Revolución en línea, 14 de septiembre de 2009


Ideas sobre “La revolución que necesitamos… La dirección que tenemos”

Estimado PCR:

¡Saludos revolucionarios! Acabo de recibir el número 170 y quería expresar algunas de mis ideas sobre este número “La revolución que necesitamos... La dirección que tenemos”.

Primero era muy impactante abrir el periódico y ver la representación en fotos, gráfica y sin censura, del trabajo sucio de Estados Unidos. He visto esas fotos en números anteriores del periódico, pero ver el fotomontaje del horror me impresionó fuertemente. También pude identificarme con muchas de las fotos, la del policía que está arrodillado en la espalda de un joven negro aplastándolo. He estado en esa exacta posición más de una vez, afuera en la sociedad y aquí en los gulags estadounidenses. En los proyectos de vivienda pública en los barrios o ghettos, la brutalidad policial es una realidad de la vida y sirve de rito de paso para los jóvenes de color, se utiliza como mecanismo de control contra los jóvenes potencialmente rebeldes de color y se les enseña desde una edad tierna, es una ley no escrita que los oprimidos conocen demasiado bien, así como la ley que si huyes corriendo de la policía, si te alcanzan te dan una tunda (te la parten).

La foto de los iraquíes en que los están acorralando y arrestando por fuerza militar abierta es un ejemplo perfecto de un “estado policial”, experimentamos lo mismo aquí en Estados Unidos. Solo que en vez del uniforme militar patente los captores visten uniforme de policía, pero muchos hemos presenciado cómo avientan a grupos de jóvenes contra la pared o los sientan en el borde de la banqueta mientras la patrulla hurgan en sus pertenencias o juntan inteligencia sobre ellos para apuntarla en “fichas de campo” que servirán para hostigar más en el futuro. Estos son los hostigamientos constantes que uno ve en la tele o el Internet que ocurren en Irak al “patrullar” las fuerzas militares estadounidenses y entablar ofensivas de hostigamiento. ¡Lo mismo que sufren los latinos y los negros en sus comunidades! La única diferencia es el uniforme que viste el opresor. A los latinos y los negros les tumban las puertas y los sacan a punta de pistola igual que en Irak, a los latinos y los negros los balacean y los matan acribillados las mismas fuerzas de seguridad, con los mismos pretextos — “estaba bajando la mano hacia la cintura”.

La foto de la Rebelión de Los Ángeles siempre me hace sonreír, me enorgullezco por el pueblo que se levantó ese día. Cuando los motines del 92 estallaron tras el veredicto sobre Rodney King, estuve en la “CYA” (reformatorio de menores de California) y me acuerdo que cuando empezaron los motines los guardias hicieron un encierro completo sin ningún movimiento por toda la institución por miedo de que todos nosotros, jóvenes rebeldes, nos subleváramos contra nuestros captores en esa ocasión. Yo ya estaba en la celda de aislamiento en ese momento por otra travesura pero me acuerdo de estar en esa mazmorra y de platicar de los motines en Los Ángeles. Como habíamos oído de ellos y a pesar de que en ese tiempo ninguno de nosotros había estudiado teoría de la lucha revolucionaria y no sabíamos por qué la clase dominante nos había marginado — ¡ni siquiera conocíamos qué cosa era la clase dominante! Pero sí sabíamos que nos dio harto gusto y emoción, sabíamos por instinto que lo que estaba ocurriendo en Los Ángeles no solo era justo sino que era una hermosura, y ¡queríamos entrar en acción! Me acuerdo que yo y mi vecino que estaba en la celda de abajo platicábamos por las rejas, dice y dice lo que hiciéramos si estuviéramos “afuera” y en medio del levantamiento. Siempre me acuerdo de esa situación, que fortalece la posición de que si una revolución llegara hasta estas orillas los millones de jóvenes, igual a nosotros como estábamos en esa mazmorra, correrían a participar en la lucha, aún sin estar bien empapados en la ciencia política, sabrían por instinto que el pueblo tiene la razón.

Ahora, respecto el artículo principal del número 170, “La revolución que necesitamos... La dirección que tenemos”... Bueno, primero, estando preso no solo en uno de los gulags estadounidenses sino también en el reclusorio californiano “súpermax” (de seguridad máxima extrema) de Pelican Bay, realmente agradezco toda esta literatura que puedo recibir en particular del PRLF, porque he utilizado este tiempo en el calabozo para realmente desarrollar mi línea revolucionaria y conocer Estados Unidos por lo que realmente es e identificar todo el horror que acompaña el funcionamiento fundamental de este sistema capitalista que básicamente es una máquina de la muerte. Ese artículo me sonaba como una conversación que tuve con una persona aquí en que platicábamos de toda esa farsa de ¡la tierra de los libres! De hacer carne asada en el parque el 4 de julio y tanta americanada y bla-bla-bla, pero en realidad ¡no hay ninguna maldita razón por qué celebrar este país racista ni su nacimiento genocida! El llamado “Tratado de Guadalupe Hidalgo” que robó la mitad del territorio mexicano, tanto como la tierra de los indígenas a la cual ahora le dicen “América”, confirma que este país no es “la tierra de los libres” sino ¡la tierra de los ladrones! Y eso sin mencionar la esclavitud que instituyeron para crear una economía en esta tierra robada. Este sistema está completamente podrido, la “democracia” no es sino una laca corriente que le da brillo pero si lo volteas verás que trae todas las entrañas rancias. Los que estamos en las prisiones por todo este país entendemos muy bien la dialéctica con la llamada democracia de este país, aprendemos de su funcionamiento por medio de nuestra presentación dolorosa a su sistema de injusticia. La inundación de drogas en nuestras comunidades, la escasez o falta de empleo y de capacitación y una cultura capitalista en que vemos por todos lados mercancías de lujo, en las carteleras, el cine, la televisión, las revistas, los periódicos, la ropa, el arte y nuestra música. Nacimos y crecemos en los barrios y ghettos económicamente marginados donde hasta para caminar a la tienda de la esquina tenemos que esquivar a la policía, ignorando si hoy sería el día que nos mandan al bote o peor. He sentido la bota, el palo y el gas Mace muchas veces ¡pero el macanazo provocó mi nacimiento doloroso como revolucionario! Pues ya no seguía viendo la sociedad en que vivimos por medio de anteojeras complacientes sino que vi la realidad sin censura que viven millones de personas aquí y los horrores que este país inflige por todo el mundo.

