Perú: Tribunal de injusticia
sentencia al camarada Feliciano

Obrero Revolucionario #1022, 19 de septiembre, 1999

El Comité de Apoyo a la Revolución en el Perú (CARP-EU) nos envió este artículo:

El 30 de agosto, un juzgado militar de Perú sentenció a cadena perpetua a Oscar Ramírez Durand, conocido como el Camarada Feliciano, quien fue capturado el 14 de julio y acusado de "traición a la patria".

Cuando el Presidente Gonzalo y otros líderes del Partido Comunista del Perú fueron capturados en 1992, el Camarada Feliciano asumió la responsabilidad de dirigir al PCP. El PCP inició la guerra popular en 1980, movilizando a los pobres en una lucha armada de liberación. Desde la captura del Presidente Gonzalo, el Comité Central del PCP ha proseguido con la guerra popular en difíciles condiciones; ha combatido contra los ataques de las fuerzas de contrainsurgencia dirigidas por Estados Unidos y ha luchado contra la Línea Oportunista de Derecha que surgió en sus filas, que pide un acuerdo de paz y una conclusión de la guerra popular. Al Camarada Feliciano lo acusan de "traición a la patria", pero lo que en realidad ha hecho es dirigir al pueblo en una guerra revolucionaria para tumbar al sistema opresivo y liberar a Perú del dominio del imperialismo estadounidense.

La indignante manera con que el gobierno de Fujimori ha tratado al Camarada Feliciano deja ver cómo funciona el sistema de injusticia de Perú, el cual les niega a los presos políticos sus derechos más fundamentales. El mismo día que lo capturaron, Fujimori anunció el veredicto y la sentencia: culpable y sentenciado a cadena perpetua, tal como hizo antes del juicio del Presidente Gonzalo en 1992.

El Camarada Feliciano fue interrogado por Vladimiro Montesinos, agente de la CIA y director de la policía secreta (Servicio de Inteligencia Nacional, SIN), que se encarga de torturar a los presos políticos. El Camarada Feliciano está incomunicado y solo se le vio el día que fue "presentado" ante la prensa reaccionaria en una jaula de espejos polarizados (para que los reporteros lo vieran pero no él a ellos). En la sala también tocaban música a todo volumen por si acaso decía algo. El Camarada Feliciano levantó el puño en desafío.

El Camarada Feliciano fue juzgado en secreto en un lugar desconocido y por un juzgado militar, fuera de la vista de la prensa u otros observadores. El tribunal militar fue un "proceso sumario". Bajo el sistema judicial peruano, eso significa que no es necesario presentar pruebas en contra del acusado para condenarlo y que este no tiene el derecho de presentar una defensa. ¡Unos informes señalan que las autoridades le ofrecieron un "abogado" que es capitán del ejército! Aun si le hubieran permitido tener abogado, sería casi imposible encontrar uno porque el gobierno reprime a los abogados que defienden a los presos políticos. Muchos abogados están presos porque defendieron a revolucionarios y otros miembros de la oposición. Hace poco metieron presos a seis abogados acusados de "terrorismo" por ejercer su profesión con presos políticos. Hoy hay por lo menos nueve abogados en las mazmorras acusados de defender a partidarios de la revolución maoísta.

Fujimori y la Corte Interamericana de Derechos Humanos

Un par de meses antes de capturar al Camarada Feliciano, el gobierno de Fujimori declaró que dejaría de acatar los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un brazo de la Organización de Estados Americanos (OEA) (que es un instrumento de Estados Unidos para dominar Latinoamérica). Pero resulta que por las duras luchas que se han librado en el campo judicial, de vez en cuando la CIDH se ve obligada a tomar decisiones en defensa de los perseguidos por gobiernos represivos.

La CIDH está viendo varios casos contra el gobierno de Fujimori. Pero lo que llevó a Fujimori a tomar la decisión de no acatar sus decisiones fue el caso de cuatro chilenos partidarios del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), una organización que no practica la estrategia de guerra popular maoísta pero ha llevado a cabo acciones armadas contra el gobierno. La CIDH decidió que los chilenos no recibieron un juicio justo y se merecen uno nuevo. Al gobierno le preocupó que de aceptar la decisión de la corte, miles más de presos juzgados injustamente podrían demandar un nuevo juicio.

