Actualizado 13 de diciembre de 2017 | Periódico Revolución | revcom.us

El auge de lucha contra el acoso y abuso sexual, y las cuestiones cruciales para poder avanzar

 

Una cuestión de posición y orientación básica

Bob Avakian

APOYAR Y PROPAGAR LA FURIA CONTRA EL ABUSO SEXUAL

El fenómeno del acoso sexual y el asalto sexual —que incluye, pero no se limita al abuso sexual de las mujeres por los hombres que ocupan posiciones de poder sobre ellas— tiene una larga y extensa historia en toda esta sociedad supremacista masculina, y lo refuerza la cultura pútrida que esta sociedad ha engendrado. El torrente de indignación contra este abuso sexual y contra los acompañantes encubrimientos y complicidad institucionales tan comunes, y la demanda de un cambio radical en la cultura —que han dado un gran salto en relación con las acusaciones contra Harvey Weinstein y ahora se han extendido mucho más allá de eso, con la participación de millones de mujeres, en un ámbito tras otro por todo Estados Unidos y en otros países también— es justo y justificado y desde hace tiempo necesario, y se debe apoyar, alentar, propagar y defender de contraataques.

En el contexto de este auge de indignación suprimida por tanto tiempo, van a surgir algunos aspectos negativos, entre ellos algunos excesos, donde se hagan acusaciones falsas o exageradas en casos particulares; pero estos han sido (y casi seguramente, seguirán siendo) un aspecto muy secundario del fenómeno. Si es necesario y cuando sea necesario señalar algunas de esas deficiencias, se debe hacer con muy buen criterio, de una manera que no socave el carácter arrolladoramente positivo de este auge de indignación, y que de hecho contribuya a fortalecerlo.

Este auge de indignación completamente justa y suprimida por tanto tiempo no equivale a ninguna acusación particular. De hecho, se deben abordar esas acusaciones particulares a partir de una evaluación científica de la evidencia, lo que es especialmente importante donde las acusaciones no sólo alegan una mala conducta sino actos delictivos específicos, como la violación u otro asalto sexual. Pero no se debe permitir que esta diferencia, entre las acusaciones particulares y el fenómeno general, oculte o disminuya la justeza y la importancia del masivo auge de indignación contra este abuso tan extenso y profundamente arraigado y contra el enorme daño que les hace a las mujeres y a la humanidad en su conjunto.

El movimiento #YoTambién: Mantener el premio en nuestra mira

Un auge de lucha de masas muy justo ha brotado en torno a una importante contradicción divisoria sísmica de ésta y de todas las anteriores sociedades de clases. El acoso sexual y el asalto sexual han perdurado milenios y son endémicos, a escala mundial. Es un problema que afecta negativamente a todas las niñas y mujeres en este planeta: indirectamente, ya que todo caso de degradación, humillación y deshumanización de cualquier niña o mujer se proyecta, en última instancia, sobre TODAS las niñas y mujeres; y, por supuesto, las afecta directamente mucho más frecuentemente, porque sería difícil encontrar a una sola mujer adulta en cualquier parte del mundo que no tuviera muchas historias personales de #YoTambién.

A esta luz, el comienzo de la reciente declaración de Bob Avakian sobre este tema sigue siendo muy importante: “El torrente de indignación contra este abuso sexual y contra los acompañantes encubrimientos y complicidad institucionales tan comunes… es justo y justificado y desde hace tiempo necesario, y se debe apoyar, alentar, propagar y defender de contraataques”.

Este auge de lucha debe ir más lejos. Al mismo tiempo, de hecho es necesario en este momento reconocer y superar algunas tendencias negativas que podrían servir para desviar y desbaratar esta lucha. 

¿Qué deben ser las metas de esta lucha?

Cuando el auge de lucha #YoTambién emergió, además de las denuncias iniciales en la prensa y el torrente de expresiones muy justas de agravios, se centraba de manera muy importante en toda la cuestión de la COMPLICIDAD Y LOS ENCUBRIMIENTOS INSTITUCIONALES (semejante al comportamiento de la Iglesia Católica en relación a los curas pedófilos). Esto fue una parte grande de lo que este auge de lucha tenía de nuevo y sin precedentes históricos: no sólo su amplitud y alcance, que daba la impresión del rompimiento de una presa como nunca visto antes, a escala mundial, sino también la atención seria que se puso en el hecho de que estos comportamientos individuales no podían continuar sin contar con la protección y defensa de manera rutinaria y sistemática por parte de las instituciones dirigentes en cada rincón y esfera de la sociedad. Esto era un acontecimiento nuevo, y muy bienvenido. 

Una de las cosas muy importantes en relación con esto es cuando se empieza a reconocer el papel y la complicidad de las instituciones, se pone a cuestionar la cultura prevaleciente en general. Se empieza a ponderar qué tipo de cultura y qué tipo de sistema son éstos en que vivimos que producen y mantienen semejantes instituciones y semejante cultura.

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Sri Lanka, 2004. Photo: Mukai

Sri Lanka, 2004. Foto: Mukai

Mira a todas estas hermosas niñas en el mundo. Además de las demás atrocidades que he mencionado, respecto a las y los niños en los cinturones de miseria del tercer mundo, además de todos los horrores que se amontonarán en su contra —cientos de millones de personas tienen como destino vivir en medio de la basura y las aguas negras, una vida que les espera, incluso antes de nacer—, para colmo existe para las niñas el horror que conlleva el mero hecho de ser mujeres en un mundo de dominación masculina. Y eso es cierto no sólo en el tercer mundo. Además, en los países ‘modernos’ como Estados Unidos las estadísticas apenas lo captan: los millones de mujeres que serán violadas; los millones más de ellas que de forma rutinaria serán menospreciadas, engañadas, degradadas y muy a menudo brutalizadas por parte de aquellos que se supone que son sus amores más íntimos; la forma en que tantas mujeres serán objeto de humillación, persecución y acoso cuando traten de ejercer sus derechos reproductivos a través del aborto o incluso a través del control de la natalidad; las muchas de ellas que se verán obligadas a ejercer la prostitución y la pornografía; y todas aquellas que —si no tienen ese destino concreto e incluso si consiguen algún éxito en este ‘nuevo mundo’ donde se supone que no existen barreras para las mujeres— estarán rodeadas por todos lados y serán insultadas en cada momento por una sociedad y una cultura que degrada a las mujeres, en las calles, en las escuelas y en los lugares de trabajo, en el hogar, a diario en innumerables formas.

Bob Avakian, Lo BAsico 1:10


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Bob Avakian, "Un mundo de violación y agresión sexual"

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