El veredicto del juicio político en el Senado y la (sin) vergüenza de los republi-FASCISTAS

Nota de la redacción: Junto con lo que presentamos a continuación, conozca el panorama más amplio aquí.

Durante la semana pasada, presenciamos el segundo juicio político contra Donald Trump por parte del Senado. La Cámara de Representantes, dirigida por la mayoría demócrata, había votado a favor de la destitución de Trump el 13 de enero. Esto fue enviado al Senado para el juicio, con los demócratas de la Cámara asignados como administradores del juicio político, presentando los argumentos a los senadores como jurados. El juicio se centró en las acciones de Trump para anular las elecciones, con énfasis en el ataque al Congreso del 6 de enero de 2021, un intento de golpe de estado fascista. Cinco personas murieron en este ataque y veintenas resultaron heridas, mientras la multitud que estaba fuera lo celebraba alrededor de una horca y una enorme cruz, ondeando banderas de la Confederación defensora de la esclavitud y del propio Trump.

Mediante el uso de potentes vídeos y cronologías, los administradores del juicio político presentaron argumentos innegables de que:

  • El propio Trump hizo claras declaraciones de que el único resultado de las elecciones de 2020 que aceptaría era si él ganara;
  • Trump mintió repetidamente diciendo que se le había robado una victoria aplastante por fraude, con el fin de convencer a sus seguidores de que debían luchar para anular esta elección e impedir que Biden asumiera el cargo;
  • Trump tenía un historial que se remonta años atrás de incitar ataques físicos fascistas en contra de los miembros de la prensa y los disidentes que entraban en sus mítines, su continuo fomento de la violencia policial ilegal e incluso el asesinato a personas presuntamente inocentes, así como decir que los miembros de la turba fascista violenta que mató a Heather Heyer en Charlottesville, Carolina del Norte, en 2017, eran “gente muy buena”;
  • Trump convocó, organizó y planeó la acción de masas en el Capitolio para “detener el robo”, es decir, para impedir ilegalmente la certificación legal de la elección para Biden, a pesar de la clara victoria de Biden, una que numerosos funcionarios republicanos de los estados habían afirmado;
  • mientras que los seguidores de Trump, armados con pistolas Taser, sprays anti-osos, astas que usaron como armas con banderas de Trump, de Estados Unidos y de la Confederación esclavista; y una gama de otras armas tomaban por asalto el edificio del Capitolio a la caza de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y del vicepresidente Pence1 con la intención de matarlos o mutilarlos a ellos y a otras personas, e incluso después de haber sido notificado por al menos un senador y el líder de los republicanos de la Cámara de Representantes de que se estaban produciendo ataques físicos peligrosos que ponían en peligro la vida, él siguió más de una vez dando su bendición y ánimo a los que claramente estaban llevando a cabo lo que él quería.

Ante esta y otra evidencia clara y lo que todos —incluso muchos republicanos— dijeron que era una defensa jurídica incompetente de Trump, la votación para condenar a Trump fue de 57: 50 demócratas y 7 republicanos —mientras que 43 republicanos votaron por la absolución—, quedándose cortos de los 67 votos necesarios para condenar en un caso de destitución.

En otras palabras, los senadores republicanos en su mayoría votaron que a Trump no le debía declarar culpable de nada de esto. Dejaron en claro que su lealtad es a Trump, y a todo el movimiento fascista que ahora han solidificado. El líder republicano del Senado, Mitch McConnell, trató de “tener el mejor de los dos mundos”: fustigó el comportamiento de Trump del 6 de enero (mientras guardaba silencio sobre todo lo que había sucedido antes y que sentaba las bases para el día 6, que él, McConnell, había ayudado e instigado de numerosas maneras) y luego procedió a votar EN CONTRA DE la condena por motivos que eran, en el mejor de los casos, débiles y de hecho inválidos2.

Al hacerlo, TODOS ellos validaron a Trump como el líder continuo de los republi-fascistas y validaron también la práctica de que los vigilantes justicieros fascistas armados, organizados y no organizados, se tomaran la plaza pública y amenazaran a todos los que se atreven a cruzarse con ellos.

Esto recalca lo que Bob Avakian ha escrito en su Declaración de año nuevo, Un año nuevo, la necesidad urgente de un mundo radicalmente nuevo — Para la emancipación de toda la humanidad:

Hay que hacer frente a la realidad de que, como se manifestó mediante las elecciones, casi la mitad de la población estadounidense ha acogido, de manera apasionada, agresiva y beligerante, lo que el “trumpismo” representa. La verdad ineluctable es que Estados Unidos, la “ciudad luminosa en una colina” que tanto proclaman, ¡está lleno de fascistas! — en el gobierno a todos los niveles y en grandes partes de toda la sociedad. Y una característica que define a estos fascistas es su lealtad fanática a tergiversaciones demenciales de la realidad, algo en que es extremadamente difícil (y en muchos casos imposible) de penetrar con razones y hechos, porque estas tergiversaciones sirven a reforzar su sensación de que están bajo amenaza sus privilegios “debidos” y para volver aún más virulentos los prejuicios y odios que han guardado toda la vida. Este fascismo tiene profundas raíces, en las dinámicas subyacentes del sistema capitalista-imperialista que gobierna en Estados Unidos y en toda su historia, desde su fundación en la esclavitud y el genocidio. Relacionado con esto es otra verdad crítica: Biden fracasará estrepitosamente en su intento de “sanar” y “unificar al país”. Como he escrito anteriormente:

Biden y los demócratas no pueden “hacer que se unifique el país”, como dicen falsamente, porque no puede darse ninguna “conciliación” con estos fascistas — cuyas “quejas” se derivan del resentimiento fanático contra cualquier limitación a la supremacía blanca, la supremacía masculina, la xenofobia (el odio por los extranjeros), el chovinismo pro estadounidense rabioso y el saqueo irrestricto del medio ambiente, y que se expresan cada vez más en términos literalmente lunáticos. ¡No puede darse ninguna “conciliación” con esto, salvo de acuerdo a los términos de estos fascistas, con todas las terribles implicaciones y consecuencias de hacerlo!

 


1. La alegación de Trump de que Pence no cumplía la voluntad de Trump en esforzarse por robarse las elecciones sirvió para azuzar a la chusma fascista. [volver]

2. McConnell, como jefe de la mayoría republicana en el Senado, primero fraguó términos de modo que, al retrasar el juicio en el Senado, Trump no pudiera ser procesado mientras todavía era presidente, y luego en el propio juicio, McConnell alegó que el proceso era inconstitucional porque… ¡Trump ya no era presidente! [volver]

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