Del Capítulo 21: "'Una bienvenida merecida' para Deng Xiaoping",

de una autobiografía de Bob Avakian

From Ike to Mao and Beyond
My Journey from Mainstream America to Revolutionary Communist

Capítulo Veintiuno

“Una bienvenida merecida” para Deng Xiaoping

El librito1 de las Reuniones Conmemorativas a Mao apenas se había salido cuando nos enfrentamos a la cuestión de defender el legado de Mao en la práctica, en adición a la teoría. Después del golpe de estado y luego la consolidación de un nuevo régimen capitalista revisionista en China encabezado por Deng Xiaoping, los imperialistas estadounidenses vieron una gran oportunidad para desarrollar aún más sus relaciones con China, para llevar a China más firmemente al campo de Estados Unidos y abrir a China más completamente a la dominación y explotación imperialista. Así que se concertó una visita en la cual Deng Xiaoping vendría y sostendría reuniones con el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.

Hacerle frente a Deng

Como maoístas, y en particular como maoístas en Estados Unidos en sí, esto fue un guante político e ideológico que se nos estaba arrojando. Reconocimos que teníamos una responsabilidad de hacer algo que hiciera una declaración clara en contra de esto, y decidimos movilizar a gente de todo Estados Unidos para ir a Washington, D.C. cuando Deng Xiaoping iba a estar ahí, para protestar y crear tanto opinión pública como pudiéramos, vía los medios de comunicación tradicionales, pero también con nuestros propios medios —volantes y publicaciones de diversos tipos— para desenmascarar lo que había pasado en China y lo que representaba Deng Xiaoping, y defender el estandarte revolucionario de Mao.

Así que eso es lo que hicimos.

Deng Xiaoping llegó en enero de 1979, y se hospedaba en Blair House, que está cerca del parque Lafayette y la Casa Blanca. Celebramos un mitin en una iglesia y luego salimos para marchar por las calles de D.C. para hacerle frente políticamente a Deng Xiaoping, para hacer una declaración tan poderosa como pudiéramos en oposición a lo que él representaba y para enarbolar el estandarte de Mao. Marchamos con el Libro Rojo en alto y pancartas en defensa de Mao y en oposición a Deng Xiaoping y al golpe de estado revisionista, y nuestra consigna principal —que aún recuerdo mientras resonaba en las calles de D.C. mientras marchábamos— fue: “Mao Tsetung no fracasó, ¡la revolución prevalecerá!”

Recuerdo muy vívidamente que la gente de los vecindarios de mayoría negra de D.C. salía de sus casas a medida que avanzábamos, al principio para ver qué estaba pasando; pero luego —al escuchar las consignas que coreábamos, y al ver algunas de las pancartas con las imágenes de Mao y al ver a la gente marchando mientras agitaba su propio Libro Rojo—, algunos de ellos se metieron a sus casas y salieron con su propio Libro Rojo. Algunos se sumaron a la marcha, mientras que otros se formaron por la ruta de la marcha — algunos de ellos agitaban el Libro Rojo y otros gritaban vivas y de otras formas daban muestras de apoyo a lo que estábamos haciendo. Esto fue muy inspirador y fortaleció nuestra determinación de hacerle frente al golpe de estado revisionista en China y la forma en que Estados Unidos estaba maniobrando para aumentar su apoyo para el rumbo que Deng estaba tomando China.

Al iniciarse la marcha, ya estaba muy claro que esta manifestación realmente no estaba del agrado de las autoridades. Y cuando llegamos a la zona del parque Lafayette, la policía desató un ataque violento, apaleó a tantas personas como pudiera y finalmente logró dispersar la marcha. En especial, se fueron sobre las mujeres, las apalearon brutalmente; algunas resultaron tan desfiguradas por los golpes con macanas y aporreadas en la cara que nos costaba reconocerlas, en algunos casos incluso por semanas. Algunas personas estuvieron casi a punto de salir incapacitadas permanentemente o incluso asesinadas. El asalto que desató la policía fue extremadamente despiadado, y más de ochenta personas de esa manifestación, incluido yo mismo, fueron arrestadas. Conozco a algunas personas que al día de hoy han conservado el Libro Rojo que llevaron en esa manifestación — su propia sangre fue derramada en el Libro Rojo, y lo han conservado con orgullo como un recuerdo manchado de sangre del acto revolucionario e internacionalista de sostener esta manifestación y enarbolar el estandarte revolucionario de Mao frente a estos ataques.

