Lucha por la vivienda en Chicago

Carta desde el frente

Obrero Revolucionario #1039, 23 de enero, 2000

Un camarada de Chicago nos envió esta carta:

Cuando los defensores de un edificio del multifamiliar Robert Taylor Homes finalmente lo desocuparon el 18 de diciembre, tras 33 días de lucha contra el desalojo, habían aprendido muchas lecciones. Los inquilinos, paracaidistas y defensores de la vivienda pública tuvieron que resolver problemas fundamentales, como comida, habitación y vigilancia, para mantener funcionando el edificio de 16 pisos y para seguir luchando.

El Departamento de Vivienda de Chicago (CHA) juró que el 15 de noviembre desalojaría a los inquilinos. Pero estos se movilizaron y organizaron equipos de chavos con pitos para vigilar a los sheriffs, policías y agentes del CHA encargados de los desalojos. Las patrullas tuvieron un gran impacto el primer día. Los chavos mantuvieron a todos en alerta con su entusiasmo. ¡El día pasó y los inquilinos siguieron en sus apartamentos!

Uno de los primeros problemas que se tuvo que resolver fue el del hostigamiento policial. Tras una enérgica discusión se resolvió que no se podía tratar diferente los casos de hostigamiento policial a los chavos de las pandillas y el hostigamiento contra los demás inquilinos. ¡Todos los inquilinos estaban comprometidos en la lucha!. Debían resolver los problemas con su propia autoridad y no llamar a la policía para nada.

Cada noche, 15.000 personas duermen en la calle en Chicago y miles más están a punto de quedarse sin techo. Los inquilinos invitaron a sus amigos sin techo a vivir en los apartamentos abandonados y clausurados por el CHA. Uno dijo: "Lo que deben hacer es arreglar los edificios para que vivan ahí los que necesitan techo. Cierren los albergues y abran las puertas de los multifamiliares".

Los sin techo lucharon con muchas ganas e hicieron muchos oficios para que el edificio siguiera funcionando después de que el CHA suspendió los servicios.

Se ganaron el título de veladores porque cuidaban los apartamentos y trabajaban en diferentes equipos, como vigilancia, reparación y difusión de noticias sobre la lucha. Fueron a la Coalición Workshop, que lucha por equidad en la industria de construcción, y participaron en varias funciones, como la Noche de Poesía para los Sin Techo, Act Your Rage (Furia en escena), de la Red Juvenil de ¡R&R!, y la Vigilia Internacional pro Derecho Humanos de la Liga de Estudiantes Filipinos.

Además de los veladores, fueron grupos de activistas, entre ellos militantes de la Brigada de la Juventud Comunista Revolucionaria (BJCR), a defender el edificio día y noche. Durante el día, los organizadores de la Coalición de los Sin Techo atendían la sala de recreo, que era el centro de la lucha; los militantes de la BJCR hacían el turno de la noche. Había mucho que hacer para movilizar apoyo de los vecinos y de noche se celebraban reuniones. Una noche llegaron inquilinos de cuatro edificios del multifamiliar.

Los métodos del pueblo

Los activistas, veladores e inquilinos tenían mucho que hacer. Por la noche, la sala de recreo se transformaba en comedor. Todos compartían la comida y no faltaba el café necesario para "estar alerta" pues de noche había que checar el edificio piso por piso y ver que todos los apartamentos abandonados estuvieran cerrados. Debido a la pobreza, los pepenadores se meten para llevarse el aluminio del marco de las ventanas y dejan los apartamentos expuestos a los elementos. El CHA aprovecha para decir que no se puede seguir viviendo en ellos y por eso hay que tumbarlos. La policía amenaza arrestar a los activistas por "entrada ilegal", pero permite que los pepenadores lleguen con camionetas en pleno día para llevarse lo que puedan.

Los equipos de vigilancia vieron a ciertas personas sacando aluminio y las sacaron del edificio, pero no sin antes explicarles que perjudicaban la lucha del pueblo. Luego otro equipo se encargaba de reparar los daños. Un verdadero problema para los inquilinos y los veladores, los más pobres de los pobres, era qué hacer con el aluminio abandonado. Después de debatirlo se decidió que nadie se lo llevaría en aras de la lucha.

Los inquilinos tenían que aceptar cuatro condiciones: 1) no consumir drogas en el edificio, 2) no tocar música a todo volumen, 3) mantener limpias las áreas comunes (corredores y cuartos de basura) y 4) participar en la lucha.

"Se ve una luz al fin del túnel"

Participar en la lucha fue motivo de júbilo.

Una veladora que fue a vivir con sus nueve nietos dijo: "Lo que sucedió aquí es fantástico. Quería ir a la sala de recreo para ser parte de todo eso. Por primera vez en la vida sentí que levanté las alas. Es la primera vez en quién sabe cuánto tiempo que me acuesto sola en una cama. Y me gusta estar con mis nietos, y tener adultos con quienes platicar. Esta lucha tiene mucho sentido. Dicen que si uno es pobre vale mierda, pero hay pobres que son inteligentes. La iniciativa de lucha se debe a que se ve una luz al fin del túnel".

