Del Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar:

¡La revolución comunista y nada menos!
Declaración del Partido Comunista de Irán (mlm) con motivo del Primero de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera

30 de mayo de 2018 | Periódico Revolución | revcom.us

 

14 de mayo de 2018. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar. El texto original en persa de la siguiente declaración del Partido Comunista de Irán (marxista-leninista-maoísta) se encuentra disponible en su sitio web www.cpimlm.com.

Este año el Primero de Mayo llega en un momento en el que Irán y el mundo están en el umbral de acontecimientos y trastornos sin precedentes. Se está desarrollando una situación que encierra grandes peligros para la mayoría de la gente en Irán y en el mundo. Pero en esta situación también residen importantes oportunidades que hay que aprovechar para un cambio radical en Irán, el Medio Oriente y el mundo, oportunidades de avanzar, por medio de enormes sacrificios y luchas de las masas de personas, bajo la dirección de los comunistas, hacia la emancipación, para hacer retroceder a los Estados reaccionarios y las potencias imperialistas en muchos países, asestarles golpes y derrotarlos, avanzando a pasos agigantados, para así gestar un nuevo amanecer en el mundo, en el que las revoluciones comunistas prevalezcan y se establezcan nuevos Estados socialistas en diferentes rincones del planeta. Únicamente al reconocer estas oportunidades y hacerlas realidad podremos enfrentar los peligros masivos por venir.

Por su funcionamiento cotidiano, el sistema capitalista imperialista arroja todos los días a cada vez más gente a la miseria y el terror. La cantidad de gente azotada por el hambre y la guerra aumenta, el calentamiento global continúa, y el mundo enfrenta constantemente la terrible amenaza de un estallido de nuevas guerras y nuevas tandas de matanzas en masa. En Estados Unidos, el régimen de Trump y Pence está echando por la borda la democracia burguesa y está estableciendo en su lugar un régimen fascista cristiano. Si este régimen logra consolidarse, impondrá a la gente un mundo más racista, más misógino y más pobre, e intensificará destructivas guerras y la destrucción del medio ambiente. Aun antes del ascenso del régimen de Trump y Pence, el funcionamiento del sistema capitalista global y las políticas de varias potencias imperialistas, como el imperialismo de Estados Unidos, ya habían convertido al Medio Oriente en un campo de batalla entre señores de la guerra islamistas, los Estados reaccionarios de la región y los ejércitos imperialistas. Sin embargo, con el gobierno del régimen de Trump la situación en el Medio Oriente se volverá aún más intensa. Las rivalidades económicas y políticas entre las potencias imperialistas (Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea) se están intensificando. Estas rivalidades han avivado las llamas de guerras de sustitutos en lugares como Siria y han hecho que la situación ahí sea aun más compleja, sin fin a la vista. En las guerras en Siria y Yemen, además de las potencias imperialistas, potencias reaccionarias regionales como Irán, Turquía, Israel y Arabia Saudita, y diferentes grupos islamistas chiítas y sunitas, están masacrando implacablemente a la gente y arrasando sus tierras. El ascenso de un régimen fascista en Estados Unidos ha alentado el crecimiento de fuerzas políticas fascistas en Europa. En varios países europeos, como Alemania, Francia, Polonia y Hungría, los partidos de la extrema derecha están expandiendo su poder e influencia.

La situación en Irán no está aislada de la arena internacional y de hecho, principalmente la conforman las tendencias políticas internacionales. El poder político de la República Islámica ha perdido su cohesión. Entretanto, el régimen sigue sintiendo las réplicas del levantamiento de los pobres en diciembre de 2017. Además, ola tras ola de protestas, huelgas y manifestaciones han enfrentado al régimen con la verdadera posibilidad de un colapso social y económico y grandes movimientos y levantamientos de masas: de parte del movimiento de los trabajadores, los profesores y los pensionados, las Mujeres de la Plaza de la Revolución (así llaman a las mujeres que se pusieron de pie en la Plaza de la Revolución, se quitaron el hiyab y lo agitaron), los campesinos de Isfahán (que protestaron contra la escasez de agua) y la gente de Juzestán (que protestó contra la contaminación y las salvajadas del régimen contra la población árabe en esa provincia). La situación es tan aguda que un número de altos funcionarios de la República Islámica y de ejecutivos encargados de la seguridad han expresado abiertamente su temor a que el régimen pueda colapsar o sea derrocado, y su alarma por la falta de una visión clara sobre qué va a suceder en el transcurso de este año. La República Islámica buscó remediar su crisis económica y política suscribiéndose un acuerdo nuclear con las potencias imperialistas. Pero este acuerdo no le ha traído estabilidad al régimen. El nombramiento de John Bolton como el asesor de Seguridad Nacional del régimen de Trump, no solo ha abierto un nuevo capítulo en los esfuerzos de apretar a la República Islámica, sino que busca jalar a Irán cada vez más al lodazal de guerras en el Medio Oriente, e incluso extender estas guerras al mismo Irán.

