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“LOS BOOMERS” — “X, Y, Z”: 
EL PROBLEMA NO SON LAS “GENERACIONES”, 
SINO EL SISTEMA

Bob Avakian

Es muy común en estos días oír cosas expresadas en términos de generaciones, y las cuales oponen unas generaciones a otras. Están los “boomers” [se refiere al “boom” o auge de nacimientos tras la Segunda Guerra Mundial] y las generaciones posteriores “con letras” (“X, Y, Z”). Se oye, por parte de algunas personas de entre estas generaciones posteriores, la burla despectiva “Vale, Boomer”, acompañada de una acusación que le echa la culpa a los “boomers” por crear el mundo jodido que los jóvenes están heredando, incluida la acelerada crisis climática. Y existe la tendencia entre algunos “boomers” a estar consternados, o incluso asqueados, por el fenómeno de que parece que las personas más jóvenes cínicamente están absortas en sí mismas, saben (o se preocupan) poco sobre la historia y los acontecimientos mundiales importantes, y no actúan de maneras con sentido para oponerse a las terribles acciones de aquellos que están en el poder. Así que es importante examinar las maneras en que las “generaciones” se relacionan con los problemas y peligros muy reales que las personas enfrentan hoy.

Las generaciones son agrupaciones reales en la sociedad, y las generaciones particulares tienen experiencias comunes que difieren de aquellas de otras generaciones. Pero, en primer lugar, las generaciones no son “homogéneas” — se componen de diferentes clases, nacionalidades (o “razas”), géneros, etc. Y, aún más fundamentalmente, el sistema en el cual viven las personas —sobre todo, el sistema económico (el modo de producción) y sus relaciones y dinámicas básicas, así como las relaciones sociales correspondientes (por ejemplo, las relaciones raciales y de género) y el sistema político y la cultura y las ideas dominantes que reflejan y refuerzan estas relaciones económicas y sociales— configura todo lo que las personas, de todas las diferentes generaciones, experimentan.

Con respecto a los “boomers”, en primer lugar, existe la realidad importante de la que en estos días a menudo no hay reconocimiento (o de la que muchas personas ni siquiera están enteradas), y la que tapan y tergiversan los poderes e instituciones dominantes:

En los 60, toda una generación (o un segmento grande y determinante de esa generación) rompió con el chovinismo pro estadounidense… sacrificó mucho y se atrevió a oponerse a las atrocidades que los gobernantes de Estados Unidos cometían en su territorio y en todo el mundo, y luchó por un mundo mejor1.

Y:

Ya para 1968 y durante varios años después, grandes números de personas en Estados Unidos, incluidos millones de jóvenes de la clase media, así como masas de pobres y oprimidos, estaban motivados por un odio totalmente justificado contra este sistema y por sus aspiraciones a tener un mundo radicalmente diferente y mejor —y esto se propagó profundamente en las fuerzas armadas del propio sistema— aunque bien lo que la mayoría de las personas entendía se caracterizó por un sentimiento revolucionario el que, si bien justo, carecía de una base científica profunda y consecuente2.

Además de entender la necesidad —y una verdadera creencia en la posibilidad— de hacer nacer un mundo radicalmente diferente y mejor, y la negativa a prestarle atención a los argumentos gastados y trillados sobre por qué las cosas tienen que ser como son, en ese entonces se dio una ruptura pronunciada con la noción del “yo” como lo más importante que haya en el mundo, un rechazo a la orientación de poner las preocupaciones y ambiciones personales por encima de lo que estaba pasando en la más amplia sociedad y mundo. Para dar una contundente ilustración de esto, si en esos días alguien hablaba en términos como “mi carrera” —una frase que es tan común hoy en día—, por lo general se topaba con expresiones de asco (¡y olvídese de toda noción de “mi marca”!).

Desde luego, si bien esto era definitivamente cierto para una “parte grande y definitoria de esa generación”, no era cierto en el caso de individuos como Donald Trump (o George W. Bush), los que nunca participaron —y que de hecho se oponían, y han seguido oponiéndose, de manera violenta— a todo lo que era positivo y tenía una iniciativa abrumadora en esa generación a medida que “llegaba a tener la mayoría de edad” en lo político y lo ideológico durante la década de 1960. Y las personas como Joe Biden tampoco formaron parte del auge poderosamente positivo de lucha radical de esa época.

