NO SERÁ SUFICIENTE VOTAR —
TENEMOS QUE TOMAR LAS CALLES,
Y PERMANECER EN LAS CALLES
CON LA DEMANDA ¡TRUMP-PENCE FUERA YA!

Primera parte

LOS DEMÓCRATAS NO SON CAPACES
DE LUCHAR CONTRA TRUMP
DE LA MANERA EN QUE HAY QUE HACERLO

 

En la Declaración de Bob Avakian, del 1º de agosto de 2020, Sobre la situación crítica inmediata, la urgente necesidad de expulsar al régimen fascista de Trump y Pence, votando en estas elecciones, y la necesidad fundamental de la revolución, abordé este importante punto:

A esta hora crítica, hay que utilizar todos los medios apropiados de acción no violenta para sacar del poder a este régimen. E, incluso con protestas de masas que exigen que se saque del poder al régimen de Trump y Pence, si este régimen permanece en el poder a la hora de votar, pues en tal caso —sin confiar en lo fundamental en votar— utilizar todos los medios apropiados para trabajar para sacar del poder a este régimen debe incluir votar contra Trump (suponiendo que en efecto se celebren las elecciones). Para que quede claro, esto no se refiere a un “voto de protesta” por algún candidato que no tiene posibilidades de ganar, sino votar concretamente por el candidato del Partido Demócrata, Biden, a fin de dar un voto que tenga un efecto real contra Trump.

Al mismo tiempo, sin embargo, enfaticé fuertemente que:

Simplemente confiar en el voto para sacar a este régimen casi seguramente conducirá a resultados muy malos, incluso desastrosos. Esto es muy cierto en vista de lo que este régimen ya está haciendo, y lo que Trump está diciendo, en relación a las elecciones.

El descarado racismo de Trump y su apoyo a la violencia supremacista blanca

Se ha vuelto cada vez más claro que una parte decisiva de la estrategia de Trump, en relación con las elecciones programadas para noviembre, y de su enfoque general de mantenerse en el poder, son llamamientos cada más descarados a favor del racismo, bramando un llamamiento a aplicar “la ley y el orden”. Trump tacha de violentas a las protestas continuas contra la supremacía blanca y el terror policial — y, como le es típico, miente flagrante y crudamente sobre el grado y las causas de esta violencia. Pinta un crudo escenario de terror en que se acercan ya-sabes-quiénes para saquear y violar —para violar los hogares y a la gente, especialmente a las mujeres— en las zonas suburbanas, las que en la visión de Trump son de puros blancos. Esto es un “eco” directo de las tácticas viles de los supremacistas blancos en la movilización de las turbas para linchar a los negros durante la segregación del Jim Crow, y de la forma en que Hitler azuzó el odio y la violencia contra los judíos en la Alemania NAZI. En este caso también, los hechos no importan para Trump y para su régimen fascista y sus seguidores — o más bien, los hechos sólo existen para ser tergiversados, desafiados y pervertidos en su afán de conseguir objetivos literalmente asesinos.

Se ha mostrado (por ejemplo, en un estudio de la Universidad Princeton) que en su inmensa mayoría (en más del 90 por ciento de los casos), estas protestas contra la supremacía blanca y el terror policial no han sido violentas, y que la violencia que han cometido los propios manifestantes ha sido relativamente menor (algunos incendios, saqueos y destrozos en unos pocos edificios en lugares pequeños y limitados, a menudo en delegaciones policiales o cerca de ellas — para nada parecido a la imagen que Trump pinta de la quema y la destrucción de ciudades enteras). Pero, más allá de eso, la mayor parte de la violencia en conexión con estas protestas la han perpetrado los seguidores de Trump — por parte de la policía, que ha atacado repetidamente a las protestas, y por parte de golpeadores fascistas armados (aquellos que Trump llama “la gente de la Segunda Enmienda”). Al menos 20 manifestantes han sido asesinados de esta forma. Y Trump y sus seguidores han justificado —e incluso han glorificado— esta violencia cometida por los supremacistas blancos.

