La Constitución de los Estados Unidos y la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte

Dos constituciones, dos sistemas diferentes, dos futuros diferentes para el pueblo afroamericano, Primera, Segunda y Tercera partes

Primera parte: Una union de esclavistas
Segunda parte: La reconstrucción y la primera gran traición, 1867-1896 
Tercera parte: El campo de batalla sobre la educación segregada en los años 50 y 60

 

En enero de 2011, por primera vez, la sesión de apertura del Congreso estadounidense incluyó la lectura en voz alta de la Constitución de los Estados Unidos. Los activistas del Partido del Té acababan de ganar un número importante de nuevos escaños en el Congreso por los republicanos. Se reconocía ampliamente que esa lectura fue un gesto simbólico con el fin de recalcar una nueva norma republicana que requiere que todo proyecto de ley cite el texto de dicha Constitución para permitir su ratificación como ley.

Durante 90 minutos, los miembros de Congreso, tanto republicanos como demócratas, se turnaron para leer la Constitución en voz alta. Pero en consulta con el Servicio de Investigación del Congreso y otros, resulta que leyeron una versión recortada del documento fundacional del país.

Esa versión ocultó el hecho de que dicha Constitución no sólo fue redactada en los tiempos de la esclavitud sino que fue redactada en pro de reforzar y defender la práctica de poseer seres humanos como propiedad privada. La versión que leyeron no incluyó las secciones que se refieren a esclavos como "tres quintas partes de todas las otras Personas", a criados ligados por contrato "obligados a Servir por un Período de Años" y la cláusula sobre los esclavos fugitivos que estipulaba que los esclavos que lograran huir a otro estado fueran devueltos al amo en el estado del que huyeron.

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Constituye una fea denuncia de la fundación de los Estados Unidos el hecho de que su Constitución sanciona abiertamente la esclavitud. Pero una parte del "genio" de dicha Constitución es que es una carta que da la apariencia de tratar a todos por igual aunque oculta y refuerza las profundas desigualdades, disparidades y divisiones de clase al centro del sistema económico, social y político capitalista. De hecho, desde la abolición de la esclavitud, dicha Constitución ha representado el marco jurídico para continuar la opresión del pueblo negro.

El Museo Nacional de los Derechos Civiles en Memphis, Tennessee presenta una poderosa historia de la lucha contra esta opresión.

Antes de la guerra de Secesión, Memphis, Tennessee fue un importante mercado de esclavos. La Plaza de Subastas en la calle North Main todavía exhibe la placa original que conmemora los dos tipos de comercio que moldearon una buena parte de la economía de Memphis en ese entonces: los esclavos y el algodón.

En ese Museo, uno puede experimentar un viaje arrasador e inolvidable que retrata de manera profunda y artística la vida, las luchas, la resistencia y las aspiraciones de liberación del pueblo negro en Estados Unidos. Los pasillos y galerías del museo recorren cientos de años de opresión horrorosa y resistencia valerosa.

Parte de los calabozos llenos de esclavos controlados por los europeos sobre la costa oeste de África en el siglo 17 y pasa por el salvajismo del "pasaje del medio" a través del Atlántico en el que murieron millones de africanos y luego los siglos de esclavitud. Las exhibiciones muestran los esfuerzos heroicos de los soldados negros que combatieron por la Unión en la guerra de Secesión y los amargos resultados de la traición de la emancipación poco después del fin de la guerra, y de ahí, la larga pesadilla del Jim Crow y la segregación, las chusmas de linchamiento, el ascenso del Ku Klux Klan y otros vigilantes racistas. El museo envuelve al visitante en los años de gran agitación y transformación del siglo 20: las grandes migraciones del sur rural a las ciudades del norte y el medio oeste, los comienzos del Movimiento de los Derechos Civiles en los años 50 con las batallas sobre la educación pública y contra el salvaje linchamiento de Emmett Till, un muchacho negro de 14 años, en Misisipí en 1955.

El museo se centra en los períodos de agitación de los años 1950 y 1960, que empezaron con el Movimiento de los Derechos Civiles y luego hizo erupción en los movimientos revolucionarios y radicales de liberación negra.

Muchas personas que caminan por este museo salen emocionalmente agotadas, llenas de emociones intensas y turbulentas, con imágenes imborrables de siglos de opresión y de resistencia heroica grabadas en la memoria.

Un tema del museo es que la Constitución de los Estados Unidos, desde sus orígenes y en las coyunturas claves, ha representado una base para incorporar a un número cada vez mayor de personas en sus objetivos de derechos civiles para todos por igual, ganados al costo de gran lucha, sacrificio y derramamiento de sangre.

Pero hay que plantear unas preguntas. ¿En realidad, qué lecciones es necesario sacar de este legado de opresión horrorosa y resistencia valerosa? ¿Es posible obtener la liberación del pueblo negro y otros pueblos oprimidos por medio de las disposiciones de la Constitución de los Estados Unidos y en el marco de la misma? O ¿es necesario dar un salto radical, un salto revolucionario, más allá de ese marco, para emancipar a la humanidad, incluido el pueblo negro?

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La Constitución de los Estados Unidos la redactaron, debatieron y ratificaron unos esclavistas y explotadores. Esta es una profunda verdad acerca de la historia del nacimiento de Estados Unidos y el carácter de su documento legal fundacional.

No obstante, muchas personas sostienen que la Constitución de los Estados Unidos, a pesar de sus orígenes en una sociedad que practicaba la esclavitud, ha protegido y ampliado los derechos civiles y políticos de un número cada vez mayor de personas. Dicen que dicha Constitución sigue representando el fundamento jurídico y la visión política para superar las desigualdades y las injusticias existentes. En particular, según este argumento, el pueblo negro en Estados Unidos ha pasado de ser esclavizado a unos tiempos en que un hombre negro es presidente, un avance que solamente pudo haber sucedido por las disposiciones y los cimientos establecidos por la Constitución de los Estados Unidos.

Este mensaje, de que la Constitución de los Estados Unidos establece una visión y base para llegar a una sociedad en que "todos son iguales", es una profunda MENTIRA y concretamente hace mucho daño.

Desde su redacción y ratificación en 1787 hasta hoy, esta Constitución ha representado el marco y justificaciones jurídicos para una sociedad asolada por profundas desigualdades y para la conservación de todo el sistema económico y social en que una relativamente pequeña cantidad de personas gobierna sobre una sociedad explotadora y mantiene ese dominio. Como lo señaló Bob Avakian:

"En los 200 años que lleva en vigor esta Constitución, hasta el día de hoy, a pesar de que proclama derechos formales de la persona y a pesar de haber sido enmendada para prohibir la esclavitud franca (que una persona sea dueña de otra), es un documento que siempre ha defendido y le ha dado autoridad jurídica a un sistema que usa a las masas populares, o su capacidad de trabajar, como una propiedad que crea riquezas para el beneficio de unos pocos".

En particular, la posición subordinada, oprimida y, por casi un siglo, esclavizada del pueblo negro la ha sancionado esta Constitución. Esta opresión la han reforzado leyes y fallos de los tribunales que nacieron de esta Constitución y del sistema socioeconómico basado en la explotación a la que sirve.

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En 2010 el Partido Comunista Revolucionario publicó la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto) (CNRSAN). Este documento visionario se basa en la nueva síntesis del comunismo desarrollada durante décadas por Bob Avakian.

Constitution for the New Socialist Republic in North America cover

 

DAR UN PASO RADICAL AL FUTURO...
La presente Constitución (Proyecto de texto) ha sido escrita con el futuro en mente. Tiene la intención de plantear un modelo básico, y los principios y las pautas fundamentales, para el carácter y el funcionamiento de una sociedad y un gobierno radicalmente diferentes a los ya existentes: la Nueva República Socialista en América del Norte, un estado socialista que encarnaría, institucionalizaría y fomentaría relaciones y valores radicalmente diferentes entre las personas; un estado socialista cuyo objetivo final y fundamental sería lograr, junto con la lucha revolucionaria por todo el mundo, la emancipación de toda la humanidad y el inicio de una época completamente nueva en la historia humana —el comunismo— mediante la abolición final de todas las relaciones explotadoras y opresivas entre los seres humanos y de los conflictos antagónicos destructivos que surgen de esas relaciones.

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Esta Constitución no es sino el marco para una sociedad completamente nueva: un nuevo sistema político en el que se expresará la voluntad del pueblo… y un nuevo sistema económico que se orientará concretamente a satisfacer las necesidades materiales del pueblo, al igual que cuidar el medio ambiente y contribuir al proceso internacional revolucionario de eliminar toda la explotación. De manera aún más fundamental, representa un marco para avanzar a un mundo comunista, a un mundo en que la explotación y la opresión serán tema de los libros de historia y las personas ya no estarán divididas en grupos sociales antagónicos pero al contrario vivirán y trabajarán en una comunidad de seres humanos en libre asociación sobre todo el planeta.

La CNRSAN es un proyecto de texto para una Constitución real: el marco, los principios-guía y las actuaciones de un gobierno radicalmente nuevo, una forma de poder estatal radicalmente nuevo. Nosotros ESTAMOS construyendo un movimiento para la revolución, una revolución que SÍ llevará este documento a la práctica. Éstas son las reglas de un juego completamente nuevo… una guía para aquellos que liderarán el nuevo poder para hacer lo que hay que hacer en el Primer Día y después.

