Amarga cosecha: Cómo el sistema arruinó al granjero negro

Obrero Revolucionario #997, 7 de marzo, 1999

"La raíz del racismo en este país está en el campo, es decir, empezó en las plantaciones con la esclavitud".

Tim Pigford, granjero negro de Wilmington, Carolina del Norte

"Los afroamericanos saben muy bien que el gobierno no los ayuda en tiempos difíciles; al contrario, es común que los hostigue a ellos y sus familias. Ha prestado millones de dólares a los blancos; en cambio sus vecinos negros ni siquiera han podido demandar a un blanco que les debía dinero, les robó o inclusive mató a sus parientes".

Carta al New York Times
sobre la apremiante situación
de los granjeros negros

Al final de la guerra de Secesión, el gobierno prometió 40 acres (100 hectáreas) y un burro a los antiguos esclavos. Con tal propósito el general Sherman apartó miles de hectáreas de tierras confiscadas y abandonadas en los estados de Georgia y Carolina del Sur. Sin embargo, el presidente Andrew Johnson canceló el reparto y devolvió las propiedades a los antiguos dueños.

Si los negros tienen tierras es porque las han comprado o heredado, y cada generación ha luchado muy duro simplemente para conservarla. Autoridades racistas los hostigan; granjeros blancos sueñan con acaparar mayores extensiones de tierra; matones del KKK queman sus granjas; y las autoridades sabotean sistemáticamente sus posibilidades de trabajar la tierra.

Hoy atacan y desmantelan los programas de acción afirmativa con el pretexto de que la "discriminación es cosa del pasado". ¡Puras mentiras! La historia de cómo el gobierno arruinó a los granjeros negros es prueba irrefutable de que el pueblo negro es víctima de un racismo sistemático e institucionalizado.

Una demanda contra el gobierno destaca que el Departamento de Agricultura (USDA) tiene una política racista de negar o postergar préstamos y otros servicios a los negros.

El 4 de enero el USDA se arregló con los demandantes: pagará hasta $300 millones por quejas entabladas durante los últimos 16 años. Son migajas, pues miles de granjeros negros han sufrido grandes penurias y pérdidas económicas. Si bien el gobierno ofrece cancelar sus deudas y pagarle hasta $50.000 a cada uno, muchos de ellos tienen préstamos bancarios y comerciales, además de deudas con el gobierno. En algunos casos quebraron y perdieron propiedades que pertenecieron a su familia durante generaciones; se arruinaron muchas vidas.

La ruina del granjero negro

"De no conseguir un préstamo, habrá un granjero negro menos. Cada día me ponen otro clavo en el ataúd.... Más le convendría ser águila o caracol, pues se preocupan más por proteger a las especies en peligro de extinción que por el granjero negro".

Abrams, de una familia de granjeros en Georgia por cuatro generaciones

"El hecho es que todos los pequeños agricultores están desapareciendo pero, la mera verdad, al granjero negro en particular lo están chingando refeo".

Albert J. Perry, granjero negro de Alabama

La agroindustria, que es el sector más rentable de la economía nacional, está arruinando la pequeña agricultura. Durante los años 80, se expulsó al 24% de la población rural debido a altos costos de producción y bajos precios agropecuarios. Desde 1945 se ha eliminado a cuatro millones de pequeños productores y la situación de los granjeros negros ha sido la más difícil.

Muchos de ellos heredaron la granja de sus padres, abuelos y bisabuelos, quienes fueron esclavos. Hace 100 años se convocó el primer congreso de granjeros negros en el Instituto Tuskegee; en aquel entonces, unos 40 años después de abolir la esclavitud, el 60% de los negros del país trabajaban en el sector agrícola. En 1920, el 14% de los dueños de granjas eran afroamericanos. Pero para 1992, la cifra bajó a 1% (19.000 de dos millones de granjeros del país). Los granjeros negros están perdiendo un promedio de 2500 hectáreas al día, tres veces el promedio nacional.

Por lo general, las granjas de los negros son pequeñas, de 125 a 250 hectáreas. Cultivan verduras, algodón, cacahuate y tabaco. El 95% están en el sureste, con unos cuantos en Texas, Oklahoma y Missouri. Por la situación tan difícil de sus padres, muchos jóvenes buscan empleo en otros sectores. La edad promedio del granjero negro es de 70 años. Se calcula que para el año 2000 el granjero negro podría desaparecer.

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A mediados de los años 70 hubo préstamos federales a bajos intereses y el USDA animó a Albert J. Perry (al igual que a muchos granjeros negros) a sacar préstamos para aumentar sus cultivos y comprar maquinaria y ganado. El primer año el mercado de soya se desplomó. El segundo, un huracán destruyó los cultivos y el tercer año hubo sequía: de cinco años, hubo tres malos y Perry casi quiebra. No perdió la granja, pero no pudo pagar la nueva maquinaria que servía de garantía de los préstamos. Dijo: "Los granjeros blancos de la zona tenían los mismos problemas, pero el sistema los ayudó más".