Desde ese entonces, sin embargo, como también he señalado:

Desafortunadamente, demasiadas personas (¡¡aunque no todas!!) de esa generación se han desorientado y como dicen los franceses, se han dejado volver récupéré — es decir, han vuelto a cobijarse bajo el ala de la clase dominante, en particular de los representantes “liberales” del Partido Demócrata, y en una exageradamente grande medida han aceptado las cosas bajo los términos del sistema, al que una vez correctamente reconocieron como vilmente criminal3.

Por lo que se refiere a por qué tantas personas se han dejado volver “récupéré” —y, en los años transcurridos desde la década de 1960, han continuado o incluso se han vuelto más extremas las cosas contra las que se estaban levantando, así como los ultrajes adicionales y, de hecho, las amenazas existenciales a la humanidad misma—, pues, esto no se debe a que las personas simplemente se hayan vuelto “viejas”, cansadas y más conservadoras, en algún sentido abstracto. En lo fundamental, esto se debe a que no se realizó ninguna revolución y el mismo sistema contra el que la gente se estaba alzando se ha mantenido en el poder. En una serie de obras, he abordado por qué no se realizó ninguna revolución en esos años, y he examinado los importantes cambios, en gran medida de tipo negativo, que se han operado a lo largo de las décadas desde ese entonces — incluido el creciente parasitismo de Estados Unidos (el hecho de que su riqueza descansa en última instancia en una inmensa red internacional de súper explotación de maquiladoras, sobre todo en el tercer mundo de América Latina, África, el Medio Oriente y Asia, a la vez que se distribuye esa riqueza de manera muy desigual al interior del mismo Estados Unidos)4. Lo que acompaña este parasitismo es el hecho de que el individualismo (la decidida búsqueda casi exclusivamente centrada en metas y ambiciones personales, objetiva y a menudo agresivamente en competencia con todos los demás) ha sido promovido a un grado extremo especialmente en Estados Unidos5. Todo esto ha afectado (y, podría decirse, ha infectado) a personas de todas las generaciones.

En resumen, la razón por la que el mundo se encuentra en el terrible estado en que se encuentra —incluido la razón por la que la crisis climática sigue agravándose de una manera acelerada— se debe a que todavía está dominado por este sistema del capitalismo-imperialismo y este sigue ejerciendo una influencia poderosa en condicionar la manera en que piensan las personas y específicamente la manera en que ven lo que deberían estar haciendo en relación con cómo son las cosas. El problema no son las “generaciones”. La “generación de los boomers” no es la causa de los problemas del mundo debido al hecho de que una cantidad tan exagerada de personas de esa generación se han vuelto “récupéré” (aunque muchas de ellas continúan aborreciendo algunos de los crímenes más atroces de este sistema). La razón por la cual el sistema es tan terrible tampoco se debe al hecho de que muchos de los que ahora presiden este sistema sean de la “generación de los boomers” — se debe a la naturaleza del sistema mismo, independientemente de quiénes ocupen los cargos de liderazgo en dicho sistema. Así que, una vez más, las generaciones posteriores (las generaciones “X”, “Y”, “Z” o lo que sea) no son la causa de todo esto debido a que tantas personas no hayan llegado a romper con el chovinismo pro estadounidense o con su obsesivo ensimismamiento en el yo (aunque muchas de esas personas también se quejan del estado del mundo y le echan la culpa a los “boomers” por cómo son las cosas). La solución no se encontrará echándole la culpa a una generación u otra por sus deficiencias o fracasos — reales o imaginarios. La respuesta es quitarse las anteojeras, de todo tipo, y llegar a tener el reconocimiento necesario de cuál es el problema fundamental —este sistema— y el hecho de que ningún intento de hacer reformas o de elegir a “líderes mejores”, dentro de los límites de este sistema, puede lidiar con las profundas formas en que las masas de la humanidad están sometidas a terribles sufrimientos a diario, la humanidad en su conjunto enfrenta crisis muy reales y crecientes y el mismo futuro de la humanidad corre grave peligro.

