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El borrador del nuevo programa del PCR,EU 

Borrador del Programa, Parte 2


La revolución significa 
librar la guerra popular

El PCR,EU parte de la verdad fundamental de que no se puede reformar el sistema y de que ¡la revolución en Estados Unidos será una guerra revolucionaria! Mao Tsetung nos enseña que: “La guerra revolucionaria es la guerra de las masas y solo puede realizarse movilizando a las masas y apoyándose en ellas”.

Hoy más que nunca, los oprimidos, especialmente de la juventud, odian el mundo donde tienen que vivir y reconocen que este sistema jamás cambiará. Dicen: “Los opresores jamás dejarán de hacer lo que están haciendo, van de mal en peor. ¡Si lo que quieren es guerra, guerra les daremos!”. ¡Sí! Hagámoslo bien y hagámoslo en serio. ¡Hagámoslo para ganar! Hagámoslo con la orientación, la doctrina y la estrategia que permitirán a las masas populares combatir y derrotar a las potentes fuerzas armadas imperialistas.

Solo una guerra popular revolucionaria, dirigida por un partido marxista-leninista-maoísta, llevará a la toma del poder por el proletariado, y le permitirá establecer su dictadura, construir una nueva sociedad que servirá a las masas populares y, sobre todo, que será una base de apoyo de la revolución proletaria mundial. Mao Tsetung señaló: “El pueblo, y solo el pueblo, es la fuerza motriz que hace la historia mundial”.

A lo largo de la historia, las clases que aspiraban al poder han tenido que movilizar a las masas populares para derrocar la vieja clase dominante. Pero no podían ni tenían la necesidad, o el interés, de permitir que las masas populares captaran la esencia del proceso revolucionario ni su propio papel, ni que transformaran la sociedad conscientemente de acuerdo a sus intereses. De hecho, eso era imposible en las épocas iniciales de la historia humana. ¡Pero hoy la revolución proletaria es imposible sin eso!

La revolución proletaria es totalmente distinta de todas las revoluciones anteriores. Su meta no es afianzar en el poder a un nuevo grupo de explotadores y opresores que impongan los intereses de una minoría, sino la completa emancipación de la humanidad y la creación de una sociedad donde la gente trabaje en común, por el bien común de todos. Es fundamental que la forma de librar la revolución corresponda a esas metas.

Mao Tsetung dijo que toda lógica militar se sintetiza así: “Ustedes combaten a su manera y nosotros a la nuestra”. La nuestra se basa en la acción y el apoyo decidido y voluntario de las masas populares, dirigidas por el proletariado y su vanguardia. Igualmente, se basa en estrategias y tácticas que, en el curso de la guerra, den al ejército popular la máxima iniciativa, saquen a la superficie y aprovechen las debilidades estratégicas del enemigo, y plasmen los puntos fuertes de las fuerzas revolucionarias. Todo eso se hace de tal forma que fortalezca la capacidad de las masas de ser los amos de la sociedad y transformarla de acuerdo a sus intereses. Cómo aplicar ese principio depende de la situación concreta y las condiciones en que se desenvuelve la guerra revolucionaria.

Una revolución mundial, dos caminos básicos

En los países oprimidos, el camino básico al poder es la guerra popular prolongada; ese fue el camino que Mao Tsetung forjó para llevar la revolución china a la victoria. Mao reconoció que en esos países era posible que las fuerzas revolucionarias libraran la lucha armada como forma principal de lucha desde el principio. Por medio de un período prolongado de lucha armada, los revolucionarios fortalecen poco a poco sus fuerzas armadas y establecen bases de apoyo revolucionarias, donde las masas populares comienzan a ejercer el nuevo poder. Al darse una correlación de fuerzas más favorable, y cuando los revolucionarios hayan logrado en gran medida cercar las ciudades, la guerra popular avanza a la toma de las ciudades, asesta una derrota contundente a las fuerzas contrarrevolucionarias y libera todo el país.

