Revolución #164, 17 de mayo de 2009


Dos razones por las cuales Obama se niega a juzgarlos

Al anunciar la divulgación de los documentos sobre la tortura, Barack Obama dijo que él lo hacia así porque:

“En primer lugar, las técnicas de interrogatorio descritas en estos memos ya han sido ampliamente divulgadas. En segundo lugar, la Administración anterior reconoció públicamente partes del programa y algunas de las prácticas asociadas con estos memos. En tercer lugar, ya se han terminado con las técnicas descritas en tales documentos a través de una Orden Ejecutiva. Por lo tanto, la retención de estos memos sólo serviría para negar los hechos que han estado en el dominio público durante algún tiempo. Esto podría contribuir a una recapitulación inexacta del pasado y atizar suposiciones inflamatorias y erróneas sobre las medidas adoptadas por los Estados Unidos”.

De más importancia, dijo: “En la divulgación de estos memos, nuestra intención es la de asegurar a quienes llevaron a cabo sus funciones, basándose en la buena fe del asesoramiento jurídico del Departamento de Justicia, que no van a ser objeto de enjuiciamiento”.

¿Por qué Barack Obama insiste en no procesar a los que ordenaron o llevaron a cabo esos crímenes?

Razón #1: Policía bueno / Policía malo

En primer lugar, la promesa de Obama para no enjuiciarlos significa proteger a la CIA y a otros agentes del imperialismo de los EE.UU., haciéndoles saber que son necesarios para llevar a cabo sus crímenes y no es necesario que teman y de hecho no deban temer que nadie está mirando sobre su hombro cuando lo hagan. Es muy llamativo que el día en que se publicaron los documentos sobre la tortura, Obama pronunció un discurso en la sede de la CIA. ¿Qué dijo? ¿Dijo que la tortura es un delito, y que estas cosas nunca se deben hacer de nuevo?

No.

Abrió su discurso diciendo: “Es un gran honor estar aquí con los hombres y las mujeres de la CIA. Por algún tiempo he tenido muchas ganas de venir a Langley para poder entregarles un mensaje simple en persona a nombre del pueblo norteamericano: Gracias. Gracias por todo el trabajo que hacen para proteger al pueblo estadounidense y la libertad que todos valoramos”.

Y luego de explicar que él se vio obligado a divulgar los documentos sobre la tortura a causa de las decisiones judiciales y porque consideró que era oportuno hacerlo, dijo: “No se desanimen el que hayamos tenido que posiblemente reconocer que hemos cometido algunos errores. Así es cómo aprendemos. Pero precisamente debido al hecho de que estamos dispuestos a reconocerlos y, a continuación, seguir adelante, me siento orgulloso de ser presidente de los Estados Unidos y es por eso que ustedes deben estar orgullosos de ser miembros de la CIA”.

Al publicar los documentos sobre la tortura, Obama estaba jugando al “policía bueno” de una forma que Bush no lo hizo. Está trabajando para apuntalar la imagen de los Estados Unidos por todo el mundo, para maniobrar en la batalla por la opinión pública en contra de las fuerzas que toda la clase dominante de los EE.UU. considera como fuerzas fundamentalistas islámicas reaccionarias que son como obstáculos insoportables para sus intereses en el Medio Oriente y más allá.

Pero con el número del “policía bueno” va el reparto verdadero: el “policía malo”, y Obama puede ser eso también. En la película El padrino Michael Corleone se presentó de manera civilizada y piadosa en el bautizo de su sobrino, mientras que fuera de la iglesia, sus esbirros acribillaban a sus rivales. Asimismo, mientras Obama habla de la defensa de “nuestros valores y nuestros ideales, incluso cuando es difícil, no sólo cuando es fácil; incluso cuando tenemos miedo y estamos bajo amenaza”, al mismo tiempo ordena la muerte desde el cielo a través de los aviones sin piloto de la CIA en Pakistán, y sirve como comandante en jefe de la máquina de guerra imperialista de los EE.UU. que masacró a 147 civiles en Afganistán el 4 de mayo de 2009.

Razón #2: “La justicia llevada a su extremo lógico... despedazaría a nuestro país”

Hay otra razón por la cual Obama no enjuiciara a los autores de la tortura. En una columna del New York Times (“A Torturous Compromise”, 28/02/09), Thomas Friedman escribe que “la justicia llevada a su extremo lógico aquí probablemente requeriría llevar a juicio a George W. Bush, a Donald Rumsfeld y a otros altos funcionario, lo que despedazaría a nuestro país…”.

De hecho, podría hacerlo.

Hay divisiones reales y potencialmente volátiles en la clase dominante de los EE.UU. incluso sobre la publicación de los memos. El ex vicepresidente Dick Cheney ha estado en todas las noticias, básicamente advirtiéndole que Obama está exponiendo a los EE.UU. a otro 11 de septiembre o algo peor. Las encuestas muestran que “los cristianos evangélicos”, la mayoría de los cuales forman la base social fundamental para el ex régimen de Bush, son el sector de la sociedad que más apoya el uso de la tortura. Las fuerzas de la clase dominante agrupadas en torno a Bush, aunque están fuera del cargo por el momento, continúan impenitentes y poderosas, tal como se expresa por ejemplo en la gran promoción de Cheney en las grandes redes de noticias y televisión, cosa que es muy poco usual decir al menos acerca de un ex vicepresidente muy impopular.

Y hay otra dimensión de la advertencia de Friedman de que el enjuiciamiento “destrozaría a nuestro país”. Millones y millones de personas que se sintieron indignadas por los crímenes del régimen de Bush, tal como la sanción burda y abierta de la tortura. Es una cosa aplacar a estas personas con un nuevo presidente que, en virtud de una orden judicial, divulga algunos memos que documentan la forma en que la administración anterior hizo suya la tortura. Es otra muy distinta proseguir un proceso penal de quienes infringieron la ley en el régimen de Bush. Esa acusación podría abrir la puerta a lo que se denomina una “crisis de legitimidad”, un momento en que la legitimidad del orden dominante se pone en cuestión, cuando importantes sectores de la gente llegan a ver el orden gobernante como algo ilegítimo.

Una investigación penal también tendría el potencial de destapar la participación activa de las fuerzas dirigentes del Partido Demócrata en la franca sanción de la tortura. Por ejemplo, la CIA, para sus propios fines, publicó hace poco una declaración reveladora de que la lideresa del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, recibió informes de todo lo que estaban haciendo, y ella dio el visto bueno para el programa. Ese señalamiento da una idea del tipo de luchas intestinas en la clase dominante que podrían estallar en caso de que una investigación penal logre despegar.

En resumen, toda la clase dominante, incluido Barack Obama, está preocupada de que si se prosigue, la persecución penal de quienes orquestaron y cometieron torturas podría provocar un cuestionamiento generalizado no sólo de cómo los EE.UU. defiende su imperio sino abre la puerta a que las personas lleguen a ver que este es un imperio, un imperio mucho más sangriento que el de la antigua Roma.

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