Únicamente una revolución real, con el objeto de nada menos que derrocar este sistema y hacer nacer un sistema radicalmente diferente y mucho mejor, representa la posibilidad de lidiar con todo esto de una manera que corresponda a los intereses fundamentales de las masas de la humanidad y en última instancia, de la humanidad en su conjunto. Y, para tener una verdadera oportunidad de hacerlo realidad, es necesario contar con un enfoque científico consecuente de conocer y cambiar el mundo — que va más allá de los fenómenos secundarios, como las generaciones, a ver la causa fundamental de los problemas y la base para la solución: una revolución real y la nueva sociedad y mundo para los que tal revolución abriría el camino6.

 


1. ¡EL RÉGIMEN DE TRUMP Y PENCE TIENE QUE MARCHARSE! En nombre de la humanidad, nos NEGAMOS a aceptar a un Estados Unidos fascista, Un mundo mejor ES posibleEste discurso filmado de Bob Avakian en inglés y el texto en español están disponibles en revcom.us.  [volver]

2. Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución. El texto en español y el video en inglés de este discurso de Bob Avakian están disponibles en revcom.us.

Además de lo que se dice en “Por qué nos hace falta... cómo concretamente podemos...” (y en ¡EL RÉGIMEN DE TRUMP Y PENCE TIENE QUE MARCHARSE!), lo siguiente arroja más luz sobre los cambios importantes que se operaron durante la década de 1960, importantes componentes y características del auge de lucha radical de la época, y unos importantes contrastes con tiempos más recientes:

Primero, es importante hablar del contraste entre hoy y el período de los años 1960 en Estados Unidos y en el mundo en general. En ese entonces, por allá en la década del 1960, entre masas de personas en todo el mundo, incluidas aquellas en Estados Unidos, había mucha esperanza y determinación sobre la posibilidad de crear un mundo radicalmente diferente y mejor. En todo el tercer mundo, se sostenían luchas de liberación con el objetivo de deshacerse del yugo de la opresión colonial que se les había impuesto durante décadas, generaciones e incluso siglos. Y en los propios países imperialistas —incluido, en particular, Estados Unidos— la generación que llegó a la mayoría de edad en la década de 1960 tanto entendía la necesidad como realmente creía en la posibilidad de crear un mundo radicalmente diferente y mejor, y no estaba interesada en escuchar todos los argumentos sobre por qué las cosas tenían que ser como son.

Esto fue cierto entre los jóvenes educados, muchos de los cuales fueron de los primeros en sus familias en estudiar en la universidad, dado que la clase dominante estaba abriendo más oportunidades debido a sus necesidades internacionales, realzadas, por ejemplo, por todo el episodio del Sputnik cuando la Unión Soviética puso un satélite en órbita y, de repente, Estados Unidos se enfrentó a la llamada “carrera espacial” como parte de la contienda general con la Unión Soviética, la que en ese momento estaba firmemente en el camino hacia la restauración del capitalismo y se esforzaba por convertirse en una importante potencia imperialista mundial pero, como tal, representaba un verdadero desafío a la dominación del mundo por el imperialismo estadounidense. Así que se tenía a millones de nuevos jóvenes blancos educados los que, a su vez, se inspiraban en los jóvenes educados que habían salido de entre las masas básicas, en particular del pueblo negro, y quienes se habían puesto al frente de la lucha por los derechos civiles en la década del 1950, particularmente a fines de la década del 1950, y quienes, de mediados a finales de la década del 1960, se radicalizaron mucho más y pasaron de participar en los derechos civiles a participar en la liberación negra con una clara orientación e impulso revolucionario, por ampliamente definido y por entendido de distinta manera que esto fuera entre diferentes personas.

