La pesadilla americana

La guerra contra los inmigrantes tras el 11 de septiembre

Travis Morales, partidario del PCR, militante de La Resistencia y de la Red Triángulo Azul

Obrero Revolucionario #1206, 6 de julio, 2003, posted at rwor.org

Tras el 11 de septiembre se desató una gran ola de represión en las comunidades inmigrantes de todo el país.

Agentes armados arrestaron a miles de hombres que no tenían ninguna relación con los ataques a las Torres Gemelas. Se los llevaron de sus lugares de trabajo o de la casa de madrugada. Muchas veces sus familias, amigos y vecinos no sabían por qué los detuvieron ni adónde los llevaron, igual que los desaparecidos de Chile, El Salvador y otros gobiernos del establo yanqui. Sufrieron tratos humillantes y que se sepa por ahora uno, Rafiq Butt, de Pakistán, murió en la cárcel.

El presidente, George Bush, y el secretario de Justicia, John Ashcroft, clamaron: "¡Estamos trabados en una lucha de vida o muerte para erradicar a los terroristas!". Hicieron una serie de acusaciones vagas e insinuaron que los arrestados eran terroristas o posibles terroristas, pero al final no les imputaron nada remotamente conectado con los ataques del 11 de septiembre.

La salvaje embestida fue el comienzo de una ofensiva desalmada y brutal que cobra fuerza con cada día que pasa y, por la cual, los inmigrantes del país viven una terrible pesadilla. A la vez que Estados Unidos soltó su máquina de guerra contra Afganistán y luego Irak; despachó tropas a Yemen, Filipinas y otros países; y sigue amenazando prácticamente al mundo entero, aquí ha estado reprimiendo y atacando a los inmigrantes, sobre todo los musulmanes, árabes y sudasiáticos.

Escalada grande y peligrosa

Ya antes del 11 de septiembre, el gobierno aumentó dramáticamente los ataques contra los inmigrantes, especialmente en la frontera sur. (Véase el recuadro "La guerra contra los inmigrantes antes del 11 de septiembre"). Y desde entonces ha promulgado una amplia gama de leyes, órdenes ejecutivas y fallos judiciales que representan una escalada muy grande y peligrosa de graves ataques a los inmigrantes que nos afectará a todos.

Hoy las comunidades árabes y sudasiáticas viven en la sospecha y el miedo, y cualquier musulmán es un "posible terrorista". El gobierno ha ordenado que miles de personas se presenten a inscribirse y ser interrogadas. El FBI vigila las mezquitas y cultiva soplones en las comunidades islámicas. Busca sembrar desconfianza y poner a un vecino en contra del otro.

Según un periodista del Detroit Free Press : "Se ha creado una extraordinaria y masiva red de agentes que infiltran las comunidades árabes y musulmanas, soplones que dan información a investigadores, y líderes de la comunidad que sirven de guías culturales reticentes del mundo árabe de Detroit. El alcance de la investigación es asombroso. Están vigilando todo aspecto de la vida del inmigrante árabe".

Ordenaron que centenares de miles de inmigrantes "legales" de muchos países árabes, musulmanes y sudasiáticos se presentaran para inscribirse y, cuando cumplieron voluntariamente, les dieron un trato brutal y humillante, y a muchos los trasladaron de noche a cárceles remotas sin que pudieran avisar a sus familias o abogados.

Más de 82,000 personas se presentaron a esa inscripción especial. Hace poco anunciaron que deportarán a 13,000, no por delitos de "terrorismo", sino por infracciones (leves, en muchos casos) de inmigración. El gobierno va a ordenar que todos los inmigrantes que no son residentes se inscriban.

Es muy parecido a lo que les pasó a más de 110,000 japoneses-americanos durante la II Guerra Mundial. Como dijo John Oda hace poco en una rueda de prensa en San Francisco: "Lo que está pasando con la amenaza de deportar a 13,000 individuos es incorrecto, injusto e inmoral... A mis padres, mis tías y tíos, mis abuelos, a todos ellos los internaron durante la II Guerra Mundial. Todos cooperaron con el gobierno, suponiendo que los tratarían con justicia. Pero los metieron en campos de concentración en medio del desierto".