Aunque varios de nosotros fuimos arrestados y llevados a la cárcel, en el caso de otras personas que necesitaban atención médica, la policía las paseó en coches celulares durante mucho tiempo antes de llevarlas al hospital. Yo y la mayoría de las personas arrestadas conmigo pasamos la primera noche en la cárcel esposados ​​y encadenados fuera de nuestras celdas porque seguíamos coreando consignas revolucionarias, algo que hizo encabronar a los carceleros. Mantuvieron a los hombres separados de las mujeres, pero los abogados que se ofrecieron para defendernos nos contaron historias inspiradoras sobre cómo las mujeres siguieron coreando consignas revolucionarias y gritando de una celda a otra en español, por lo que los carceleros no podían entender exactamente qué decían, y la manera en que, en general, las mujeres mantenían su espíritu revolucionario en las celdas de la cárcel.

El gobierno de Carter y la clase dominante en general se enfurecieron por esta manifestación. Más allá de la forma en que toda la cosa desbarató la “actividad de costumbre” en la ciudad capital, trastornó políticamente lo que estaban haciendo, llamó la atención sobre las cuestiones que estábamos planteando y, desde varios ángulos, los avergonzó políticamente. Después de todo, se celebraba esta poderosa manifestación contra Deng Xiaoping —y se daban otras cosas casi al mismo tiempo, como los dos reporteros del Obrero Revolucionario que interrumpieron la conferencia de prensa de la Casa Blanca de Deng al agitar el Libro Rojo en su cara y al denunciarlo como un revisionista— y todo esto acaparó los reflectores, por así decirlo.

La manifestación y las actividades relacionadas se convirtieron en un incidente internacional. Esto ocurrió antes del Internet, las noticias satelitales y todo ese tipo de cosas, pero las noticias de lo que hicimos se difundieron por los servicios noticieros de todo el mundo, y luego hablé con personas de muchas partes del mundo para las cuales esta manifestación fue un acontecimiento muy importante e inspirador. Y eso también formaba parte de lo que también estábamos haciendo — cumplíamos con nuestro deber internacionalista de hacerle saber a la gente que, aquí mismo en Estados Unidos, hay personas que enarbolan el estandarte de Mao y se oponen a lo que representa Deng Xiaoping y la manera en que él ha llevado a China de vuelta al infierno del capitalismo.

Por eso, en parte, desataron este despiadado ataque policial. Al principio, nos acusaban únicamente de delitos menores; luego regresaron con cargos mayores para un número menor de nosotros que fuimos arrestados — ahora nos acusaron ​​de delitos mayores, como agredir a agentes de policía. Si nos hubieran condenado y nos hubieran dado la pena máxima por todo esto, podría haber sumado más de doscientos años de cárcel. En otras palabras, ellos decidieron que, en respuesta a lo que habíamos hecho, era necesario imponer una represión política aún más fuerte. Así que, frente a estos ​​cargos legales fuertes, era necesario montar tanto una defensa legal como, lo que tiene más importancia, una defensa política.

Jugarretas contra los loros

Antes de entrar en la seriedad de todo eso, quiero mencionar brevemente algo un poco menos fuerte — aunque con su propio filo agudo. Había otro grupo, la Liga de Octubre, que luego se convirtió en un partido y se autodenominó el Partido Comunista (Marxista-Leninista), o PC (M-L). Habían aceptado todo el golpe de estado en China y en su periódico, El Clarín, habían sacado todas estas cosas en las que simplemente repetían como loros lo que decía la dirigencia revisionista de China. El líder del PC (M-L), Mike Klonsky, se había apresurado a ir directamente a China y se había reunido con Hua Guofeng, quien nominalmente era el jefe del gobierno y encabezó el golpe de estado —aunque en realidad fue Deng Xiaoping el que estaba detrás del golpe— y salió una foto de Klonsky en Pekín Informa, en la que estaba bien vestido y le daba la mano a Hua Guofeng. Algunas personas en el movimiento en ese momento, como el periódico The Guardian, trataron de poner las cosas al revés y patas arriba y decir que nosotros no apoyamos al golpe de estado en China porque Klonsky se fue allá primero y recibió el encargo, por decirlo así, de Hua Guofeng, y que supuestamente por eso estábamos encabronados; y por eso, de acuerdo con esta versión tergiversada de las cosas, fue nuestra competitividad con el PC (M-L) la que nos llevó a tomar una posición en contra del golpe de estado.

