El brote de ébola en El Congo: Enfermedad mortífera, sistema aún más mortífero

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Nota de la redacción: Lo que sigue es una carta ligeramente redactada de un grupo de corresponsales voluntarios de revcom.us. Agradecemos y apreciamos ese tipo de correspondencia que ayuda a ver los vínculos sistémicos más grandes, la naturaleza y las causas de sucesos como el brote de ébola. Y hacerlo mientras señala la necesidad de una dura brega —cuando sea necesaria— con la gente, con nuestra gente, en contra de ideas anticientíficas y en defensa de sus intereses fundamentales. Eso es un don cuando la prensa grande por lo general pregona el xenofóbico chovinismo estadounidense.

Un brote del mortal virus ébola ha azotado a la República Democrática del Congo (RDC) y ha cruzado al país vecino de Uganda. Más de 1400 personas han muerto dolorosa y horriblemente y se sabe que más de 2000 personas están infectadas con ébola. Por lo menos un cuarto de los casos pasan desapercibidos. La enfermedad se está difundiendo aceleradamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que necesitará por lo menos 2 años para controlar el brote.

Durante el brote de ébola en los años 2014-2016, más de 11.000 personas murieron. Después de ese brote, los investigadores, médicos y otros se comprometieron a que ese desastre no se repetiría. Se había organizado equipos de respuesta rápida, se recapacitó estrategias, se llevó a cabo nueva investigación sobre el virus y se desarrolló una vacuna. Cuando empezó este reciente brote había optimismo de poder contenerlo rápidamente.

“No obstante, la respuesta ha fracasado”, le dijeron Karin Huster y Justin Healy, enfermera y médico que trabajan en la RDC con el grupo Médicos Sin Fronteras, a la revista inglesa The BMJ (siglas en inglés de La Revista Médica Británica). Agregaron: “En el contexto volátil del norte de Kivu —una región donde se intersectan violentamente los grupos armados, la desconfianza en el gobierno, y las injusticias socio-económicas— la respuesta al ébola se ha topado con la falta de confianza y ataques violentos contra los trabajadores de la salud y las clínicas médicas, siendo el más reciente el asesinato del Dr. Richard Mouzoko”. El Dr. Mouzoko fue un epidemiólogo de Camerún que trabajaba en la RDC cuando fue asesinado por hombres armados el 19 de abril.

El ébola es una enfermedad mortal (ver la barra lateral: ¿Qué es ébola?), y es la cadena de opresión desde los tiempos de la esclavitud hasta hoy en la República Democrática del Congo, y África en general, la que ha creado las condiciones para que el ébola se extienda y sea difícil de erradicar.

Un tesoro de recursos junto a la ingente pobreza

La RDC es uno de los países de África más ricos en minerales. Suministra cobalto para los motores de jets y las baterías, y coltán para los celulares y los laptops.

Sin embargo, debido a que la RDC es dominado por el capitalismo-imperialismo (ver, “La forma en que el imperialismo devastó al Congo”), es uno de los países más pobres del planeta con el ingreso per cápita de $1,30 al día. Los gastos de salud por persona son $32 al año (en Estados Unidos son $10.224). Dos terceras partes de la población sufren de la desnutrición. En 2012, aproximadamente la mitad de la población tenía acceso a agua potable. Esta ingente pobreza contribuye a la divulgación del ébola, pero este por sí mismo es solo una parte de la causa.

Salvajes milicias, el ébola, y el celular de usted

Una guerra azota a la RDC por ya 25 años, atizada y manipulada por las potencias imperialistas. Más de cinco millones de personas, principalmente civiles, han sido asesinadas, 300.000 mujeres han sido violadas, y 1 millón de personas han sido desplazadas. En la actualidad, hay más de 100 milicias operando en la RDC. Muchas son sustitutas de países vecinos. Otras milicias representan a grupos religiosos como fundamentalistas cristianos o islámicos, escisiones entre tribus (como entre tutsis y hutus), o pandillas locales y señores de la guerra. Ninguno de ellos le conviene a la gente para nada, ni representan nada fundamentalmente emancipadora. El gobierno central es salvajemente cruel contra el pueblo, pero demasiado débil como para tomar control del país entero.

