Levantamiento de masas en Puerto Rico

Cientos de miles de personas se toman las calles, desafían a la policía, exigen que el gobernador Rosselló ¡SE LARGUE!

| revcom.us

 

Hemos tenido muchas humillaciones. Se trata de todo, de todo. Vimos la manera en que hicieron eso en el chateo, y fue la última gota. Él puede pedir disculpas, pero no le estamos pidiendo disculpas. Le estamos pidiendo que se largue.

Natasha Curtin, 18, en su primera manifestación acompañada de su mamá. (Miami Herald, 17 de julio de 2019)

22 de julio de 2019. El miércoles 17 de julio, se celebró una protesta en frente de la mansión del gobernador en San Juan, la ciudad capital de Puerto Rico, para exigir que el gobernador Ricardo “Ricky” Rosselló renuncie inmediatamente. Las protestas diarias se iniciaron 7 días antes, con no más de 100 manifestantes. El miércoles 17 salieron decenas de miles de manifestantes, y fue una de las más grandes protestas de la historia de Puerto Rico. Más protestas están programadas, como una masiva marcha el lunes 22 de julio, la fecha que los manifestantes fijaron para que Rosselló se largue.

La policía se ha portado canalla. El lunes 15, los policías antidisturbios atacaron a la manifestación de miles de personas con gas lacrimógeno y gas pimienta; los manifestantes se reagruparon una y otra vez y volvían a protestar en frente de la mansión. Esa noche, el comisionado de la Policía Henry Escalera defendió a los policías y de manera ominosa amenazó con que “Estamos listos a defender esta democracia hasta la última gota de sangre”.

La represión y amenazas atrajeron a la friega a mayores sectores de la población. A medida que el gas lacrimógeno encubría al Viejo San Juan (con barrios residenciales donde viven muchas familias y gente mayor), los restauranteros y propietarios de bares les abrieron las puertas a los manifestantes, y los vecinos les prestaron las mangueras de jardín para quitarse el gas. Una mujer que había viajado desde un pueblo pequeño a 60 kilómetros de distancia insistió ante un grupo de policías “que no abusen de la juventud. Los jóvenes están haciendo el trabajo para los que no pueden estar aquí, como la gente mayor, como los que no pueden caminar hasta acá”. (Miami Herald, 17 de julio de 2019)

Para el miércoles 17 de julio, gente de todo el país, así como los puertorriqueños en Estados Unidos llegaron a raudales a la capital para unirse a la protesta. Personajes importantes como Ricky Martin y Bad Bunny marcharon. Residente (de Calle 13) llamó a que Rosselló “se fuera al diablo”. El Rey Charlie, un personaje popular entre aficionados de motocicletas, fue a los distritos de la clase obrera de San Juan y organizó una caravana de por lo menos mil personas que por fin llegó al punto de la protesta pasando la medianoche. El Rey Charlie dijo en una emisora radial local: “No vamos a descansar hasta que Ricky salga del poder. No podemos exigir la renuncia desde el sofá ni desde las redes sociales” (USA Today, 18 de julio de 2019).

Bajo el abrasador sol del atardecer, decenas de miles emprendieron una marcha desde el edificio de la legislatura para recorrer San Juan. Y cuando cayó el sol, miles se quedaron, haciéndole frente a un muro de policías antidisturbios y barreras en frente de la mansión del gobernador. A medida que crecía la protesta, también aumentaba la tensión. Muchos relatan que la multitud abrió paso por los cordones de policías que protegían la mansión, y los policías respondieron con andanadas de gas lacrimógeno, gas pimienta, balas de goma y tal vez granadas de contusión. Un reportero de Democracy Now! dijo que un policía le apuntó un lanzagranadas directamente contra el pecho, otros reporteros fueron heridos por balas de goma. Ante la embestida hubo una estampida y persecución policial, pero luego los manifestantes se reagruparon y siguieron protestando con valentía muy entrada la madrugada.

Detrás de la furia del pueblo puertorriqueño

La chispa inmediata del actual levantamiento fue la publicación de casi 900 páginas de “chateos” entre Rosselló y su entorno íntimo, así como las recientes imputaciones a altos funcionarios del gobierno puertorriqueño por malversación de fondos destinados para las víctimas del huracán, y por ofrecer contratos gubernamentales a sus compinches.