He esbozado con cierto detalle la posición que yo sostenía, y la que sostenían otros líderes del Partido que no eran parte de esta facción menchevique, desde el momento del golpe de Estado en China; y he resumido la base de nuestra posición así como todo el proceso en la que desarrollamos la lucha al interior del Partido en torno a esto y por qué, en gran parte debido a esta facción menchevique, nos costó mucho tiempo llegar a contar con las bases con las cuales pudiéramos hacer una determinación final sobre este asunto mediante una reunión del Comité Central y luego unir a todo el Partido en torno a esa posición. Aquellos de nosotros que sosteníamos esta posición considerábamos que era repugnante lo que Klonsky había hecho, al apresurarse a abrazar al golpe de estado — nos inclinamos fuertemente por oponernos a lo que había pasado en China, y reconocimos que Klonsky simplemente había actuado de manera acrítica y sin pensarlo, ya que no había pasado suficiente tiempo de estudiar y analizar los acontecimientos trascendentales en China antes de que se presentara en Pekín y estrechara la mano de Hua Guofeng. Pero la visita de Klonsky obviamente no es lo que nos motivó a tomar la posición contraria.

De todos modos, consideramos que sería algo bueno —pondría de manifiesto algo importante, y también encerraría algo de diversión— poner en ridículo la posición que Klonsky y el PC (M-L) habían tomado, y su enfoque básico de las cosas. Así que sacamos una edición simulada de El Clarín que repitió como loro y exageró un poco, pero únicamente un poco, las ridículas posiciones que ellos estaban tomando sobre China. Por ejemplo, en el momento en que sacamos esta parodia de El Clarín, los revisionistas chinos empezaban a intentar mejorar sus relaciones con el Dalai Lama. Y por eso, en este “Clarín” que sacamos, pusimos un artículo que hablaba sobre una reunión entre la dirigencia china y el Dalai Lama y de que se había generado tanta emoción sobre las cosas maravillosas que había hecho el Dalai Lama. El artículo decía que, para esta ceremonia, para celebrar la ocasión, trajeron unos tambores que fueron confeccionados con piel humana en el Tíbet bajo el gobierno del Dalai Lama. Y esto se refería a un hecho muy real de la historia — se habían hecho cosas de este tipo bajo el gobierno de los lamas supuestamente “benévolos”, incluido este Dalai Lama, y ​​al escribir esta parodia, a propósito hicimos referencia a esta realidad y al tormento y la horrenda opresión y la tortura literal que las masas de tibetanos sufrieron bajo el gobierno de los lamas.

A pesar de las interpretaciones erróneas generalizadas de esta historia —en gran parte debido al “reempaquetado” del Dalai Lama para que se parezca a un sabio de paz y benevolencia terrenal (o “extraterrenal”), y la promoción de este mito en los medios de comunicación tradicionales—, la verdad es que, bajo el gobierno de estos lamas, las masas de personas en el Tíbet fueron brutalmente explotadas en condiciones de servidumbre feudal: se les negó atención médica y educación y se les castigó severamente si intentaban acceder a estas cosas, siendo el desollamiento de su piel un castigo común. Y, claro, la opresión de las mujeres en esa sociedad fue aún más extrema. Así que, mientras hacíamos una parodia de El Clarín, e inventábamos esa escena entre los revisionistas chinos y el Dalai Lama, señalamos la realidad de lo que la vida había representado en los hechos para las masas de tibetanos bajo el gobierno del Dalai Lama y sus predecesores.

La batalla en el ámbito jurídico

Para volver a los fuertes ataques en las cortes que nos caían encima, he dicho que la defensa política y la movilización política fueron el elemento esencial en términos de echarlos al suelo. Pero también era necesario, por supuesto, luchar en el ámbito jurídico. Se me hizo una entrevista, por ejemplo, con un reportero del Washington Post — la que el Washington Post nunca publicó, pero que sacamos como parte de un folleto2. En cierto momento, el reportero dijo: “Supongo que usted ve en esto una situación de ‘ganar-ganar’ para sí mismo — si lo condenan, eso comprobará que el sistema es represivo; y lo absuelven, pues eso será una victoria para usted”.

