Crimen Yanqui

Caso 38: Estados Unidos avala al gobierno salvadoreño de los escuadrones de la muerte, de 1980 a 1992

| Periódico Revolución | revcom.us

 

Bob Avakian escribió recientemente que una de las tres cosas que tiene “que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor: Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles”. (Ver “3 cosas que tienen que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor“).

En ese sentido, y en ese espíritu, “Crimen yanqui” es una serie regular de www.revcom.us. Cada entrega se centrará en uno de los cien peores crímenes de los gobernantes de Estados Unidos, de entre un sinnúmero de sanguinarios crímenes que han cometido por todo el mundo, de la fundación de Estados Unidos a la actualidad.

American Crime

La lista completa de los artículos de la serie Crimen Yanqui

EL CRIMEN

Por toda la década de los años 1980 y principios de los años 1990, el gobierno de Estados Unidos avaló, entrenó y financió al gobierno y ejército reaccionarios del país centroamericano de El Salvador y su guerra contrainsurgente que dejó muertos a decenas de miles de trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales, artistas y otros y condujo al exilio forzado a cientos de miles más.

El Salvador fue dominado por el imperialismo estadounidense en complot con un puñado de familias salvadoreñas que controlaban la abrumadora mayoría de las tierras y la riqueza de El Salvador, mientras que millones de campesinos, trabajadores y otros vivían en pobreza extrema. No contaban con derechos democráticos, y durante los años 1960 y 1970 se reprimían con violencia sus protestas políticas. En 1977, los militares salvadoreños masacraron a cientos de manifestantes que protestaban pacíficamente por el fraude electoral. El gobierno desencadenó grupos paramilitares o “escuadrones de la muerte” contra la oposición, secuestró y asesinó a líderes de sindicatos laborales, organizaciones campesinas, partidos políticos y grupos guerrilleros, así como curas y trabajadores religiosos laicos que se unían a los pobres.

A partir de la década de los 1950, la CIA y los militares yanquis reforzaron, entrenaron, financiaron, organizaron y participaron en dirigir a los militares, la policía y los escuadrones de la muerte salvadoreños. Los asesores yanquis incluso les proveían de las listas con los nombres de sus blancos.

En octubre de 1979, un grupo de oficiales militares jóvenes se tomó el poder con un golpe de estado contra el presidente de El Salvador, el general Carlos Romero. Los golpistas pidieron algunas reformas, pero oficiales militares tradicionales, respaldados por Estados Unidos, cooptaron el régimen e intensificaron la represión de la población. Como resultado, mucha gente más, inclusive ex liberales, se unieron a la creciente resistencia armada. (En octubre de 1980, varios grupos guerrilleros se juntaron para formar el FMLN —Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional— que contaba con el apoyo de la Unión Soviética y Cuba y se convirtió en la principal fuerza que luchaba contra el gobierno avalado por Estados Unidos).

Al empezar 1980, se gestó una guerra civil. A fines de enero, en la capital, San Salvador, una avioneta fumigador del gobierno roció a manifestantes con DDT. Cuando los marchistas llegaron a la plaza central, francotiradores militares empezaron a dispararles, matando a 21 de ellos y dejando heridos a 120 más. El 17 de marzo se convocó una huelga general y el gobierno respondió con violencia, matando a 54 huelguistas en San Salvador por sí solo.

Una semana después, se asesinó en su propia iglesia al arzobispo de San Salvador, Oscar Romero, quien le había pedido al presidente estadounidense Carter —“de un cristiano a otro”— que dejara de mandar ayuda a los militares salvadoreños. En su última misa se había dirigido a las fuerzas de seguridad con estas palabras: “Les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: cese la represión”. El arzobispo fue el 11° cura asesinado en El Salvador en tres años. El arquitecto del asesinato de Romero fue el oficial de inteligencia entrenado por Estados Unidos y líder del partido fascista ARENA, Roberto D’Aubuisson.

Durante el funeral del arzobispo alguien lanzó una bomba entre los dolientes lo que fue seguida por disparos de fusiles y armas automáticas, dejando al menos 40 personas muertas y cientos heridas.

Durante los primeros meses de 1980, el gobierno salvadoreño, bajo la dirección de Estados Unidos, aprobó una supuesta “reforma agraria” que en realidad fue parte de una campaña contrainsurgente. Un miembro del Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria que fue testigo de la “implementación” de la reforma testificó: “Las tropas llegaron y les dijeron a los trabajadores que la tierra ya era suya. Que podían elegir a sus propios líderes y manejarla ellos mismos. Los campesinos no lo podían creer, pero esa misma noche celebraron elecciones. La mañana siguiente regresaron las tropas y yo vi cómo mataron a cada uno de los líderes electos”.