Eso es posible porque, generalmente, en los países oprimidos el desarrollo económico que permite el imperialismo es muy disparejo y solo hay unas cuantas zonas con tecnología avanzada; en general la economía es atrasada, desarticulada y semifeudal; las masas populares viven en condiciones de extrema miseria; y los campesinos son brutalmente explotados y pueden ser la fuerza principal que apoya y libra la guerra revolucionaria. El aislamiento y atraso del campo puede transformarse en una ventaja para la revolución, ya que permite establecer bases de apoyo revolucionarias relativamente autosuficientes que son la columna vertebral de la guerra popular prolongada.

Por lo general, las clases dominantes de esos países no pueden concentrar y coordinar rápidamente sus grandes fuerzas militares para aplastar la guerra popular porque la autoridad y poder del gobierno central, las carreteras, los medios de comunicación, etc., no se extienden de manera uniforme por todo el país.

Pero en los países imperialistas, el camino revolucionario es por necesidad diferente, ya que el poder de la clase dominante está centralizado y se extiende uniformemente por todo el país, y la tecnología, los medios de transporte y comunicación son altamente desarrollados. Salvo en situaciones de muy grave crisis, la clase dominante puede concentrar rápidamente su gran fuerza militar en un lugar dado o incluso en varios al mismo tiempo.

Aunque en dichos países hay una gran cantidad de proletarios y oprimidos cuya vida exige un cambio radical, grandes sectores de la población y especialmente de la clase media solo se encuentran en esa situación en tiempos de crisis extremas. Por eso, en tiempos normales en los países imperialistas no existen las condiciones propicias para una guerra revolucionaria.

En los países imperialistas, la posibilidad de iniciar la guerra revolucionaria depende de la erupción de una crisis en toda la sociedad que provoque contiendas y divisiones al interior de la clase dominante sobre cómo gobernar y cómo “mantener el control”. Además, la guerra revolucionaria debe apoyarse en el pueblo revolucionario, es decir, en el proletariado y otros sectores oprimidos, cuya combatividad prende alzamientos masivos, y que más y más están dispuestos a arriesgarlo todo por un futuro diferente. También debe haber un sector importante de la clase media que no acepta el programa de la clase dominante y que potencialmente puede unirse como aliados de la causa revolucionaria.

Basándose en el trabajo político y la lucha de las masas durante todo el período previo al desenvolvimiento de la situación revolucionaria, el partido dirige a las masas a aprovechar la erupción de la crisis revolucionaria para forjar el ejército revolucionario y librar la guerra. Esa guerra revolucionaria tiene que concretarse en insurrecciones armadas de las masas relativamente simultáneas en varias ciudades grandes. A continuación se establece un gobierno revolucionario en el mayor territorio que sea posible y se libra una guerra civil para derrotar completamente la vieja clase dominante y sus fuerzas contrarrevolucionarias, y consolidar el nuevo poder revolucionario en un amplio territorio.

¡Empeñarse en ganar!

Con su típico desprecio y arrogancia, las clases gobernantes conciben y pintan los levantamientos populares como “chusmas” sin conciencia política ni organización, o como acciones de pequeñas bandas “terroristas” sin el apoyo de las masas oprimidas. Pero un levantamiento armado que tenga la posibilidad de ganar no puede ser ni una “chusma” ni una banda de “terroristas”; se basa sólidamente en las masas oprimidas y moviliza a miles, docenas de miles y finalmente a millones de personas en diferentes formas de combate y apoyo.

Una guerra revolucionaria en un país como Estados Unidos se enfrenta a una estructura de poder con un ejército que tiene sistemas de comunicación avanzados, además de formidables cantidades de tecnología y armamento. Tiene que derrotar un ejército preparado y dispuesto a desatar destrucción y sufrimiento masivo contra el pueblo, es decir, tiene que librar una lucha enconada para aplastar las fuerzas armadas del enemigo, desmantelar su aparato de represión y consolidar el poder.