Estas milicias obtienen buena parte de sus armas y recursos a través del saqueo de la riqueza mineral del Congo. Un informe de las Naciones Unidas dice que la venta de coltán y otros minerales es “el motor del conflicto en la RDC”.

Además de atacar a la población, estas milicias han atacado a trabajadores médicos y a centros para el tratamiento del ébola, lo que ha dificultado enormemente la lucha contra la enfermedad. Entre enero y principios de mayo, hirieron a 85 y mataron a cuatro trabajadores de salud.

Desde fines de marzo, cuando empezó la más reciente oleada de ataques armados, más de 60.000 personas de la provincia Kivu del Norte han abandonado sus hogares. Eso también contribuye a la extensión del ébola.

El gobierno también juega un vil papel con respecto al brote. El New York Times informó que: “En ocasiones los policías y soldados que acompañaban a los equipos que respondían al ébola han abierto fuego en enfrentamientos con familias dolientes”. Esto no solo es criminal, sino que ha agravado la situación. La gente no tiene confianza en el sistema de salud avalado por el gobierno y lo que dice sobre la enfermedad y las medidas que hay que tomar para frenar a la epidemia. En diciembre de 2018, el gobierno aprovechó el brote como pretexto para cancelar las elecciones en la región. La gente ha visto a un régimen tras otro acumular miles de millones de dólares en cuentas bancarias secretas mientras que la población vive en la pobreza, y el ejército y la policía lo perpetúan con el apoyo de las potencias imperialistas y su sistema imperialista.

Hay una cadena de suministro imperialista empapada de sangre que se extiende desde las milicias en la RDC hasta los iPhones y PlayStations de Estados Unidos, los países de la Unión Europea y otros países ricos. La fuente de las ganancias que Apple, Google, etc. sacan de la alta tecnología son la mano de obra de niños (más de la mitad de los niños en las zonas de las minas del coltán terminarán trabajando en ellas), las salvajes milicias, la extrema hambruna, la desnutrición, y las enfermedades en la RDC. Ahora esta cadena está cubierta de la sangre de más de 1000 víctimas del virus ébola.

Ideas no científicas contribuyen al brote

El New York Times informa que en varias comunidades donde el virus se ha extendido han surgido ataques contra los trabajadores de la salud cuando han tratado de apoderarse de los cuerpos de los muertos. En la RDC, en los entierros tradicionales los dolientes tienen mucho contacto con el cuerpo del difunto. Los cuerpos de las víctimas del ébola son sumamente contagiosos. El tocar a los cuerpos de los familiares difuntos es una de las principales maneras que se propoga la enfermedad.

No entendemos plenamente como ven las cosas aquellos que se encuentran en medio de esta pesadilla, ni tampoco sabemos qué numerosos son los ataques contra los trabajadores de la salud. La gente tiene buenas razones para no confiar en el gobierno o en las Naciones Unidas. Pero en medio de un peligroso brote, las ideas incorrectas entre la gente pueden permitir que la enfermedad se propague de manera horripilante — y las fuerzas reaccionarias pueden aprovecharse de las ideas no científicas de la gente para manipularla, y así agravar el brote. Por ejemplo, eso es lo que pasó en Estados Unidos durante la epidemia del SIDA cuando prejuicios antigay (y otras ideas no científicas), atizadas por politiqueros reaccionarios, contribuyeron a que la enfermedad se propagara.

En el Congo, el pensamiento no científico —y la falta de acceso a un conocimiento básico de la ciencia y el método científico entre la gente— es otra carga muy pesada en una situación horrorosa. Esta afirmación de Lo BAsico, de los discursos y escritos de Bob Avakian, señala algo muy importante: “Los oprimidos que sean incapaces o no estén dispuestos a reconocer la realidad tal como es, están condenados a permanecer esclavizados y oprimidos”. (Lo BAsico 4:1)

Ante una emergencia de salud pública, el deber de quienes asumen responsabilidad por los intereses del pueblo es luchar —a veces agudamente— contra las ideas incorrectas que atizan el brote. Si se preocupan por el pueblo, los que luchan por la verdad tienen que persistir aunque quiera decir arriesgar su seguridad e incluso la vida.