Los demócratas, y los “medios de comunicación establecidos” del mismo campo general (la CNN, la MSNBC, New York Times, etcétera), en gran parte han tratado de desviar la atención desde las protestas hacia cuestiones sobre las cuales, a su parecer, Trump es más vulnerable — en particular su manejo verdaderamente temerario de la pandemia de la Covid, y cosas como los comentarios de Trump (o los que se le atribuyen) que insultan a los soldados estadounidenses. Pero, Trump continuará sus ataques racistas a las protestas contra la supremacía blanca y la violencia policial, y sus intentos de pintar a los demócratas de promotores de violencia y “matanza” de parte de “maleantes” negros, “anarquistas” y otros “ultraizquierdistas”; y esto tendrá el efecto de obligar a los demócratas a dedicar una atención importante a responder al respecto. ¿Y qué ha sido la respuesta de los demócratas? Han señalado que la mayoría de las protestas han sido pacíficas, e incluso dicen que Trump quiere la violencia; sin embargo, al mismo tiempo, los demócratas aceptan, en gran medida, los términos (y la trampa) que Trump les ha tendido. Ponen muchísimo énfasis en denunciar a la violencia de parte de los manifestantes, sin poner el mismo énfasis en señalar quiénes son responsables de la mayor parte de la violencia conectada con las protestas — responsables los que son, una vez más, en su inmensa mayoría seguidores de Trump. Los demócratas no destacan la amarga ironía de que en estas situaciones, la gente protesta contra la violencia de parte de la policía, e incluso cuando sus protestas son pacíficas (en su inmensa mayoría), ¡la policía las somete a aún más violencia! Los demócratas no enfatizan otra ironía patente: En estas situaciones, Trump y sus seguidores denuncian y atacan a las personas que en su inmensa mayoría llevan a cabo protestas pacíficas contra la violencia racista, mientras que Trump defiende los monumentos a los “héroes” de la Confederación esclavista, que libraron una guerra, en la que mataron a cientos de miles de soldados de la Unión, con el fin de conservar y extender la esclavitud.

Las estrategias de los demócratas que se derivan del problema mismo y lo refuerzan

Hay dos razones básicas por la forma en que responden —y no responden— los demócratas y sus aliados ante los ataques de Trump contra las protestas y la inventada historia racista de horrores de Trump en que turbas de “esa gente” se dedican a atacar con violencia a los inocentes (blancos) y su propiedad. Primero, la estrategia electoral de los demócratas se centra en ganar a un número relativamente pequeño de “votantes decisivos”, en su mayoría blancos de las zonas suburbanas, en un pequeño número de “estados decisivos”. Derivado de esa estrategia, y una vez más al aceptar en gran parte los términos que Trump ha puesto, los demócratas consideran que es muy importante reconfirmar para estos votantes que los demócratas, también, denuncian —y queda implícito que harán uso del poder del gobierno para suprimir— la violencia supuestamente llevada a cabo por los manifestantes y la que supuestamente amenaza a estos “votantes decisivos” (los blancos de las zonas suburbanas). En este caso, cabe decir que, incluso bajo sus propios términos —muy equivocados y pervertidos—, esta es probablemente una estrategia perdedora. No sólo es cierto que la mayor parte, por mucho, de la violencia conectada con las protestas la han llevado a cabo los seguidores de Trump (incluida la policía), mientras que la inmensa mayoría de las propias protestas han sido pacíficas; sino que, incluso si todos aquellos que protestan tuvieran la intención de quedarse completamente pacíficos, inclusive en los casos en que los provocaran y atacaran la policía y los racistas “civiles” armados, no obstante habrá violencia — precisamente porque Trump y sus seguidores continuarán llevando a cabo, e intensificando, la violencia, independiente de lo que hagan los manifestantes.

Es cierto que, en este momento, el voto en unos pocos estados determina, en esencia, el resultado de las elecciones presidenciales — de modo que un candidato podría perder el voto popular y todavía ganar la presidencia, tal como pasó con Trump en las anteriores elecciones presidenciales. Pero, inclusive con esta realidad, una estrategia electoral que podría tener resultados mucho mejores para los demócratas sería la de hacer frente directa y enérgicamente a todo el enfoque racista de Trump, y hacer llamamientos para atraer a la gente negra y a otra gente de color, y al gran número de blancos (en especial, pero no solamente, de las generaciones más jóvenes) que han mostrado que se motivan por un claro deseo de terminar con la injusticia social, la desigualdad abierta y la violencia policial desenfrenada. Eso es una gran “reserva” en la cual, en teoría, los demócratas podrían centrarse en atraer.

