Revolución #106, 28 de octubre de 2007



HACER LA REVOLUCIÓN Y EMANCIPAR A LA HUMANIDAD

PRIMERA PARTE: MÁS ALLÁ DEL ESTRECHO HORIZONTE DEL DERECHO BURGUÉS

Cambios en la sociedad y en la gente: Una concepción materialista, y dialéctica, de la relación entre las circunstancias de la gente y su conciencia

De la Redacción: Lo que sigue es la segunda parte de una serie de pasajes de una charla que dio Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, anteriormente este año (2007). La charla ha sido revisada en preparación para su publicación y se ha incluido notas al pie de la página (entre otras cosas, el autor ha ampliado en gran medida la sección sobre Karl Popper). Estos pasajes se publicarán en dos partes. La primer parte (en inglés) está en línea en revcom.us. La segunda parte (en inglés) también estará en línea pronto en revcom.us. Los pasajes de la segunda parte también se publicarán como serie en Revolución una vez que se haya terminado de publicar la primera parte.

Cambios en la sociedad y en la gente: Una concepción materialista, y dialéctica, de la relación entre las circunstancias de la gente y su conciencia

Cambiar las circunstancias y cambiar la gente

Quiero ampliar el tema de la sociedad humana y su desarrollo histórico para poner más cimientos que permitan entender esto de una manera científica. Voy a hablar de temas que tienen que ver con una discusión mayor de la que esto procede y que se encuentra en “Puntos de vista” y “Base, metas y métodos”.1 No voy a repetir muchas de las cosas que dije en esas obras pero voy a tocar unos puntos esenciales.

Primero, quiero hablar de las dos rupturas radicales y su interconexión, su interacción dialéctica e influencia mutua a lo largo de todo el desarrollo y transformación revolucionaria que se da en el curso del avance al comunismo. Por supuesto, con esto me refiero a lo que se dice en el Manifiesto comunista: la revolución comunista representa la ruptura radical con todas las relaciones de propiedad tradicionales y con todas las ideas tradicionales. Lo que esto entraña –-y de hecho lo que entraña todo el desarrollo de la sociedad humana— es la interrelación (la relación dialéctica) entre las fuerzas y las relaciones de producción y entre la base económica,2 por un lado, y la superestructura de la política y la ideología, por el otro. Para decirlo en otros términos más generales, lo que esto entraña es la relación dialéctica entre las condiciones materiales y su transformación, por un lado, y el pensamiento de la gente y su transformación—o, en otras palabras, el vaivén, como lo dijo Marx una vez, entre cambiar las circunstancias y cambiar la gente, la relación dialéctica de esto y las dinámicas que esto entraña.

Ahora bien, en relación con esto, una de las cosas más fundamentales que Marx dio a conocer –y esto es algo sobre lo cual he hablado en varias otras obras3 pero que vale la pena mencionar una vez más, porque es tan importante y a la vez tan poco entendido, y de hecho es algo que se ha ignorado total y sistemáticamente, donde no lo tapan, confunden y tergiversan— es su presentación concentrada de lo que constituye la sociedad humana y de su desarrollo. En oposición al idealismo filosófico, Marx presentó la concepción materialista y dialéctica de que la actividad humana más básica y esencial es la producción y reproducción de los requisitos materiales de la vida, y que los seres humanos solo pueden llevar a cabo la lucha para producir, y reproducir, los requisitos materiales de la vida si contraen relaciones de producción muy específicas, y que sobre esa base de relaciones de producción surge una superestructura jurídica, política e ideológica específica.