La vida de los estadounidenses NO es más importante que la de la gente de otros países

Durante las primeras dos semanas de junio, varios cientos de migrantes de África Central llegaron a la frontera estadounidense cerca de San Antonio huyendo de las horripilantes condiciones en sus países. Medios de comunicación fascistas y anti-inmigrantes en Estados Unidos, como Infowars, Breitbart, y Laura Ingraham de Fox News, han empezado a regar mentiras de que estos migrantes están contagiados por el virus ébola. Debido a lo largo de su viaje y el examen médico que recibieron al cruzar la frontera, no hay ninguna posibilidad de que tengan el virus. Los fascistas solo quieren sembrar terror para justificar sus ataques y detener a migrantes y refugiados, especialmente si son de África. Quien tiene una pizca de justicia y compasión debe dar la bienvenida a estos refugiados de África Central que han emprendido un viaje sumamente arduo. Tenemos que oponernos e impedir cualquier intento de detener o atacar a los migrantes. Y si se encontrara que un migrante o trabajador de la salud que regrese a Estados Unidos de África tiene el virus se le debería dar el tratamiento que necesita.

Durante el último brote del virus ébola, Estados Unidos no hizo nada mientras miles de personas morían. Fue solo cuando surgió la amenaza de que el virus llegara a Estados Unidos que prestaron atención. Pero aun entonces no fue con el interés de ayudar a la gente en África Oriental. Por el contrario lanzaron una campaña xenofóbica contra los africanos y los trabajadores de la salud que arriesgaron la vida para ayudar a los africanos. Trump, antes de ser presidente, jugó un papel clave en sembrar esa reacción asquerosa.

El estilo de vida estadounidense se basa en los cimientos de la esclavitud, el saqueo, el genocidio, la explotación y la guerra. Defender ese “estilo de vida” es defender (y glorificar) esa historia y la realidad actual. Para una contundente refutación de esa manera de pensar, recomendamos a nuestros lectores que lean “Bob Avakian responde a la gente que se queja de que los inmigrantes cruzan la frontera” (texto en español, video en inglés), de la sesión de preguntas y respuetas tras el discurso Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución.

La vida de la gente en el Congo —y en toda África— es un horror debido al papel que juega Estados Unidos y lo que representa e impone en todo el mundo. Ahora un nuevo brote de ébola intensifica ese sufrimiento.

El mundo no tiene que ser así. Un mundo mejor es posible. ¡Nos hace falta la revolución, y nada menos!

 

Bob Avakian responde a la gente que se queja de que los inmigrantes cruzan la frontera

Lea el texto de este corto en español aquí.

Vea el discurso completo: Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución

 

¿Qué es ébola?

El ébola es un virus que se detectó por primera vez en 1976. El virus toma su nombre de un río en la República Democrática del Congo.

El ébola es sumamente letal; mata a entre el 30% y el 90% de los que infecta. Es clasificado como Peligro Biológico Nivel 4, la más alta clasificación, y solo puede ser estudiado en laboratorios especialmente equipados por científicos que se ponen trajes especializados.

El ébola se propaga por medio de contacto con fluidos corporales de personas infectadas, por lo general sangre, vómito o heces. Además de los seres humanos la transmiteno murciélagos y unas especies de monos y simios. Se piensa que los murciélagos de la fruta son el “reservorio natural” de esta enfermedad, o sea que son un caldo de cultivo del virus, infectados sin enfermarse.

Unos estudios recientes han ligado el brote de ébola a la deforestación del bosque pluvial africano. Por ejemplo, las zonas más afectadas por el brote de 2014 fueron lugares de extensa deforestación debido a la producción capitalista para el mercado mundial y a la pobreza de la población que por el hambre se ven obligadas a talar el bosque para sobrevivir. Se ha reducido el bosque pluvial de Guinea a un quinto de su tamaño original para sembrar cacao para hacer chocolate. En Liberia se ha vendido más de la mitad de los bosques a las compañías de explotación forestal.