Fujimori declaró que además su gobierno se retiraría de la jurisdicción de la CIDH. Con la captura del Camarada Feliciano, Fujimori se sintió más envalentonado y, por medio del Congreso que está bajo su control, anunció que se volverían a establecer los tribunales militares secretos que fueron suspendidos en octubre de 1997.

El retiro de Perú de la CIDH demuestra que su sistema judicial es completamente injusto y no resiste un examen internacional. Fujimori ha admitido que su gobierno necesita y seguirá necesitando tribunales militares secretos para combatir a la guerra popular.

Estados Unidos y el gobierno de Fujimori

En un principio, tanto el gobierno de Estados Unidos como la OEA expresaron preocupación por el retiro de Perú de la CIDH. Estados Unidos necesita que Perú y los demás países latinoamericanos permanezcan bajo la jurisdicción de la CIDH para presentar una máscara falsa de que gobiernos fascistas como el de Fujimori están "avanzando hacia la democracia".

Pero desde la captura del Camarada Feliciano, Estados Unidos ha reafirmado su apoyo al gobierno de Fujimori. El 27 de agosto, el general Barry McCaffrey, el "zar de la droga", estuvo en Perú y expresó "admiración por la dirección del presidente Fujimori". McCaffrey también se entrevistó con Vladimiro Montesinos.

En junio, durante debates en el Congreso estadounidense, se supo que Estados Unidos ha estado financiando al SIN de Montesinos. Parece que a ciertas fuerzas de la clase dominante les preocupa que los estrechos lazos con esa organización podrían perjudicar la imagen yanqui a nivel internacional y sus intereses. Por ejemplo, Elliot Abrams, ex funcionario de la administración Reagan, dijo: "Es en realidad reprensible que estemos apoyando a una organización corrupta y represiva como es el servicio de inteligencia peruano. El Congreso debe terminar desde ya esa relación antes de que se perjudique más la democracia peruana y la reputación de Estados Unidos". Abrams debe saber mucho sobre corrupción y represión, pues estuvo profundamente involucrado en el apoyo secreto a la contra nicaragüense.

Pero ese debate fue antes de la captura del Camarada Feliciano. Desde entonces, no se ha vuelto a decir nada contra el SIN o Montesinos, ni de que Perú se retiró de la CIDH. Más bien, han elogiado a Fujimori por ser líder en la "guerra contra la droga", pretexto que aprovechan para enviar armamento a Perú y otros países de la región. McCaffrey ha pedido al Congreso que dé un billón de dólares a las FFAA y policiales de Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia. También existe la posibilidad de que las FFAA peruanas desempeñen un papel en una posible intervención contra la guerrilla en Colombia. Los medios peruanos informaron que uno de los temas que se discutió durante la gira de McCaffrey fue un plan de invasión de Colombia por una fuerza "multinacional" compuesta de soldados de Perú, Brasil y Ecuador.

¡Condenar el ataque al Camarada Feliciano!
¡Apoyar la guerra popular en Perú!

Ante el indignante y brutal tratamiento del Camarada Feliciano, el Comité de Apoyo a la Revolución en el Perú exhorta al pueblo, especialmente de este país, porque este país es el que tiene la mayor responsabilidad por la miseria y el sufrimiento de las masas de Perú, a que redoblen el apoyo a la guerra popular. Por lo mismo, exhortamos a que se opongan a todos los crímenes del gobierno títere de Perú y su sistema de injusticia. En estos momentos tenemos que exigir que se respeten la vida e integridad física del Presidente Gonzalo, el Camarada Feliciano y demás presos políticos y prisioneros de guerra, según las normas establecidas por convenios internacionales.

Los revolucionarios de Perú llevan 19 años librando una guerra popular. El PCP ha demostrado que es posible organizar el nuevo poder, una vida nueva y un futuro liberador para el pueblo. Como en todas las revoluciones, el camino a la victoria no ha sido recto; han encarado vueltas y revueltas, avances y retrocesos; pero el Partido y las masas han demostrado que son capaces de superar grandes desafíos. La captura del Camarada Feliciano es una nueva dificultad que las masas revolucionarias y su partido tendrán que superar, y confiamos que lo harán. Más que nunca, necesitan y se merecen el apoyo de los progresistas y revolucionarios del mundo.

Comité de Apoyo a la Revolución en el Perú
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