El 2 de diciembre de 1980, cinco miembros de la Guardia Nacional de El Salvador violaron y asesinaron a cuatro hermanas religiosas católicas de Estados Unidos que trabajaban en El Salvador.

En diciembre de 1981, una unidad de militares salvadoreños llevó a cabo una horripilante masacre en la aldea de El Mozote con el fin de sembrar terror entre la población. Una vez entrados en la aldea, los militares separaron en grupos en la plaza central a los hombres, mujeres, niños y ancianos de la aldea. A los hombres y mujeres los torturaron y balacearon. A las jovencitas se las llevaron a una colina donde las violaron y asesinaron. Y mataron salvajemente a 146 niños entre las edades de 3 días y 14 años.

Los soldados estrellaron los cráneos de bebés y decapitaron a niños mayores. A las mujeres embarazadas las fusilaron y soltaron piedras grandes sobre sus barrigas para matar al feto. Luego incendiaron la iglesia en la que habían asesinado a los niños. Los guerrilleros que llegaron a la aldea al día siguiente recordaron que vieron que la aldea seguía ardiendo y que vieron animales que picaban cabezas decapitadas por ahí tiradas, mientras humo salía de cadáveres calcinados. En El Mozote torturaron y masacraron a 1000 personas, casi el total de la población. La unidad militar responsable, el Batallón Atlacatl, fue entrenada especialmente por los militares yanquis en la tristemente célebre Escuela de las Américas en el Fuerte Benning en Georgia en Estados Unidos.

La respuesta de Estados Unidos a estos acontecimientos fue aumentar de manera masiva la ayuda para las fuerzas armadas y policiales de El Salvador. Entre 1980 y principios de los años 1990, se calcula que Estados Unidos le dio al régimen $ 6 mil millones en ayuda militar. En 1979, su ejército creció de 7.000 a 12.000 efectivos, y para 1983 había crecido a 22.000, además de 11.000 fuerzas de seguridad civiles. Tres años más tarde había crecido dramáticamente a 53.000 efectivos. También Estados Unidos les suministró sofisticados aviones militares letales.

Estados Unidos costeó el entrenamiento del personal militar salvadoreño en Estados Unidos, la Zona del Canal de Panamá y en El Salvador mismo. Además —a petición de Estados Unidos—, Argentina, Chile y Uruguay les proveyeron entrenamiento durante los primeros años de la guerra. Una parte considerable de la ayuda militar pasó por Israel. Y salió evidencia considerable que indicaba que Estados Unidos se involucraba en combate terrestre, como un informe de la emisora CBS sobre asesores yanquis “combatiendo lado a lado” con soldados del ejército salvadoreño.

En 1984, Amnistía Internacional recibió con regularidad informes que identificaban a las fuerzas de seguridad y las unidades militares responsables de la tortura, desaparición y asesinato de civiles no combatientes de todos los sectores de la sociedad salvadoreña. En 1982, un desertor del ejército salvadoreño le dijo al New York Times que él había tomado una clase en la que se ensayaron intensos métodos de tortura a presos adolescentes. Dijo que en la clase estaban presentes ocho asesores militares estadounidenses.

Como resultado de los ejecuciones efectuadas por los escuadrones de la muerte, las masacres militares y las armas modernas estadounidenses usadas contra la guerrilla y quienes sospechaban de apoyarla, murieron 75.000 personas. Ante el temor a que los maten a ellos o a sus familias, cientos de miles de salvadoreños se fugaron hacia El Norte en busca de santuario. Entre 1980 y 1990, la población de inmigrantes salvadoreños en Estados Unidos aumentó de 94.000 a 465.000. Cuando Estados Unidos se negó a concederles asilo a muchos de esos refugiados, unos grupos que defienden los derechos de los inmigrantes, así como iglesias, ayudaron a los refugiados a través de un movimiento de iglesias de Santuario que surgió en Estados Unidos. En 1985, San Francisco, California fue la primera ciudad en declararse una Ciudad de Refugio1.

LOS CRIMINALES

Jimmy Carter: Unos días antes de que terminara su mandato, en enero 1981, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, ordenó enviar $10 millones en ayuda así como asesores adicionales a El Salvador, algo que un observador caracterizó como “El último intento convulsivo en cuanto a relaciones exteriores de la administración de Carter para evadir responsabilidad por haber sido ‘demasiado blanda’ en su trató a los rebeldes salvadoreños”.