Los politiqueros y sus fieles servidores de la prensa grande han fomentado un ambiente político de sospecha contra cualquier hombre de apellido árabe o islámico y cualquier mujer que usa el hijab (pañuelo tradicional árabe).

Bush y sus secuaces hablan de imponer medidas más duras y de mayor alcance. En marzo, un embajador le advirtió al gobierno mexicano que iba a pagar si no apoyaba la guerra contra Irak. Según el New York Times , advirtió que en caso de que México no votara por la resolución de la ONU a favor de la guerra, "ello podría `atizar sentimientos' contra los mexicanos en Estados Unidos; comparó la situación con la de los japoneses- americanos internados tras el ataque a Pearl Harbor en 1941; y preguntó si México `quiere echar leña al fuego del patriotismo en tiempos de guerra'".

Medidas legales contra los inmigrantes

Con el propósito de hacer sus fechorías y sentar la base para mayores embestidas, el gobierno ha instituido una serie de medidas inauditas que contravienen las normas y garantías establecidas del sistema judicial:

 El Departamento de Justicia puede ordenar audiencias secretas para "casos de inmigración especiales" que "hacen peligrar la seguridad nacional". Por orden del primer juez de inmigración de Estados Unidos, Michael Creppy, los jueces de inmigración deben oír los "casos especiales" aparte en un proceso cerrado al cual no asisten ni familiares ni la prensa ni observadores, y ni siquiera deben confirmar ni negar que los van a oír. En otras palabras, pueden detener a inmigrantes sin informar a nadie de los cargos ni del hecho de que los tienen detenidos; es como "desaparecerlos". Ashcroft y el Departamento de Justicia tienen el poder exclusivo de declarar que un caso es "especial", y no hay ningún recurso de apelación.

 El gobierno de Bush prácticamente ha eliminado el derecho de los inmigrantes (incluso los residentes permanentes) al proceso legal establecido. Antes tenían las mismas garantías que los ciudadanos. Pero se han ido minando y eliminando esas garantías, como el derecho a un abogado, el derecho a sostener conversaciones en privado con él y el principio de que el acusado es inocente hasta que se pruebe lo contrario.

 En abril de 2003, Ashcroft legalizó la detención indefinida de indocumentados sin la posibilidad de salir bajo fianza en casos de "seguridad nacional", incluso si no los acusan de ningún delito. Tomó esa decisión a raíz del caso de unos haitianos detenidos en Florida y lo defendió con argumentos absurdos: que Haití se ha vuelto un "centro de operaciones" de terroristas que quieren entrar a Estados Unidos y que es necesario detenerlos para evitar que otros hagan el peligroso viaje por mar de Haití a Florida y abrumen la "seguridad de la patria". La decisión se aplica a todas las nacionalidades, salvo los cubanos.

 El gobierno ha detenido a inmigrantes como "testigos materiales" en posibles casos de terrorismo. Sin acusarlos de nada, los mete a la cárcel hasta que acepten dar testimonio contra otros, y si no "colaboran", les entablan acusaciones. El tiempo de detención es a discreción del gobierno y se prohíbe que el público asista a las audiencias y que los abogados hablen sobre ellas. Incluso se prohíbe a los funcionarios del gobierno hablar de esos casos. Un experto del Centro de Estudios de Seguridad Nacional dijo: "Detener a personas simplemente por motivos de investigación es propio de los gobiernos autoritarios". Un defensor de las libertades civiles señaló que anteriormente se detenía a testigos materiales con la intención de asegurar su testimonio, pero "según la interpretación [de Bush/Ashcroft], cualquiera de nosotros podría ser un testigo material, cualquiera, hasta por la menor sospecha".

