Una sentencia de muerte supermáxima
Un informe de 2001 de Amnistía Internacional (AI) detalla la muerte en la cárcel de David Tracy, condenado de delitos menores de drogas a la edad de 18. Después de tratar de suicidarse cinco veces y cuando le quedaban solamente unos cuantos meses de su sentencia, por fin logró suicidarse a la edad de 20 en una celda de aislamiento supermáximo en el penal estatal Wallens Ridge en Virginia. AI describió las condiciones en esa unidad: A los presos “de rutina los maltratan con pistolas de electrochoque que aturden, los guardias los someten a insultos verbales racistas, les disparan con pistolas de perdigones que duelen mucho y los colocan innecesariamente en amarres de cinco puntos [amarran al preso para impedir que mueva las piernas y brazos]”. Las condiciones en esta unidad supermáxima típica son “contrarias a las normas internacionales que prohíben la tortura y otro tratamiento o castigo degradante, cruel o inhumano, lo que incluye a lo que se establece en el Convenio Internacional sobre los Derechos Políticos o Civiles y el Convenio Contra la Tortura, que son tratados que ha ratificado Estados Unidos”. En otras palabras, además de infrahumanas e inmorales, las condiciones de los penales de Estados Unidos son ilegales de acuerdo al derecho internacional y el de Estados Unidos. (“United States of America: Abuses continue unabated? Cruel and inhumane treatment at Virginia supermaximum security prisons.”)