Piensen en lo poco que se entiende este punto tan fundamental sobre la sociedad humana y su desarrollo histórico—y la relación básica y general entre el ser social y la conciencia social, como lo dijo Marx. Hay toda una variedad de otros puntos de vista sobre lo que constituye la sociedad humana y de por qué la gente se une en la sociedad—teorías de “contratos sociales” y varias otras teorías intelectuales que se han elaborado (y sus variaciones populares de varios tipos). Pero este punto fundamental que Marx dio a conocer es tan poco conocido, y mucho menos entendido. ¿Cuántas veces se oye hablar de “esto de la economía” o "aquello de la economía", como si “la economía” fuera una abstracción divorciada de los seres humanos y carente de sus relaciones sociales? Pero de esa manera no se puede captar las dinámicas de lo que está pasando. Es tan profundamente importante que nosotros captemos este punto, pero además que lo propaguemos de una manera popular—de una manera que esté al alcance de mucha gente que hoy desconoce todo esto. Es sumamente importante posibilitar que las masas populares, de todas las capas sociales, entre ellas las masas básicas, capten esta y otras verdades fundamentales relacionadas—los análisis y síntesis fundamentales acerca de la sociedad y la realidad. En cualquier sociedad, la gente contrae en el sentido más fundamental relaciones de producción específicas para hacer cualquier cosa—para comer y para posibilitar todo lo demás que pasa en una sociedad. Y los cimientos de esto, las relaciones y dinámicas fundamentales subyacentes, es el hecho de que la gente contrae relaciones sociales de producción específicas en el proceso de producir y reproducir los requisitos materiales de la vida y de la sociedad.

Junto con esto, el hecho es que estas relaciones sociales de producción evolucionan históricamente. Una vez más, no es cuestión de una “sociedad ideal”, de simplemente realizar el “ideal” de uno. No es cuestión de que uno se sienta y traza un plano de cómo la sociedad debe ser, y luego hace que la sociedad se ajuste a ese plano. Es la interacción entre la necesidad y los seres humanos que luchan –conscientemente o en parte conscientemente, o una combinación de los dos— por transformar la necesidad y forjar la libertad… que a su vez crea nueva necesidad.

El pueblo hace la historia, pero a base de cierta fundación material

O, para parafrasear otro punto profundo –y al mismo tiempo ignorado, por lo general, o tergiversado y distorsionado— que Marx recalcó: El pueblo hace la historia, pero no de cualquier manera que quiera. La hace a base de las fuerzas productivas y las relaciones de producción correspondientes que hereda de las generaciones previas. Por supuesto, esto no es un proceso lineal: entraña rupturas y saltos, revoluciones en la sociedad humana, en los momentos y circunstancias en que, como señaló Marx, las relaciones de producción han pasado por una transformación de ser la forma más apropiada para el desarrollo de las fuerzas productivas a ser una traba a ese desarrollo en vez de una forma apropiada. Esto suscita revoluciones sociales. Por supuesto, esto no ocurre en un sentido “automático”, y tales revoluciones no ocurren en relación directa, uno a uno, con la transformación objetiva de las relaciones de producción (de ser la forma más apropiada para el desarrollo de las fuerzas productivas a ser una traba a ese desarrollo). Pero cuando esa transformación objetiva (en la relación entre las relaciones de producción y las fuerzas de producción) ha ocurrido, tarde o temprano, no importa lo mucho (o poco) que sean conscientes de esa transformación objetiva, elaboran teorías y programas y forman organizaciones para resolver esa contradicción, que se les impone objetivamente cada vez más. Eso es lo que quería decir Mao cuando dijo que cuando las herramientas se frustran, hablan a través de las personas: cuando las fuerzas productivas se encuentran más frenadas que facilitadas, por así decirlo, por el carácter de las relaciones de producción, esto suscita ciertas cosas en la superestructura. Suscita ciertas ideas en la gente—ideas acerca de cambiar la sociedad, y acerca de cuáles son los problemas de la sociedad y cómo tratarlos. Durante gran parte de la historia humana, esas ideas eran una combinación de entender en cierto grado, y entender mal en mayor grado, de lo que se suscitaba objetivamente, de los desarrollos objetivos que se reflejaban, por “imperfectos” que fueran, en la mente de las personas. Ahora estamos en un umbral donde se puede entender cualitativamente mejor –no completamente, siempre habrá la contradicción entre el conocimiento y la ignorancia--, pero se puede entender mejor de qué se trata esto, se puede tener un enfoque más consciente de lo que nos proponemos hacer, y por qué, en cuanto a transformar las relaciones subyacentes tanto como la superestructura de la sociedad.

