Bob Avakian sobre 
1968 y 2020: MENTIRAS EN ESE ENTONCES, 
MENTIRAS AHORA 
Y LOS RETOS URGENTES ACTUALES

A medida que se acercan las elecciones previstas para este noviembre, a todos los que se le oponen a la injusticia y están indignados por el régimen de Trump y Pence (y hay decenas de millones de personas que odian todo lo que este régimen dice y hace), les están bombardeando con la declaración de que de plano sería criminal no votar por Joe Biden y los demócratas, y que votar por Biden y los demócratas es el acto político más importante y vital que la gente puede llevar a cabo. Una vez más, se predica a la gente que ha estado tomándose las calles en protesta poderosa que la protesta es buena pero, para que sea realmente efectiva, su pasión debe canalizarse hacia las elecciones, y que esto es especialmente cierto en estos momentos. A menudo esto va acompañado de “palabras de sabiduría” de ciertas personas que vivieron durante el decenio de 1960 (o que, en todo caso, dicen que están sacando lecciones cruciales de esa época) al insistir en que la “trágica experiencia” de las elecciones de 1968 no debe repetirse. Según esta falsa historia reescrita, las personas que se habían radicalizado (de una manera muy positiva) por medio de la experiencia de esos tiempos —en su oposición a la guerra de Vietnam, a la opresión del pueblo negro y a otras opresiones raciales y de género— y que rechazaron votar por el candidato del Partido Demócrata a la presidencia, Hubert Humphrey, fueron responsables de abrir las puertas al reaccionario “contragolpe” que se desencadenó con la elección de Richard Nixon ese año. Este supuesto “análisis” es simplemente erróneo, en muchos sentidos importantes.

Las verdaderas lecciones de esos tiempos

En primer lugar, la oposición de masas a la injusta guerra de Estados Unidos en Vietnam, y a la naturaleza opresiva general de este sistema, y la radicalización positiva de las masas de personas, crecieron en número y cobraron impulso durante varios años después de las elecciones de 1968. Este propio hecho —que cada vez más personas de muchos sectores de la sociedad, entre ellas grandes cantidades de jóvenes blancos de la clase media, así como de negros y otras personas oprimidas, estaban motivadas por sentimientos y aspiraciones revolucionarias y se estaban zafando de los sofocantes límites de las “normas” convencionales de este sistema, entre ellas su BEB (Basura Electoral Burguesa)— pues ese hecho es motivo de gran “desagrado” entre los responsables de regar este falso cuento de que no votar por Humphrey fue un terrible error, y tuvo terribles consecuencias. (El hecho de que el auge de lucha revolucionaria de esa época no haya continuado más allá de mediados de los años 1970 y no haya conducido a un cambio fundamental — pues eso no se centraba en torno a la elección de Richard Nixon en 1968, ni en su reelección en 1972, sino que implica una combinación de diferentes factores, incluida la represión por parte de la clase dominante, junto con algunas maniobras para cooptar a ciertos sectores de la población rebelde, en el contexto de importantes cambios en la situación objetiva no sólo en Estados Unidos sino también a nivel internacional. En varias obras he analizado algunos de los grandes factores en juego1.)

El mismo Humphrey (que había sido vicepresidente durante los años en que Lyndon Johnson, como presidente, había intensificado masivamente la guerra de Estados Unidos en Vietnam) era un “guerrero de la guerra fría” empedernido, que apoyaba constantemente a la guerra en Vietnam, y sólo empezó a difundir cierta palabrería hueca sobre cierto tipo de negociaciones con los vietnamitas a medida que se acercaban las elecciones presidenciales, en un intento de “acorralar” a las personas participantes en el movimiento contra la guerra. No hay absolutamente ninguna buena razón para creer, si Humphrey hubiera sido elegido a la presidencia en 1968, que eso habría producido algún cambio positivo significativo en la guerra de Estados Unidos en Vietnam, o en la continua opresión del pueblo negro y la sangrienta represión que se descargó sobre los masivos levantamientos del pueblo negro que se produjeron repetidamente en esos años, o en cualquiera de las otras formas en que la opresión está integrada en este sistema del capitalismo-imperialismo. Fueron las personas que se oponían al sistema en toda una variedad de formas, especialmente al tomarse las calles en protesta y rebelión, lo que llevó a las cosas muy positivas que ocurrieron durante esos tiempos.

