Una crisis sanitaria como la Covid-19 en una sociedad auténticamente socialista

Las necesidades de la humanidad ante todo, y no el afán de ganancias y la acumulación del capital

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Carta de un lector:

La pandemia del coronavirus es un fenómeno natural (biológico), un virus altamente transmisible y mortal. Pero el sistema bajo el cual vivimos y que domina el mundo en este momento, el capitalismo-imperialismo, configura y rige la manera en que se lidia con este virus. Está organizado en torno a las ganancias, y no al bienestar de la humanidad. Y ha sido un fracaso abismal y horroroso...

Ninguna preparación previa real. La incapacidad crónica para coordinar una rápida respuesta de emergencia. Se ve en las colas fuera de los hospitales... en las escaseces de máscaras protectoras... en las conferencias de prensa con Trump... en los pronunciamientos oficiales que van en contra de la ciencia basada en la evidencia. El completamente innecesario sufrimiento, dislocación y pésimo liderato. ¡PERO NO TIENE POR QUÉ SER ASÍ!

Estaba reflexionando sobre la experiencia de una revolución socialista anterior... y cómo una sociedad basada en el nuevo comunismo desarrollado por Bob Avakian podría lidiar y lidiaría con una emergencia como el coronavirus. Aquí van algunas reflexiones iniciales, y animo a la gente a leer sobre la experiencia socialista previa así como la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, una visión concreta y panorámica de una sociedad auténticamente socialista, de la autoría de Bob Avakian.

La salud pública en la China revolucionaria, 1949-1976

La China de los años 1949-1976 fue una sociedad socialista auténtica (y no el sistema capitalista la que es actualmente). En 1949, una revolución de cientos de millones de personas dirigida por Mao Zedong derrocó el viejo orden opresivo. Una sociedad en la que se estima que cuatro millones de personas murieron cada año de enfermedades infecciosas y prevenibles, donde uno de cada cinco niños moría antes de cumplir un año.

La revolución socialista hizo de la salud pública una prioridad. Rápidamente construyeron hospitales, clínicas y otros centros sanitarios, y entrenaron a personal sanitario. El principio de “servir al pueblo” guió el trabajo médico. El trabajo de los profesionales de la salud se combinó con la educación, la participación y la movilización de la gente en la base de la sociedad. Las comunidades de toda la sociedad tenían responsabilidad en las campañas de salud y prevención de enfermedades, en las emergencias y en hacer frente a los desastres naturales.

En tan sólo 15 años, entre 1950 y 1965, la China revolucionaria eliminó la mayoría de las enfermedades infecciosas como el cólera, la viruela y las principales enfermedades relacionadas con la nutrición: una hazaña sin precedentes en escala y rapidez en la historia del mundo.

La Revolución Cultural de 1966-1976 forjó el sistema de atención sanitaria más igualitario del mundo, basado en las necesidades del pueblo. Un movimiento de “médicos descalzos” capacitó a aproximadamente un millón de jóvenes campesinos educados y estudiantes urbanos para que prestaran servicios y educación médicos básicos en las aldeas. Se difundieron los conocimientos médicos y científicos, que ya no eran propiedad de unos pocos. La esperanza de vida en China aumentó de 32 años en 1949 a 65 años en 1976.

Cómo una sociedad basada en la Constitución de la Nueva República Socialista en América del Norte manejaría una crisis de salud

Para crear esta nueva república socialista, sería necesario —mediante una revolución real en la que participaran millones y millones de personas en el momento oportuno— para “derrotar, desmantelar y abolir completamente el estado capitalista imperialista de los Estados Unidos de América”, creando un poder estatal, una economía y una sociedad completamente diferentes. Los preparativos, la respuesta y el enfoque general de una crisis como la Covid-19 serían radicalmente diferentes en la sociedad socialista, e incluirían, entre otras dimensiones:

1) Salud y preparativos para desastres

Una economía y una sociedad socialistas tendrían un enfoque mucho más consciente y planificado, incluso en su interacción con el medio ambiente. La manera en que vivimos en un planeta en peligro sería parte de la planificación a largo plazo; por ejemplo, con el potencial de reducir la densidad de las ciudades. Se harían planes para las catástrofes relacionadas con el clima, así como para las emergencias sanitarias: investigaciones continuas sobre estos peligros, los desenlaces potenciales, las vacunas y las curas; fábricas acondicionadas para usos múltiples que pueden reorientarse a fabricar los insumos que se necesitan de forma crítica en caso de emergencias; educación pública, sobre todo y con la ciencia y un método científico; y reservas asignadas a los problemas y crisis anticipados — como respiradores, medicinas y antibióticos, alimentos y materiales.

Pero sucederán cosas inesperadas y los recursos son limitados. Así que es necesario que haya una discusión y educación continuas en toda la sociedad, con las opiniones de expertos, y las prioridades de planificación, ampliamente discutidas y debatidas en la sociedad, y no sólo dictadas por las necesidades del capital o las políticas conscientes de clases dominantes opresivas, como sucede en este sistema.

