Reflexiones sobre cómo debe responder a la derecha cristiana la Pacific School of Religion

Dr. Hubert Locke

Posteado de nuevo el 10 de diciembre de 2016. Posteado por primera vez el 29 de enero de 2006. | Periódico Revolución | revcom.us

 

A continuación, posteamos de nuevo un discurso dado por el Dr. Hubert Locke, que salió originalmente en las ediciones electrónica e impresa de revcom.us / Revolución en enero de 2006. El Dr. Locke pronunció su discurso en la Pacific School of Religión (PSR; Escuela Pacífica de Religión) en Berkeley, California el 17 de mayo de 2005. El Dr. Locke es un profesor jubilado de estudios urbanos, un ex fiduciario y presidente en funciones de la PSR y ex decano de la Facultad de Postgrado Daniel J. Evans de Asuntos Públicos de la Universidad de Washington. Las opiniones expresadas por el Dr. Locke son, por supuesto, las suyas, y él no es responsable de las opiniones expresadas en otras partes en revcom.us.

El discurso del Dr. Locke figuraba entre las voces de los pensadores y escritores religiosos así como de la gente del clero que sonaron la alarma sobre el peligro del creciente y poderoso movimiento fascista cristiano en Estados Unidos. Este discurso sigue teniendo mucha relevancia y es muy oportuna en este momento, cuando Mike Pence, quien es un líder de un movimiento fascista cristiano que pretende imponer a la sociedad un gobierno, leyes y moralidad dominante basados en una interpretación estricta de la Biblia, es el vicepresidente de un régimen fascista que está en el poder, en que muchos otros fascistas cristianos tienen cargos altos en el gobierno, las fuerzas armadas y las cortes.

 

Siempre me encanta tener la oportunidad de visitar a mis viejos amigos de esta institución, pero me inquieta un poco la tarea que tengo hoy en esta importante reunión. Por definición, una meditación debe ser pensativa y reflexiva; debe ser una conversación calmada y desapasionada, que sienta el tono y la atmósfera para lo que viene después. Espero que esta charla sea pensativa pero les advierto que no será ni calmada ni desapasionada, porque estoy convencido de que tenemos en un nuestro país un movimiento que está haciendo grandes esfuerzos por apropiarse de esta nación en nombre de un conjunto de ideales y valores que presenta como cristianos, pero que, al examinarlos, son la antítesis del Evangelio que predicó nuestro Señor y que debe ser la guía de la vida de nosotros, los discípulos de Jesús. Si este movimiento triunfa --si no se le para en seco-- transformará a Estados Unidos en una pesadilla política y cultural que le dará la espalda a 200 años de historia y hará irreconocible todo lo que hemos sido y aspirado a ser como sociedad democrática.

Esta es la única interpretación que puedo dar a la campaña derechista religiosa de hoy: los ataques a tribunales y jueces, al principio constitucional de separación de iglesia y estado, a la ciencia y su lugar en el mundo moderno, y a las ideas de tolerancia y pluralismo en la vida estadounidense. Hace apenas un año, pensamos que estábamos ante un movimiento obsesionado con usar el aborto y la homosexualidad como pruebas de fuego para medir el apoyo a los valores morales en la vida nacional. Resulta que esos temas eran solo el detonador para movilizar a las tropas; ahora los campos se deslindan y están en juego temas amplios y mucho más ligados a la forma en que esta nación opera y toma decisiones sobre cuestiones de política. Por ejemplo, los ataques poco sutiles contra el principio de separación de iglesia y estado tienen el fin de imponer una forma de gobierno teocrático que murió con los colonos puritanos. Los ataques al sistema judicial, mediante intentos burdos de llenar los tribunales de jueces que apoyan el programa derechista, tienen el objetivo de eliminar toda oposición legal a las legislaturas estatales y a un Congreso que la derecha religiosa cree dominar por completo. Y cuando el presidente nacional de locutores religiosos dice: "Pedir hoy diversidad y multiculturalismo es un ataque apenas velado contra todos los que sienten el deseo y la obligación de proclamar la verdad cristiana", pide regresar a los ideales y valores vencidos en la guerra de Secesión con la derrota del Sur.

La portada del último número de la revista Harper's habla de "La guerra de la derecha cristiana contra Estados Unidos". Quizás ese título es exagerado en la opinión de algunas personas, pero si sirve como alarma para el resto de la comunidad cristiana, me parece totalmente apropiado. Y con el riesgo de ofender con una exageración mayor, quiero referirme (no comparar, sino referirme) a lo que para mí siempre ha sido el clásico choque moderno entre el cristianismo y el estado moderno.

Tras la I Guerra Mundial, la población de tres naciones europeas (Italia, Alemania y España) adoptó el fascismo como doctrina y catapultó al poder a gobiernos que fomentaron ideales fascistas: ese extraño conjunto de nociones que combina los intereses del capitalismo desenfrenado con un nacionalismo excesivo y una visión totalitaria del estado que puede imponer su voluntad a la población. En esos tres países, pero sobre todo en Alemania, que a diferencia de Italia y España tenía más de una tradición religiosa, la iglesia se dividió entre dos visiones diametralmente opuestas. Una era que la iglesia tenía el deber de apoyar las medidas del estado, y que el estado a su vez fomentaría los principios y creencias de la iglesia; la otra era que la iglesia debe lealtad a un poder superior que juzgará al estado y a todo gobierno que presume ser manifestación política de la voluntad divina.

