sobre esto que me parece correcto y que apunta a algo importante. En relación con los ‘dos sectores históricamente anticuados’, alguien dijo: ‘Se puede decir que las fuerzas fundamentalistas islámicas del mundo estarían básicamente inactivas si no fuera por lo que Estados Unidos y sus aliados están haciendo en el mundo, pero no se puede decir lo contrario’. Esta es una verdad profunda.

“Como principio general, y específicamente para los que nos encontramos en este país imperialista, tenemos una responsabilidad especial de oponernos al imperialismo estadounidense, a ‘nuestra propia’ clase dominante, y a lo que está haciendo por todo el mundo. Pero eso no quiere decir que las fuerzas fundamentalistas islámicas no son históricamente anticuadas y reaccionarias. No cambia el carácter de su oposición al imperialismo, a lo que lleva ni la dinámica de que es parte: que los ‘dos sectores históricamente anticuados’ se refuerzan mutuamente y al mismo tiempo se oponen. Es muy importante captar esto y llevar a otros a captarlo: si uno apoya uno u otro de los ‘dos sectores históricamente anticuados’, fortalecerá a ambos. Es crucial zafarse de esta dinámica y forjar otro camino”. (Ver “Forjar otro camino” en revcom.us)


Notas

1. Ademas do lo que yo (y nuestro partido en general) he hecho para hacer notar y desarrollar oposición al fascismo cristiano, varias otras personas desde diferentes puntos de vista, han recalcado el peligro de los fundamentalistas cristianos derechistas. Ver, por ejemplo, AMERICAN FASCISTS, The Christian Right and the War on America, de Chris Hedges; THE BAPTIZING OF AMERICA, The Religious Right’s Plans for the Rest of Us, del rabino James Rudin; THE THEOCONS, Secular America Under Siege, de Damon Linker; KINGDOM COMING, The Rise of Christian Nationalism, de Michelle Goldberg; WITH GOD ON THEIR SIDE, How Christian Fundamentalists Trampled Science, Policy, and Democracy in George W. Bush’s White House, de Esther Kaplan; y CONTEMPT, How the Right is Wronging American Justice, de Catherine Crier, que era jueza republicana. [Regresa]

2. En cuanto a la influencia del fascismo cristiano en las fuerzas armadas estadounidenses (y en particular en los más altos niveles), además de las denuncias y análisis que se encuentran con frecuencia en el periódico Revolución (en revcom.us), ver por ejemplo Making the Corps, de Thomas Ricks (Scribner 1997), y Black Hawk Down, A Story of Modern War, de Mark Bowden (Atlantic Monthly Press, 1999). Ambos libros los escribieron antes de la presidencia de Bush, que se ha caracterizado por un aumento de la influencia del fundamentalismo cristiano en las fuerzas armadas y de apoyo a ellas. [Regresa]

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