Mencionó el ejemplo de un compañero negro que tenía unos 60 años; se endeudó para cultivar más cacahuate; compró una cosechadora usada. En medio de la cosecha, la máquina se descompuso. Aunque iba a recibir $20.000 por la cosecha, la dependencia de préstamos no quiso darle los $200 que necesitaba para repararla. Perdió la cosecha; cayó en mora y perdió su tierra. Un año después sufrió una embolia cerebral.

Robert Coleman, otro granjero negro, logró conservar su granja porque trabajaba en una mina. En 1992, le dijo al New York Times: "La mayoría de los préstamos van a las granjas grandes, no a las chicas, y es mucho peor para el granjero negro. Perdemos la tierra por una mala cosecha o por problemas de administración. Muchas veces no tenemos tierras tan buenas ni tenemos el lujo de experimentar con nuevas técnicas que aumentan la productividad. En mi caso particular, de no contar con el empleo en la mina, habría perdido la granja".

Por lo general, los granjeros piden prestado para cubrir los enormes gastos de producción; de no conseguir capital para sembrar, se arruinan. Si el sector comercial no les otorga préstamos, acuden al USDA. Los granjeros negros dependen de esta institución del gobierno porque casi no consiguen préstamos comerciales debido a las fuertes tradiciones racistas de la región sureña. Sin embargo, esa dependencia también los discrimina: en 1983 un equipo de investigación del USDA concluyó que los burócratas "trataban con falta de respeto y de comprensión a los granjeros negros"; no hacían las mismas proyecciones en cuanto al rendimiento para negros y blancos; y rechazaban las solicitudes de préstamos de negros debido a "errores matemáticos".

De 1984 a 1985 el USDA otorgó $1,3 mil millones en préstamos para la compra de tierras; sin embargo, apenas 209 de los 16.000 préstamos eran a negros. Un grupo de investigación encontró que de 1985 a 1994, el granjero negro recibió apenas el 30% de los subsidios del granjero blanco.

Según John W. Boyd, presidente de la Asociación Nacional de Granjeros Negros, el USDA otorga tasas de interés más bajas a los blancos; demora mucho más para aprobar préstamos a negros y a veces los posterga indefinidamente; y hasta cambia las solicitudes para que sean rechazadas y acelera los plazos de pago sin ofrecer explicación alguna.

Los datos indican que la solicitud de un blanco demora un promedio de 60 días comparado a 120 días para la de un negro (si es que se tramita). Por esa y otras prácticas racistas, muchos negros pierden sus tierras.

Los granjeros negros afirman que se les niega ayuda que se otorga rutinariamente a blancos; a veces las autoridades piden que tengan preparación especial en finanzas o agronomía, lo cual no es un requisito para granjeros blancos; y los trámites pueden demorar hasta después de la siembra. Para colmo, hacen comentarios racistas al rechazar las solicitudes de préstamo.

Granjeros negros versus el USDA

"Bregué nueve años para que me dieran un préstamo. En 1992, el jefe del USDA en el condado tiró mi solicitud a la basura. Dijo que no había dinero. Cuando el investigador le preguntó por qué solamente prestó dinero a dos negros, dijo que somos flojos".

John W. Boyd, quien cultiva tabaco en el sur de Virginia y es presidente de la Asociación Nacional de Granjeros Negros

La Asociación Nacional de Granjeros Negros cuenta con 60.000 afiliados, además de familiares y partidarios. Convocó una protesta para exigir una investigación por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, señalando que el gobierno está violando los derechos humanos de los granjeros negros y perpetuando el racismo que ha existido desde la época de la esclavitud.

En 1997, entabló una demanda por parte de 1000 granjeros negros contra el USDA por $2,5 mil millones. Documentó que discriminó a negros y no respondió a centenares de quejas, sobre todo durante los años 80, cuando la administración de Reagan desmanteló la oficina de derechos civiles del USDA.

Durante muchos años, el USDA sostenía que no discriminaba contra los negros, pero finalmente tuvo que reconocer la verdad. Un equipo de derechos civiles del mismo USDA concluyó que: "Granjeros de las minorías han perdido grandes extensiones de tierra e ingresos como consecuencia de la discriminación". Asimismo, el USDA admitió que pasó por alto centenares de quejas de discriminación. Algunos de los demandantes llevan 15 ó 20 años luchando por una compensación.

En abril de 1998, la administración de Clinton salió con un nuevo pretexto: dijo que en la mayoría de los casos se había "vencido el límite" de dos años para solicitar compensación. ¡Qué barbaridad! Proponía examinar las solicitudes una por una, lo cual hubiera implicado una larga demora, además de negarles a los solicitantes el derecho de apelar las decisiones individuales. Fue un golpe muy bajo, sobre todo dado que Reagan abolió la oficina de derechos civiles; es decir, ni siquiera existía la manera de entablar una queja. (La oficina apenas se reestableció en 1996.)