Respondí enfáticamente: “No. Ésa no es la forma en que lo analizamos en absoluto. Este es un ataque por parte del estado, y tenemos que responder y derrotar este ataque; en el curso de eso, sí, por supuesto, estaremos desenmascarando al sistema, y ​​si logramos movilizar a las masas de personas y luchamos en el ámbito jurídico y combatimos este ataque y lo derrotamos, eso no comprobaría que ‘el sistema funciona’, sino que demostraría que pudiéramos prevalecer en una batalla muy intensa contra el sistema”. Así que eso es lo que nos pusimos a hacer, y requirió mucha atención tanto en el ámbito jurídico como en la batalla política de parte del Partido en general y de mi parte en particular.

Cuando el gobierno se puso a perseguirnos, al parecer creían que nosotros simplemente íbamos a claudicar o íbamos a actuar como locos maniacos y fanáticos a los que nadie podría entender o con los que nadie podría identificar de ninguna forma. Y demostramos que eso no era cierto. Pero creo que, al principio, esta actitud existía hasta cierto punto incluso entre los abogados que se ofrecieron a emprender nuestra defensa, o al menos estaban un poco preocupados acerca de si seríamos simplemente una especie de “revolucionarios lunáticos” o lo que sea. Logramos despejar eso y aclararles que tomábamos esto muy en serio y reconocíamos que era necesario aplicar tácticas correctas y tener buen tino en la batalla en el ámbito jurídico, a la vez que nos ateníamos a nuestros principios y nos guiábamos por ellos.

Una buena parte de todo esto se redujo a cosas para romper el hielo, inclusive a un nivel personal. Por ejemplo, una vez hablaba con uno de los abogados sobre la posibilidad de tal vez reunirnos para conversar sobre el caso y él me dijo que estaba ocupado y que no podía hacer algo esa noche, y le pregunté: “Ah, ¿a dónde va?” Me dijo que iba al partido de baloncesto de los Balas de Washington. Y le dije: “Genial, voy a ir a algunos partidos mientras esté aquí en D.C.” Así que empezamos a hablar sobre el baloncesto, y luego él vio que yo era un “ser humano normal”, al mismo tiempo que era claro que yo era un revolucionario y un comunista, y que no me conformaba con cierta noción rara la que él pudiera haber tenido sobre los revolucionarios y los comunistas.

Estos eran abogados liberales y progresistas de buen corazón, pero aún tenían estas ideas falsas y, claro, se desarrollaron algunas diferencias entre nosotros en relación con la estrategia y las tácticas legales, diferencias que tuvimos que hacer lo mejor que pudiéramos para resolver mediante lucha de una manera buena. Por ejemplo, en cierto momento redactaron un escrito para presentar al tribunal como parte de este caso, y lo leí y escribí una larga crítica al respecto. Pero no simplemente lo echó todo al suelo — señalé lo que consideraba que eran los puntos positivos, pero también las debilidades y las cosas que había que expresarse de manera diferente. Y en esta situación, claro, la formación legal que yo había recibido desde muy niño, alrededor de la mesa de la cena y de otras formas —como sentarme en la sala del tribunal y ver a mi padre presentar argumentos de algunos de sus casos, y la manera general en la cual, directa e indirectamente, por así decirlo, él me había educado en una buena parte del ámbito jurídico— me fue muy útil y pude contribuir con esta crítica y de otras maneras a desarrollar y pulir la estrategia legal, así como la estrategia política integral.

En mi familia nos volvíamos más cercanos

Para ese momento, mis relaciones con mis padres se habían vuelto más cercanas, pero sobre una base aún mejor que antes. Cuando me convertí en un radical y luego en un revolucionario y en un comunista, se había abierto una brecha entre nosotros. Mis padres nunca llegaron a compartir totalmente mi perspectiva política e ideológica. Mi madre, en particular, seguía siendo muy religiosa, aunque en cierta medida importante, eso se manifestó en ella como una persona compasiva y generosa; y mi padre también era algo religioso. Pero a estas alturas, ellos habían desarrollado una creciente comprensión y respeto por lo que yo estaba tratando de hacer.