Al darse una oportunidad revolucionaria, el ejército popular debe lanzarse a la insurrección armada y golpear con todo en una ofensiva frontal para conquistar el poder. Tiene que movilizar la fuerza de millones de oprimidos que arden de ganas por tumbar a los opresores desalmados, y organizarlos en destacamentos militares y fuerzas de combate bajo la dirección de la vanguardia proletaria.

Esas fuerzas armadas revolucionarias de miles y millones tienen que asestar golpes masivos y devastadores, concentrados y coordinados para aplastar y derrotar inmediatamente algunas de las unidades clave de las fuerzas enemigas. Entonces es de vital importancia acelerar la ofensiva revolucionaria sin dar tregua al enemigo para seguir derrotando y desintegrando sus fuerzas armadas.

Respecto a las fuerzas armadas revolucionarias, es necesario forjar continuamente más tropas templadas en batalla y construir destacamentos militares con mayor poderío. Esto requiere apoyarse en las masas para obtener información, apoyo logístico, etc., y valerse de armamento y equipo capturado al enemigo, además de integrar los soldados enemigos que pasan al lado del pueblo a las fuerzas combatientes de la revolución proletaria.

Es necesario unir rápidamente los territorios arrebatados a las fuerzas contrarrevolucionarias y consolidar un nuevo gobierno revolucionario que sirva de base para librar una guerra civil, y finalmente derrotar el resto de las fuerzas imperialistas y sus aliados. Mientras más avance la guerra revolucionaria de las masas, más gente, en particular de las fuerzas medias, se acerca a la revolución, y repudia a los imperialistas y su guerra contrarrevolucionaria.

La revolución proletaria no es ni una “huelga general armada” ni un movimiento de masas que crece gradualmente, atrae a la mayoría de la sociedad y termina abrumando al enemigo. Si bien llegarán a sumarse millones de personas, es probable que una insurrección armada comience con una minoría de las fuerzas más avanzadas de la sociedad.

De hecho, una de las características propias de una insurrección, y aun más de una guerra civil, es que en gran medida las reservas revolucionarias son gente que al inicio no participa activamente en el movimiento revolucionario o incluso apoya al enemigo. Un factor vital para el éxito de la revolución es atraer a las fuerzas neutrales o inactivas, y a los que al inicio apoyan al enemigo, para que apoyen e ingresen a la lucha revolucionaria armada.

Otro factor vital es ganarse a las tropas del enemigo. Para eso es necesario golpearlas y derrotarlas en el campo de batalla (lo principal y decisivo) y, secundariamente, convencerlas de que la revolución corresponde a sus intereses básicos como masas oprimidas. Así una insurrección tendrá la posibilidad de ganar cuando a primera vista pareciera que no existe tal posibilidad.

Nuestras ventajas estratégicas y las debilidades estratégicas del enemigo

La meta de todo ejército es derrotar al enemigo en el campo de batalla y conservar las propias fuerzas. El ejército revolucionario debe apoyarse en las propias fuerzas y negar a las fuerzas armadas burguesas la posibilidad de combatir a su manera. De eso depende la victoria o la derrota.

Las guerras nunca se resuelven solo por medio de las armas, sobre todo cuando se trata de revolución vs. contrarrevolución. Las características del ejército revolucionario que libra una auténtica guerra popular son totalmente distintas de las de un ejército burgués. Al ejército revolucionario lo guía la ideología del proletariado y la posición internacionalista de luchar hombro a hombro con los pueblos oprimidos del mundo; se basa en la actividad consciente de los soldados, que sirven al pueblo y luchan por su liberación, y no para provecho propio ni poder para unos cuantos.

Los imperialistas poseen un gran poderío militar, PERO también tienen serias debilidades estratégicas y lo fundamental es que NO PUEDEN apoyarse en las masas, por lo que son extremadamente dependientes de su tecnología.