La sala de recreo era muy social: en todo momento había reporteros de la TV y la prensa, activistas, partidarios y veladores que entraban y salían. Después de cumplir sus tareas, ya sea reparación de apartamentos, ronda de vigilancia, reparación de tubería o difusión de noticias, se ponían a jugar naipes o a descansar. Por todos lados, en grupos pequeños o grandes, se escuchaban discusiones políticas o veían videos.

Precisamente porque se estaba en un espacio reducido y el enemigo podía entrar en cualquier momento, había que encargarse de todos los aspectos de la vida. Un joven señaló: "Hay mucha tensión, pero nos mantenemos unidos. No me gusta que se aprovechen de la gente. Con el tiempo se verá el resultado de esta lucha. Lo que sí sé es que cuanto más dure la lucha, tanto mejor será. Lo más difícil es descansar". En esa situación, era factible que un luchador se emborrachara y perdiera la conciencia política en la sala de recreo, y eso creaba problemas. Había docenas de familias en el edificio, y las drogas y el alcohol son un problema común para quienes han perdido las esperanzas.

Se discutió si valía la pena iniciar reuniones de Alcohólicos Anónimos. Una señora dijo: "Todos son capaces de cambiar. No digo que todos sean iguales, a uno no le puede gustar algo que me gusta a mí, pero todos son capaces de cambiar. Pero tienen que querer cambiar, necesitan prometerse algo bueno. A los pobres los están pisoteando; lo que estamos haciendo es ayudarlos, unirlos, los estamos ayudando a ayudarse".

Contraataque policial y sabotaje

Para presionar a los inquilinos, la alcaldía ordenó redadas de madrugada. La primera vez, los policías tumbaron unas puertas y dejaron los apartamentos expuestos a los elementos. Los inquilinos salieron de los apartamentos para vigilarlos, lo cual limitó los daños. Sin embargo, la policía los amenazó: "Este edificio ha sido clausurado y los podemos arrestar".

Los policías taparon las tinas de baño y abrieron el agua en apartamentos vacíos para inundar los apartamentos habitadas de abajo.

Los agentes del CHA encargados de convencer a los inquilinos de que se fueran hicieron promesas, mintieron y lanzaron amenazas. Una joven dijo: "Me dijeron que pensara en mí misma. Como si se tratara solo de mí; yo tengo amigos y familiares que viven aquí".

Se organizaron equipos para andar tras los agentes del CHA, para que no amenazaran a los inquilinos y para que estos supieran que tenían respaldo. En la sala de recreo se colocó un plano de los apartamentos que quedaban con inquilinos y con los veladores, así como los apartamentos en necesidad de reparaciones. Finalmente, el CHA dejó de enviar a sus agentes y mandó a los inquilinos hablar con ellos en sus oficinas, para amenazarlos en privado.

Una de las amenazas más efectivas del CHA para obligar a los inquilinos a irse "voluntariamente" fue decirles que el edificio no aguantaría el invierno, que la tubería se rompería y cosas así. Esa no era solo una advertencia sobre las malas condiciones del edificio, sino una amenaza que haría cumplir al enviar policías a causar más daños. Por ejemplo, "alguien" arrancó un fregadero de la pared en un apartamento del décimo piso, lo que inundó los apartamentos de abajo, la biblioteca y la despensa que alimentaba a 130 familias a la semana. Se concluyó que fue un acto de sabotaje, porque cuando los pepenadores sacan un fregadero de la pared cierran el agua para no mojarse.

El apoyo creció hasta el fin, pero los inquilinos no estaban listos para ganar este round. Todos, menos cinco, se fueron por las amenazas de echarlos del todo de la vivienda pública.

Pero antes de irse, los inquilinos exigieron techo para las 20 familias de veladores, 46 personas en total, que participaron en la lucha.

Una señora que vivió 30 años en el multifamiliar Robert Taylor Homes dijo: "Lo bueno ha sido que la prensa informó sobre lo que le está pasando a los pobres y que varias organizaciones nos apoyaron. Lo malo es que el CHA sigue espantando a la gente. Duele ver lo que está pasando, pero tenemos que seguir creyendo en la lucha".

A la mayoría de los inquilinos del 5266 los han mandado a vivir en dos edificios cercanos. Una veladora, que tiene dos niños, dijo: "Ahora tenemos dos edificios que defender; aquel otro lo perdimos, pero ahora tenemos que luchar por estos".

Un inquilino de 19 años de edad le dijo al Obrero Revolucionario: "Quiero que los lectores de este periódico sigan luchando, por difícil que parezca. No abandonen su compromiso ni sus sueños.

"No solo están destruyendo un edificio, sino los recuerdos de nuestra vida. Le quisiera preguntar a Phil Jackson [director del CHA], ¿qué haría si alguien se metiera en su casa para romper ventanas y tubería, y si ahora está contento de haber echado a más familias a la calle?

"¿Qué sentido tiene tumbar las viviendas de los pobres para construir algo diferente en su lugar? ¿Cuánto tiempo pasará entre las fechorías que están cometiendo Phil Jackson y el alcalde Daley, y cuando el pueblo responda sin piedad?".


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