Sobre la cuestión de eliminar la opresión nacional, el Preámbulo de la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto) dice:

"La Nueva República Socialista en América del Norte es un estado multinacional y multilingüe que se basa en el principio de igualdad entre diferentes nacionalidades y culturas y uno de sus objetivos esenciales es eliminar por completo la opresión nacional y la desigualdad entre las nacionalidades, lo que fue una parte tan fundamental de los Estados Unidos de América imperialistas a lo largo de su historia. Es posible vencer y superar por fin las divisiones en la humanidad entre países y naciones y construir una comunidad mundial de seres humanos en libre asociación únicamente sobre la base de estos principios y objetivos. Esta orientación también está encarnada en las diversas instituciones del estado y el funcionamiento del gobierno en la Nueva República Socialista en América del Norte".

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Pronto Revolución empezará a publicar una serie de artículos que compararán y contrastarán la Constitución de los Estados Unidos y la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto), en relación a la esclavitud, la opresión y la emancipación del pueblo afroamericano. Instamos a las y los lectores a discutir y estudiar esta serie, a difundirla y compartirla entre amigos; a llevarla a las aulas, comunidades y prisiones; y a enviarnos sus comentarios.

Primera parte: Una union de esclavistas

La Constitución de los Estados Unidos es la obra de esclavistas y explotadores, que la redactaron, la debatieron y la ratificaron. Esta es una profunda verdad acerca de la historia de los orígenes de los Estados Unidos; no obstante, muchas personas sostienen que esa Constitución ha protegido y ampliado los derechos civiles y políticos de un número cada vez mayor de personas, y que sigue representando el fundamento jurídico y la visión política para superar las desigualdades y las injusticias existentes. Sin embargo, este mensaje, de que la Constitución de los Estados Unidos establece una visión y una base para llegar a una sociedad en que "todos son iguales", es una profunda MENTIRA y concretamente hace mucho daño. Desde su redacción y ratificación, esa Constitución ha proporcionado el marco y las justificaciones jurídicas para una sociedad asolada por profundas desigualdades y para la preservación de todo el sistema económico y social en que una cantidad relativamente pequeña de personas gobierna sobre una sociedad explotadora y mantiene ese dominio.

En 2010 el Partido Comunista Revolucionario publicó la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto) (CNRSAN). Este documento visionario, basado en la nueva síntesis del comunismo desarrollado durante décadas por Bob Avakian, proporciona el marco para toda una sociedad nueva y representa un marco para avanzar a un mundo comunista: un mundo en que las personas ya no estarán divididas en grupos sociales antagónicos, pero al contrario vivirán y trabajarán juntas en una comunidad de seres humanos en libre asociación en todo el planeta.

Esta serie de artículos compararán y contrastarán la Constitución de los Estados Unidos con la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte (Proyecto de texto), en relación a la esclavitud, la opresión y la emancipación del pueblo afroamericano. Instamos a las y los lectores a discutir y estudiar esta serie, a difundirla y compartirla entre amigos; a llevarla a las aulas, comunidades y prisiones; y a enviarnos sus comentarios.

La esclavización de los pueblos africanos y sus descendientes en Estados Unidos era un infierno interminable de trabajo, abusos, tortura, violación y denigración. Se impuso mediante latigazos, cadenas, escopetas y fieros sabuesos. La cultura y el punto de vista de la supremacía blanca empapaban todo aspecto de la vida de los Estados Unidos, tanto en el Norte como en el Sur. Y todo eso fue consagrado en las leyes nacionales, a partir de la Constitución estadounidense, el documento jurídico vinculante de la nueva nación.

La Constitución de los Estados Unidos se dedicó y se dedica a la defensa de los "derechos de propiedad privada" basados en la explotación, lo que durante ocho décadas incluía la esclavización de los negros. James Madison, el principal autor de la Constitución estadounidense, escribió que ante las leyes del país, los esclavos eran "habitantes, pero rebajados por la servidumbre a un nivel inferior al de los habitantes libres… La verdad de la situación es que tienen algo de estas dos cualidades: considerados por nuestras leyes, en algunos sentidos, como personas, y en otros sentidos como propiedad.... Tal es efectivamente su verdadero carácter. Es el carácter que les han asignado las leyes bajo las cuales viven; y no se negará que ellas son el debido criterio"1.

Aquí Madison defendía y abogaba por un principio jurídico que estableciera que los negros eran una forma de propiedad según las leyes estadounidenses.

"Habitantes, pero rebajados por la servidumbre a un nivel inferior al de los habitantes libres", es decir, que los esclavos no tenían derecho alguno según las leyes.

"Considerados por nuestras leyes, en algunos sentidos, como personas, y en otros sentidos como propiedad", es decir, que era posible comprarlos y venderlos en subasta, y que sus seres queridos les serían arrebatados cuando otro dueño los comprara.

"Es el carácter que les han asignado las leyes bajo las cuales viven", es decir, que se permitía hacerles trabajar como animales a latigazos, encadenados y perseguidos por perros si osaban escaparse; se permitía someterlos a condiciones de vida infrahumanas y los esclavos estaban plenamente conscientes de que el esclavista podía segarles la vida según sus caprichos.

Durante los primeros 70 años y más de la existencia de los Estados Unidos, la crueldad hacia los negros esclavizados, refrendada por la Constitución y aprobada por los tribunales, no tenía límites. El sistema de "justicia" que se desarrolló basándose en la Constitución estadounidense se dedicaba a sentar una base jurídica para el control total del esclavista sobre su propiedad humana. Para dar un ejemplo: "En un caso, un tribunal de Missouri vio el 'delito' de Celia, una esclava que mató a su amo en el acto de oponer resistencia a un ataque sexual. Según las leyes estatales, en tales circunstancias se consideraría que 'cualquier mujer' actuaba en defensa propia. Pero el tribunal dictaminó que Celia no era, hablando jurídicamente, 'una mujer'. Era una esclava y su amo tenía un poder absoluto sobre su persona. El tribunal la condenó a muerte. No obstante, como Celia estaba encinta, se postergó la ejecución hasta que naciera el niño, para no privarles a los herederos del dueño de Celia de sus derechos de propiedad"2

La esclavitud, la política y la Constitución

La esclavización de los pueblos africanos y sus descendientes era esencial para el desarrollo de lo que los europeos llamaron el "nuevo mundo" a partir de 1502. Cuando Estados Unidos declaró su independencia de Inglaterra en 1776, la esclavitud existía en todas las 13 colonias, pero se concentraba más en las colonias sureñas: Virginia, Maryland, Carolina del Norte y del Sur y Georgia, particularmente en las zonas de plantaciones de algodón y del tabaco.

En mayo de 1787, 55 delegados se reunieron en Filadelfia para redactar una constitución para la nación formada de las 13 colonias británicas que acaban de obtener su independencia. Desde su victoria en la guerra de Independencia, las otrora colonias habían mantenido una unidad tenue, bajo un poder central débil y en gran medida ineficiente.

No era cosa resuelta que esos delegados pudieran redactar y ponerse de acuerdo acerca de un documento que fuera adecuado para unir las colonias en un estado nacional cohesionado. Por más de cuatro meses, rugían debates duros y contenciosos que daban expresión a los intereses en conflicto de los representantes de diferentes estados, en particular los esclavistas del Sur y los capitalista mercantiles del Norte, antes de que todos los delegados redactaran y aprobaran un documento completo.

La cuestión de la esclavitud moldeó e impulsó gran parte de esa contienda. George William Van Cleve escribe en A Slaveholders' Union: Slavery Politics, and the Constitution in the Early American Republic, que para 1770 la esclavitud en las colonias estadounidenses "se había convertido en una institución económica central… los esclavos habían llegado a ser un activo económico de gran importancia, cuyo valor colectivo en el mercado se ha calculado conservadoramente en aproximadamente 14 millones de libras esterlinas (unos 2.4 mil millones de dólares hoy). Los esclavos constituían casi el 20 por ciento del monto de riqueza privada de las 13 colonias en 1774"3.

Dos delgados a la convención dieron discursos en que denunciaron la esclavitud. Pero aquí el debate en la convención constitucional no trató la moralidad de la esclavitud. No se dieron discursos apasionados que condenaron esa atrocidad bárbara heredada de un imperio colonial. No hubo demandas para su inmediata abolición. Los argumentos en torno a la esclavitud se centraron en varias cuestiones interrelacionadas: sería la propiedad o la población el factor principal en determinar la representación que se tendría en el congreso del nuevo gobierno, y cuánto poder tendría el nuevo gobierno central para controlar el comercio nacional e internacional, los tratados y, en particular, el comercio internacional en esclavos.

Una Constitución, dos sistemas económicos mutuamente dependientes

Los defensores de la Constitución de los Estados Unidos a menudo comentan que no contiene la palabra "esclavitud". Hay varias posibles razones por esa omisión, entre ellas la de que por lo menos algunos de sus autores y signatarios reconocían la contradicción de reconocer abiertamente la esclavitud en un documento que proclama representar y basarse en "el pueblo".