Y esto se extendió entre las masas básicas de la población, los amargamente oprimidos en Estados Unidos —los negros, pero también los chicanos y otras personas dentro de Estados Unidos que habían sido oprimidos durante mucho tiempo— así que entre estas masas básicas pobres y oprimidas, así como entre millones de jóvenes educados de la clase media, había un deseo de tener un mundo radicalmente diferente y mejor, y un sentimiento revolucionario auténtico y firmemente sostenido de que era necesario poner de cabeza a este mundo en su conjunto, y “No vamos a prestar atención a nadie que nos diga que ‘este es el mejor de todos los mundos posibles’, y no vamos a prestar atención a la hipocresía de los individuos que han presidido todos estos horrores por todo este tiempo”. Eso lo concentró la consigna, especialmente entre los jóvenes educados, “No confíes en nadie mayor de 30 años de edad”, que, aunque era una consigna un tanto mecánica, sin embargo señalaba algo real: no queremos prestar atención a esos “líderes” gastados y trillados….

Así que este era un sentimiento que no era simplemente una cuestión de edad. Era más bien: no se puede permitir que estas personas manejen el mundo y arruinen el mundo de la manera en que lo están haciendo. Entre millones y millones de pobres y oprimidos, pero también en un amplio sentido entre los jóvenes de la clase media, cundía este sentimiento. Y, como señalé en Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución, para fines de la década del 1960, esto ya se había extendido amplia y profundamente en toda la sociedad, incluso en las fuerzas armadas del mismo sistema, el sistema capitalista imperialista, en el mismo Estados Unidos. Recuerdo, por ejemplo, que las fuerzas armadas levantaron una encuesta que, entre otras cosas, hizo la pregunta: ¿en quién buscaban liderazgo político los soldados, los soldados rasos del ejército de Estados Unidos? — y en particular entre los soldados negros, el presidente de Estados Unidos estaba uno de los últimos en la lista. La pluralidad, el “más votado”, por así decirlo, fue Eldridge Cleaver, un líder del Partido Pantera Negra. Así que cuando existan cosas de este tipo, habrá un problema real para el sistema. Pese a las debilidades y las limitaciones de Eldridge, las cuales eran muy reales, este “voto” reflejaba algo muy, muy positivo.

Como una manifestación de todo esto, entre los negros —a quienes siempre se nos dice que son inherentemente religiosos— cundía un distanciamiento en masa de la religión, especialmente entre los jóvenes. ¿Por qué? En vista de que las personas estaban llenas de esperanza, no creían que no hubiera esperanza para un mundo mejor. Estaban llenas de esperanza para un mundo mejor aquí mismo en este mundo. Y por lo tanto, entre los negros, se dio, por parte de los jóvenes en particular, un importante distanciamiento de la religión y de todas las viejas convenciones que acompañaban a la religión que eran influencias a favor del conservadurismo que mantenían abajo a la gente. Recuerden, salía Malcolm X, quien daba discursos en los que (aunque todavía era religioso, pues había adoptado el islam) le decía a la gente: “No me importa” (parafraseo, pero esta es la esencia de lo que decía): “No me importa si eres metodista o bautista o AME [iglesia Episcopal Metodista Africana], o lo que sea que seas, cuando sales al mundo, tienes que dejar esa religión en el armario, porque, pese a todo el bien que te haya hecho, debes dejarlo a un lado”. Aunque Malcolm X todavía era religioso, no decía: “No seas cristiano, sé musulmán” — más bien, decía: “No necesitamos tener a esas cosas en la esfera pública”. Y también les decía a las generaciones mayores: “Estos jóvenes de hoy, no quieren escuchar nada sobre las probabilidades, no quieren escuchar a ustedes, los viejos Tío Tom [serviles] diciéndoles que las probabilidades están en su contra”. Este fue un sentimiento ampliamente aceptado especialmente por los jóvenes, pero también por algunas personas mayores. Y esto no solo ocurrió entre los negros. Malcolm X fue una gran inspiración e influencia radicalizadora, una influencia e inspiración radicalizadora muy positiva entre los jóvenes educados, entre ellos muchos de la clase media blanca.

Así que se manifestaba de manera muy distinta esta cuestión de la religión. La gente le daba la espalda. Si recuerdan la película Los Panteras (no me refiero a la reciente película Pantera Negra, sino a la película anterior, Los Panteras, sobre el Partido Pantera Negra), contiene una escena en la que uno de los jóvenes conversaba con su madre, por ahí en la periferia de un mitin del Partido Pantera Negra. La madre dice algo acerca de la religión, y el joven le responde aproximadamente así: “Bueno, el Partido Pantera Negra dice que de plano hay que dejar esa religión a un lado, pues no nos está haciendo nada bueno, eso no es lo que necesitamos”. (Vuelvo a parafrasear, pero esa es la esencia de la cosa.) Y la madre responde: “¿Crees eso?” Bueno, muchos jóvenes negros en esos tiempos sí lo creían mucho.