El ejército imperialista depende de su poderoso arsenal y armamento para intimidar y abrumar al adversario, pero cuando se neutraliza ese factor, cuando se le impide “combatir a su manera”, se destaca su verdadera naturaleza de clase: es un ejército imperialista de saqueo y explotación, empapado de sangre, que defiende los intereses de una pequeña parte de la sociedad, de un puñado de explotadores.

Con los primeros golpes de la insurrección y al seguir a la ofensiva, las fuerzas revolucionarias procuran iniciar una dinámica que realza las debilidades estratégicas del enemigo y contrarresta sus puntos fuertes, a la vez que concreta las propias ventajas revolucionarias.

También es importante mencionar que una guerra revolucionaria para tumbar al imperialismo yanqui —una superpotencia que oprime despiadadamente a billones y ha masacrado a millones— prendería una ola de levantamientos y rebeliones por todo el mundo. Es probable que la guerra revolucionaria en Estados Unidos se entrelace estrechamente con levantamientos y luchas revolucionarias en México, y que se apoyen mutuamente, lo cual haría posible que la revolución se “riegue” de un país a otro. Desde luego, para el proletariado revolucionario y su ejército, esa sería una situación muy favorable.

El partido debe dirigir

Se necesita un partido de vanguardia que dirija la guerra popular revolucionaria, es decir, que aplique consciente y enérgicamente la ciencia revolucionaria del marxismo-leninismo-maoísmo (MLM) para preparar y librar esa guerra revolucionaria. En un país como Estados Unidos, donde la guerra popular —insurrecciones armadas seguidas por una guerra civil— solamente se debe iniciar cuando se dé una crisis revolucionaria en la sociedad, el partido de vanguardia debe enfocar todo su trabajo desde la perspectiva de una preparación multifacética para ese momento.

El partido debe mantener su tensión revolucionaria para contribuir lo máximo a acelerar esa crisis, y estar en la mejor posición posible para reconocerla y aprovecharla. A la vez que desarrolla el movimiento revolucionario del pueblo, debe profundizar su doctrina militar estratégica, incluso antes de que surjan las condiciones necesarias para iniciar la guerra revolucionaria. Y debe prepararse y procurar estar en la mejor posición para transformar las organizaciones revolucionarias de las masas en organizaciones militares que incorporen a millones y dirijan la lucha de acuerdo a su doctrina militar, cuando llegue el momento.

En la guerra el factor decisivo es el ser humano y no las armas; esa es una profunda verdad que debe concretarse en la estrategia y doctrina militar y, más que eso, en la forma de librar, y de ganar, la guerra revolucionaria cuando llegue el momento. No es suficiente ser “más valientes” que las fuerzas imperialistas. El valor, la osadía y la capacidad de sacrificio de la gente que lucha conscientemente por su emancipación y la emancipación de toda la humanidad, y las grandes enseñanzas e inspiración que brinda el MLM, serán un factor tremendamente importante para el ejército revolucionario, pero cuando llegue el momento, deben concretarse de la manera más eficaz en doctrina militar, principios de operación militares, fuerzas y destacamentos militares, y formas concretas de lucha que pueden DERROTAR al enemigo en el campo de batalla.

La doctrina militar, además de tomar en cuenta las ventajas estratégicas de los revolucionarios y las debilidades estratégicas y las vulnerabilidades del enemigo, debe plantear soluciones básicas a los complejos y difíciles problemas que se presentarán, por ejemplo: ¿Cómo crear, organizar y dirigir al ejército revolucionario del proletariado en sus distintos niveles? ¿Cómo incorporar constantemente a masas más amplias? ¿Cómo desplazarse para combatir al enemigo, poniendo la debida atención en su poder destructivo? ¿Cómo organizar y coordinar las unidades de combate? ¿Cómo equipar y entrenar sus fuerzas, y abastecerlas constantemente con los medios necesarios para sobrevivir y para combatir a nuestra manera?