Es importante captar este punto: que la necesidad del cambio radical en la sociedad se suscita en la superestructura—en el pensamiento de las personas, y luego en su organización política. Las personas forman grupos, forman partidos con programas y objetivos que reflejan —no en un sentido reduccionista, lineal y de uno a uno, sino que reflejan en última instancia— lo que está pasando en las relaciones básicas de la sociedad, en cuanto, más fundamentalmente, a la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción. Esto se refleja más o menos conscientemente en el pensamiento de las personas y luego en su organización política. Y cuando se proceden en consecuencia, cuando tratan de llevar a cabo cambios que corresponden a sus ideas, tropiezan con limitaciones –no solo limitaciones económicas sino también limitaciones políticas—, la fuerza del estado y las relaciones de poder en la sociedad que tienen que hacer añicos y transformar para (una vez más en términos relativos y no absolutos) desencadenar y emancipar las fuerzas productivas, entre ellas la gente. De esa manera cambian las sociedades en un sentido fundamental y cualitativo—eso es cómo y por qué las revoluciones se suscitan y ocurren, a través de luchas trascendentales.

Así que, como lo explicó Marx, la superestructura jurídica, política e ideológica surge de una base económica (o modo de producción) determinada, en un momento dado, y corresponde a ella, pero también es crucial –es un aspecto decisivo de una concepción y método dialécticos tanto como materialistas— captar que mucha iniciativa (y, si queremos decirlo así, autonomía) en la superestructura. La superestructura no es meramente una extensión lineal y mecánica de la base económica. Se elaboran diferentes ideas y se lleva a cabo una lucha en la esfera de las ideas. Surgen fuerzas políticas que luchan hasta que se resuelva. A fin de cuentas, es una batalla por el poder sobre la sociedad. Y el poder, por cierto, no es una mala palabra. De hecho, en manos del proletariado, es algo muy, muy bueno. El poder, en términos políticos, quiere decir la capacidad de poner en práctica un programa, y esencialmente la capacidad de tomar decisiones que afectan el curso de la sociedad en conjunto, la capacidad de determinar la dirección de la sociedad.

Como he recalcado repetidas veces, esto radica en cierta base material, tiene raíces en las contradicciones fundamentales de la sociedad, y en las dinámicas asociadas con estas contradicciones fundamentales. Pero, sobre la base del movimiento de estas contradicciones --y la lucha para resolverlas de cierta manera al tomar la iniciativa, más o menos conscientemente, en la superestructura, y específicamente en la lucha por el poder político-- es posible obtener cualitativamente nueva y mayor libertad (no absoluta libertad, pero cualitativamente mayor libertad) para hacer cambios radicales en la sociedad. Cuando hablamos de la dictadura del proletariado, estamos hablando del poder, que reside cada vez más en las masas populares, para hacer transformaciones radicales en beneficio suyo, y a fin de cuentas en beneficio de la humanidad en general. De eso estamos hablando cuando hablamos de la dictadura del proletariado.

El poder estatal--para efectuar cambios radicales

¿Por qué quiere el poder el proletariado, por así decirlo? ¿Por qué necesita el poder estatal? Para efectuar los cambios, las transformaciones radicales de la sociedad en todas las esferas, en beneficio suyo y a fin de cuentas en beneficio de la humanidad en general.