Pero es un hecho que dicha constitución, que es el máximo documento político/jurídico vinculante de los Estados Unidos, reconoció y defendió la "propiedad" directa de toda una categoría de seres humanos: los africanos y sus descendientes. Sobre ese fundamento constitucional, Estados Unidos, por medio de su aparato político así como su sistema de tribunales y leyes, mantenía e imponía ese estado de "propiedad" humana como categoría jurídica durante los primeros 70 años de su existencia.

La nueva nación estadounidense abarcó dos sistemas económicos coexistentes: el capitalismo y la esclavitud, dos formas de organizar la sociedad fundamentada en la explotación. Estos dos sistemas se dependían uno del otro mutuamente. Los mercaderes, abogados, traficantes en esclavos y amos de esclavos, banqueros, dueños de barcos y otros hombres adinerados que debatían y redactaron la Constitución de los Estados Unidos necesitaban forjar un marco en el que tanto el capitalismo como la esclavitud pudieran seguir desarrollándose. Necesitaban una estructura de estado central capaz de proteger sus intereses (que se contradecían a veces), y al mismo tiempo mantenerlos en un estado federal unificado. Necesitaban una constitución, o sea, un documento que estableciera las "reglas" jurídicas y políticos del nuevo país.

Desde el principio, formaron los Estados Unidos con el entendimiento de que se necesitaba tal estado unificado para forjar un nuevo país poderoso en el hemisferio occidental, un estado capaz de resistir la dominación o intervención de potencias europeas y un gobierno central suficientemente fuerte como para resolver las contradicciones entre los capitalistas del norte y los esclavistas del sur, especialmente en la expansión a los territorios del oeste. El "carácter pro esclavista" de la Constitución resultó de los esfuerzos de manejar esta contradicción. El Artículo I, Apartado 2 de la Constitución declaró que los esclavos valen tres quintos de un ser humano. De esta manera, valuaron la propiedad de los amos esclavistas, o sea los esclavos humanos en el sistema de representación política, lo cual benefició a los estados sureños en la Cámara de Representantes y el Colegio Electoral, al mismo tiempo que negaron a los esclavos sus derechos jurídicos como personas.

La esclavitud existía de forma concentrada en los estados sureños, pero dentro de una estructura económica mutuamente dependiente con el capitalismo mercantil dominante en los estados norteños y dentro de un marco político común. La esclavitud era decisiva para el crecimiento, la expansión y la prosperidad del país entero. El bienestar económico tanto de los amos de esclavistas del sur como de los capitalistas del norte dependía para cada uno de las actividades del otro. El algodón y otros productos agrícolas fueron procesados en las fábricas del norte y exportados desde puertos norteños, que también dominaban la mayor parte del comercio que entraba al nuevo país.

La Constitución que emergió de la Convención Constitucional en Filadelfia protegió tanto las formas capitalistas como las esclavistas de la explotación y el enriquecimiento por una cuantas personas y estableció un mecanismo para resolver sus divergencias, frecuentemente intensas. El marco que proporcionó la Constitución de los Estados Unidos para la cohesión y el desarrollo del nuevo país permitió que Estados Unidos en su conjunto, tanto los componentes esclavistas como los capitalistas, se expandiera dramáticamente en las décadas después de ganar su independencia.

Los "compromisos de Missouri"

Los años después de la redacción y adopción de la Constitución estadounidense eran años de rápida expansión hacia el oeste, hacia regiones que ahora conforman los estados de Ohio, Michigan e Indiana en el Norte, y Misisipí, Alabama y Tennessee en el Sur. Las campañas genocidas contra los indígenas que vivían en las zonas que los estadounidenses blancos codiciaban posibilitaron esa expansión. Y los acuerdos hechos en el Congreso, siguiendo las disposiciones de la Constitución, establecieron la base jurídica para que las regiones al sur del río Ohio se desarrollaran como territorios esclavistas, y pronto después en estados esclavistas.

Missouri, que queda mayormente al norte del río Ohio, se convirtió en un campo de batalla, pues para 1815 lo estaban poblando muchas fuerzas tanto esclavistas como antiesclavistas. La cuestión de qué tipo de estado iba a ser no se había determinado. Como observa Van Cleve: "la polémica de 1819 a 1821 en torno a Missouri fue una titánica lucha económica y política entre los diferentes sectores del país por la expansión hacia el oeste. La disputa enfrentó la esclavitud con una naciente ideología a favor del trabajo libre"4.

La resolución de esas "disputas" constituía una firme defensa de la base jurídica en la Constitución a la esclavitud como institución social duradera en Estados Unidos. Missouri se admitió a la unión americana como estado esclavista. A cambio de eso, el estado no esclavista de Maine se admitió también, para mantener así el "equilibrio" en el Congreso entre las dos regiones del país.

Ese equilibrio resultó ser frágil. A lo largo de los siguientes 40 años repetidas disputas estallaron entre los estados del Norte y del Sur, mientras el país continuaba extendiendo sus fronteras hacia el oeste. La cuestión clave, aún sin resolverse, de  permitir o no permitir la esclavitud en los territorios que se estaban abriendo a la expansión estadounidense, se discutía y se peleaba una y otra vez. Pero la decisión tomada en los compromisos de Missouri había fortalecido y envalentonado más a las fuerzas pro esclavitud y las llevó a presionar para una mayor expansión de los territorios esclavistas. También solidificó la constitucionalidad de la esclavitud en los nuevos estados y territorios y no solamente en los estados originales del país.

Desde la aprobación de la Constitución, en 1788, hasta 1821 cuando se formalizaron los compromisos de Missouri, tanto el número de estados esclavistas como la cantidad de personas esclavizadas habían aumentado por más del doble. Una proporción enorme de la riqueza nacional, en el Norte así como en el Sur, se había amasado gracias al trabajo agotador e inacabable de los esclavos: gente que no tenía derechos ni la capacidad jurídica de oponerse a su opresión; para quienes era costumbre hacerles trabajar hasta la muerte, venderlos y separarlos de sus familias y sus seres queridos, lisiarlos y torturarlos con crueldad y negarles sistemáticamente una educación. El aumento y la expansión de la esclavitud así como el derecho consagrado de los esclavistas y sus capataces de imponer sobre su "propiedad" cualquier castigo que se les antojara eran aspectos intrínsecos de la Constitución estadounidense y eran protegidos como tal.

Mientras en los corredores del Congreso se regateaba y se contemporizaba, mientras en la Suprema Corte se dictaminaban fallos, millones de seres humanos continuaban viviendo como "propiedad" en el sentido legal y constitucional, sin tener los derechos de un ciudadano. La sangre de innumerables esclavos era una argamasa que unía las regiones cada vez más conflictivas del Norte y Sur del país.

La Ley de Sabuesos (Ley del Esclavo Fugitivo)

"Las personas obligadas a servir o laborar en un Estado, con arreglo a las leyes de éste, que escapen a otros, no quedarán liberadas de dichos servicios o trabajo a consecuencia de cualesquiera leyes o reglamentos del segundo, sino que serán entregadas al reclamarlo la parte interesada a quien se deba tal servicio o trabajo".

— Constitución de los Estados Unidos,
artículo 4, sección 2

En términos sencillos, esa parte de la Constitución estadounidense decía que una esclava o un esclavo seguiría siendo la propiedad de su "dueño" dondequiera que fuera, incluso si fuera a una región que no permitía la esclavitud. Además estipulaba que los funcionarios de los estados no esclavistas, al encontrar a un esclavo que se había escapado, tenían la obligación de devolver esa "propiedad" a su "dueño legítimo". Para que todo quedara muy en claro, en 1793 el Congreso aprobó la "Ley del Esclavo Fugitivo" que requería la devolución de los esclavos que se habían escapado.

No obstante, para finales de los años 1840, los esclavos fugitivos estaban llegando a ser un gran problema para los dueños de los esclavos, en particular en las zonas que colindaban con estados no esclavistas. Una red de casas seguras y senderos secretos llamada el Ferrocarril Subterráneo, operada por personas negras y abolicionistas blancos, ayudaba a los esclavos fugitivos a llegar a los territorios no esclavistas en el Norte y en Canadá, y para los años 1840 y 1850 miles de negros estaban dejando atrás la esclavitud valiéndose de ese medio.

Además, varios estados del Norte habían promulgado medidas llamadas "leyes de libertad personal" con el propósito de invalidar la Ley del Esclavo Fugitivo e impedir que los cazadores de recompensas arrebataran a las personas negras de las calles de las ciudades norteñas para mandarlas a la esclavitud. En varias ocasiones, multitudes de abolicionistas blancos liberaron a la fuerza a los esclavos arrestados. Unos intelectuales y escritores muy conocidos, como John Greenleaf Whittier y Ralph Waldo Emerson, condenaron la ley y exhortaron a la población a desafiarla.

Por esos mismos años, se aprobó la Ley del Esclavo Fugitivo de 1850, llamada la Ley de Sabuesos por los abolicionistas debido al uso de perros sabuesos para rastrear a los esclavos, como otro "compromiso acomodaticio". Pero en realidad esa ley fue más allá de la original, pues requirió que los ciudadanos de los estados no esclavistas capturaran y devolvieran a los esclavos a sus "dueños legítimos", bajo penas severas de la ley.