Ronald Reagan: Apenas asumió la presidencia a principios de 1981, Reagan aumentó la participación directa de Estados Unidos en la guerra en El Salvador. Aumentó en grande los gastos militares e inició una campaña de relaciones públicas para ponerle una cara humana a la junta militar de El Salvador, así como una campaña para convencer al público en Estados Unidos y el mundo que la oposición salvadoreña no tenía razón legítima para rebelarse.

El 28 de enero de 1982, dos meses después de la masacre de El Mozote, Reagan certificó ante el Congreso que el gobierno de El Salvador “está haciendo esfuerzos concertados y significativos para cumplir con los derechos humanos reconocidos internacionalmente”, y que “está logrando tener considerable control sobre todos los elementos de sus propias fuerzas armadas, para poner fin a la tortura y asesinato indiscriminados de ciudadanos salvadoreños a manos de esas fuerzas”. Puras mentiras deliberadas y escandalosas.

La CIA y los militares de Estados Unidos financiaron, armaron, entrenaron y asesoraron a los militares salvadoreños y sus escuadrones de la muerte.

LA COARTADA

El presidente Reagan dijo que Estados Unidos estaba en El Salvador “para frenar la infiltración a las Américas de terroristas y de la intervención extranjera y aquellas que no solo apuntan a El Salvador sino que… apuntan a la totalidad de Centroamérica y posiblemente más adelante a Sudamérica y, estoy seguro, finalmente a América del Norte”.

EL VERDADERO MOTIVO

Desde hace mucho, los imperialistas yanquis han considerado a Centroamérica como parte de su “patio trasero”, y por décadas había instalado a déspotas y juntas militares que permitían que el capital estadounidense saqueara la mano de obra y los recursos de la región. Sin embargo, en los años 1980, la rivalidad por el dominio mundial se intensificaba entre Estados Unidos y la Unión Soviética —que en ese entonces ya se había transformado en una potencia imperialista—, y el enfoque central de la estrategia de Estados Unidos era enfrentar a los soviéticos y repeler su influencia, lo que incluía aplastar de manera salvaje los levantamientos y luchas de guerrilla anti Estados Unidos que sacudían Nicaragua, El Salvador y Guatemala, avalados por los soviéticos y sus aliados cubanos. Especialmente bajo Reagan, Estados Unidos desató una guerra sanguinaria contra el pueblo salvadoreño con el fin de aplastar por completo a cualquier fuerza aliada o simpatizante de la Unión Soviética, así como cualquier resistencia al orden sumamente represivo que los yanquis respaldaban.


Fuentes:

Blum, William. Killing Hope [Matando la esperanza], Common Courage Press, 2004.

Roberto Lovato, “El Salvador’s Gang Violence: The Continuation of Civil War by Other Means” [La violencia pandillera en El Salvador: La continuación de la guerra civil mediante otros métodos], The Nation, 8 de junio de 2015.

Jon Santiago, “Revisiting American Involvement in El Salvador: The Massacre at El Mozote” [Reconsiderando el papel de Estados Unidos en El Salvador: La massacre en El Mozote], Huffington Post, 25 de mayo de 2011.

Raymond Bonner, “Time for a US Apology to El Salvador” [Ya es hora para que Estados Unidos pida disculpas a El Salvador], The Nation, mayo 9-16 de 2016.

Migration Policy Institute, “Salvadoran Immigrants in the United States” [Los inmigrantes salvadoreños en Estados Unidos], 5 de enero de 2010.


1. Actualmente en Estados Unidos, 580 ciudades, condados y estados se han declarado Santuarios.  [regresa]

American Crime

Caso #91: La Escuela de las Américas — Campo de entrenamiento para asesinos en masa y torturadores, 1946 al presente

Víctimas de un “escuadrón de la muerte” en San Salvador, El Salvador, 1981
El gobierno derechista de El Salvador, con el respaldo de Estados Unidos, reprimió una rebelión izquierdista en una guerra que duró 12 años, en la que el gobierno mató y torturó a más de 70.000 personas en un país con una población de unos 6 millones. Arriba: Víctimas de un “escuadrón de la muerte” en San Salvador, El Salvador, 1981.

Vea todos los artículos de esta serie.

La esencia de lo que existe en Estados Unidos no es la democracia, sino el capitalismo-imperialismo y las estructuras políticas que lo imponen. Lo que Estados Unidos lleva al resto del mundo no es democracia, sino imperialismo y las estructuras políticas que lo imponen.

Bob Avakian, Lo BAsico 1:3

Operación Rescate fue parte de una “campaña anti-guerrilla”, pero no había combatientes en El Mozote. Masacraron a los aldeanos (algunos en la foto de arriba), ninguno de los cuales estaba armado, durante la administración de Reagan.

 

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