Pero en realidad los demócratas en sí no lo harán — y no podrán hacerlo. Eso va a las razones subyacentes de por qué los demócratas abordan las cosas en la forma en que lo hacen. Aunque, en la situación actual, en la cual se ha dado un masivo torrente de lucha contra el terror policial, los demócratas han estimado que sea necesario hablar en términos generales de “reformar a la policía”, como representantes de este sistema del capitalismo-imperialismo los demócratas expresan con mucha firmeza la necesidad fundamental de que la policía refuerce “la ley y el orden” opresivos de este sistema, con la violencia racista que eso conlleva. Así que los demócratas no pueden llevar a cabo una campaña que en serio se uniera al sentimiento fuerte y ampliamente sostenido de que esta violencia policial tiene que terminar. Al mismo tiempo, como representantes de este sistema, y como defensores de sus instituciones tradicionales y su “estabilidad”, no quieren ganar unas elecciones y encabezar al gobierno sobre la base de hacer llamamientos y despertar más a una fuerza de decenas de millones de personas que rebosan de intensidad apasionada para poner fin al terror policial y a la supremacía blanca, los cuales de hecho están entretejidos en este sistema, y los cuales éste requiere. Desde el punto de vista de los demócratas, sería mejor hacer venias a los anhelos de un “retorno a la calma y la normalidad” —que probablemente encontrarán ecos en muchas zonas suburbanas— aunque no habrá ninguna “calma y normalidad”, en gran parte porque las fuerzas fascistas no lo permitirán.

Hacer venias a las “quejas” de los fascistas sólo fortalecerá el fascismo

Una vez más ahora, como ocurrió durante e inmediatamente después de las elecciones de 2016, se oyen voces “establecidas” (tales como Chris Cuomo de la CNN, hermano del gobernador demócrata del estado de Nueva York, y Thomas Friedman, un proponente prominente de los “grandes beneficios” del capitalismo altamente globalizado) que argumentan que, para ganar en esta ronda, Biden y los demócratas deberían hacer llamamientos para atraer a la “base” de Trump reconociendo sus “quejas”, en vez de humillarlos. Pero este fascismo tiene bases profundamente arraigadas, y no se hará que estos fascistas cambien de pensar “tratándolos con amabilidad” o actuando como si sus “quejas” fueran “legítimas”. Como yo (y otras personas que han estudiado con seriedad este fenómeno fascista) hemos señalado, la realidad es que estas “quejas” surgen del resentimiento contra cualquier cambio que socave aunque sea levemente la supremacía blanca, la supremacía masculina, la xenofobia (el odio a los extranjeros), el chovinismo pro estadounidense rabioso y el saqueo irrestricto del medio ambiente. Y, aunque en los términos más fundamentales, los demócratas representan este sistema del capitalismo-imperialismo, el cual encarna e impone todo esto, el Partido Republicano, a medida que ha venido volviéndose cada vez más descaradamente fascista, ha cultivado y organizado su “base” promoviendo agresivamente, en términos extremos, esta desigualdad, opresión y saqueo de la Tierra, junto con un rechazo al método científico y al pensamiento racional, y un apasionado “resentimiento” en su contra. Por ejemplo, el teólogo afroamericano Hubert Locke presenta este análisis importante, en alusión en particular a los fundamentalistas cristianos que son la fuerza impulsora de este fascismo:

No es una casualidad que la fuerza y apoyo del movimiento radique en el centro del país, lo que se llama el “corazón” de Estados Unidos, y en particular la región sureña. Esa zona jamás se acomodó a la nueva realidad del país tras la Segunda Guerra Mundial. Al breve lapso de normalidad de la posguerra le siguió una década de una revolución racial truncada y retrasada por mucho tiempo, que arrasó con siglos de cultura y tradición, especialmente en el Sur. Dos décadas más tarde, el desengaño de una guerra impopular en el sudeste asiático sacudió las bases del patriotismo convencional y tradicional en la vida estadounidense; a eso le siguió una revolución sexual que trastornó profundamente actitudes muy arraigadas de ese sector de la población sobre la posición subordinada de la mujer en la sociedad y el rechazo a las personas gays y lesbianas en la vida de Estados Unidos. Estas derrotas políticas, sociales y culturales han estallado ahora en una batalla sin tregua para retrasar el reloj 50 años y devolver el país a la pureza de la anteguerra. Es significativo que la enseñanza del creacionismo en las escuelas ocupe un lugar tan prominente en el programa de la derecha religiosa. La derecha perdió esa batalla a mediados de la década de 1920 pero nunca aceptó su derrota, al igual que algunos sureños obstinados nunca han reconocido su derrota en la Guerra Civil. En consecuencia, la derecha religiosa quiere restaurar un modo de vivir que desapareció del país hace medio siglo1.