Dred Scott y una crisis de legitimidad

El fallo relacionado a un esclavo llamado Dred Scott fue un ejemplo descarnado y concentrado de la lógica de la constitucionalidad de la esclavitud. Dred Scott era un hombre negro que nació esclavo y había servido como esclavo a un oficial del Ejército de Estados Unidos mandado a varios lugares del país. Cuando el oficial fue trasferido de Minnesota al estado esclavista de Missouri, Scott y su esposa entablaron una demanda en los tribunales federales para obtener su libertad, diciendo que esa libertad se había establecido cuando vivieron en los estados no esclavistas.

En 1857, la Suprema Corte de Estados Unidos falló que ni Dred Scott ni ninguna persona de "ascendencia africana" podía entablar una demanda ante un tribunal estadounidense, porque no se les permitía ser ciudadano estadounidense. Adujo también que no se podía establecer la libertad de Scott por el simple hecho de haber vivido fuera de los límites de una región de la esclavitud, pues hacerlo "le privaría al dueño de su propiedad".

Roger B. Taney, el magistrado presidente de la Suprema Corte, resumió su fallo con estas palabras infames: dijo que los autores de la Constitución, los "fundadores", consideraron e institucionalizaron bajo la ley que los negros eran "seres de un orden inferior y totalmente indignos de asociarse con la raza blanca, sea en relaciones sociales o políticas, y que eran tan inferiores que no tienen ningún derecho que el hombre blanco tiene la obligación de respetar".

El fallo de la Suprema Corte envalentonó a los dueños sureños de esclavos y enfureció a muchas fuerzas antiesclavistas por todo el Norte. Los dueños de los esclavos argumentaron que el fallo de la Suprema Corte esencialmente había anulado los compromisos de Missouri y así les iba a restaurar su derecho constitucional de llevar a sus esclavos por dondequiera en el país. Muchos norteños vieron en el fallo Dred Scott una culminación de una campaña de varias décadas para extender la esclavitud y juraron desafiarlo y oponérselo. Ya no era posible reconciliar las divergencias que tenían los dos lados.

Cuatro años después del fallo Dred Scott, se inició la guerra de Secesión.

Segunda parte: La reconstrucción y la primera gran traición, 1867-1896

"Tenemos derecho a las tierras en que nos ubicamos. ¿Por qué? Le diré por qué. A nuestras esposas, a nuestros hijos, a nuestros esposos, los han vendido y revendido para comprar la tierra en que ahora nos ubicamos; por esa razón tenemos un derecho divino a la tierra… y además, ¿no desbrozamos el terreno y cultivamos el maíz, algodón, tabaco, arroz, todo? Asimismo, esas ciudades grandes del Norte, ¿no crecieron con el algodón y el arroz que sembramos y cosechamos? Le digo que se enriquecieron, y mi gente es pobre"5.

El esclavo liberto Bayley Wyat, 1867,
después de que el ejército estadounidense
desalojó a él y a otros ex esclavos de las tierras
que trabajaban en Virginia.

Tras la victoria del Norte en la guerra de Secesión, una demanda y necesidad clave del pueblo negro era tener tierra y los medios básicos para trabajarla. Como ha escrito Bob Avakian: "En ese entonces, para los negros, la propiedad de la tierra era crucial, como una especie de 'ancla' económica y una base para oponer resistencia contra el sometimiento a una condición de casi esclavitud, una servidumbre semifeudal aunque no era esclavitud en el sentido literal, en las plantaciones del Sur". En 1865, al aproximarse el fin de la guerra, el general del Ejército estadounidense William Sherman dio una orden para proporcionarles 16 hectáreas de tierras y mulas sobrantes del ejército a los nuevos libertos en las zonas costeras de Georgia y Carolina del Sur. Pero poco después de entrar en funciones ese año, el presidente Andrew Jackson anuló dicha orden, y la posesión de las tierras fue devuelta a los antiguos esclavistas blancos que eran sus propietarios antes de la guerra. La frase "16 hectáreas y una mula" llegó a ser un duro recordatorio de la traición contra el pueblo negro de parte del gobierno federal.

Sin embargo, durante el breve período que siguió a la guerra de Secesión, llamado la Reconstrucción, se dieron importantes transformaciones en la vida del pueblo negro. Como Avakian escribió, durante esos años "sí hubo importantes cambios y mejoras en la situación de los negros del Sur. Durante la Reconstrucción, los esclavos emancipados practicaron, aunque no plenamente, el derecho al voto, a ocupar cargos y otros derechos constitucionales los que supuestamente se aplican a los ciudadanos… A pesar de agudas contradicciones, durante los diez años que duró la Reconstrucción se dio una verdadera efervescencia y un tipo de florecimiento de reformas democrático-burguesas. No fue una revolución proletaria, pero fue algo significativo para la época"6.

Durante los años de la Reconstrucción se aprobaron tres enmiendas constitucionales —la Decimotercera, la Decimocuarta y la Decimoquinta— y también unas leyes federales (el Reglamento de Aplicación y dos leyes de derechos civiles) con la idea de darles fuerza a esas enmiendas.

La Decimotercera Enmienda abolió la esclavitud… "excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto": es decir, los presos. El meollo de la Decimocuarta Enmienda otorgó la ciudadanía estadounidense a "todas las personas" nacidas en Estados Unidos y extendió la autoridad de la Carta de Derechos de la Constitución a los estados, al decir que "tampoco podrá estado alguno privar a una persona de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni negar a una persona que se encuentre dentro de sus límites jurisdiccionales la protección de las leyes, igual para todos". La Decimoquinta Enmienda prohibió que el gobierno federal o estatal le negara a un ciudadano estadounidense el derecho de sufragio por motivo de "raza, color o de su condición anterior de esclavo".

Desde un principio, esos cambios suscitaron convulsiones de violencia masiva por toda la región que antes era la Confederación. Se fundó el Ku Klux Klan (KKK), que creció dramáticamente durante esos años y llevaba a cabo linchamientos, allanamientos nocturnos y asaltos de terror contra los negros recién libertos en todas partes del Sur. El historiador Eric Foner escribe que el KKK y organizaciones racistas similares eran "en efecto, una fuerza militar al servicio de los intereses del partido Demócrata, la clase hacendada y todos aquellos que deseaban la restauración de la supremacía blanca"7.

Todo aspecto de la sociedad emanaba esa violencia, cuyo propósito era imponer a la fuerza una cultura de supremacía blanca y de denigración hacia los negros y provocarles temor. Foner escribe: "Comúnmente, la violencia se dirigía contra… 'los negros insolentes' — esos que ya no cumplían con los patrones de conducta que se exigían durante la esclavitud. Un hombre liberto de Carolina del Norte relató que los atacantes del Ku Klux Klan, después de azotarlo, 'me dijeron la ley: que cada vez que yo me topaba con una persona blanca, fuera quien fuera, rico o pobre, había que quitarme el sombrero'"8.

Un infierno de violencia racista sancionado pordecisiones de los tribunales

Luisiana era un infierno especialmente violento de ataques de chusmas racistas contra el pueblo negro que hacía poco recibió el derecho de votar. En un libro titulado, de manera apropiada, The Day Freedom Died: The Colfax Massacre, the Supreme Court, and the Betrayal of Reconstruction (El día que murió la libertad: La Masacre de Colfax, la Suprema Corte y la traición de la Reconstrucción), Charles Lane escribe: "A lo largo de tres días en septiembre [1868], [unos terroristas blancos] asesinaron a aproximadamente doscientos hombres libertos en St. Landry Parish. Más tarde ese mismo mes, en Bossier Parish, justamente al otro lado del río Red desde Shreveport… centenares de blancos armados entraron en tropel a Bossier Parish e hicieron una batida de la zona… eso pronto se convirtió en una 'caza de negros' armada, con todo y sabuesos. La matanza continuó hasta finales de octubre, con un saldo de 168 muertos"9.

El 13 de abril de 1873, se dio una masacre de negros en Colfax, Luisiana, un pueblo al centro del estado a la orilla del río Red. De las casi 200 personas que participaron en la masacre de Colfax, al final solo nueve fueron acusadas de un delito. De ellas solo tres recibieron una condena10, no por homicidio, sino por el delito federal de conspiración para impedir que dos de los negros asesinados se valieran del "ejercicio libre y el goce del derecho a la reunión pacífica", tal como autoriza la Constitución.

Cuando tal terror abiertamente asesino y racista se impugnaba en los tribunales, éstos dictaminaban que según la Constitución, todo era legal. Tres años después de la Masacre de Colfax, la Suprema Corte vio la apelación de los tres condenados. La Suprema Corte, en una decisión unánime, anuló los veredictos de culpable contra los tres asesinos racistas. En esencia, el fallo decía que "las leyes federales… no eran capaces de proteger a los negros que querían ejercer su derecho a votar". Tampoco "eran capaces para proteger la 'vida y libertad' de los negros frente a una conspiración asesina. [La Suprema Corte] consideraba que ese cargo daba 'aún más lugar a la objeción' que los cargos que se basaban en los derechos de reunión y de sufragio… porque el poder de llevarle a una persona a juicio por homicidio 'les incumbe solamente a los estados'… y la disposición de la Decimocuarta Enmienda que prohíbe que 'un estado' le prive a 'una persona' de la vida o la libertad no añade nada respecto a los derechos de un ciudadano contra otro ciudadano'"11.