El régimen reaccionario de la República Islámica de Irán asegura que con sus crímenes de guerra y su criminal participación en la guerra siria, y con su defensa del reaccionario régimen de Bashar al-Assad, ha protegido a Irán contra los conflictos en el Medio Oriente. Pero lo que pone en riesgo a Irán de una posible “sirianización” es precisamente el propio régimen y el propio sistema de la República Islámica. Sus diferentes facciones militares y de seguridad se compiten entre sí por el monopolio del territorio, los recursos naturales y los altos cargos ejecutivos. Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense prepara un “cambio de régimen” en Irán con el respaldo de sus fuerzas asociadas. En el marco de una situación semejante tan tensa, cualquier acontecimiento turbulento, como un enfrentamiento militar directo entre la República Islámica y Estados Unidos, Israel o Arabia Saudita, o intentar dar un golpe de Estado de parte de algunas de las diferentes facciones en la República Islámica contra las otras, acompañado de una violenta represión a la población, con el objetivo de reestructurar un nuevo núcleo duro de poder en la República Islámica, podría allanar el camino hacia un proceso similar al que ha estado dándose en Siria y Libia en los últimos años.

Preparémonos para las grandes batallas

En una situación así de cargada, las ilusiones y la ambigüedad política, la incapacidad de hacer un análisis científico y de ponerse a la altura de los retos del momento con una línea revolucionaria que se base en la realidad, podría llevar a la destrucción de las fuerzas progresistas y a arrasar con el duro trabajo revolucionario que se ha realizado. Tenemos que analizar la situación de la manera más cabal posible, captar su carácter excepcional y reconocer la posibilidad de virajes peligrosos en esta situación. El verdadero desastre, el verdadero significado de la “sirianización” de Irán sería el que las masas populares salieran a las calles y se pusieran de pie contra sus condiciones de opresión y explotación, pero los actores de peso en la escena fueran diferentes fuerzas reaccionarias internas y externas al régimen de la República Islámica.

Este último aspecto de la situación tiene que cambiar inmediatamente. Esta es la necesidad política que la situación actual presenta. Para estar en una posición de lidiar con los grandes e inminentes peligros, nuestra tarea es abrir un camino radicalmente diferente para las masas, un camino cuyos objetivos y marco económico, político, social y cultural se determinen por una revolución comunista real, y que atraigan a importantes cantidades de masas a este camino de entre los que se han unido a los distintos centros de lucha y resistencia contra la República Islámica.

En 2017, cientos de estallidos de protestas, huelgas, concentraciones y manifestaciones de trabajadores (900, según algunas estimaciones) tuvieron lugar en ciudades y regiones iraníes. Esto muestra la severidad de la realidad que enfrenta el régimen y el potencial del pueblo para protestar y luchar. No obstante, el alcance y la cantidad de estas luchas, su persistencia, su valor, su iniciativa y su insistencia en que se cumplan sus demandas y derechos económicos y de otra índole, están lejos de ser lo que los trabajadores en realidad necesitan.

Las funestas condiciones políticas y económicas en Irán, la región del Medio Oriente y en el mundo no se van a arreglar con simples mejoras económicas y la creación de empleos en esta u otra rama de la industria, ni con que algunas personas recuperen sus depósitos bancarios. La crisis de la pobreza y el desempleo continuará de diferentes maneras, a diario en el mundo la situación arrastrará a más y más gente hacia el hambre y la miseria, pese a que quizá se proteja temporalmente al “yo” o “mi familia” o “mi país” contra los ataques directos e indirectos del sistema. La lucha contra las devastadoras tormentas por venir no se puede ganar con una visión estrecha sobre los intereses en juego o con la política de identidad de un sector de la sociedad (como el movimiento de las mujeres o los movimientos de las naciones oprimidas, etc., cada uno en su propia lucha por sus derechos y aislados entre sí). La explotación y la opresión repartida por el sistema capitalista es un fenómeno global y universal, y la solución es una sola solución por la cual hay que luchar en diferentes frentes de batalla, todos los cuales sirven a una solución integral real única.

Un importante frente de batalla en nuestra lucha para derrocar al régimen de la República Islámica y abrirle el camino a la revolución comunista en Irán es la lucha antiimperialista. Hoy, esta lucha antiimperialista tiene que centrarse particularmente en respaldar al amplio movimiento antifascista iniciado por el Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos (revcom.us) con el lema, “En nombre de la humanidad, nos NEGAMOS a aceptar a un Estados Unidos fascista” (refusefascism.org).

¿Qué tipo de revolución? ¿Qué tipo de dirección?

La situación es muy fluida e impredecible, pero una comprensión científica de “cuál es el problema” nos explicaría con gran certeza que “la revolución comunista es la única salida”. Nosotros los comunistas representamos los intereses de toda la humanidad y es por esto por lo que luchamos. Daremos nuestra batalla para cambiar el mundo radicalmente sobre la base de la ciencia del comunismo y no algunas nociones e ilusiones democrático burguesas. Por la revolución comunista y la ciencia del comunismo nos referimos a lo que ha desarrollado y forjado Bob Avakian en el Nuevo Comunismo, y no a las diferentes narrativas sobre el comunismo o nociones a nombre del comunismo.