A fines de 1997, el presidente Clinton se reunió con John W. Boyd y otros líderes de la Asociación Nacional de Granjeros Negros, y se comprometió a buscar una solución. Finalmente, el Congreso extendió el límite, pero el año siguiente no se resolvió nada.

Los granjeros negros convocaron grandes manifestaciones en Washington, D.C.; amarraron un burro a la valla de la Casa Blanca para recordar al mundo que los negros jamás recibieron los "40 acres y un burro" que les prometieron después de la guerra de Secesión.

Asimismo, protestaron cuando el secretario de Agricultura, Dan Glickman, habló en el congreso de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color). Glickman reconoció: "Durante los 20 años que estuve en el Congreso, que yo recuerde se abordó el problema de granjeros de las minorías una sola vez. Ni siquiera hubo audiencias en la Cámara ni el Senado antes de estallar las protestas". Agregó: "En la Ley Agraria de 1990 el Congreso otorgó $10 millones anuales para ayuda técnica a granjeros de las minorías a través de universidades agrónomas y organizaciones comunitarias, la misma clase de ayuda que granjeros blancos reciben rutinariamente de la extensión agraria del USDA. Sin embargo, jamás asignó la ayuda, es decir, asignó apenas $13 millones a dicho programa en defensa de los derechos de granjeros de las minorías y no los $60 millones otorgados [de 1990 a 1996]".

Amarga cosecha

En mayo de 1998, un juez federal aconsejó al USDA que llegara a un arreglo con los demandantes negros porque el juicio, programado para febrero de 1999, prometía ser largo y costoso.

El 4 de enero el USDA anunció un acuerdo: todo granjero negro con una queja de discriminación en trámite o que presente una declaración jurada en la cual afirma haber sido discriminado por funcionarios del gobierno recibirá una indemnización de $50.000 (no gravables) y se cancelará su deuda con el gobierno (de $75.000 a $150.000 en promedio). Sin embargo, la directora de derechos civiles del USDA sostiene que aunque este manejó las quejas "indebidamente", no discriminó contra los granjeros negros.

Los demandantes que tienen documentación más detallada sobre actos de discriminación pueden negociar una indemnización más alta a través de un juez independiente. John W. Boyd dice que unos 2000 granjeros solicitarán indemnización, la mayoría de $50.000, porque no cuentan con los documentos necesarios para pedir más.

Para muchos granjeros el arreglo tiene el amargo sabor a traición: el dinero no es nada comparado con las pérdidas que han sufrido y los funcionarios del USDA que cometieron tantas injusticias quedarán impunes.

Willie E. Adams es granjero negro de cuarta generación; cría pollos en Atlanta en las tierras de sus antepasados. Tiene 48.000 pollos pero debe $150.000 ($90.000 al gobierno y $60.000 al banco). Dice: "Estoy hasta los ojos en deudas". Calcula que tendría el doble de pollos si el USDA hubiera tramitado sus solicitudes de préstamo debidamente durante los últimos 22 años. Cuando las rechazaba, recurría a préstamos comerciales con mayores tasas de interés y por eso no podía costear la modernización de equipos requerida por la industria avícola. Por lo mismo, tres de sus cinco gallineros (de 100 metros de largo cada uno) han permanecido vacíos durante más de tres años.

Muchos granjeros negros dicen que ni la cancelación de la deuda al gobierno ni la indemnización sirven de nada, sobre todo para los que quebraron o han perdido la granja. Señalan que no les ayuda en nada con las deudas comerciales ni las altas tasas de interés que tienen que pagar porque el gobierno rechazó sus solicitudes de préstamo.

Charles Dennard, de 47 años, cultiva algodón, cacahuate, soya y sandía en 225 hectáreas de Pineview, Georgia. Le dijo al New York Times: "El acuerdo no me ayuda. Si uno le debiera al USDA no más, sería una gran ayuda pero, además, tengo deudas con el banco". El gobierno cancelará su deuda de $72.000 pero queda debiendo $88.000 en préstamos comerciales que no habría pedido si el USDA lo hubiera tratado debidamente.

John DeCourdreaux cultiva fruta en South Haven, Michigan; dice que el acuerdo no le convence: "Para mí, nos están mirando por encima del hombro y diciendo: `Reconocemos que les hicimos mal, tomen estos centavos y dejen de molestar'. Pues no quiero que me traten así y el dinero es una miseria". DeCourdreaux señala que rechazaron sus solicitudes por centenares de miles de dólares, ni puede comprar un buen camión con los $50.000.

Gary R. Grant es presidente de la Asociación de Granjeros y Agricultores Negros y uno de los demandantes. Cultiva cacahuate, algodón, maíz y soya en 250 hectáreas de Tillery, Carolina del Norte. Dice que el acuerdo "no es ni ético ni justo" porque no castiga a los funcionarios que les negaron préstamos, subsidios y otros servicios a los granjeros negros. Dijo: "Nos robaron la casa, el crédito y la dignidad, y ni siquiera reciben un castigo simbólico".

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