En otras palabras, la Suprema Corte dijo que la Constitución de los Estados Unidos no permitía que un gobierno estatal organizara chusmas de linchamiento o que impidiera la participación de los negros en la vida política. Pero si una chusma de "ciudadanos comunes y corrientes" hacía esas cosas y los funcionarios municipales y estatales las permitían: pues eso no violaba la Constitución de los Estados Unidos.

Ese fallo dio una luz verde a una campaña de terror racista sin precedentes contra el pueblo negro en cada estado del Sur. Como Bob Avakian escribió en el artículo "Cómo el sistema ha traicionado al pueblo negro: Momentos decisivos": "Así que en 1877 sucedió algo dramático: el ejército federal se retiró del Sur, les quitaron a las masas negras hasta los logros económicos y políticos parciales que habían conseguido y los sometieron de la forma más salvaje y los ataron una vez más al viejo sistema de plantaciones, pero ahora, en esencia, estaban en condición de peones y no esclavos abiertos".

Con esa decisión, que llegó a conocerse como el "fallo Cruikshank" (por el nombre de uno de los acusados de homicidio), la Suprema Corte efectivamente aprobó la Masacre de Colfax y contribuyó a sellar jurídicamente el fin de la Reconstrucción, en momentos en que parecía que el pueblo negro posiblemente ganara la igualdad dentro de Estados Unidos.

Al fallar que el gobierno federal no haría nada para impedir que las chusmas racistas organizadas asesinaran en masa a los negros, la Suprema Corte abrió las compuertas a décadas de terror nocturno del KKK. Luisiana adoptó una constitución estatal basada en una supremacía blanca explícita y abierta, la que llegó a ser el modelo para otras constituciones de los estados del Sur.

La Suprema Corte vio otros casos sobre el linchamiento en 1883, 1906 y 1945. Su fallo Cruikshank consagró en la jurisprudencia constitucional de Estados Unidos el que el gobierno federal "no interviniera para poner fin a los linchamientos en el Sur. Lane escribió que en el caso Estados Unidos vs. Harris, que llegó a conocerse como el caso Ku Klux Klan: "Mientras tanto, la Suprema Corte había interpretado los derechos que le quedaban al pueblo negro de una manera que casi los eliminó por completo… In 1883 la Corte decidió el caso Estados Unidos vs. Harris, que se originó en una acusación federal a veinte miembros de una chusma de linchamiento en Tennessee por haber violado la sección 2 del Reglamento de Aplicación que prohibía toda conspiración que tuviera como fin privarle a una persona de la 'protección equitativa ante la ley'. Refiriéndose al fallo Cruikshank… la Corte anuló unánimemente dicha sección 2. Según la Corte, el linchamiento no fue un asunto que le correspondía al gobierno federal, porque la chusma se compuso únicamente de particulares"12.

Cabe repetir: Se dictaminó que el linchamiento no fue un asunto que le correspondía al gobierno federal, porque la chusma se compuso únicamente de particulares.

De esa manera la Suprema Corte, la máxima autoridad jurídica del país, le dio una luz verde jurídica al linchamiento de los negros.

De hecho, el Instituto Tuskegee calculó (con cifras que muchos historiadores consideran demasiado bajas) que de 1882 a 1951 fueron linchadas 4.730 personas en Estados Unidos, en su gran mayoría negras y casi todas en estados sureños.

Además, en 1883, el mismo año del caso Harris, la Suprema Corte federal vio lo que llegó a conocerse como "los Casos de Derechos Civiles de 1883". Falló por una votación de 8 a 1 a favor de "invalidar el Acta de Derechos Civiles de 1875", según el historiador Don E. Fehrenbacher. Específicamente, falló que el gobierno federal no tenían poderes para intervenir en el asunto de "la violación de los derechos del individuo" de parte de particulares. Se propagaron muchísimo los letreros "sólo para blancos" que empezaban a aparecer a lo largo del Sur y en muchas partes del Norte, de modo que asumieran el sello de aprobación de parte de las leyes estadounidenses y el fallo de la Suprema Corte. Frederick Douglass, siendo el mismo un ex esclavo quien llegó a ser un gran líder en la lucha por la abolición de la esclavitud, dijo que en ese fallo "seguía con vida el espíritu o el poder de la esclavitud". La segregación del pueblo negro con aval jurídico siguió ejerciendo su control a lo largo del Sur.

Homer Plessy y la consolidación constitucional del Jim Crow en 1896

En las últimas tres décadas del siglo 19, Estados Unidos se desarrolló rápidamente llegando a ser una potencia capitalista mundial y se transformó en un país capitalista monopolista, o sea, un país imperialista. Se dio un crecimiento vertiginoso de empresas industriales y mineras de gran escala en las ciudades del Norte y del Oeste. La esclavitud ya había dejado de ser legal en los estados sureños que habían formado la Confederación, pero esas economías antes basadas en la labor de esclavos se transformaron en territorios semifeudales integrados en el marco capitalista imperialista, donde prevalecían la aparcería y otras formas extremas de explotación del pueblo negro.

La agricultura, todavía basada en la extrema explotación de los negros, siguió siendo el componente más rentable de esos estados, y la contribución más fundamental de éstos a toda la economía capitalista de Estados Unidos. La aparcería —una severa forma de explotación rural que, aunque variaba un poco de un lugar a otro, siempre se fundamentaba en el hecho de que los dueños de la tierra y de los medios de trabajarla eran blancos, y que los que realizaban la labor intensa durante todo el año eran jornaleros empobrecidos y, en su inmensa mayoría, negros— se arraigó en todo el Sur. Millones de negros estaban atados a tierras que trabajaban sin cesar, pero que no eran suyas. En ese sistema, el terrateniente blanco tomaba la cosecha levantada por ex esclavos y la vendía. Del dinero de la venta, el terrateniente descontaba el costo de las semillas y otros insumos; y del dinero que quedaba después, los aparceros negros recibían una parte. Pero si la cosecha fuera mala o si bajara el precio para el algodón, el aparcero negro quedaría endeudado. Los terratenientes blancos típicamente estafaban a los aparceros. Así que la situación era una en que los aparceros negros quedaban atrapados por deudas y en una pobreza brutal.

Además, como se mencionó antes, la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos abolió la esclavitud "excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto". Tras arresto y encarcelamiento, a veces por delitos tan nimios como vagabundear, cientos de miles de negros fueron obligados a vivir en condiciones de esclavitud y trabajar esencialmente como esclavos. Por todo el Sur, y en lugares como Sugarland en Texas y Angola en Luisiana, grandes plantaciones que antes pertenecían a los dueños de esclavos se convirtieron en prisiones donde se recluían a enormes cantidades de negros que trabajaban de la misma manera que sus antepasados, rompiéndose el lomo sin pago.

Por todo el Sur, un sistema de denigración y opresión que con el tiempo se llamó Jim Crow se venía institucionalizando en las leyes de todo estado y municipalidad. De una manera legal, sistemática y violenta, purgaron a los negros de los padrones electorales, les prohibieron usar el transporte público, vivir donde querían vivir, entrar en los edificios públicos o usar instalaciones públicas y miles de humillaciones más que dejaban una profunda huella en el tejido de la vida cotidiana. La llamada "línea de color" se convirtió en una barrera que los negros no podían cruzar.

El 7 de junio de 1892, un hombre en Nueva Orleáns llamado Homer Plessy decidió desafiar esa línea de color. Plessy compró un boleto de tren para viajar desde Nueva Orleáns a Covington, Luisiana — en un vagón "solo para blancos". Como la Suprema Corte escribió en su decisión final, Homer Plessy "'abordó un tren de pasajeros y tomó un lugar no ocupado en un vagón para el uso de pasajeros de la raza blanca [sic]'. El conductor le ordenó 'abandonar dicho vagón y dirigirse a uno para las personas que no eran de raza blanca'. Cuando Plessy rechazó cambiar de lugar, 'a la fuerza fue expulsado del citado vagón con la ayuda de un agente de la policía, y lo llevaron inmediatamente a la cárcel del distrito de Nueva Orleáns, donde lo encarcelaron'"13.

Cuatro años más tarde, en el caso conocido como Plessy vs. Ferguson, la Suprema Corte de Estados Unidos aprobó la constitucionalidad del desalojo y arresto de Plessy, y la doctrina tristemente célebre de "separados pero iguales", tomada de la constitución supremacista blanca del estado de Luisiana, llegó a ser jurisprudencia federal. El fallo de la Suprema Corte decía, en las palabras finales del magistrado Henry B. Brown: "Si una raza es inferior socialmente a otra, la Constitución de los Estados Unidos no puede ponerlas en el mismo nivel".

En respuesta al fallo de la Suprema Corte, el Comité des Citoyens (Comité de Ciudadanos) de Nueva Orleáns, que había entablado la demanda para impugnar la ley de segregación de Luisiana, contestó: "Nosotros, como hombres libres, seguimos creyendo que tenemos la razón y que nuestra causa es sagrada"14.