 Ashcroft autorizó que la policía y otras fuerzas del orden de Carolina del Sur y Florida arresten por presuntos delitos de inmigración. Esto es nuevo y contraviene las leyes y normas establecidas. O sea, que la policía podrá parar e interrogar a personas que no han violado ninguna ley, simplemente por su idioma, el color de la piel, la ropa que usan o a su antojo. Y se ve con buenos ojos que lo haga. Según Ashcroft y el Departamento de Justicia, los asuntos de inmigración son "funciones inherentes" del oficio policial y hay que darle a la policía funciones de la Migra en todo el país.

Esta y muchas medidas más no son provisionales. Al contrario, son un elemento básico de la "nueva normalidad".

"Caminamos con miedo"

Por ahora aplican estas medidas principalmente contra los musulmanes, árabes y sudasiáticos, pero en el futuro las podrán aplicar a todos los inmigrantes y hasta contra los ciudadanos. Son parte de una ofensiva para presionar, aplastar y explotar a los inmigrantes, que ha convertido la frontera sur, ahora más que nunca, en una zona de muerte.

Gracias al NAFTA/TLC, el maíz producido por la agroindustria estadounidense con subsidios del gobierno inunda a México y arroja los campesinos a la miseria. Cruzan la frontera para buscar trabajo en los campos o restaurantes de este país esquivando una serie de infernales fortificaciones de alta tecnología, ¡solo para poder pedir trabajo eventual en una esquina! Y ahora en el país del "conservadurismo compasivo" de George Bush, a los haitianos que emprenden el peligroso viaje por mar en botes destartalados les puede tocar cadena perpetua sin que los acusen de ningún delito.

El año pasado, Ashcroft lanzó la "Operación Tarmac" supuestamente para mejorar la "seguridad" en los aeropuertos, y en los siguientes meses arrestaron por infracciones leves de inmigración a centenares de inmigrantes que trabajaban en los aeropuertos de todo el país en chambas donde se gana una miseria. Algunos llevaban muchos años chambeando en los puestos de helados, restaurantes, etc., de los aeropuertos. Otros habían dejado esos trabajos, pero se reportaron nuevamente porque los patrones los engatusaron con la promesa de un aumento... y la Migra los agarró. No los acusaron de tener "lazos terroristas", pero los deportaron a casi todos y arruinaron su vida y la de sus familias por la "seguridad nacional".

En el ambiente de sospecha y represión fomentado por el gobierno, los racistas y los cristianos fundamentalistas están envalentonados y arremeten contra cualquiera que tenga aspecto árabe o musulmán.

En Phoenix, Arizona, tiraron explosivos al patio de una familia iraquí-americana. En Indianapolis, Indiana, atacaron y prendieron fuego a un afgano dueño de un restaurante en su propia cocina y sufrió quemaduras graves. En Chicago, estalló un coche bomba frente a la casa de una familia paquistaní-americana e incendiaron una mezquita después de que un DJ tocó una canción con el coro racista: "Hunka hunka quemando mezquitas".

El impacto de los ataques contra los inmigrantes ha sido tremendo, especialmente en las comunidades musulmanas, árabes y sudasiáticas. Muchos, incluso inmigrantes legales, se están "autodeportando", es decir, están abandonando el país por temor a caer en las garras del gobierno. Los centros de refugiados de Canadá están colmados de ciudadanos de Paquistán, Bangladesh y otros países que han huido de Estados Unidos. (Dichos centros se establecieron hace muchos años para ayudar a los refugiados que huían de las guerras de Centroamérica Made in USA y la persecución política).

Los que se han quedado sienten que están constantemente bajo la lupa y que los tratan como criminales por el simple hecho de ser quienes son, de donde son y sus creencias religiosas. Las medidas del gobierno los hacen vivir en las sombras.

Por ejemplo, un señor de Bangladesh que vive en Nueva York le dijo a un periodista que no se presentó a la inscripción especial aunque sus abogados se lo recomendaron. Dijo: "Últimamente, han arrestado a tantos y he oído que los van a deportar".

Un palestino de 37 años se presentó a la inscripción en Tampa, Florida, y lo metieron al bote porque no sabían qué hacer con un palestino nacido en un campamento de refugiados en Líbano. Lo arrestaron porque se había vencido el plazo para la inscripción de libaneses. Expresó los sentimientos de incontables inmigrantes: "Caminamos con miedo".