Hoy, para preparar tal revolución en Irán, nada es más importante que llevar esta emancipadora ciencia del Nuevo Comunismo y el plan de acción de nuestro partido para convertir esto en una revolución real en Irán, a amplios sectores de trabajadores combativos, mujeres rebeldes, gente de las nacionalidades oprimidas (kurdos, árabes, baluchis, turcos, afganis, turkmenos, etc.). Sin esto, y sin que crezca continuamente el número de comunistas, no podremos construir la dirección de la revolución comunista y su columna vertebral.

La campaña de masas más importante en la agenda de los comunistas revolucionarios es la campaña para generar una amplia conciencia del Nuevo Comunismo y la revolución comunista en Irán. Para hacerlo, debemos realizar una amplia agitación y propaganda por toda la sociedad acerca de la Nueva Síntesis del Comunismo y las obras de Bob Avakian (en particular el libro El Nuevo Comunismo) así como los documentos básicos de nuestro partido, como el Manifiesto y el Programa para la Revolución Comunista en Irán (publicado en febrero de 2018) y también el Anteproyecto de la Constitución para la Nueva República Socialista de Irán (próximamente a salir). Necesitamos que la gente avanzada y una nueva generación de comunistas se comprometan con esta ciencia para entender la situación y cambiar las condiciones mediante trabajo y esfuerzos duros basados en la meta estratégica de la revolución comunista.

Tenemos que plantear estas preguntas ante los activistas conscientes y ante aquellos que están al frente del movimiento de los trabajadores hoy: ¿Qué papel cumple el lema “¡Trabajadores del mundo, uníos!” en sus luchas actuales? ¿Se revolverá el problema de la clase trabajadora con algo menos que este tipo de revolución y este tipo de visión internacionalista? ¿Qué significa el internacionalismo proletario en relación con los obreros afganis que están atrapados en los sectores más bajos y más oprimidos de la clase obrera en Irán, y cuál es la relación del internacionalismo proletario en las luchas actuales de los obreros? ¿Qué posición deben tomar los obreros en lucha respecto a la opresión de la mujer bajo este régimen en general y sobre las condiciones de las mujeres proletarias y su superexplotación? ¿Cómo ven la relación entre la falta de derechos y el hambre de los obreros y sus familias en Irán y los crímenes que el régimen de Irán está cometiendo en Irak y Siria? ¿Cómo se relaciona todo esto con la rápida aceleración de la escasez del agua, la destrucción del medio ambiente y la supresión del disentimiento política por este régimen?

A lo que vamos aquí no es a recalcar el hecho de que hay que llevar este tipo de conciencia y discusión a diferentes movimientos sociales como el movimiento obrero, el movimiento de las mujeres y otros ámbitos de la lucha en la sociedad. Es obvio que debemos hacer eso. La cuestión fundamental es que para hacerle frente a la situación extraordinaria que está surgiendo de la intensificación de las contradicciones internas e internacionales, debemos fortalecer y desarrollar la dirección comunista y la columna vertebral para dirigir la revolución antes de que la situación alcance el extremo de reventarse. Inclusive a los que no son comunistas y están luchando contra el sistema capitalista con una meta que quede corta de la revolución comunista, les debemos decir que la única salida de las venideras tormentas y torbellino es luchar por el tipo de sociedad que nuestro partido ha concebido y asumir el plan de acción que el partido ha desarrollado.

Hace más de 100 años, en la víspera de la Primera Guerra Mundial, Lenin escribió:

“Una clase oprimida que no aspirase a aprender el manejo de las armas, a tener armas, esa clase oprimida sólo merecería que se la tratara como a los esclavos… En toda sociedad de clases —ya se funde en la esclavitud, en la servidumbre, o, como ahora, en el trabajo asalariado—, la clase opresora está armada… Nuestra consigna debe ser: armar al proletariado para vencer, expropiar y desarmar a la burguesía”.

Darle cualquier otro significado al Primero de Mayo es eludir a la realidad e huir de la necesidad de la transformación revolucionaria de las circunstancias actuales. La siguiente declaración de Bob Avakian es un principio fundamental de la revolución proletaria:

“Necesitamos una revolución. Cualquier otra cosa, en última instancia, es una tontería. Bueno, esto no quiere decir que no nos unamos a otra gente en toda una variedad de luchas que no tengan por objeto una revolución. No hay duda de que necesitamos hacer esto. Pero es una ridiculez, francamente, presentar cualquier otra solución a estos monumentales y monstruosos problemas e infamias.”.

¡El futuro le pertenece a los que se atrevan a dar grandes saltos hacia la emancipación!

¡Viva la revolución, viva el comunismo!

¡Luchar para derrocar la República Islámica de Irán y establecer la Nueva República Socialista en Irán!

 

 

El 17 de marzo de 2017, el Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar (SNUMQG) anunció su transformación en una herramienta más completa para la revolución basada en la nueva síntesis del comunismo de Bob Avakian. Lea el editorial del SNUMQG aquí: “Editorial: Introducción a un SNUMQG transformado”.

 

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