Me vieron como una persona con integridad, que se atenía a sus principios y que tenía ideales elevados, según sus propias palabras —como alguien que intentaba cambiar el mundo en beneficio de la humanidad— y respetaron el hecho de que yo defendía eso ante la represión y los ataques, y que me aferré a eso y no me había rendido ante la dificultad. Al haber experimentado todo el período de los años 1960, y como resultado de alguna lucha entre nosotros, ellos se habían vuelto mucho más conscientes de las injusticias más grandes en la sociedad estadounidense y muchas de las injusticias que Estados Unidos perpetraba en todo el mundo. Y estaban muy asqueados por eso también. Así que nos volvíamos más cercanos sobre esta base, mediante un proceso de desarrollo y cierta lucha, e incluso un período de cierto distanciamiento entre nosotros. Un poco más tarde, alrededor de 1980, de hecho escribí una carta a mis padres en la que expuse algunos aspectos importantes de mis principios como comunista y cómo veía la aplicación de ellos a una serie de cosas diferentes, con el reconocimiento de que mis padres no estaban de acuerdo con todo esto y que teníamos diferencias, pero yo quería explicarles cómo veía estas cosas3.

Justo después de mi arresto en la manifestación contra Deng Xiaoping, a principios de 1979, mi padre, que había sido juez durante varios años y era una especie de persona pública, fue contactado por el Washington Post, el que le pidió que comentara esto. Creo que esperaban que pudieran manipular y sacar provecho de las contradicciones — con la idea de que mi padre iba a distanciarse o incluso iba a atacarme. Pero, al contrario, él dijo que tanto él como mi madre estaban orgullosos de mí. No habló sobre el hecho en particular —la manifestación que condujo al arresto—, sino que habló de una manera general: “Estamos muy orgullosos de él por sus principios y la forma en que se adhiere a ellos”. Esto me importó muchísimo personalmente, y también fue una declaración importante en un sentido más amplio.

Mi padre también me dio algunos consejos legales generales sobre este caso. Se había encolerizado por toda la imputación. Comentó muchísimas veces: “Esta es la cosa más ridícula y escandalosa que he visto en mi vida — mire todos estos cargos de los que tú y otros están acusados ​​de ‘agredir a un oficial de policía no identificado’. Nunca he oído hablar de semejante cosa — ¡¿cómo es posible que uno se defienda contra una acusación de agredir a una persona desconocida y no identificada?!” Para él representaba todo el carácter escandaloso de la imputación en primer lugar, encima de esta agresión que la policía había lanzado contra la manifestación, y frecuentemente hablaba con sus amigos y colegas de la comunidad legal sobre esto como un ejemplo de un proceso y persecución políticos.

Recuerdo que se me ocurrió muy poco después de ser arrestado que tal vez se pusiera en contacto con él. Y no quería que mis padres fueran sorprendidos y pescados sin previsión si se les pidiera una declaración. Así que, tan pronto como pudiera hacerlo después de ser arrestado, envié un mensaje por medio de un abogado a una persona en quien confiaba, para pedir que se pusiera en contacto con mis padres y les dijera lo que había pasado. Pero a veces algunas personas hacían llamadas telefónicas maliciosas a mis padres, y a veces otras personas llamaban que se decían hablar en mi nombre, pero que era probable que en realidad estuvieran trabajando para el gobierno, para hacerles a mis padres toda suerte de preguntas sobre mí. Como resultado, mis padres comprensiblemente desconfiaban de las llamadas telefónicas de personas que no conocían, y yo lo sabía. Traté de imaginar una manera en que pudiera hacerles saber que esta persona realmente estaba llamando en mi nombre. Luego recordé una de las historias favoritas de mi padre, sobre cuando él estaba en la escuela de derecho en el Área de la Bahía y había ido con su tío en San Francisco al mercado de productos agrícolas al aire libre, y había un tipo que vendía tomates en un puesto de fruta y verdura. Él estaba diciendo: “Pásate y consigue tus tomates maduros, los tomates más bellos — frescos directamente desde el campo, grandes y jugosos tomates redondos”. Este tipo seguía y seguía así, y luego vio a mi tío y mi padre acercándose hacia este puesto de fruta y verdura donde voceaba su producto; era amigo del tío de mi padre, y no quería que ellos se dejaran engañar, así que cambió su rollo, para insertar una advertencia que únicamente ellos entenderían: “Acércate ya —dijo en esta ocasión— consigue tus tomates; absolutamente los mejores tomates del mundo, de la marca ‘dardun tapeh’ — tomates excelentes”.