[De ESPERANZA PARA LA HUMANIDAD SOBRE UNA BASE CIENTÍFICA, Romper con el individualismo, el parasitismo y el chovinismo pro estadounidense. El texto de esta obra de Bob Avakian también está disponible en revcom.us.]  [volver]

3. ¡EL RÉGIMEN DE TRUMP Y PENCE TIENE QUE MARCHARSE!  [volver]

4. En una serie de obras —entre ellas Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revoluciónBreakthroughs (Abriendo Brechas): El avance histórico hecho por Marx, y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, Un resumen básicoESPERANZA PARA LA HUMANIDAD SOBRE UNA BASE CIENTÍFICA, Romper con el individualismo, el parasitismo y el chovinismo pro estadounidense; y Bob Avakian responde a Mark Rudd sobre las lecciones de los años 1960 y la necesidad de una revolución real (todas las cuales están disponibles en revcom.us)—, Bob Avakian examina más “por qué no se realizó ninguna revolución” en el apogeo de los auges de lucha de la década de 1960 y los “importantes cambios, en gran medida de tipo negativo, que se han operado a lo largo de las décadas desde ese entonces”. Entre estas observaciones figuran lo siguiente (de Bob Avakian responde a Mark Rudd:)

Una revolución real requiere dos factores esenciales: una situación revolucionaria, y un pueblo revolucionario que cuenta con millones de personas. Y estos dos factores están estrechamente interconectados. Una situación revolucionaria implica no solo una crisis en la sociedad en un sentido general, sino una situación en la que el sistema y sus poderes gobernantes se encuentran en una crisis profunda y aguda y millones y millones de personas se niegan a que las gobiernen a la antigua usanza — y están dispuestas y decididas a poner todo en juego para hacer caer este sistema y crear una nueva sociedad y gobierno. Según los componentes y las señales esenciales de una crisis revolucionaria, grandes partes de la sociedad vean la violencia utilizada para mantener en pie este sistema por lo que es —asesina e ilegítima— y que los conflictos entre las fuerzas gobernantes se vuelvan realmente profundos y agudos, y las masas de personas no respondan a tal situación cobijándose bajo uno u otro bando de los gobernantes opresivos, sino que respondan sacando provecho de tal situación para acumular las fuerzas para la revolución*.

[*Bob Avakian también ha caracterizado una situación revolucionaria de la siguiente manera:

¿Qué es una Situación Revolucionaria? Una crisis profunda y conflictos que se agudizan en la sociedad y en el gobierno y en los círculos de poder, en que éstos no pueden encontrar una manera de resolver dichos conflictos —en la sociedad y en sus propias filas— que no empeore la situación para sí mismos y no suscite más resistencia y no socave más la creencia de la gente en el “derecho de gobernar” de los de arriba y en la “legitimidad” del uso de la fuerza de los de arriba para mantener su dominio; se evidencie la bancarrota de los programas de “reformar” el sistema, sin ninguna capacidad en absoluto para solucionar lo que un creciente número de personas reconozcan como una profunda disfunción y la injusticia intolerable del sistema en general; aquellos, en la sociedad así como en la clase dominante, que obren para reforzar el sistema existente, estén a la defensiva política, aunque lancen ataques; millones de personas busquen activamente un cambio radical, decididas a luchar por éste, dispuestas a arriesgarlo todo a fin de ganarlo, y que busquen a una fuerza que las dirija para hacerlo; y un núcleo sólido de miles de personas unidos en torno a un liderazgo, una fuerza de vanguardia organizada con la visión y el método, la estrategia y el plan —cuyos lazos entre las masas populares vayan profundizándose— a fin de dirigir en concreto la lucha para derrotar y desmantelar la fuerza represiva violenta del sistema existente y su estructura de poder, y a fin de crear un sistema revolucionario nuevo que ofrezca los medios para que las personas transformen radicalmente la sociedad hacia el objetivo de la abolición de la opresión y la explotación.]