¡Hay que pararlos!

Es preciso que construyamos un pujante movimiento que defienda a nuestras hermanas y hermanos, y pare esta embestida contra los inmigrantes.

La represión y el hostigamiento de los inmigrantes están entretejidos en la historia y trama social del país, pero la actual escalada de ataques, por ahora principalmente contra los musulmanes, árabes y sudasiáticos, es la más grande y peligrosa en muchos años.

El gobierno ha instituido una serie de medias altamente represivas parecidas a las de cuando internaron a más de 100,000 japoneses-americanos en campos de concentración durante la II Guerra Mundial, y ha establecido un aparato de espionaje de alta tecnología que invade la vida de todos. Realiza detenciones indefinidas (sin acusaciones), audiencias secretas y mete a la gente a cárceles secretas. Quieren crear un ambiente en que cualquier inmigrante (sobre todo los árabes, musulmanes y sudasiáticos) sea considerado enemigo y una posible amenaza, e infundirnos miedo para que lo aceptemos con cuentos de que todo es "por nuestra seguridad".

Pero la verdadera amenaza al bienestar general viene de las autoridades belicosas y fascistas que controlan la sociedad y han emprendido una guerra sin fin en todo el mundo e instituyen más y más duras medidas de represión y control en "la patria".

¡No se puede permitir esto! ¡Hay que pararlos!

     

Frontera mortífera

En los últimos 20 años, las autoridades federales y locales han apretado la represión y el control de los inmigrantes.

Militarizaron la frontera sur con la construcción de una serie de muros desde Brownsville, Texas, hasta San Diego, California. Como consecuencia, los que vienen a Estados Unidos para buscar trabajo o regresan a México a sus familias y seres queridos tienen que cruzar la frontera en regiones más y más remotas e inhóspitas. Miles han muerto de deshidratación en los desiertos de Arizona o ahogados en ríos o canales. Y los guardacostas patrullan el mar y arrestan a inmigrantes hambrientos que se lanzan desde Haití, China y otros países.

Medidas como la infame Proposición 187 de California han negado servicios de salud y educación a los inmigrantes y creado un clima político que, contra toda lógica, los culpa de todos los males de la sociedad. California y Texas, con sus enormes poblaciones de inmigrantes, prácticamente prohíben a los indocumentados tener licencia de conducir, lo cual los margina y obliga a vivir en las sombras.

Con estas y otras acciones las autoridades han aumentado la represión y el control de los inmigrantes, a pesar de que la economía nacional depende de su trabajo en muchos sectores y en prácticamente todo el país, y a pesar de que los centros de muchas ciudades han experimentado un gran crecimiento económico gracias a los inmigrantes.

   

FBI hace redada en Moscow, Idaho

En marzo del presente, el FBI hizo una redada en la Universidad de Idaho en Moscow, Idaho. Una profesora de la facultad de Derecho me escribió por correo electrónico:

"Ayer fue un día de mucha conmoción en esta pequeña comunidad de Idaho, donde llegaron 120 agentes del FBI armados hasta los dientes con equipo antimotín... para arrestar a un estudiante de posgrado saudita por una visa ilícita. Allanaron los apartamentos estudiantiles a las 4:30 de la madrugada, lo cual fue espantoso para la familia del sospechoso y los vecinos... Interrogaron (por cuatro horas o más) a unos 20 estudiantes que por mala suerte conocían al estudiante saudita o tenían leves irregularidades de visa. Por el momento no han detenido ni arrestado a ninguno, pero han emprendido una cacería de los que supuestamente ayudaron al que arrestaron. El Servicio de Inmigración y el FBI trabajan de la mano en los interrogatorios. Con tácticas propias de la Gestapo nazi amenazan a los estudiantes con revocar la visa (y obligarlos a abandonar sus estudios), y amenazan a sus esposas y novias con entablarles acusaciones por perjurio si no colaboran en la investigación...