Y fue con Nixon como presidente (después de que él había derrotado rotundamente al candidato “anti-guerra” George McGovern en 1972) que Estados Unidos por fin se retiró de Vietnam. Al examinar esta experiencia en El comunismo y la democracia jeffersoniana, señalé que en 1964 se les dijo, enfáticamente, a las personas que se oponían a la guerra de Vietnam que tenían que votar por el demócrata Lyndon Johnson, porque su oponente republicano, Barry Goldwater, iba a intensificar masivamente la guerra de Vietnam, y luego Johnson, al ser reelegido a la presidencia, hizo exactamente eso. Luego en 1972, se insistió en que la gente tenía que votar por McGovern para poner fin a la guerra de Vietnam pero, de nuevo, fue Nixon quien, poco después de esas elecciones, firmó un “acuerdo de paz” con los vietnamitas. Y al resumir la lección crucial: “en ninguno de los dos casos —ni en 1964 ni en 1972— es que las elecciones generaron los cambios decisivos que se dieron. Muy por el contrario”.

La causa de eso está relacionada con algo muy básico:

Las elecciones no ofrecen ninguna vía para la realización del deseo de las masas de personas de ver que cambien estas políticas y acciones del gobierno — aunque en determinadas circunstancias, la resistencia política de masas puede contribuir de manera importante a obligar al gobierno a cambiar sus políticas, especialmente si esto tiene lugar en un contexto más amplio en que estas políticas se estén topando con verdaderos problemas y, entre otras cosas, estén suscitando mayores divisiones al interior de la propia clase dominante2.

Los retos cruciales ahora

Pero, al mismo tiempo que nos dan de comer una falsa historia de los años 1960, nos dicen que esta vez es diferente. Muchos de los que hacen este argumento lo hacen invocando el hecho de que Trump (y Pence) son fascistas (o que están en el camino hacia el fascismo, o alguna otra variación de esta posición). Sí, es cierto, éste que es un régimen fascista (y esto es algo que aquellos, desde muchas perspectivas políticas diversas, hemos venido diciendo desde el principio, los que hemos iniciado y trabajado para construir la organización Rechazar el Fascismo [RefuseFascism.org] en sus esfuerzos por hacer nacer una movilización masiva no violenta pero sostenida para expulsar a este régimen). Este régimen sí que representa una gran amenaza a la humanidad, con su programa de llevar a aún mayores extremos la opresión y la explotación que están incorporadas en este sistema, y su saqueo de la gente y del medio ambiente. Y habría sido muy bueno —podría haber tenido un efecto real— si, durante los casi cuatro años de este régimen y todos los ultrajes que ha cometido repetidamente, los que ahora insisten en que hay que votar por Joe Biden y los demócratas se hubieran unido al Rechazar el Fascismo para hacer nacer la movilización de masas a la que ha venido convocando, y ha venido trabajando para construir, para expulsar a este régimen. Ahora, la hora ya se está haciendo tarde, pero aún no es demasiado tarde para hacer realidad esta movilización de masas. Confiar en las “normas” y los “canales regulares” de este sistema no solucionará este profundo y urgente problema, sobre todo al tratarse de un régimen fascista y sus seguidores fanáticos que están decididos a pisotear y destripar esas “normas”.

Como subrayé en “ que habrá cambio radical”, incluso al dar por sentado que se celebren las elecciones previstas para noviembre (y que Trump no las cancele o “retrase”, citando los peligros sanitarios debido a la Covid-19 o algún otro pretexto hipócrita), ciertamente no existe ninguna garantía de que Trump vaya a perder, o de que vaya a aceptar los resultados si de hecho pierde. Pero lo que es cierto —lo que ya está sucediendo y sucederá a una escala aún mayor y con una aún mayor intensidad— es que Trump y los republicanos, y su “base” fascista, buscarán intimidar y suprimir los votos de grandes cantidades de personas que votarían en contra de Trump. Y es muy posible que Trump maniobre para movilizar a sus partidarios en la policía y las fuerzas armadas, así como a la “gente de la Segunda Enmienda”, en el intento de impedir su destitución del cargo si de hecho pierde las elecciones pero se niega a reconocerlo3.