En vísperas de la situación revolucionaria —una vez que esté claro que habrá que iniciar la insurrección armada muy pronto o perder la oportunidad (quizás por un largo tiempo)— ENTONCES la vanguardia debe enfocar su atención y esfuerzos en los preparativos concretos para iniciar la insurrección (y después librar la guerra civil).

También es necesario prepararse para la posibilidad de que haya otros ejércitos en el campo de batalla, que representan otras clases y grupos que luchan contra el viejo orden, y de que haya que aliarse con algunas de esas fuerzas. Sin embargo, el ejército revolucionario del proletariado debe mantener su independencia y su papel crucial como la fuerza más consecuente, decidida y poderosa en la lucha contra el enemigo, la fuerza decisiva que derrotará a los imperialistas y contrarrevolucionarios. Así, el proletariado revolucionario puede dirigir a las otras fuerzas populares por el camino de la revolución proletaria.

Dos ejércitos fundamentalmente diferentes

En lo fundamental, un ejército es una concentración de la sociedad por la cual lucha. El ejército imperialista (y su estilo de lucha) representa un sistema caduco y moribundo que de ninguna manera beneficia los intereses de la gran mayoría de los pueblos del mundo. Está repleto de agudas contradicciones de clase y nacionales, y de machismo. Cuando no logra aplastar rápidamente al enemigo, esas contradicciones se manifiestan muy fuertemente y la moral de las tropas cae por los suelos.

Por su parte, el ejército revolucionario del proletariado, con su base en los sectores más explotados del proletariado, y con la participación de otras capas sociales, concentrará las relaciones sociales y políticas de la futura sociedad por la cual lucha. Desencadenará, organizará y coordinará la capacidad de combate de gente de toda nacionalidad, unida en la lucha para eliminar toda opresión.

Desencadenará a las mujeres como una fuerza poderosa para la revolución, de una manera que los ejércitos reaccionarios jamás podrán; se desempeñarán en el frente de batalla y como mandos del ejército. Y el urgente clamor de los jóvenes de que el mundo no debe ser así será de suma importancia para el ejército revolucionario, que les dará un propósito y un blanco para su justa indignación; les dará un propósito por el cual valga la pena luchar y morir. El ejército revolucionario del proletariado plasmará el gran odio de las masas por el sistema capitalista y los anhelos de millones de vivir en un mundo diferente.

El estilo de lucha de ese ejército también es una manifestación de su meta. Por ejemplo, la capacidad de luchar continuamente, desplazarse a través de largas distancias y trabar combate sin descansar, y sin temor al cansancio, el gran valor en el combate sin temor al sacrificio que caracteriza a sus tropas, todo eso se debe al hecho de que ese tipo de ejército revolucionario lucha por la causa elevada de liberar a las masas y, en última instancia, a toda la humanidad de toda opresión y explotación.

Solamente con la dirección del partido de vanguardia será posible forjar un ejército revolucionario sobre esas bases, cuando llegue el momento, y mantener esa orientación durante todos los recodos de la guerra. La guerra es la continuación de la política por medios militares y, en la guerra revolucionaria, la política e ideología del proletariado revolucionario deben dirigir la forma de librar la guerra. Esa guerra jamás debe desvincularse de la meta revolucionaria, ni emplear métodos opuestos a ella. Como sintetiza el partido de vanguardia, y su línea ideológica y política: el partido manda al fusil y jamás permitiremos que el fusil mande al partido.

El partido debe imbuir en las masas la concepción del mundo y el espíritu revolucionarios de “ser intrépidos, con las miras en la meta desde el principio hasta el final”. Inculcará en el ejército revolucionario, y en las masas que lo apoyan, sinceridad y honradez, y desinterés personal al servicio de la causa de la revolución proletaria, y los dirigirá a realizar grandes sacrificios y a sobreponerse a dificultades en la lucha por esa causa. Y las ayudará a mantener las miras en la meta desde el principio hasta el final, para que puedan derrotar al enemigo y ¡ganar en el sentido más completo!


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