Pero esto sucedió en medio del enorme sufrimiento que el pueblo puertorriqueño ha estado soportando ya por más de una década.

Puerto Rico es una colonia de Estados Unidos, y el “gobierno de Puerto Rico” es en realidad un gobierno colonial que sirve al robo y la dominación imperialista estadounidense de la isla, sirviendo de pantalla de “autogobierno” mientras engaña y reprime a la población. (Ver, Puerto Rico: 120 años de explotación y opresión imperialista, en revcom.us). La dominación estadounidense condujo a una agobiante crisis de la deuda y profunda recesión que ya ha durado más de 10 años, extendiendo la pobreza y causando el deterioro y casi colapso de la infraestructura como las carreteras, escuelas y la red de tendido eléctrico. (Ver, PROMESA: Los buitres imperialistas descienden sobre Puerto Rico, en revcom.us)

A su vez, todo eso le hizo que la isla fuera altamente vulnerable a mayores devastaciones cuando azotaron los huracanes Irma y María en 2017. Luego Estados Unidos —que le ha chupado miles de millones de dólares de riqueza a Puerto Rico— de plano se negó a brindar toda ayuda significativa a raíz de esos desastres. Al contrario, Trump fue a Puerto Rico a codearse con su compinche Rosselló, y lanzar rollos de toallas de papel —así como insultos— al pueblo puertorriqueño. Miles murieron innecesariamente, y como consecuencia cientos de miles sufrieron muchísimo, y Puerto Rico todavía no se ha recuperado.

En este contexto los “chateos” causaron mucha indignación. Rosselló y sus compinches (“los hermanos”, como se refieren entre sí) habló con absoluto desdén por el pueblo de Puerto Rico, incluso hacía bromas acerca de los cuerpos que se iban amontonando en las morgues durante la tormenta. De sus “bromas” chorreaba desdén por las mujeres y gente gay, se referían a las mujeres que son líderes políticas como “putas” e “hijas de putas”, y se burlaba de Ricky Martin y otros por ser gay. En un intercambio, un asistente bromeaba de balear a la alcaldesa de San Juan quien ha criticado fuertemente a Trump y Rosselló; Rosselló contestó: “Me estarías haciendo un gran favor”.

Lo que todo esto dejó más claro que el agua es que el gobierno de Rosselló no meramente es “incompetente”, o “está haciendo un mal trabajo” — sino que es hostil a los intereses de las masas populares. Y esa revelación es lo que ha hecho pedazos la legitimidad que quizá tuviera, y ha convertido a Rosselló en un pararrayos de la profunda furia ante toda la situación oprimida del pueblo puertorriqueño en general.

Se podía divisar esta furia en las muchas pancartas que la gente cargaba con los nombres de sus seres queridos que murieron en las secuelas del huracán María, o simplemente el número “4.645” — el saldo de muertos calculado por un estudio de la Universidad Harvard. Como dijo el administrador de un hospital: “No tuvimos electricidad por seis meses. No había comida en los supermercados. No había nada… Él [Rosselló] fue un títere del presidente [Trump]”. (The Guardian, 18 de julio de 2019)

Otra mujer dijo que la crisis en curso había hecho que fuera imposible seguir viviendo de manera digna en su tierra, lo que ha causado que cientos de miles se muden al extranjero. “De la clase que se graduó en 2015 de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, el 90% de esa clase ha tenido que dejar la isla. Nos han robado todo”. (Miami Herald, 17 de julio de 2019) Otra dijo: “Las aulas de mis hijos están llenas de moho… Pues, hay tanta indignación que se ha venido acumulando hace tiempo”. (The Guardian, 17 de julio de 2019)

Es importante decir que este justo rechazo al régimen de Rosselló —si bien es importante—, no es lo mismo que entender que su desprecio por las masas de hecho es una parte integral del carácter del gobierno de Puerto Rico como aparato colonial, y que para obtener un gobierno que realmente sirva a los intereses del pueblo de Puerto Rico y de la humanidad en su conjunto, se necesita una revolución y un sistema político y económico completamente nuevo.

