El fascismo de Trump y Pence toma la ofensiva en el ámbito internacional

El método en el tarado

11 de octubre de 2017 | Periódico Revolución | revcom.us

 

La semana pasada se vio una desavenencia abierta entre Donald Trump y su secretario de Estado Rex Tillerson y, quizás a un grado menor, con su secretario de Defensa James Mattis. Estallaron desacuerdos sobre Corea e Irán, con la insistencia de Trump en políticas mucho más agresivas y bélicas en ambos casos.

Este desavenencia no indica que la administración esté en desorden, ni tampoco que Trump simplemente suelte necedades. De hecho, ilustra la afirmación del Llamamiento de Rechazar el Fascismo de que “El fascismo tiene rumbo e impulso”. Lo que indica —lo que estamos presenciando— es una mayor consolidación del régimen fascista y del programa fascista, en el ámbito internacional.

El pasado domingo 1º de octubre, Tillerson anunció que estaba trabajando por varios canales para entablar negociaciones con Corea del Norte sobre sus armas nucleares. Lo anunció estando de visita en China, lo que implica que estaba trabajando con los chinos para arreglarlo. Trump inmediatamente tuiteó que Tillerson no debía “desperdiciar sus energías” y continuó con sus insultos burlones y provocadores al gobernante de Corea, Kim Jong-un. Unos días después, se filtró la noticia de que Tillerson había contemplado renunciar al puesto en el verano y que ha calificado a Trump de un “tarado” a otras personas. En una rueda de prensa extraordinaria, Tillerson negó tener ninguna desavenencia con Trump, aunque no negó explícitamente haberle llamado “tarado” (aunque sí lo negó más tarde una portavoz de Tillerson).

Mientras tanto, Trump —que ha estado criticando el acuerdo que Estados Unidos firmó con Irán que obliga a los gobernantes de ese país a parar toda producción que siquiera podría contribuir a fabricar una bomba nuclear durante 10 años— amenazó con que el 15 de octubre iba a calificar a Irán de “incumplido” con el tratado. (El presidente tiene que certificar que Irán cumple con el tratado cada seis meses). Como consecuencia, el congreso podría reinstituir sanciones económicas (es decir, una guerra económica) contra Irán, lo que en esencia acabaría con el tratado. El secretario de Defensa Mattis, en su testimonio en el congreso, dijo que a su parecer, Estados Unidos debe seguir con el tratado. El contexto para eso es que nadie en realidad cree que Irán no ha cumplido con los términos del tratado, sino que ahora Estados Unidos dice que Irán está violando el “espíritu” del acuerdo. Estas supuestas violaciones son, en esencia, las formas en que Irán, a raíz de sus propios intereses como un pequeño explotador y aspirante a potencia regional, en el Medio Oriente ha contrariado las acciones de Estados Unidos y sus sustitutos Israel y Arabia Saudita. En otras palabras, Irán NO ha violado el tratado, y fuerzas como Mattis se preocupan en voz alta de que (a) esto haga probable que otros aliados y adversarios confíen menos en Estados Unidos, y (b) intensifica la posibilidad de una guerra con Irán. Sin embargo, Trump continuó soltando indirectas de que iba a retirar la certificación.

Luego, el jueves 5 de octubre por la noche durante una función con los altos comandantes militares y sus esposas, Trump de repente hizo que los corresponsales de prensa regresaran y declaró que lo que veían en ese salón —comandantes militares y esposas en ropa de gala— era “la calma antes de la tormenta” y luego se negó a explicar lo que quería decir con eso. Por supuesto, esto provocó un torrente de especulación sobre lo que SÍ quería decir.

Para conectar los hilos: Respecto a dos de los conflictos más urgentes y explosivos en el mundo —entre Estados Unidos y Corea del Norte sobre la insistencia norcoreana en desarrollar una fuerza nuclear disuasoria a un ataque estadounidense, y entre Estados Unidos e Irán sobre la insistencia estadounidense en que Irán se subordine a los dictados de Estados Unidos en el Medio Oriente—, Trump ha rechazado públicamente los esfuerzos de sus asesores principales de evitar una guerra por el momento y por otro lado ha intensificado de manera provocadora las amenazas directas de lanzar guerras o romper tratados.

Sobre tarados, lógica y locura

Al parecer de Tillerson —y de los sectores de la clase dominante que él representa— Trump sí es un tarado. Personas como Tillerson, que se sumó al gabinete después de encabezar la corporación imperialista chupasangre Exxon, creen que el imperialismo estadounidense puede operar dentro del orden mundial actual para continuar su dominación y saqueo. Estas fuerzas para nada se oponen a una guerra para proteger e imponer ese orden — pero este sector de la clase dominante quiere mantener al menos la apariencia de que Estados Unidos quiere evitar la guerra, que Estados Unidos son “los buenos”, que sólo recurren a la guerra cuando hayan agotado las demás alternativas, y cuando “el mundo entero” esté de acuerdo.

