Revolución #152, 11 de enero de 2009


Últimas noticias desde Oakland

Las primeras horas del año nuevo fueron las últimas para Oscar Grant, de 22 años de edad, otro asesinato a manos de la policía del BART (sistema de tránsito del Área de la Bahía). Otra vida muy querida robada a su familia, a sus amigos y a la humanidad.

Mientras cientos de personas observaban en la estación del metro Fruitvale en Oakland, el oficial Johannes Mehserle obligó a Oscar, que estaba de rodillas con las manos arriba, a acostarse bocabajo en el andén y otro oficial lo sujetaba con una rodilla en la nuca. Según los testigos, Oscar dijo a sus amigos, a quienes la chota amenazaba con pistolas Taser, que “se mantuvieran tranquilos” y que “hicieran lo que ellos decían”.

El oficial Mehserle dejó de sujetar por la espalda a Oscar, se puso de pie y sacó su revólver. Mientras Oscar le dijo, “Por favor no me dispare con la pistola Taser, tengo una hija de cuatro años de edad”, el poli adrede le pegó un tiro por la espalda.

Oscar Grant murió poco después, dejando de luto a una hija de 4 y familia y amigos.

No solo fue una ejecución vil y nauseabunda cometida ante una multitud de testigos horrorizados, tanto en el andén como dentro de los vagones apiñados del metro en la estación de Fruitvale sino que salió grabada en videofilmadoras y teléfonos celulares. Varios videos filmados por pasajeros ya han salido en la tele y YouTube.

En un video salen 5 polis gritándole a un grupo de hombres jóvenes, al cual arrestaban a golpes. De tres a cuatro jóvenes están sentados o de rodillas en el andén, algunos están esposados. Los pasajeros, furiosos, gritaban a los polis, contra el trato que recibían los jóvenes. Luego los polis obligan a Oscar a acostarse bocabajo. Un poli lo sujeta por la nuca con la rodilla mientras Mehserle se para con una pierna a cada lado de Oscar, desenfunda el revólver  y le apunta, y se oye el disparo y se ve el humo saliendo del cañón.

Al difundirse el video en la red y la tele nacional, creció la furia y conmoción. En el entierro de Oscar el 7 de enero, más de mil personas colmaron una gran iglesia. Irrumpió un brote de furia de la comunidad, de gente de diversas nacionalidades, no visto en años. Todos los días ha habido manifestaciones en pro de la justicia, con cuates de Oscar y los que nunca tuvieron chance de conocerlo. El Club Revolución, que ha estado en las calles desde el primer día, ha estado uniéndose con la furia y luchando por la necesidad de la revolución.

Sacudido por la intensidad de esta furia, un vocero de BART pidió calma y caución, diciendo que no se podía juzgar apresuradamente al poli antes de que se conocieran todos los hechos. Al principio, BART dijo que no tenía ningún video de vigilancia que “corroborara” el incidente, diciendo que la cámara de video de esa estación no funcionaba.

Pero los testigos contaron que la chota los atacó o los arrestó y les quitó sus teléfonos celulares. Y la chota no se los ha devuelto. Muchos testigos hablaron con la prensa, resueltos a que salga la verdad, plenamente conscientes del peligro que corren. Contaron que debido a una supuesta pelea en el tren dos paradas antes, los polis detuvieron a los primeros jóvenes negros que vieron en la estación de Fruitvale. La hermana de Oscar nos dijo: “Era un buen hombre. Murió porque se bajó de ese tren”. Aunque no salió en los medios, mucha gente nos dijo que una manada de policías ocuparon el andén, amenazando, golpeando y esposando a cualquiera que los criticara, maldiciendo a los pasajeros y llamándoles “niggers” (palabra requete-despectivo con que la chota se refiere a las personas negras).

Un conocido abogado quien representa a la familia y quien representa a muchas familias de víctimas de asesinato policial, describió este caso como “el balaceo más atroz que he visto jamás”.

Desde luego, BART y el procurador del condado de Alameda, quienes tienen el encargo de entablar cargos criminales contra Mehserle, prometen una investigación a fondo. Sí hablaron con muchos testigos sobre el asesinato, PERO, siete días después del asesino incidente, Mehserle, quien ha estado de licencia con paga y que al cierre de esta edición acababa de “jubilarse”, no ha dejado que lo interrogaran. ¿Qué cosa? ¿Un encubrimiento, mientras que fraguan su “justificación”? ¿Cuándo nos permiten en caso de acusarnos de un delito, el “derecho” a no dejar que nos interroguen?

Las autoridades ya están manipulando el caso ante los medios, dando a entender que es una “tragedia doble”, ¡que el policía también sufre! Insinúan que tal vez el poli solo quería dispararle a Oscar con su pistola Taser y que desenfundó el arma equivocada. ¡Tonterías! Que un poli, adiestrado en armas de fuego, desenfundara por equivocación una ligera pistola Taser de plástico amarillo brillante en lugar de un revólver automático pesado de acero con el cargador lleno de balas.

En una carta personal a la familia de Oscar Grant, Cornelius Hall, cuyo hijo Jerrold murió a causa de un disparo de una escopeta en la nuca por un agente del mismo organismo de la policía de BART en 1992, escribió: “Entiendo tu dolor si bien jamás conoceré lo que sientes ni lo puede nadie más. Mantente dedicado a la búsqueda de la justicia aunque en ciertos momentos te canses”.

Agregó, de su propia experiencia y de la de muchas otras familias que han perdido a seres queridos: “BART tratará de satanizar a tu hijo a fin de hacer que se parezca un maleante. Mantente la cabeza en alto con la memoria de su amor”.

De hecho, la satanización ya ha empezado. Los medios repiten como loros cuentos de la policía sobre un arresto previo de Oscar, años atrás.

Pero la familia y los amigos que conocieron y amaron a Oscar están manteniendo la cabeza en alto con la memoria de un hombre joven que tenía dos trabajos, amaba a la gente y buscaba lo mejor en cualquiera que conociera, amaba el deporte, batió marcas en jonrones en la liga de niños beisbolistas y deseaba casarse con la madre de su hermosa hija. “Lo que más me duele son los momentos en que compartía conmigo su amor por su hija Tayana”, nos comentó un amigo. Otro, al hablar de los planes que él y Oscar acababan de hacer, dijo: “Estoy encabronado. Aún me duele mucho”.

Un amigo de la familia dijo con tristeza: “Éramos una aldea y criamos a nuestros hijos, los criamos para que esto no ocurriera”.

Pero sí ocurrió. Y ocurre con tamaña frecuencia. ¿En qué clase de sistema vivimos el que le hace esto a nuestra juventud tan querida?

Este sistema capitalista de nuevo ha dejado en claro que no ofrece ningún futuro para toda una generación de jóvenes. Nos ha dejado en claro lo que piensa de nosotros. Tenemos que luchar por un futuro diferente. Es necesario responder al asesinato de Oscar Grant con aún más resistencia.

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