Esta sección de Bob Avakian responde a Mark Rudd continúa: 

En el punto álgido del auge de lucha radical de los años 1960 y principios de los 1970, existían elementos definidos de los factores necesarios para la revolución: existía una crisis política muy real y profunda para la clase dominante, y había masas de personas con una mentalidad revolucionaria. Eso es una verdad innegable…

Pero la situación aún no se había desarrollado (y, a medida que las cosas se desenvolvían, no se desarrolló) en una crisis revolucionaria total; y las fuerzas revolucionarias en ese momento no tenían claridad y no estaban unidas en torno a un enfoque estratégico que pudiera haber aglutinado el extenso sentimiento revolucionario en una fuerza organizada capaz de librar una verdadera lucha revolucionaria para derrotar y desmantelar a las violentas fuerzas de represión del sistema capitalista-imperialista gobernante. Como he resumido:

el verdadero fracaso de esos años era que aún no existía una vanguardia revolucionaria con esa base y método científico, y con la orientación, estrategia y programa que pudieran dar una expresión organizada al sentimiento revolucionario de masas y dirigir un esfuerzo por realmente hacer la revolución. [Bob Avakian cita de Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución.]

El auge de lucha radical de la década de 1960 en Estados Unidos fue a su vez parte de una ola más amplia de lucha y transformación que se estaba dando en todo el mundo, y fue impulsada e inspirada en gran medida por las luchas, en todo el tercer mundo de América Latina, África, Medio Oriente y Asia, para quitarse el yugo de la opresión colonial — y más allá de eso, la existencia de un estado socialista revolucionario en China y el movimiento revolucionario de masas de la Revolución Cultural en ese país, con la participación de cientos de millones de personas en la lucha por derrotar los intentos de restaurar el capitalismo en China y, en oposición a eso, continuar y profundizar la revolución socialista ahí y apoyar a las luchas revolucionarias en todo el mundo. Pero, como he analizado, por ejemplo en obras recientes como Breakthroughs (Abriendo Brechas) Esperanza para la humanidad sobre una base científica, ese auge de lucha se topó con ciertas limitaciones, así como con poderosas fuerzas contrarias, y entró en un reflujo, no solo en uno u otro país, sino como un fenómeno mundial. Y desde ese entonces, se han dado cambios profundos en el mundo, muchos de ellos negativos: el capitalismo ha sido restaurado en China; en la Unión Soviética, donde el capitalismo ya había sido restaurado en la década de 1950, pero la clase dominante ahí continuó presentándose durante algún tiempo como un bastión del socialismo, por fin abandonó esa patraña cuando la propia Unión Soviética implosionó, lo que condujo al surgimiento abierto de capitalismo en toda la ex Unión Soviética y Europa del Este; y las fuerzas que lideraban a las luchas de liberación en el tercer mundo han sido derrotadas o transformadas en fuerzas gobernantes burguesas que actúan en concierto y esencialmente como apéndices del capital internacional y el sistema imperialista. En Estados Unidos, en el contexto de esa situación internacional cambiante, y mediante una combinación de represión y la formación de capas de clase media entre los oprimidos, junto con el creciente parasitismo de este sistema, cebándose de la superexplotación de miles de millones de personas, particularmente en el tercer mundo, durante varias décadas ha existido una atmósfera y cultura política cada vez más asfixiante y una orientación, por parte de la mayoría de las fuerzas que aspiran a un cambio social, de restringirse a los límites del sistema opresivo y explotador existente y su BEB (Basura Electoral Burguesa), como la hemos descrito con mucha razón. Y todo esto ha estado acompañado de un embate ideológico implacable, por las fuerzas gobernantes de este sistema y sus voceros mediáticos y cómplices intelectuales —un embate contra el comunismo y, de hecho, contra todos los aspectos positivos del auge de lucha radical de la década de 1960— un embate al que Mark Rudd está haciendo su propia modesta contribución.