"Leer de esto en las noticias es una cosa, pero es muy distinto cuando te toca personalmente. Los estudiantes extranjeros de esta universidad están espantados y se sienten amenazados"

 

   

El infierno de la Migra

A continuación publicamos los relatos de dos de los centenares de inmigrantes árabes, musulmanes y sudasiáticos detenidos tras el 11 de septiembre.

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Anser Mahmood, de 42 años, trabajaba de chofer de camión en Bayonne, Nueva Jersey. Ahora vive en Karachi, Pakistán, con su esposa y cuatro hijos porque lo deportaron a raíz de los sucesos del 11 de septiembre.

Lo arrestaron en una redada poco después del 11 de septiembre; 30 agentes del FBI allanaron su casa el 3 de octubre de 2001. Buscaban a su suegro, supuestamente por uso ilícito de tarjeta de crédito. A Anser le dijeron que no tenía problemas con el FBI pero que el Servicio de Inmigración lo buscaba porque se le había vencido la visa de negocios. Lo detuvieron, pero le aseguraron que estaría "de vuelta a las 11 de la mañana al día siguiente".

No sucedió así y comenzó lo que él llama "el infierno". Le pusieron grilletes y lo subieron a una camioneta con otros cuatro musulmanes. Lo golpearon y le partieron la cara. Un guardia de la cárcel de Brooklyn le dijo: "Eres sospechoso del ataque a las Torres Gemelas".

Pasó cuatro meses y dos días en una celda solo sin ventana. Por dos semanas ni siquiera pudo comunicarse con su familia ni sus abogados. Los guardias observaban sus movimientos por una cámara en la celda. No lo interrogaron sobre sus supuestos nexos con los sucesos del 11 de septiembre. Cuando finalmente pudo hacer una llamada, no pudo comunicarse con la familia porque el teléfono estaba cortado. Unos racistas tiraron piedras a la casa y rompieron tres vidrios.

El 2 de abril de 2002, lo acusaron del delito menor de uso ilícito de una tarjeta de Seguridad Social. Se declaró culpable de quitar la etiqueta que decía "no válido para empleo" para conseguir una segunda chamba como chofer de taxi. El 19 de abril, unos agentes del Servicio de Inmigración lo subieron a un avión a Pakistán.

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Nabeel Khalid, un estudiante de la carrera de administración de empresas en la Universidad de Oklahoma, estaba estudiando para un examen cuando unos agentes federales tocaron la puerta. Al cabo de tres horas de interrogatorio se lo llevaron esposado. Cuando les dijo que tenía que presentar un examen en dos horas, dijeron que era lo que menos debía preocuparle.

Pasó un mes solo en una pequeña celda del Centro de Detención del condado de Oklahoma. No lo acusaron de ningún delito, pero tampoco le permitieron hablar ni escribir a su familia ni al consulado de Pakistán. Los agentes federales recomendaron que siguiera preso y no explicaron por qué un estudiante sobresaliente de administración de empresas era "una amenaza a la seguridad nacional".

A las tres semanas, dado que no tenía antecedentes penales, un juez de inmigración ordenó que saliera bajo fianza. Pero las autoridades federales ya tenían un pretexto para deportarlo: trabajó de medio tiempo en una tienda (una infracción de la visa estudiantil).

Un sacerdote leyó de las detenciones de Nabeel y otros 17 musulmanes en las redadas tras el 11 de septiembre y fue a la cárcel a verlos: "No les dijeron absolutamente nada. No sabían ni por qué estaban presos ni cuándo se iban a presentar ante un juez ni que tenían derecho a un abogado".

El gobierno inició un proceso de deportación contra Nabeel por trabajar en la tienda. Él aceptó salir voluntariamente del país porque sabía que era prácticamente seguro que lo iban a deportar y, como necesitaba dinero para terminar los estudios, no tenía caso endeudarse más en el intento de defenderse. De nuevo en Pakistán, le dijo a un reportero que su padre no tiene trabajo y están pasando muchas penurias: "Todo el dinero que tenía lo gastó en mí... para que estudiara una carrera".

 


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