Una constitución para mantener la opresión

Los fallos en los casos de Cruikshank y Plessy sentaron la base jurídica y constitucional para la férrea opresión y discriminación y hasta asesinato abierto que se practicaban por décadas contra el pueblo negro. En esos casos, la Suprema Corte no "interpretó mal" la Constitución de los Estados Unidos. La Corte no "convirtió la clara intención del Congreso en una impotencia legislativa", tal como argumentan muchos defensores de esta constitución15.

Esos fallos no eran "aberraciones"; concordaban con la Constitución de los Estados Unidos y concentraban de maneras importantes las necesidades cambiantes de la clase dominante capitalista, pues era un tiempo en que el país estaba dejando atrás la sociedad mayormente agraria para ser una potencia imperialista en vías de industrialización y en contienda en el escenario mundial. Esos fallos tenían como propósito ofrecer una base jurídica para mantener y de hecho intensificar la condición subordinada y profundamente oprimida del pueblo negro, y en particular para su condición de aparceros que surtían mano de obra barata y enormes ganancias a la economía de plantaciones del Sur y al sistema capitalista en su conjunto.

El terror de las chusmas de linchamiento era un constante de las zonas rurales y urbanas del Sur de Estados Unidos durante las siete décadas que siguieron a la Reconstrucción, y siempre a amenazaba con encender arrebatos de violencia horrible contra los negros. Los funcionarios de los estados y condados a menudo participaron en esa violencia y hasta la organizaron y le dieron publicidad. La denigración constante e ineludible del Jim Crow brotaba de todo aspecto de la vida en el Sur, y en muchas partes de Norte.

La política del gobierno federal seguía siendo (oficialmente) la no intervención, mientras que de hecho ayudaba y colaboraba jurídicamente en los linchamientos, los permitía continuar y facilitaba que los autores de linchamientos siguieran impunes. Ida B. Wells, una mujer negra de Misisipí que era activista en los movimientos para los derechos civiles y para la mujer hasta su muerte en 1931, escribió en enero de 1900: "El silencio y la aparente aprobación [de los linchamientos por el gobierno] son más marcados a medida que pasan los años"

A principios del siglo 20, varias veces se propusieron proyectos de ley en el Congreso en contra del linchamiento, pero ninguno llegó ni remotamente al punto de aprobarse. Solo fue hasta 2005 —sí, 2005— que el Senado federal aprobó una resolución para expresar su "remordimiento" por jamás haber aprobado una ley anti-linchamiento.

Tercera parte: El campo de batalla sobre la educación segregada en los años 50 y 60

La traición de la Reconstrucción en 1877 anunció una era de linchamientos, segregación y humillación constante del pueblo negro en Estados Unidos, validada y defendida por la jurisprudencia constitucional. Pero las condiciones económicas y sociales que habían caracterizado a Estados Unidos en los años antes de la guerra de Secesión estaban transformándose de modo rápido y dramático.

Para los principios de los 1900, Estados Unidos se convirtió en una potencia imperialista importante a nivel mundial, y luego debido a la Segunda Guerra Mundial se volvió la potencia imperialista dominante en el mundo. En el país mismo, para 1950, Estados Unidos ya se había transformado de un país con una población y economía principalmente agrícolas en un país industrializado y urbano. La agricultura se mecanizó cada vez más, y la aparcería que había caracterizado la agricultura del Sur se volvió cada vez menos rentable. Estos cambios tuvieron efectos profundos sobre las masas del pueblo negro en Estados Unidos.

Jim Crow: Del fin de la Reconstrucción al fin de la Segunda Guerra Mundial

El terror de las turbas de linchamiento fue un hecho brutal en la vida de las zonas rurales y urbanas del Sur después de que el gobierno federal abandonó la Reconstrucción en 1877, con constantes amenazas de terrible violencia contra el pueblo negro. En 1898, Ida B. Wells, una valiente periodista y defensora de los derechos civiles, escribió una solicitud al presidente McKinley para que éste tomara medidas contra los linchamientos, diciendo que “en ninguna parte del mundo civilizado salvo en Estados Unidos de América salen hombres, en posesión de todo el poder civil y político, en bandas de 50 a 5.000 sujetos, para cazar, balear, ahorcar o quemar hasta la muerte a un individuo no armado y sin poder”. Pero McKinley no le dio respuesta, y el linchamiento generalizado continuó hasta mediados del siglo 20.

A menudo, los funcionarios de los estados y los condados participaron en los linchamientos y a veces los organizaron y promovieron. De rutina los permitieron. Al no hacer nada para impedirlos, la política federal, bajo todo organismo gubernamental y bajo tanto las administraciones demócratas como las republicanas, en efecto les dio luz verde a los linchamientos. La jurisprudencia constitucional y los fallos de la Corte Suprema defendieron esos asesinatos organizados y les dieron un sello de legitimidad (vea la segunda parte de esta serie).

Durante esos años, un conjunto de restricciones, reglas y normas culturales, sociales y económicas profundamente arraigadas llamado el Jim Crow reforzó las ideas y práctica de la supremacía blanca a cada paso. Así eran los Estados Unidos bajo “el estado de derecho constitucional”: una pesadilla de la supremacía blanca descarada y omnipresente y el uso constante y desenfrenado de la más salvaje violencia de las turbas contra el pueblo negro.

William S. McFeeley, un profesor de historia cuyo libro trata la esclavitud, los linchamientos y la condena de muerte como una herramienta del control social, escribió que “para los finales del siglo 19 y bien entrado en el 20, el linchamiento, la privación de derechos y la categorización oficial de negros como separados según las leyes del Jim Crow hizo que los afroamericanos quedaran sin poder, tan impotentes como siempre. Las humillaciones como las fuentes para beber separadas eran parte del muro levantado a propósito entre los estadounidenses. Ni siquiera bajo la esclavitud habían estado tan excluidos los afroamericanos de todo recurso ante las autoridades”16.

La mayoría de los negros en Estados Unidos aún vivían en el Sur durante la primera mitad del siglo 20. La economía del Sur, basada en la aparcería e integrada en el sistema capitalista imperialista, generó grandes ganancias para los dueños de las plantaciones así como para los capitalistas en general. Pero en el curso de los 1900, los cambios en la economía internacional y nacional, los que incluyeron el mayor uso de maquinaria avanzada para sembrar y cosechar, empezaron a transformar el carácter de la agricultura de plantaciones, y así se requería menos mano de obra que antes. Esos cambios en los cimientos económicos de la sociedad del Sur así como la constante violencia y denigración racistas a través del Sur, forzaron a un creciente número de negros a dejar las tierras que sus antepasados habían labrado durante siglos.

En las primeras décadas del siglo 20, salieron de las zonas rurales del Sur más de un millón de negros, hacia las ciudades del Norte y del Sur. Eso constituyó la primera ola de lo que llegó a ser conocido como la Gran Migración, lo que transformó la faz de Estados Unidos para siempre.

La migración de los negros de las zonas rurales del Sur amainó en los años de depresión económica de los 1930. Pero a partir del inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 y continuando por tres décadas, millones de negros más dejaron el Sur, en busca de trabajo en las zonas industriales de las ciudades del Norte y del Oeste y para alejarse de los linchamientos y el Jim Crow del Sur.

Muchos negros llegaron a ser una parte importante y creciente de la población y la fuerza de trabajo de las ciudades como Detroit, Chicago, Filadelfia, Los Ángeles y Nueva York. El descarado Jim Crow del Sur no existía en la misma forma en la mayoría de las ciudades del Norte. Pero los negros en estas ciudades del Norte sí sufrían la discriminación y humillación a cada paso. Estaban apiñados en los ghettos con precios excesivos y en su abrumadora mayoría tuvieron que trabajar en los puestos industriales más peligrosos y de menor paga.

En estas condiciones cambiantes, surgieron expectativas y demandas nuevas entre el pueblo negro. Un soldado negro al regresar de la Segunda Guerra Mundial expresó el enojo que se sentía mucha gente en ese período: “El ejército nos impone el Jim Crow. La marina sólo nos deja ser cocineros. La Cruz Roja rechaza nuestra sangre. Los patrones y los sindicatos nos dejan afuera. Los linchamientos continúan. Nos niegan el derecho de voto, nos imponen el Jim Crow, nos escupen. ¿Podría Hitler hacer más que eso?”17

A partir de finales de los años 1940, en las ciudades y pueblos en todo el país, no sólo en el Sur, los negros luchaban para vencer la opresión profundamente arraigada y legalmente defendida que sufrían a cada paso. Algunas batallas iniciales y más intensas se centraron en la educación pública.

Brown v. la Junta de Educación

En 1951, Oliver L. Brown, un hombre negro en Topeka, Kansas, intentó inscribir a su hija, Linda, en una escuela primaria de estudiantes blancos, a siete cuadras de su hogar. La Junta de Educación de Topeka dijo que no, lo que obligó a Linda a estudiar en una escuela de estudiantes negros a casi dos kilómetros de su hogar. Oliver Brown y otros en Topeka presentaron una demanda para poner fin a la política de la Junta de Educación de mantener segregadas las escuelas públicas bajo el pretexto del estándar “separadas pero iguales” que la Suprema Corte estableció en su decisión Plessy. (Vea, en la segunda parte, una discusión del caso Plessy v. Ferguson.)