Un aspecto particularmente significativo de este revés tras el auge de lucha de la década de 1960 es lo siguiente (de Esperanza para la humanidad sobre una base científica):

Entre las masas básicas, incluido el pueblo negro (y no me refiero a las capas de la clase media que se desarrollaban debido a una política consciente de la clase dominante, sino a las masas de los oprimidos), surgió muchísima desmoralización y una sensación de derrota, y la inyección (incluso mediante políticas y acciones deliberadas de la clase dominante) de masivas cantidades de drogas intensificó más las condiciones desesperadas de las masas básicas y reforzó más la sensación de desmoralización. Muchas personas estaban muriéndose o, al recurrir a las drogas por desesperación, quedaban reducidas a miserables desdichados — la ausencia de esperanza, o la muerte, en términos inmediatos, de la esperanza que había inspirado a tantas personas, sobre una base real, en el transcurso del auge de lucha de los años 1960, lo que ahora se había amainado y se había transformado. Y esta situación se volvió aún más desesperada y desmoralizadora con el crecimiento de las pandillas en los ghettos y barrios de Estados Unidos (así como a nivel internacional), y la situación atraía a los jóvenes hacia las pandillas ante las condiciones de creciente privación y desesperación y lo que para la mayoría de ellos era la ilusión de enriquecerse, con la orientación de “enriquecerse o morir al intentarlo”, impulsada por el crecimiento del narcotráfico y la influencia de la pútrida cultura promovida en toda la sociedad que fomentaba y ensalzaba la explotación y la degradación de otros como mecanismo para triunfar en grande, en Wall Street y en el escenario mundial, o en las calles de las comunidades marginadas de las ciudades.

A la vez que Bob Avakian ha analizado los cambios importantes, entre ellos los muy reales retrocesos y reveses, los que se han operado desde el auge de lucha de la década de 1960, ha enfatizado lo siguiente:

La emancipación de la humanidad de todo eso es profunda y cada vez más urgentemente necesaria, y la posibilidad de un futuro radicalmente diferente y mucho mejor exige y requiere una revolución real y el avance de la humanidad más allá de este sistema, con la realización del comunismo en todo el mundo. La realidad de que será difícil de realizar eso y se requerirá una lucha monumental, ardua y abnegada por parte de millones y, en última instancia, miles de millones de personas, es algo que no negaría ninguna persona seria — y ciertamente nadie que se basara en el método y enfoque científico del nuevo comunismo. Pero un análisis científico lleva a la conclusión clara de que esto es tan necesario como lo es difícil — y que es posible (no es un hecho seguro, y ciertamente no es inevitable — pero es posible). Y deben dedicarse a contribuir a esta revolución todos aquellos que se niegan a aceptar el mundo tal como está bajo la dominación del sistema capitalista imperialista, todo el sufrimiento innecesario que este impone a las masas de la humanidad y la amenaza existencial muy real que representa para la humanidad misma. [Bob Avakian responde a Mark Rudd]  [volver]

5. Esperanza para la humanidad sobre una base científica contiene estas importantes observaciones sobre el individualismo y su papel y efecto, particularmente en Estados Unidos, hoy:

Como he señalado, en Cavilaciones y forcejeos* (y en otras obras), la contradicción según la cual las personas existen como individuos, pero también existen en un contexto social más amplio y en gran medida están formadas por ese contexto social, es una contradicción complicada que es importante manejar correctamente. Y esta contradicción se expresa agudamente hoy en el hecho de que, aunque las personas sí existen como individuos, el terrible sufrimiento de las masas de la humanidad y los retos urgentes que enfrenta la humanidad en su conjunto como resultado de la escalada de destrucción del medio ambiente por este sistema del capitalismo-imperialismo, así como la posibilidad de una conflagración nuclear que continúa asomándose como una amenaza existencial sobre la humanidad — pues, no es posible abordar todo eso con seriedad, y ni hablar de realmente resolverlo, mientras cada individuo persiga sus intereses particulares, y de hecho, cuando las personas actúen de esta manera, eso constituye un obstáculo importante a la consecución de la solución necesaria. El individualismo es un factor significativo y un “elemento unificador” en muchas de las tendencias negativas que juegan un papel importante en impedir que las personas reconozcan la realidad y la profundidad de los horrores que continuamente causa este sistema — y que reconozcan la urgente necesidad de actuar, junto con otros, para abolir y arrancar de raíz todo esto, en su fuente misma. Esto resalta y realza el hecho de que el individualismo, que se nutre y se expresa en formas extremas en esta sociedad particular en este momento, es un problema profundo al que hay que hacer frente y transformar.

