Revolución #256, 15 de enero de 2012


Clínica de aborto incendiada en Año Nuevo — ¡A la calle para defender el derecho al aborto con motivo del aniversario de Roe v Wade!

El 1º de enero, a la una de la madrugada, una clínica de aborto en Pensacola, Florida, fue envuelta en llamas. Según todo lo que se sabe hasta la fecha, el incendio fue provocado.

Pero lo más probable es que ustedes no hayan oído nada de esa noticia.

El hecho de que ningún político haya comentado ese asalto violento contra una institución imprescindible para la libertad de la mujer y de que ningún medio de comunicación nacional establecido lo haya reportado debe poner sobre aviso a quienes se inquieten por los derechos de la mujer.

Nadie más defenderá el derecho de la mujer al aborto y al control de la natalidad al no ser los millones que rechazamos la esclavitud de la mujer. Tenemos que apoyarnos en nosotros mismos y no en los demócratas ni de la política electoral. Tenemos que tomar las calles sin regresar a casa. Tenemos que tomar de nuevo la instancia moral suprema y declarar: Aborto al pedido y sin disculpas. ¡Aventémonos a la calle en Washington, D.C. el 22 y 23 de enero para defender el derecho al aborto!

Ese incendio, si bien no lesionó a nadie, dificultará aún más a una comunidad de proveedores de abortos que ya sufría para atender las necesidades urgentes de servicios de aborto de mujeres en el oeste de Florida, Alabama y Misisipí. Eso provocará enorme sufrimiento y obstáculos no necesarios para las mujeres que quieren abortar. Causará grandes dificultades financieras para los que quieren proveerles abortos. También —así como fue su intención— infundirá terror a las personas valientes por todo el país que a diario se arriesgan la vida a conciencia para proveerles a las mujeres por todo el país ese procedimiento absolutamente esencial, completamente moral y extraordinariamente común y seguro.

Que tengamos bien claro: Ésta NO ES la primera vez que una clínica de aborto, su personal o sus pacientes hayan sido víctimas de la extrema violencia, ni será la última vez.

En Pensacola solamente, se incendiaron varias clínicas con bombas incendiarias en la Navidad de 1984, en lo que describieron los culpables como "un regalo a Jesús en su cumpleaños". También en Pensacola ocurrió el primer asesinato de un doctor de aborto, David Gunn, en frente de su clínica en 1993, y en 1994 murieron balaceados el doctor John Britton y su escolta de seguridad James Barrett. En Wichita, Kansas, apenas en 2009, el doctor proveedor de abortos George Tiller fue asesinado en frente de su iglesia un domingo en la mañana.

Sin perder tiempo, en los foros de Internet ya se está defendiendo esa violencia y amenazando más: "Al que provea, apoye o participe en el aborto debe recibir la pena de muerte. Y ya que estamos en eso, aventemos una bomba atómica a Irán". "Esas clínicas, serán el blanco de burla siempre que estén operativas. Esa clínica, no se le debe reconstruir, y a cualquier otra clínica de aborto se le debe cerrar. El aborto es legal en el Estado de Florida pero no es buena idea operar una clínica en una ciudad que obviamente no la quiere". "Por lo menos se salvaron algunas vidas pequeñas ya que la clínica está fuera de servicio".

Pero eso ni siquiera es lo peor.

Ya es hora de dejar de permitir que la corriente tradicional del movimiento antiaborto y la corriente tradicional de la política estadounidense (republicanos y además demócratas) se laven las manos ante estos actos y este tipo de odio a la mujer.

La verdad es que restringir el derecho de la mujer al aborto, sea por medio de cambios a la ley —como enmiendas que califican al feto de una "persona", limitaciones al aborto tardío, financiar clínicas falsas, etcétera— o por medio del terror fuera de la ley, todo representa violencia contra la mujer.

El de que toda la sociedad espera de una mujer que se subordine la vida, las ambiciones, los sueños y la inteligencia a su capacidad biológica de engendrar hijos —y que esa expectación se le imponga con el rigor de la ley del estado más poderoso y represivo del mundo— es esclavitud. La diferencia entre imponérsele "legalmente" o por medio del terror extrajudicial no importa para la vida concreta de las mujeres y de generaciones futuras.

En realidad, estas dos tácticas —por la ley y fuera de la ley— van de la mano, reconózcanlo o no las personas que las llevan a cabo. La violencia y el terror contra los doctores y clínicas de aborto, los han desencadenado y los han alimentado las fuerzas de la "corriente tradicional" que equiparan al feto con un bebé y al aborto con el asesinato (como lo hacen de rutina los republicanos así como los demócratas — acuérdense del apoyo reciente de los demócratas a la enmienda en Misisipí que otorga casi todos los derechos de "ser persona" ¡a todo óvulo fertilizado!). Ante incendios de clínicas o asesinatos de médicos, quizás parezcan "razonables" y menos extremos los oponentes al aborto que quedan en la corriente tradicional, pero las medidas que promuevan tendrán un impacto más horrendo y más duradero sobre un número aún mayor de mujeres.

Los escombros carbonizado de la clínica en Pensacola, el cuerpo destrozado de Emily Lyons (la enfermera a la cual la hizo pedazos una bomba en una clínica en Alabama), los asesinatos de los doctores Gunn, Britton, Slepian y Tiller y el odio y las calumnias de que son blancos las mujeres que entran a estas clínicas por todo el país no son fundamentalmente distintos a la violencia que se cometerá y el terror opresivo que se está imponiendo con cada restricción legal al aborto.

Ser obligada a tener un hijo contra tu voluntad es esclavitud de la mujer. Morir desangrada del útero perforado porque no puedes tener acceso al aborto seguro y legal es sólo un resultado de esa esclavitud. Ser arrestado y encarcelado por proveer abortos a mujeres que lo necesiten —como ya ocurrió a varios doctores por ley— es la imposición de esa esclavitud. Ser arrestada por provocarse un aborto —como ya pasó a mujeres en varios estados, entre ellos muy recientemente ¡en Nueva York!— también impone esa esclavitud.

Todo eso es violencia oficial y hace tanto daño como lo ha hecho la violencia extrajudicial contra las mujeres y las clínicas de la mujer. ¡La única diferencia es que millones de personas la consideran "legítima" y que ocurre a escala mucho mayor!

Que el incendio en Pensacola nos ponga sobre aviso a todos: junto con el sinfín de otros incidentes de violencia y terror contra clínicas y proveedores, esa es el verdadero rostro del movimiento antiaborto.

Que el silencio de los dos partidos políticos dominantes, los demócratas y los republicanos, ante ese terror —junto con sus constantes esfuerzos de limitar cada vez más este derecho tan fundamental— ¡nos ratifique la necesidad de apoyarnos en nosotros mismos!

Sin el derecho de decidir por sí mismas si tener un hijo y cuándo tenerlo, la mujer no es libre, y si la mujer no es libre, nadie lo es.

Somos millones. Ya es hora de ponernos de pie.

Acompáñenme a mí y a El Mundo no Puede Esperar en Washington, D.C. el 22 de enero en Busboys & Poets para un foro, discusión y cena con motivo del aniversario de Roe v Wade y ¡acompáñennos en las gradas de la Suprema Corte para Alzar la voz por el derecho al aborto ante la supuesta "Marcha por la Vida" el 23 de enero!

Este artículo se publicó en inglés por primera vez en el diario digital en Sunsara Taylor, sunsara.blogspot.com.

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