Los que logran luchar para apartarse de estas locuras afuera en la sociedad y también los más de dos millones que estamos presos en los campos de concentración como mazmorras gulags súpermax y aguantamos la tortura psicológica y no solo “nos mantenemos firmes” sino vamos más allá al aprender la historia de las maldades de este país y las ciencias teóricas que pueden cambiar el panorama político y las relaciones actuales. Nuestro espíritu revolucionario puede florecer incluso en los tanques de privación más draconianos – ¡eso es el materialismo dialéctico! El marxismo en acción. ¡Los que estamos presos debemos manipular nuestro confinamiento para fortalecer mentes revolucionarias! No podemos sentarnos a esperar que el estado nos enseñe a luchar por la liberación, ¡tenemos que buscar las formas para enseñarnos a nosotros mismos y luego enseñar a los demás!

Como dice el artículo, “luchar contra el poder, y transformar al pueblo, para la revolución”. Bueno lo que eso quiere decir es el poder de la clase dominante, los imperialistas, transformar al pueblo es cambiar esta sociedad con su moda de apantallar los lujos, la mentalidad del esclavo, la pesada cadena de la religión, la autodestrucción que esta sociedad nos siembra en la mente desde jóvenes, el derrotismo, todo eso se tiene que enseñarlo al pueblo, no solo diciéndole que todo eso “es malo” sino enseñándole por qué es un modo de pensar erróneo y de ahí por qué se necesita una mejor manera más revolucionaria de hacer las cosas. ¿De dónde viene esta cultura? ¿A quién beneficia más? Es necesario bregar con estas preguntas para que la gente vea la verdad, lo justo de tu orientación y de ahí podrás transformar al pueblo para que sea posible la revolución.

El artículo habla de que “para tener una revolución, hace falta un pueblo revolucionario entre todos los sectores de la sociedad pero con su base más profunda en los que viven el infierno de este sistema todos los días”… Bueno, yo ya “vivo en el infierno” a fuerzas ya que el infierno es mi tumba incomunicada de hormigón las 24 horas 7 días a la semana pero hay muchos más que viven en un gulag, sea de hormigón o sea de un callejón del ghetto. No tenemos nada que perder más que nuestras cadenas. Pero, incluso aquí, hace falta una transformación para captar la verdadera naturaleza de nuestras condiciones. Con los años he llegado a entender que el periódico es una excelente herramienta organizativa y educativa para movilizar a la gente dentro del sistema penal, con él se ha abierto el diálogo, se han sembrado semillas y se han demarcado las líneas en muchos frentes.

Lo que he podido estudiar de Bob Avakian es que no solo veo el presidente del Partido Comunista Revolucionario en su obra escrita sino que veo un auténtico revolucionario. Me acuerdo de leer su autobiografía From Ike to Mao y me di cuenta de todas las personas con quienes luchó en el transcurso de los años, los muchos reveses y ser el blanco de la policía y de los investigadores federales, en medio de eso muchos abandonaron el camino por el desgaste, el hostigamiento policial o una línea política errónea. Avakian se ha mantenido firme en su lucha por el pueblo, y este artículo que salió en el número 170 dice cómo Avakian ha entregado el corazón a esas luchas y ha estudiado y desarrollado la teoría científica para hacer la revolución. Pero algo que no dice el artículo es que Avakian no tenía que tomar el camino revolucionario, la ardua caminata de luchar al lado de los oprimidos. Creció con un padre que era abogado y luego juez, iba al colegio para emprender una carrera médica, fácilmente pudo haber quedado en la universidad, alcanzado el puesto acomodado de doctor, el Corvette, la esposa modelo y el vivir en los altos bien alejado y protegido de las zonas “del crimen endémico”, de los desamparados y los “elementos de la hampa”, básicamente los marginados y los oprimidos. Pero eligió comprometerse con la gente que creció en condiciones de vida dramáticamente diferentes y por eso lo acosaron junto con el pueblo, lo encarcelaron junto con el pueblo y continúa junto al pueblo. Así que hay muchas contribuciones que Avakian ha hecho al movimiento revolucionario pero por eso a mí me llama la atención que es alguien a quien debo conocer y he conocido más profundamente.

Un preso

26 julio 2009

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