El virus del ébola podría estar evolucionando para mejor adaptarse a la transmisión y difusión entre los humanos. Los científicos que estudiaron el material genético de más de 1500 muestras del virus han identificado mutaciones que le permiten al virus aferrarse mejor a las células humanas.

Antes del brote de 2014-2016, los científicos habían desarrollado varias vacunas contra el ébola. Pero no se ha probabo ninguna de ellas. ¿Por qué? ¡Porque las farmacéuticas no daban con una manera de generar ganancias de vacunas y drogas que por lo general eran para personas en los países más pobres del mundo! Solo cuando surgió la posibilidad de que el ébola amenazara a Europa y Estados Unidos empezaron a invertir fondos para probar una vacuna. En ese entonces, un especialista del Reino Unido dijo en una opinión en el Guardian: “Esta es la bancarrota moral del capitalismo”.

Foto coloreada del virus ébola tomada por un microscopio electrónico. Los virus como el ébola son compuestas de hilos de ADN y ANR, largas cadenas de material genético que transmiten el código de las cosas vivas para reproducirse. Los hilos están cubiertos con una capa de proteínas. (Foto: Frederick A. Murphy/CDC)


El Dr. Richard Valery Mouzoko Kiboung, un epidemiólogo de Camerún viajó a fines de marzo a la ciudad de Butembo, uno de los epicentros del brote de ébola para combatir el virus. A él se le asignó a encabezar el equipo de respuesta local. El 19 de abril, cuando dirigía una reunión del personal, irrumpieron hombres armados que lo mataron a él y dejaron a dos otros heridos.

En una entrevista con la revista Nature, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director de la Organización Mundial de la Salud habló de reunir con trabajadores de la salud en la República Democrática del Congo poco después del asesinato de Mouzoko: “Yo podía ver lo estremecidos que estaban. Pero al mismo tiempo, muchos dijeron: ‘Salvamos vidas; no nos dejaremos intimidar por este ataque. Fortaleceremos nuestra resolución, y lucharemos para eliminar el ébola’. Pudieron haber dicho: ‘Llévennos de aquí, no queremos arriesgar la vida’. No dijeron eso. Dijeron: ‘Lucharemos’”. (Foto: WHO Cameroon)

Una mina de coltán en Kivu del Norte, RDC. Coltán es un mineral que es indispensable para producir celulares y otros dispositivos electrónicos portátiles. La RDC es uno de los pocos lugares del mundo donde se encuentra. En la RDC se mina el coltán a mano, y los mineros ganan aproximadamente $1 al día. El 30% de los niños de la región trabajan en las minas. Los ingresos del coltán financian a los grupos de las milicias armadas que siembran terror entre la población, así como a los funcionarios del gobierno y a las corporaciones. El beneficiario principal de este sufrimiento es el sistema capitalista-imperialista cuyas ganancias dependen de acceso continuo a estos minerales. (Foto: Naciones Unidas MONUSCO/Sylvain Liechti)

 

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La forma en que el imperialismo devastó al Congo”

Durante la trata de esclavos, arrebataron de sus hogares y familias en África a más de 10 millones de personas. El 40% de los secuestrados provenían del Congo o de Angola, que está cerca, así robándole a la región de su recurso más valioso y destruyendo sociedades africanas.

Después de la Conferencia de Berlín (1884-1885) —en la que las potencias europeas se repartieron África— el rey Leopold II de Bélgica recibió control personal de buena parte de África central. Montaron un sistema de esclavitud para aumentar la producción del caucho. Mandaban expediciones para destruir a las aldeas que se negaban a cooperar. Y devastaron aún más la vida económica y cultural de la población.

El no cumplir con las cuotas fijadas por Leopold se castigaba con la pena de muerte. Pero en vez de usar municiones, que tenían que importar, les cortaban las manos a los congoleses para comprobar que les habían matado...

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Un trabajador de salud vacuna a un hombre que ha tenido contacto con una persona infectada con el ébola. Enero de 2019 en la región de Kivu de la RDC. (Foto: World Bank/Vincent Tremeau)

 

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