Estas transformaciones no se pueden efectuar bajo el dominio de la burguesía, no importa cuál es la forma con que gobierna. El dominio burgués puede tener una forma democrática "maravillosa"--pero de todos modos es el dominio de una clase cuyos intereses se oponen en un sentido fundamental y antagónico a las transformaciones que las masas populares necesitan llevar a cabo para tener un mundo en el que pueden vivir como seres humanos y florecer en un sentido más amplio (no en un sentido absoluto metafísico, sino en un sentido más amplio y cualitativamente mayor). Mientras el poder sobre la sociedad esté en manos de la burguesía, incluso con la "artimaña" que ha forjado de las elecciones, se impedirá que el proletariado y las masas populares lleven a cabo estos cambios. Por eso tenemos las condiciones verdaderamente horrorosas que existen por todo el mundo--y en este sistema todos los votos del mundo nunca cambiarán estos elementos fundamentales. Es así de sencillo y básico. Cuando un monopolio del poder político --y, de una manera concentrada, el monopolio de la fuerza armada "legítima"-- está en manos de un grupo de la sociedad, y ese grupo excluye a otros de ese monopolio de poder y fuerza, pues esto es una dictadura del grupo --o clase-- en el poder, no importa si ese grupo en el poder permite que los que excluye del poder, y que domina en los hechos, participen en elecciones para escoger entre diferentes representantes de la clase dominante, como ocurre en Estados Unidos y varios otros países. El dominio político en Estados Unidos, no importa si hay una tiranía abierta e indisimulada o no, es y siempre ha sido una dictadura burguesa, una dictadura de la clase dominante capitalista (o antes de la derrota y abolición del sistema de esclavitud en Estados Unidos, por medio de la guerra de Secesión, existía una dictadura de las clases dominantes: los esclavistas y los capitalistas, o la burguesía).

Esta es una verdad fundamental, una declaración crucial y esencial acerca de la realidad--la realidad de sobre qué base y de acuerdo con qué intereses determinantes funciona la sociedad.

Cuando debatimos esto, tenemos que ir al grano, a la esencia de esto. Necesitamos un sistema político diferente, un sistema de gobierno político diferente, cuyo objetivo es la transformación radical de la sociedad, en todos los niveles y en todas las dimensiones. (Hablaré más sobre lo que esto implica, y debe implicar --y lo que no debe implicar-- más adelante).

Esta serie continuará en el próximo número de Revolución.


Notas

1 Ver "Puntos sobre el socialismo y el comunismo: Una clase de estado radicalmente nuevo, una visión radicalmente diferente y mucho más amplia de libertad" (publicada como serie en Revolución, en los números 37, 39, 40, 41, 42 y 43, y que está en http://revcom.us/chair_s.htm), y "La base, las metas y los métodos de la revolución comunista" (publicada como serie en Revolución, en los números 45, 46, 47, 48, 49 y 50, y que está en http://revcom.us/chair_s.htm).[regresa]

2 Nota del autor: Las fuerzas de producción (o fuerzas productivas) de una sociedad se refieren a los componentes físicos de la producción –la tierra, la materia prima, la maquinaria y la demás tecnología— tanto como la gente, con sus conocimientos y destrezas, etc. Las relaciones de producción se refieren a las relaciones de los seres humanos al llevar a cabo el proceso de producción social. La base económica (o el modo de producción) consta de las relaciones de producción, que corresponden en un sentido básico, en un momento determinado, al carácter de las fuerzas productivas.[regresa]

3 Ver, por ejemplo, Para una cosecha de dragones: Sobre la "crisis del marxismo" y la fuerza del marxismo, ahora más que nunca, Un ensayo con motivo del 100 aniversario de la muerte de Marx, Editorial Asir, 1983; y El falso comunismo ha muerto… ¡Viva el auténtico comunismo!, RCP Publications, 1992. El pasaje de Marx, que he parafraseado arriba, es:

“En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia". (Marx, Prefacio e introducción a Una contribución a la crítica de la economía política) [regresa]

Envíenos sus comentarios.

Si le gusta este artículo, suscríbase, done y contribuya regularmente al periódico Revolución.

Basics
Revolución: por qué es necesaria, por qué es posible, qué es
From Ike to Mao and Beyond