¿Y ahora qué?

A estas alturas la situación sigue siendo volátil e impredecible. El Partido Nuevo Progresista (PNP) de Rosselló controla ambas cámaras de la legislatura y la Suprema Corte. Rosselló insiste en que no renunciará. Y una de las cosas que al parecer salieron en los “chateos” es que Rosselló ha estado trabajando para amarrar favores con la policía y quitarle “las riendas” a la policía.

Pero las protestas han seguido creciendo, y como recalcó el reportero de Democracy Now!: “los manifestantes… simplemente quieren dejar en claro que no van a abandonar el Viejo San Juan, y no van a dejar de protestar en frente de la mansión del gobernador hasta que éste renuncie”. [nuestro énfasis] Esto está impulsando las exigencias de que renuncie Rosselló, incluso de algunas personas dentro del PNP.

Mientras tanto, Trump —cuya colosal corrupción hace que la camarilla de Rosselló se parezca a unos rateros de poca monta— está tratando de aprovechar las protestas para echarle la culpa al lacayo de Estados Unidos en el lugar de los hechos, Ricky Rosselló, por el abandono genocida de Puerto Rico por parte de Estados Unidos. Trump tuiteó que el Congreso estadounidense “tontamente le dio $92 mil millones para trabajo de socorro tras el huracán, una buena parte del cual fue despilfarrado o desperdiciado, para que nunca volvamos a verlo jamás”. (¡los $92 miles de millones son lo que se necesitaba! Los datos de la FEMA indican que el Congreso autorizó $42 mil millones, y que se entregó unos $14 mil millones — menos de una sexta parte de lo que necesitaba Puerto Rico.)

Por todo Estados Unidos la gente debería apoyar la lucha del pueblo puertorriqueño y sacarle lecciones.


Foto: AP


Foto: AP


Dos meses después de que azotó el huracán María, más de 750.000 hogares y negocios todavía no tenían electricidad, y la avería de una línea troncal dejó sin electricidad al 80% de la población.

Protestas solidarias en Estados Unidos:


Orlando, Florida

“Queremos que nuestra isla sepa que estamos con ellos. Muchos de nosotros seguimos ayudando a nuestros familiares [en Puerto Rico]. Siguen batallando para sobrevivir… Aquí somos una sangre, una voz”.

Manifestantes Nilda Torres y Rafael Castro, Tampa, Florida, 19 de julio de 2019

Durante un siglo, la dominación y destrucción de Puerto Rico por Estados Unidos ha impulsado a ola tras ola de personas a que abandonaran su tierra patria y a que se esforzaran por tener una vida digna en las ciudades de Estados Unidos. Cientos de miles vinieron después de que Estados Unidos no brindó ayuda para la reconstrucción tras el azote de los huracanes Irma y María. Hoy, los cinco millones de puertorriqueños que viven en Estados Unidos tienen profundos lazos con su tierra patria — y comparten la indignación de su gente ante el desdén del gobernador Ricky Rosselló por las mujeres, la gente LGBTQ y la gente en general. Por todo Estados Unidos se han reunido en protestas solidarias.

16 de julio: en Chicago, unas 100 personas, en su mayoría jóvenes, y cientos más en Miami salieron en protesta; una pancarta decía en español: “No pedimos su renuncia, exigimos su destitución” (nuestra traducción). 17 de julio: en Nueva York, más de 100 manifestantes se reunieron en Union Square, entre ellos estaban el actor/director/escritor Lin-Manuel Miranda y su padre, coreando y cantando con la multitud. El 18 de julio, a pesar de una lluvia torrencial, más de 100 manifestantes se reunieron en frente de la oficina de Rosselló en Orlando. Una mujer dijo que Rosselló “prefería deshumanizar a las mujeres que escucharlas”. El 19 de julio, en Tampa Bay, cientos se reunieron. Y en Filadelfia, unos 150 manifestantes se reunieron en el centro donde coreaban “Esta es una manifestación mundial de unidad que les dice a Rosselló y a la administración Trump que nadie se mete con Puerto Rico”.

 

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