Bueno, en armenio, “dardun tapeh” quiere decir: “llévalos a casa y arrójalos a la basura”. Así que eso era su manera de dejarles saber al tío de mi padre y a mi padre: “No compres estos tomates; tengo que vender estos tomates como si fueran realmente sabrosos, pero en realidad son feos”. Así que le envié este mensaje a la persona que iba a comunicarse con mis padres en mi nombre: “Cuando llames a mis padres, pide hablar con mi padre, dile que estás llamando en mi nombre y que ésta no es una llamada de ‘dardun tapeh’, y así él sabrá que realmente has hablado conmigo y que estás llamando en mi nombre”. Y esto funcionó muy bien.

La audiencia preliminar... de pruebas chuecas

Antes del juicio, se celebró una audiencia preliminar, lo que también fue una verdadera lección y otra cosa que enfureció a mis padres y, en particular, a mi padre, dada su formación y antecedentes de abogado. Se supone que la audiencia preliminar es para determinar si la fiscalía puede establecer la “causa probable” de que el acusado estuviera involucrado en un acto ilegal y, por lo tanto, tiene que ser juzgado por ese delito. Pero, a sabiendas de que este acto había sido una manifestación política, al comienzo de la audiencia, el juez se sintió obligado a decir que no bastaba con demostrar que los acusados ​​estaban presentes en la manifestación —lo cual no sería evidencia de un crimen, porque participar en una manifestación en sí es una actividad legal protegida por la Constitución— más bien, era necesario demostrar, en estas circunstancias, que existía una causa probable de que los acusados ​​hubieran participado en actos ilegales específicos. De lo contrario, indicaba, iba a desestimar los cargos.

Luego, asistimos un par de días a las audiencias y la fiscalía no tenía ninguna evidencia o testimonio concreto que indicara algún acto específico cometido por nadie — no pudieron relacionar a personas específicas con actos específicos. Esto concordaba con todo el enfoque de acusarnos de “agredir a un agente de policía no identificado”; ponía claramente de manifiesto la naturaleza de las acusaciones chuecas en toda la cosa. Así que, ¿qué iba a hacer el juez? Bueno, al fin de la audiencia, después de escuchar todo esto y de no escuchar ninguna evidencia concreta en absoluto que indicara que un acusado hubiera cometido un acto específico, el juez dijo solemnemente: He escuchado el testimonio y la evidencia, y estoy satisfecho de que se haya establecido que todos y cada uno de los acusados ​​estaban presentes cuando se cometieron los actos ilegales y, por lo tanto, declaro ha lugar la causa probable para continuar con el procesamiento.

En otras palabras, después de que se demostró que la fiscalía no podía cumplir con el nivel de prueba que el juez había establecido al principio de la audiencia, simplemente desestimó esa regla y resolvió a favor de la fiscalía de todos modos. Era más claro que nunca que, aunque pudiéramos perder esta batalla por errores legales, no podíamos ganar simplemente montando la mejor defensa legal posible.


Notas

1. El librito al que se hace referencia es “La pérdida en China y el legado revolucionario de Mao Tsetung”, que fue un discurso pronunciado por Bob Avakian en septiembre de 1978 ante más de 2.500 personas. [regresa]

2. Bob Avakian Speaks on the Mao Tsetung Defendants’ Railroad and the Historic Battles Ahead [Bob Avakian habla del caso chueco contra los Acusados Mao Tsetung y las históricas batallas venideras], RCP Publications, 1981, en inglés. [regresa]

3. De hecho, se publicó esta carta en la forma de un folleto: Los comunistas son rebeldes. [regresa]


From Ike to Mao and Beyond cover

 

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Bob Avakian (BA) — La Biografía Oficial

Bob Avakian (BA) es el arquitecto de un marco completamente nuevo para la emancipación humana, la nueva síntesis del comunismo, llamado popularmente el “nuevo comunismo”.

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