El individualismo virulento y el individualismo ajeno

Estas son dos amplias categorías del individualismo, que tienen algunas características particulares diferentes pero que también tienen en común la concentración básica en el yo y la fascinación con el yo. El individualismo virulento es una variación extremadamente venenosa de esto. En lo básico, se refiere a la idea de que “Estoy tratando de conseguir todo lo que pueda para mí y que se jodan los demás. Y si tengo que pisotear a los demás para conseguir lo que quiero, pues, así es la vida y lo voy a hacer de la mejor manera que pueda, para que pueda conseguir todo lo que quiero — lo quiero todo y lo quiero ahora”.

El individualismo ajeno es el individualismo que quizá no tenga esas características agresivas particulares y quizá ni siquiera tenga una actitud conscientemente hostil hacia otras personas en general, pero que supone ir por la vida persiguiendo los intereses, aspiraciones o “sueños” personales, sin prestar atención a las cosas más grandes que se están dado en el mundo y al efecto de eso en las masas de personas en todo el mundo y, de hecho, en el futuro de la humanidad.

Así que existen estos diferentes tipos, o dos tipos generales, del individualismo (con muchas gradaciones, claro está). Pero, ¿cuál es su elemento unificador? Yo. El yo. Como señalé en el Diálogo con Cornel West** en 2014, la “selfie” es una representación icónica perfecta de todo este panorama y toda esta cultura. No es que cada “selfie” sea en sí mala, por supuesto. Pero hay toda una cultura a su alrededor, incluso hasta el extremo de que las personas van a un lugar hermoso en la naturaleza y ¿con qué se ocupan? Con tomar una “selfie” de sí mismas en lugar de apreciar (y sí, tomar fotografías de) la inmensa belleza que se extiende ante sí mismas. Lo importante, con esta perspectiva, es: “Aquí estoy, mírame”. Es el etos de “mírame, mírame, mírame” que predomina tanto en ambas formas del individualismo, incluso en la forma que no es conscientemente virulenta pero que, no obstante, es llamativamente ajena.

Quizá el individualismo ajeno parezca más benigno (o, en términos simples, menos “nefando”) pero, no obstante, se caracteriza por ser imperdonablemente ignorante de lo que está pasando en el mundo más amplio, o por conscientemente elegir ignorar lo que está pasando en el mundo más amplio, más allá del yo (y más allá del estrecho círculo alrededor de uno mismo), y las consecuencias de esto para las masas de personas en el mundo, y en última instancia para toda la humanidad — o por prestar atención a esto únicamente en la medida en que afecte a uno mismo en términos inmediatos y limitados.

[* CAVILACIONES Y FORCEJEOS: Sobre la importancia del materialismo marxista, el comunismo como una ciencia, el trabajo revolucionario con sentido y una vida con sentido. El texto de este discurso de Bob Avakian está disponible en revcom.us.]

[** Se celebró este Diálogo entre Bob Avakian y Cornel West en noviembre de 2014 en la Iglesia Riverside en la Ciudad de Nueva York, sobre el tema REVOLUCIÓN Y RELIGIÓN: La lucha por la emancipación y el papel de la religión (en inglés). El discurso filmado de Bob Avakian en ese Diálogo está disponible en Obras escogidas de Bob Avakian en revcom.us.]  [volver]

6. En Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución, Avakian aborda con detenimiento esas preguntas; y la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría de Bob Avakian, ofrece una visión panorámica y un plano concreto para una sociedad socialista radicalmente diferente, que se proponga alcanzar el objetivo final de un mundo comunista. La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, así como el texto en español y el video en inglés de Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución, están disponibles en revcom.us.  [volver]

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Esperanza para la humanidad
sobre una base científica

Romper con el individualismo,
el parasitismo y el chovinismo pro estadounidense

Bob Avakian
Autor deEl Nuevo Comunismo

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BOB AVAKIAN RESPONDE A MARK RUDD SOBRE LAS LECCIONES DE LOS AÑOS 1960 Y LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN REAL

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