Tres años después, esa demanda se combinó con cuatro más y se presentó ante la Suprema Corte en un caso que llegó a ser conocido como Brown v. Board of Education [Brown v la Junta de Educación]. La Corte sostuvo dos audiencias durante cinco meses. Earl Warren, recién nombrado el presidente de la Suprema Corte, trabajó durante los meses entre las sesiones para asegurar que Brown tuviera un voto unánime a favor de anular Plessy. Warren y Felix Frankfurter, otro magistrado de la Corte, se preocupaban por el mensaje que la Corte iba a proyectar al mundo y al pueblo estadounidense si no rechazara la segregación legal por un voto unanime. Warren estimaba que iba a requerir “toda la sabiduría de esta Corte para zanjar este asunto con un mínimo de emoción y conflictos. Importa mucho nuestra manera de hacerlo”18. Como veremos, otros intereses políticos e internacionales mayores regían esa “sabiduría”.

Warren presionó, engatusó y discutió con los jueces vacilantes hasta que todos estuvieran de acuerdo que se pusiera fin a la segregación legal en las escuelas públicas. En la primavera de 1954, la Corte dictó una decisión que anuló el precedente segregacionista que el fallo Plessy había establecido. La Corte declaró que “las instituciones de enseñanza separadas son intrínsecamente desiguales”.

Muchos abogados y estudiosos consideran que la decisión Brown de la Corte es “en muchos sentidos, el parteaguas de los casos constitucionales del siglo 20”, y a menudo se promueve como un ejemplo de la manera en que la Constitución estadounidense ofrece el marco y la base para que todo ciudadano cuente con un trato por igual. El magistrado Stanley Reed, quien era parte de la Suprema Corte cuando ésta dictó la decisión Brown, dijo que “si no era el caso más importante de la historia de la Corte, estuvo muy cerca”19.

Pero en realidad la decisión de este caso no fue un ejemplo en que la máxima corte en la tierra defendiera y reforzara la igualdad. Al contrario, el fallo Brown surgió principalmente en respuesta a la gran necesidad de la clase dominante estadounidense, ante los dramáticos cambios económicos y sociales en Estados Unidos y los desafíos internacionales e internos y la necesidad de lidiar con todo eso de una manera que resultara en los más mínimos trastornos, levantamientos y confrontación sociales.

Dentro de Estados Unidos, el pueblo negro, especialmente la juventud, y algunos blancos habían empezado a desafiar las prácticas profundamente arraigadas del Jim Crow y el dominio de los linchamientos. La migración del Sur de millones de negros a las ciudades del Norte resultó en profundos cambios y expectativas sociales.

A nivel internacional, Estados Unidos enfrentaba un montón de dificultades mientras trataba de asegurar su posición como potencia imperialista líder en el mundo. En particular, las luchas de liberación nacional en los países oprimidos de África, Asia y América Latina empezaban a desafiar el dominio de Estados Unidos, presagiando los levantamientos mucho más profundos que se darían a finales de los años 1950 y 1960. Al mismo tiempo, y de manera muy relacionada, el movimiento comunista mundial, el cual defendía la abolición de la explotación y la desigualdad, tenía una enorme influencia a través del planeta. Ante todo eso, el que Estados Unidos continuara manteniendo un sistema jurídico de flagrante discriminación, opresión y brutalidad contra el pueblo negro dentro de sus propias fronteras empañaba la imagen que proyectaba de sí mismo.

No obstante, incluso con la influencia de esos intereses más grandes sobre las decisiones de la Suprema Corte, se incorporaron limitaciones importantes en la decisión Brown. Ésta se aplicaba solamente a la educación pública. Otras áreas de la sociedad podían mantener legalmente su estatus de “solo para blancos”. La Corte dejó en el aire la cuestión de quién era responsable de hacer cumplir esta decisión y puso en un futuro indefinido el momento en que ésta debía aplicarse y cumplirse. La manera en que el juez Reed lo dijo era que su aplicación no sería “un trabajo de vía rápida. El tiempo que les ofrecían, las oportunidades para ajustarse, son el mayor paliativo [influencia tranquilizadora] para una cosa horrible”20. Que quede claro: la “cosa horrible” a la que se refería Reed era el fin de la segregación con el aval de la Constitución sobre los niños negros en escuelas dramáticamente inferiores.

La decisión Brown se topó inmediatamente con una vehemente oposición proveniente de los líderes políticos en Estados Unidos, especialmente del Sur. El senador James Eastland por Misisipí, quien era un supremacista blanco líder y una figura política de peso en el Partido Demócrata, dijo que el Sur “no acatará u obedecerá esta decisión legislativa de una corte politizada”21.

Little Rock

La primera prueba importante de la decisión Brown vino tres años después. El 4 de septiembre de 1957 en Little Rock, Arkansas, nueve estudiantes negros trataron de entrar a la secundaria Central, considerada la escuela secundaria #1 del estado. Una turba de blancos que llevaban las banderas de la Confederación empezó a reunirse en la escuela el día anterior, cuando una corte federal en St. Louis allanó legalmente el camino para que estudiantes negros entraran a la escuela por mucho tiempo segregada.

En respuesta, el gobernador de Arkansas Orval Faubus, quien era un político de la clase dominante ampliamente considerado como moderado con respecto a la política racial según los estándares de ese tiempo, anunció en la televisión a nivel de todo el estado que “correría sangre en las calles” si los estudiantes negros entraran a la secundaria Central”22. Faubus ordenó que la Guardia Nacional de Arkansas rodeara la escuela e impidiera que los estudiantes negros entraran a la escuela.

A Elizabeth Eckford, una estudiante negra que trató de entrar a Central, le negaron entrada los soldados con bayonetas y la furia de una muchedumbre que la rodeó y empezó a gritarle: “¡Agárrenla! ¡Línchenla!” Alguien dijo: “¡Consigan una soga y cuélguenla a este árbol!” Eckford estaba protegida por un miembro blanco de la NAACP [Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color] y pudo escapar de la turba y subirse a un autobús municipal23.

Durante las siguientes semanas, tanto las turbas racistas como la Guardia Nacional impidieron que los nueve estudiantes entraran a Central. El país, y el mundo entero, a diario leían y veían por televisión las historias de los jóvenes negros a quienes no se les permitió tener una educación y sitiados por las turbas racistas llenas de odio mientras el gobierno federal se hacía a un lado.

Este fue un gran problema para los gobernantes de Estados Unidos. Trataban de consolidar y expandir su imperio global y en todas partes afirmaban que Estados Unidos era “el mejor país del mundo”, la tierra de “la libertad y la democracia”, el lugar donde los derechos individuales eran muy valorados. No obstante, hubo escenas transmitidas por todo el mundo de jóvenes estudiantes negros que fueron salvajemente agredidos, que tenían la vida amenazada no solo por las turbas de linchadores racistas sino por las fuerzas del mismo gobierno.

Dwight Eisenhower, el entonces presidente de Estados Unidos, tomaba unas vacaciones de golf en el momento en que empezaron las confrontaciones de Little Rock, y no quería que lo interrumpieran. Pero, el 20 de septiembre, un juez de Arkansas ordenó que el gobernador Faubus retirara de Little Rock a la Guardia Nacional. Pero la turba racista permaneció en la escuela y se asomaba el espectro aterrorizador de un linchamiento público, posiblemente televisado de nueve jóvenes.

Eisenhower y la clase dominante del capitalismo-imperialismo que él representaba, se sintió obligado a actuar. Éste mandó traer a tropas aerotransportadas del ejército de Estados Unidos, federalizó la Guardia Nacional de Arkansas (sacándola del control del gobernador Faubus) y ordenó que el ejército escoltara a los jóvenes a la escuela. Estas fuerzas permanecieron ahí hasta finales de agosto.

Que quede claro: Eisenhower tuvo poco interés en proteger a los estudiantes negros bajo el asalto de una turba de enfurecidos racistas. De hecho, en conversaciones privadas Eisenhower les dijo a sus acompañantes que tenía simpatías por los padres blancos que no querían que sus hijos recibieran una educación en la misma escuela que unos niños negros. En público, dijo que había tomado medidas para “impedir que reinaran la turba y la anarquía” y principalmente porque las turbas blancas de Little Rock habían perjudicado “el prestigio y la influencia de nuestra nación…”24, y no por la injusticia y la crueldad las que era la segregación. Los nueve estudiantes finalmente entraron a Central a finales de septiembre de 1954, bajo una escolta militar. Soportaron un año de constante agresiones, insultos y abusos.

Little Rock fue la primera prueba importante de la decisión Brown. Durante los años 1950 y 1960 y entrando a los 1970, la horrenda oposición racista a las diferentes formas de integrar la educación en las escuelas públicas se manifestaba en diferentes partes del país y se libraban batallas que reverberaban a través del planeta para integrar las principales universidades estatales de Alabama, Misisipí y otras partes.