2) Una economía que sirve a las necesidades de la humanidad, una sociedad que desencadena a la gente y su creatividad, un estado que le da respaldo

Una economía socialista no se ve coartada por la acumulación de ganancias y las barreras de la propiedad privada. El estado socialista desarrollaría y utilizaría los recursos económicos y la tecnología para las necesidades y el mejoramiento de la humanidad. Se orientaría a superar las grandes divisiones de la sociedad y del mundo; a proteger el medio ambiente; y a promover la revolución en todo el mundo.

En una crisis como la que estamos enfrentando, la sociedad trabajaría para satisfacer las necesidades alimentarias-nutricionales y de refugio seguro de la gente, dando prioridad a los más necesitados. Movilizaría a los profesionales de la salud; construiría rápidamente nuevos centros médicos; y asignaría recursos y organizaría esfuerzos cooperativos y coordinados acelerados para desarrollar necesarios tratamientos y vacunas, donde harían falta.

Se desencadenaría al recurso más vital: la gente y su creatividad. Hay que resolver problemas apremiantes: vigilar el bienestar de las personas (especialmente los más vulnerables); comunicar información y desarrollar sistemas de distribución de emergencia (de forma segura); determinar cómo llevar a cabo la producción y otras actividades esenciales sin poner en peligro la salud.

Todo este potencial de personas de diferentes ámbitos sociales, con diferentes habilidades y conocimientos y experiencia —personas que podrían estar contribuyendo, resolviendo problemas y aprendiendo unas de otras en muchísimas maneras— está coartado y, en última instancia, está desperdiciado en esta sociedad. Lo que pasa a veces de forma espontánea en las crisis —cuando las personas dejan de lado las preocupaciones individuales para ayudarse mutuamente— se promovería y amplificaría en una sociedad basada en la cooperación.

El poder estatal socialista daría ese “respaldo” o apoyo, como parte de facilitar y dirigir la respuesta coordinada y planificada a nivel nacional a tal epidemia, lo que contrasta mucho con lo que presenciamos hoy con el régimen fascista de Trump y Pence.

3) El mundo entero ante todo

La nueva sociedad socialista tendría por objetivo colaborar con las instituciones médicas y de investigación, los organismos de salud y otros en todo el mundo: para compartir conocimientos y datos; esforzarse por hacer avances de emergencia en tratamientos y vacunas. No estaría operando con patentes privatizadas y derechos comerciales. Estaría lista a enviar equipos médicos y de investigación a donde más se necesiten. Como principio general y global, acogería a los inmigrantes y refugiados que quisieran formar parte y contribuir a la nueva sociedad, en lugar de encerrar a los inmigrantes en campamentos infernales infestados de enfermedades.

4) Emergencias, disentimiento y el nuevo comunismo

En una pandemia como esta, el estado socialista emitirá decretos y directrices de emergencia para coordinar las movilizaciones de emergencia. Esto es algo bueno y necesario. Habrá lucha ideológica para poner en primer lugar al público (nada de acaparamiento de insumos, etc.). Será necesario asignar médicos, obreros de la construcción y otros para que vayan a las zonas y asuman el trabajo donde sea necesario, con el lanzamiento de llamamientos a que los voluntarios se ofrezcan. La gente puede trabajar y “aunar esfuerzos” de formas inimaginables hoy, en esta sociedad y sistema.

Pero las diferencias y desacuerdos surgirán, entre ellos, potencialmente, protestas. La necesidad cortoplacista requerirá ajustes masivos. Algunas personas se angustiarán por la política y el rumbo de la sociedad. Y como Bob Avakian enfatiza en sus escritos y discursos, la efervescencia y el disentimiento son esenciales para el tejido de la nueva sociedad socialista, incluso en circunstancias extremas, para el proceso de llegar a conocer la verdad así como avanzar hacia un mundo libre de explotación, opresión y divisiones sociales antagónicas.

Los medios para hacer frente a estas emergencias deben compaginarse con el objetivo de una sociedad y mundo en que no haya opresión y explotación, en que las personas estén cambiándose cada vez más consciente y voluntariamente a la sociedad y a sí mismas. Como el mismo Bob Avakian ha enfatizado:

el nuevo comunismo repudia cabalmente, y está decidido a arrancar de raíz en el movimiento comunista, la venenosa noción, y la práctica, de que “el fin justifica los medios”. Es un principio central del nuevo comunismo que los “medios” de este movimiento tienen que provenir de (y corresponder con) los “fines” fundamentales de abolir toda explotación y opresión mediante una revolución que se dirija sobre una base científica. (De Breakthroughs [Abriendo Brechas]: El avance histórico hecho por Marx, y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, un resumen básico)


El principio “servir al pueblo” guió el trabajo sanitario en la China revolucionaria, 1949-1976. Un movimiento de “médicos descalzos” capacitó a jóvenes campesinos educados y estudiantes urbanos para proporcionar servicios y educación médicos básicos, como se ve en la imagen: médicos descalzos en Mongolia Interior.

Léalo en línea en español.

El número especial de Demarcations presenta la prepublicación de esta obra histórica de Bob Avakian, en múltiples idiomas:
español, inglés, persa, portugués, alemán y turco. Las últimas dos traducciones son parciales y están en proceso de elaboración.

 

 

 

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