Por todas estas razones, esperar para las próximas elecciones presidenciales y confiar en el voto, sin hacer nada con sentido ahora para oponerse activamente al fascismo del régimen de Trump y Pence, es una receta para una parálisis peligrosa y potencial desastre. No sólo en El comunismo y la democracia jeffersoniana, sino también en una serie de otras obras, he hablado de por qué no es posible obtener ningún cambio fundamental hacia lo mejor por medio de votar bajo este sistema, y que como un fenómeno general, votar en realidad refuerza a este monstruoso sistema del capitalismo-imperialismo que los políticos de los dos partidos de la clase dominante (tanto los demócratas como los republicanos) en realidad representan4. Pero, el que se manifieste como la intención de votar o no, el odio verdaderamente masivo hacia el régimen de Trump y Pence, y todo lo que representa, no debe reducirse y simplemente canalizarse al proceso electoral. Debe manifestarse como una movilización activa en las calles contra este régimen, de manera continua, vinculada de manera poderosa con la continuación del desbordamiento de lucha contra la supremacía blanca institucionalizada y el terror policial, con la orientación de expulsar a este régimen fascista y continuar esta lucha incluso más allá de noviembre, independientemente de lo que suceda con las elecciones programadas, a fin de oponerse poderosamente al fascismo que se está movilizando en la sociedad en su conjunto, y dar un mayor impulso a la lucha general contra la opresión.

Y aquí va un hecho de importancia fundamental: Si bien es crucial unir y movilizar a la gente, desde diferentes perspectivas, muy ampliamente, en el movimiento para expulsar a este régimen,

será mucho más difícil hacer esto a la escala y con la determinación que se requieren para lograr este objetivo si, al mismo tiempo, no se ha atraído e incorporado a crecientes cantidades de personas en torno al entendimiento de que es necesario poner fin no sólo a este régimen sino al sistema cuyas contradicciones profundas y determinantes han engendrado este régimen, sistema que por su propia naturaleza, ha impuesto y continuará imponiendo un sufrimiento horroroso y completamente innecesario a las masas de la humanidad, hasta que sea abolido este sistema mismo. Y, entre más se atraiga e incorpore personas para que trabajen consciente y activamente para la revolución, la creciente fuerza y “autoridad moral” de esta fuerza revolucionaria, a su vez, fortalecerán la determinación de crecientes cantidades de personas a expulsar a este régimen fascista que ahora está en el poder, aunque no se gane a la revolución a muchas de éstas (y quizás nunca se gane a algunas de ellas). Así que, tanto para asumir el reto inmediato de hacer nacer una situación política en que se saque del poder a este régimen —en que en una medida importante, han tomado la iniciativa política los que están decididos a hacer retroceder la embestida contra la humanidad que este régimen está llevando a cabo, y a esforzarse por un mundo mejor, comoquiera que lo conciban— como para avanzar hacia el objetivo fundamental de la revolución, es vitalmente importante que todos los que hayan llegado a entender la necesidad de la revolución contribuyan activamente a construir el movimiento para expulsar a este régimen, y además hacerlo con la perspectiva y en el marco general de los preparativos para la revolución5.


1. Tal como se señala en una nota de pie del artículo de Bob Avakian, “‘Los Boomers’ — ‘X, Y, Z’:
El problema no son las ‘generaciones’, sino el sistema
” (el que también está disponible en revcom.us):

En una serie de obras —entre ellas Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución; Breakthroughs (Abriendo Brechas): El avance histórico hecho por Marx, y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, Un resumen básico; ESPERANZA PARA LA HUMANIDAD SOBRE UNA BASE CIENTÍFICA, Romper con el individualismo, el parasitismo y el chovinismo pro estadounidense; y Bob Avakian responde a Mark Rudd sobre las lecciones de los años 1960 y la necesidad de una revolución real (todas las cuales están disponibles en revcom.us)—, Bob Avakian examina más “por qué no se realizó ninguna revolución” en el apogeo de los auges de lucha de la década de 1960 y los “importantes cambios, en gran medida de tipo negativo, que se han operado a lo largo de las décadas desde ese entonces”. [volver]

2. Estas dos citas son de El comunismo y la democracia jeffersoniana, que está disponible en inglés, con pasajes en español, en las Obras escogidas de BA en revcom.us. En la primera de estas citas se le agregó las negritas. [volver]

3. que habrá cambio radical: ¿Será emancipador, o esclavizante — revolucionario, o reaccionario? Este artículo de Bob Avakian está disponible en revcom.us. [volver]

4. Véase, por ejemplo, Bob Avakian pone al desnudo la BEB (Basura Electoral Burguesa): Si no quieres ver ningún cambio fundamental — vaya a votar, el que está disponible en revcom.us. [volver]

5. Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución. El texto en español y el vídeo en inglés de este discurso de Bob Avakian están disponibles en revcom.us. [volver]

 

Bob Avakian (BA) es el pensador y líder político más importante en el mundo de hoy.

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