Debido a la devastación cataclísmica que el gobierno fascista de Alemania causó en el mundo, nuestra atención se ha enfocado, con razón, en los 12 años que detentó el poder. Durante ese tiempo, James Luther Adams (uno de los teólogos venerados de mi generación y profesor de las universidades Chicago y Harvard) fue a Alemania a realizar estudios pos-doctorales, siguiendo la tradición de la época. Adams fue testigo del choque entre la iglesia y el fascismo alemán. Hace 25 años, al ver que la derecha religiosa emergía en este país como una fuerza política dedicada a "recobrar la nación para Dios", Adams les dijo a sus estudiantes que aquí también habría que luchar contra los "fascistas cristianos". El fascismo, les advertía Adams, no regresará con esvásticas y camisas pardas. Sus herederos ideológicos se pondrán el manto de la Biblia; vendrán con cruces y recitando la Promesa de Lealtad a la bandera.

No debemos subestimar lo que está en juego en esta batalla contra la derecha religiosa. No es una casualidad que la fuerza y apoyo del movimiento radique en el centro del país, lo que llaman el "corazón" de Estados Unidos, y en particular la región sureña. Esa zona jamás se acomodó a la nueva realidad del país tras la II Guerra Mundial. Al breve lapso de normalidad de posguerra le siguió una década de una revolución racial truncada y retrasada por mucho tiempo, que arrasó con siglos de cultura y tradición, especialmente en el Sur. Dos décadas más tarde, el desengaño de una guerra impopular en el sudeste asiático sacudió las bases del patriotismo convencional y tradicional en la vida estadounidense; a eso le siguió una revolución sexual que trastornó actitudes muy arraigadas de ese sector de la población sobre la posición subordinada de la mujer en la sociedad y el rechazo a las personas gays y lesbianas. Estas derrotas políticas, sociales y culturales han estallado ahora en una batalla sin tregua para retrasar el reloj 50 años y devolver el país a la pureza de la anteguerra. Es significativo que el creacionismo ocupe un lugar tan prominente en el programa de la derecha religiosa. La derecha perdió esa batalla a mediados de la década de 1920 pero nunca aceptó su derrota, como los sureños que no reconocen su derrota en la guerra de Secesión. En consecuencia, la derecha religiosa quiere restaurar un modo de vivir que desapareció del país hace medio siglo.

Si todo esto fuera simplemente una batalla por la conciencia del pueblo estadounidense, podríamos entrar al conflicto con menos preocupación, confiados de que al final la razón y la bondad humana triunfarán sobre la ignorancia y la intolerancia. Pero esta es una batalla por el poder: por acaparar el poder, manipular los tribunales y las decisiones judiciales, controlar los medios de comunicación y entrometerse en todo rincón de la vida y las relaciones personales, para que el país se gobierne de acuerdo a lo que la derecha religiosa considera la voluntad de Dios.

Según tengo entendido, el debate de esta tarde determinará la respuesta de esta escuela a tal situación. Gracias a Dios, están empezando discusiones como esta por todo el país, pero aquí tenemos una urgencia especial por dos razones. En Alemania, cuando los nazis llegaron al poder y el ruido del fascismo empezó a hacer eco por todo el país, la respuesta de las iglesias fue principalmente de los púlpitos. Aquí y allá ciertos teólogos alzaron la voz para guiar a los consejos eclesiásticos y sínodos, pero la mayoría de las escuelas de teología y las voces del profesorado en general se callaron. Esa es la primera razón por la que es importante que este seminario clara y urgentemente se oiga en esta lucha. Necesitamos reflexión teológica, argumentos teológicos y retos teológicos a lo que, en mi opinión, son doctrinas falsas de parte de la derecha religiosa en algunos casos y pura herejía en otros. Las facultades teológicas son las más capaces de elaborar esas reflexiones, argumentos y retos, y de ayudar a los predicadores, pastores y laicos de la comunidad cristiana a prepararse para la lucha.

Segundo, esta escuela ha asumido un lugar destacado en la tarea de animar y ayudar al conocimiento religioso y aceptación de los fieles gay y lesbianas de nuestra sociedad. Que yo sepa, es la única institución teológica que ha aceptado tal tarea. La importancia de esa tarea ha crecido frente a la lucha que he descrito y James Luther Adams da un recuerdo conmovedor del porqué. Déjenme citar los últimos párrafos del artículo de Harper's:

Adams fue testigo del coqueteo de los intelectuales e industrialistas estadounidenses con el fascismo durante los años 30. En esos tiempos, el "corporacionismo" de Mussolini, que creó una aristocracia industrial y comercial sin restricción, se veía como contrapeso al New Deal [las reformas sociales y económicas de Franklin D. Roosevelt--Nota de la Traducción]. En 1934, la revistaFortune elogió al dictador italiano por amansar los sindicatos y fortalecer a los industrialistas a expensas de los trabajadores. En ese tiempo, como ahora, demasiados liberales no se dieron cuenta del poder y la seducción de la maldad, y Adams señaló que cuando salieron al ruedo los cristianos radicales, acataron las reglas de la democracia, cuando ya hacía tiempo los gobernantes habían empezado a desmantelar el estado democrático. Adams vio que los académicos alemanes se callaron o se conformaron. Vio la desesperación con que la gente quería creer las mentiras cómodas de los movimientos totalitarios y la facilidad con que esas mentiras apaciguaron a los moderados.

Nos advirtió poner atención a los ataques de los derechistas cristianos a los homosexuales y lesbianas, porque Hitler, poco después de asumir el poder en 1933, prometió restaurar los valores morales y luego prohibió toda organización y publicación homosexual y lesbiana. Más tarde, ordenó redadas en lugares frecuentados por homosexuales y el 6 de mayo de 1933 todo culminó en el saqueo al Instituto de Ciencia Sexual de Berlín. Tiraron a la fogata 12,000 libros de la biblioteca del Instituto. Adams advirtió que los homosexuales y las lesbianas serán los primeros "desviados" que ataca la derecha cristiana. Luego seguimos nosotros.

 

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