Pero de nuevo, Brown vs. Board of Education of Topeka solamente se aplicó a la educación pública, y no a la abierta segregación legal que permeaba todos los aspectos de la vida en el Sur de Estados Unidos. Se requirió de masivos y valientes boicots, ocupaciones, empadronamiento de votantes, viajeros por la libertad, rebeliones y otras formas de protesta para empezar a tumbar otras barreras que protegían la segregación legal a través del Sur, hasta que finalmente en 1964 el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley de derechos civiles que prohibió muchas formas abiertas de discriminación contra los negros y las mujeres.

Los fallos de la Suprema Corte sobre Little Rock y Plessy ilustran el vínculo entre estas decisiones jurídicas y los intereses de la clase dominante. Éstos también demuestran que las leyes no solamente reflejan las prevalecientes relaciones de propiedad y en lo fundamental las relaciones de producción sino cómo la interpretación de esas leyes lo hace también a varios niveles. En esto Bob Avakian ha señalado:

“Un buen ejemplo es el contraste entre Plessy v Ferguson al final del siglo 19 (1896), que confirmó que la segregación obedecía a la Constitución, y la decisión sobre Brown v la Junta de Educación a mediados del siglo 20 (1954), la cual lo anuló. Nada fundamental que afecte esto había cambiado en la Constitución: las enmiendas 13, 14 y 15, que codificaban el fin de la esclavitud e importantes cambios relacionados a ello, se habían aprobado mucho antes de Plessy v Ferguson —y entre Plessy v Ferguson y Brown v la Junta de Educación no hubo cambios en la Constitución que claramente prohibiesen la segregación— pero la clase dominante y sus representantes de turno, específicamente en la Suprema Corte, vieron sus intereses de una manera en un período histórico y de otra diferente en otro período histórico”25.

Educación en la “Sociedad que es ciega ante el color de la tez”

La histórica y constante opresión del pueblo negro está empotrada profundamente en los cimientos de la sociedad de Estados Unidos y se manifiesta en lo económico, político, social y cultural. El establecimiento de una expresión formal de la “igualdad” no tenía el propósito de cambiar esta realidad básica ni podía cambiarla, ni siquiera en el terreno de la educación pública. Los fallos más recientes de la Suprema Corte en los años posteriores a la decisión Brown en realidad han servido para socavar el impacto concreto de cualquier forma continua del fin a la doctrina de “separados pero iguales” de la decisión Brown.

Hoy, las escuelas en Estados Unidos están más racialmente segregadas de lo que estuvieron hace 40 años. El niño blanco promedio en Estados Unidos asiste a una escuela cuyo alumnado es 77% blanco, mientras que el niño negro promedio asiste a una escuela que tiene un alumnado que es solamente el 29% blanco. En general, un tercio de todos los niños negros y latinos se sientan todos los días en clases que son el 90% o 100% latinos y negros26.

Un fenómeno de la última mitad del siglo 20, que continúa hoy, ha sido el crecimiento de las zonas suburbanas y “exurbanas”. Este acontecimiento ha contado con la promoción y estímulo de las políticas del gobierno, que incluyen decisiones conscientes para permitir el crecimiento subsidiado en los suburbios a través de políticas de impuestos, el desarrollo de carreteras y otras formas de transporte masivo, etc. En la mayoría de las zonas metropolitanas de Estados Unidos, una gran división ha surgido en lo que son en general las zonas suburbanas relativamente mejores y principalmente blancas y las barriadas populares pobladas por negros y latinos en los centros de las ciudades.

Las escuelas públicas se sostienen principalmente de impuestos a la propiedad y otras formas de impuestos locales, y un resultado del crecimiento suburbano ha sido la enorme diferencia en los recursos adjudicados a las escuelas en los barrios populares y las escuelas en los suburbios más acomodados. Dos demandas en los años 1970, una en Texas y otra en Michigan, buscaban superar los efectos del empobrecimiento de muchos distritos escolares urbanos, la consciente negligencia hacia la educación de los jóvenes negros y latinos y las enormes desigualdades de la educación pública que sigue siendo una característica escandalosa y obvia de la vida en Estados Unidos, después de la decisión Brown.

La demanda en Texas, Rodríguez v San Antonio, alegaba que las tremendas diferencias en fondos basados en impuestos para los distritos escolares urbanos y suburbanos han reforzado prácticas de vieja data de no dar de suficientes fondos a la educación de niños negros y latinos, manteniéndolos en edificios dilapidados, salones saturados y con limitada o ninguna actividad extracurricular disponible.

La Corte rechazó enfáticamente cualquier intento de superar esta enorme desigualdad que se disfrazara de igualdad. “La  [Suprema] Corte reconoció que las disparidades en la financiación de las escuelas por los estados basada en los impuestos a la propiedad conducen a escuelas negras y escuelas blancas, escuelas malas y escuelas buenas; sin embargo, dijeron, la Corte no debe intervenir, porque los estudiantes pobres no eran una clase protegida, la educación no era un derecho constitucional federalmente protegido y por lo tanto, la Corte no debía hacer nada”27.

En el caso de Michigan, Milliken v Bradley, la Corte decidió que la integración escolar en la zona metropolitana de Detroit no pudiera darse entre distintos distritos escolares, a pesar del hecho contundente de que cualquier “nivelación del campo del juego” en la zona de Detroit tendría que abarcar a las escuelas abrumadoramente negras de Detroit y las escuelas suburbanas abrumadoramente blancas.

Con estas decisiones, la era de siquiera fingir permitir esfuerzos de importancia para ofrecer una educación de calidad para todos los niños negros, bajo el aval constitucional de la decisión Brown, ha terminado. Como lo concluyeron unos investigadores de la Universidad de California-Los Ángeles en un informe de 2009: “Millones de estudiantes no blancos están encerrados en secundarias que son ‘fábricas en que los estudiantes están preparados para abandonar la escuela’, donde un gran porcentaje no se gradúa y pocos salen preparados para ir a la universidad o un futuro en la economía de Estados Unidos”28.

La Constitución de Estados Unidos y la forma de interpretarla y defenderla durante casi dos siglos y medio, han conservado, profundizado y reforzado constantemente la opresión del pueblo negro. Es, como lo ha escrito Bob Avakian, una “visión de la libertad según los explotadores”, y la han adaptada no solamente para continuar las viejas formas de opresión sino para reforzar nuevas formas bajo las cambiantes condiciones económicas y sociales. Esta continuidad de la opresión se manifiesta vívidamente en el terreno de la educación pública.

Continuará

 

Notas

1. Citado en La Constitución de los Estados Unidos: Una visión de libertad según los explotadores de Bob Avakian. [regresa]

2. Forever Free: The Story of Emancipation and Reconstruction, de Eric Foner y Joshua Brown. [regresa]

3. A Slaveholders' Union: Slavery Politics, and the Constitution in the Early American Republic, de George William Van Cleve, página 6. [regresa]

4.  A Slaveholders' Union: Slavery, Politics, and the Constitution in the Early American Republic, de George William Van Cleve, página 225. [regresa]

5. Reconstruction 1863-1877: America's Unfinished Revolution, de Eric Foner, p. 105. [regresa]

6. "Cómo el sistema ha traicionado al pueblo negro: Momentos decisivos" de Bob Avakian. Obrero Revolucionario (ahora Revolución) #894, 16 de febrero de 1997. [regresa]

7. Foner, p. 425. [regresa]

8. Foner, p. 430. [regresa]

9. The Day Freedom Died: The Colfax Massacre, the Supreme Court, and the Betrayal of Reconstruction, de Charles Lane, pp. 18-19. [regresa]

10. A People's History of the Supreme Court, de Peter Irons, p. 205. [regresa]

11. Ibíd., p. 294. [regresa]

12. Lane, p. 253. [regresa]

13. Irons, p. 222. [regresa]

14. We As Freemen: Plessy v. Ferguson, The Fight Against Legal Segregation, de Keith Weldon Medley. [regresa]

15. Irons, p. 197. [regresa]

16. A Legacy of Slavery and Lynching: The Death Penalty as a Tool of Social Control, de William S. McFeeley, profesor emérito, Universidad de Georgia. [regresa]

17. A People’s History of the Supreme Court, by Peter Irons, p. 368. [regresa]

18. A History of the Supreme Court, by Bernard Schwarz, p. 293. [regresa]

19. Ibíd., p. 286. [regresa]

20. Ibíd., p. 296. [regresa]

21. Irons, p. 399. [regresa]

22. Ibíd., p. 405. [regresa]

23. Ibíd. [regresa]

24. New York Times, 25 de septiembre de 1957. [regresa]

25. Los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos, pero la humanidad puede volar más allá del horizonte, deBob Avakian, que se puede descargar en revcom.us, en la entrega publicada en Revolución #227, 20 de marzo de 2011. [regresa]

26. Gary Orfield, Reviving the Goal of an Integrated Society: A 21st Century Challenge (Los Ángeles: The Civil Rights Project/Proyecto Derechos Civiles at UCLA, 2009), p. 13. [regresa]

27. Courting Disaster: The Supreme Court and the Unmaking of American Law, de Martin Garbus, p. 212. [regresa]

28. Orfield, p. 3. [regresa]

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