Además, existe toda una estructura de alianzas geopolíticas y económicas por medio de la que Estados Unidos ha reforzado y manejado este orden durante más de 70 años. Tillerson, Mattis y fuerzas de ese tipo quieren, en esencia, mantener esas estructuras y alianzas, pero fortalecer la dominación estadounidense en ellas. Que quede claro: durante esas décadas, este “orden mundial” ha provocado la muerte de más de 10 millones de personas en guerras emprendidas o patrocinadas por Estados Unidos, ha implicado la muerte innecesaria por inanición y enfermedades para millones de niños cada año, y ha pulverizado a miles de millones de vidas, año tras año tras año, en las fauces del capitalismo-imperialismo.

En un sentido, Trump representa otra versión de eso. Para él, y las fuerzas que él ha unido, esas estructuras en esencia traban y restringen el poder estadounidense. Consideran que es imprescindible desmantelar esas estructuras y forjar un conjunto diferente de alianzas basado en diferentes “normas cohesionadoras” — es decir, diferentes maneras de zanjar disputas y justificar acciones. Por eso Trump se desmanda y hace cosas extraordinarias como obligar a los generales y sus esposas a ser parte de emitir amenazas medio en broma (el Washington Post notó que cuando pronunció su número sobre la calma antes de la tormenta, las miradas de los asistentes “recorrieron el salón” apanicados). Eso va de la mano con su enfoque en materia de asuntos en Estados Unidos, en que continuamente tritura las cosas a las que las personas han llegado a estar acostumbradas como “así se hacen las cosas” en la política estadounidense.

Para Tillerson, cosas de este tipo y aún más la provocación bravucona al mandatario coreano Kim Jong-un por Trump de hecho son una taradez, que no entiende ni respeta lo que los imperialistas han establecido. Pero, en esencia, los Tillersondel mundo no entienden el método. No es que las amenazas bélicas abiertas e incluso jocosas de Trump son meteduras de pata o que él “no distingue los matices” de la gobernanza; es un enfoque estratégico. Además, este enfoque estratégico exige que tarde o temprano de hecho se vaya a la guerra y además, al hacerlo, se haga con una fuerza abrumadora, desproporcionada y terrible. Hay un método en esta aparente locura. Cabe repetir, como dice Rechazar el Fascismo, todo esto tiene rumbo e impulso.

Si bien a un nivel, se trata de un pleito entre depredadores globales, a otro nivel estas maniobras y amenazas por parte del régimen de Trump y Pence son maniobras hacia crímenes de lesa humanidad que quizás no tengan precedente en la historia humana. Aunque no podemos decir a ciencia cierta cómo se desenvolverá cualquier situación particular, sí podemos decir que si este régimen sigue en el poder, eso intensifica mucho la probabilidad de que Estados Unidos termine en una guerra que empezará con armas nucleares o llegará a ser una guerra con armas nucleares. Las amenazas de Trump y su imprevisibilidad intencional hacen que sea mucho más probable un error de cálculo o una guerra “accidental”, y juegan con la vida de literalmente miles de millones de personas. De hecho, lo que Trump representa y hace intensifica cualitativamente el peligro para la humanidad, hasta para el futuro mismo de la humanidad.

       

¿Quién “refrena” a quién?

Muchas personas todavía se hacen ilusiones de que Tillerson, Mattis y el jefe de gabinete de Trump, el general John Kelly, estén refrenando a Trump. De hecho, Trump está obligando a estos “fascistas moderados” a dejar el gobierno, o en público los contradice o incluso los humilla, y cada vez más queda muy claro que el mismo Trump está dictando la política, y si Mattis sale y dice algo diferente en alguna audiencia del senado, en esencia el impotente es Mattis y no Trump.

Cuando Trump tomó el mando, la presencia de figuras como Tillerson, Mattis, Haley, Priebus y después McMaster fue una concesión de parte del núcleo de fascistas duros, a manera de tranquilizar a sus rivales burgueses y a la población en general, a manera de convencer que Trump estaba dispuesto a trabajar con estas fuerzas “más sabias” y prestar atención a sus consejos. (Esto recuerda mucho al primer gabinete de Hitler, que sólo tenía cuatro nazis, y en su mayoría no estaban en posiciones importantes.) Que no cunda el pánico, dice esa lógica, porque a él no se le permitirá hacer algo temerario.

Pero ¿qué implica cuando cada vez más obligan a dejar la administración incluso a los reaccionarios o los marginan, que solamente la camarilla de Trump y Pence dicta la política, y si algunas de estas otras personas contradicen esa política, les dan reprimendas, muchas veces en público, y en últimas las corren? Los medios de comunicación se refieren a eso como “caos”, y claro que hay un aspecto importante de caos, pero se trata de una consolidación en esencia fascista que avanza por medio del caos. La hora de buscar refugio en mitos reconfortantes se quedó muy atrás; desde hace mucho ya es hora de que millones de nosotros luchemos.

 

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