Esto es lo que significa en realidad “Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza”. Los demócratas no podrían “competir” con esto, sin abandonar su propia “identidad” como el partido que supuestamente se preocupa por la justicia social y aborda la crisis ambiental.

Todo esto, a su vez, está relacionado con las razones fundamentales de por qué los demócratas no denunciarán al régimen de Trump y Pence por lo que realmente es —fascista— que, como he enfatizado, “no se trata simplemente de algunas políticas horrorosas sino de una forma cualitativamente diferente de gobierno, basado en una brutal represión y violación de lo que se supone sean los derechos más básicos”2. En primer lugar, si reconocemos que este régimen es, de hecho, fascista, pues eso hace surgir cuestiones muy grandes respecto a todo el sistema, y cómo es que semejante régimen fascista pudo ascender al poder — no por medio de un golpe de estado militar o algo por el estilo, sino por medio de los “cauces normales” y los procedimientos institucionales de este sistema. Además, junto con ello, si reconocemos que este régimen es fascista, pues eso tiene implicaciones muy grandes respecto a lo que hay que hacer para lidiar con los peligros que este fascismo representa — lo que, en realidad, requiere que se salga de las “normas” de este sistema y se movilice a las masas de personas en una lucha decidida, no violenta pero sostenida en las calles para exigir la expulsión de este régimen, tal como RefuseFascism.org (Rechazar el Fascismo) ha venido convocando a hacer.

La necesidad urgente inmediata de una movilización de masas contra este fascismo

En resumen, los demócratas, por ser quiénes son y qué son, no lidiarán y no podrán lidiar con todo eso —ni las elecciones ni la situación más amplia en la que ocurren estas elecciones y lo profundo de lo que de hecho está en juego— de otra forma salvo según los términos, y dentro de los límites, establecidos por este sistema, el que ha producido este fascismo, y en una gran medida, de acuerdo con los términos que los propios fascistas han puesto.

Es posible ver esto en lo que los demócratas han hecho en sus intentos de lidiar con la manera en que el régimen fascista de Trump y Pence —de manera repetida, y en escalada— ha pisoteado las “normas” de este sistema. Una y otra vez, los demócratas han tratado de lidiar con esto utilizando las mismas “normas” e instituciones las que este régimen está desafiando y triturando, o que está haciendo conformarse a sus objetivos fascistas — las cortes, las audiencias y procedimientos del Congreso, etcétera. Una y otra vez, los demócratas han fracasado. Sin embargo, se niegan obstinadamente a buscar otros medios para oponerse a este régimen, más que recurrir a estas mismas “normas” y procedimientos. Esto es lo que están haciendo, y se inclinarán fuertemente a seguir haciéndolo, incluso ante las maniobras crecientes e intensificadas de Trump para suprimir el voto en las elecciones venideras y su determinación claramente indicada de hacer que sea declarado el ganador en las elecciones, o de permanecer en el poder sin importar el resultado de las elecciones.

Por todo eso aunque, si llegara a darse el caso, sería necesario e importante votar contra Trump votando por Biden—, sería muy probable que condujera al desastre confiar en la votación y simplemente tener la esperanza de que las elecciones solucionen el problema.

Todo esto señala la probabilidad muy grande de que, independientemente del resultado real de estas elecciones (suponiendo que de hecho se celebren), si Trump se declarara el “ganador” y se negara a dejar el cargo, en ausencia de una movilización verdaderamente masiva que exigiera que fuera sacado del poder el régimen de Trump y Pence, los demócratas terminarían por claudicar ante Trump. La movilización de masas que se requiere no se puede forjar “de la noche a la mañana” en las secuelas de las elecciones — ni tampoco se puede forjar confinándolo todo dentro del marco y los límites en los cuales insisten los demócratas.

Hay que plasmar vivamente la verdad —la verdad sobre Estados Unidos, y la verdad sobre lo que el régimen de Trump y Pence representa y lo que está implementando e imponiendo— como un eje crucial, e inmediatamente urgente, de la lucha contra la injusticia y la opresión y contra el fascismo de este régimen. Hay que hacerlo sin esperar para que se celebren las elecciones, pero al tomar acción ahora mismo, de manera continua, con las masas de personas —primero con miles de personas, que crezcan a millones de personas— en una movilización sostenida en torno a la demanda unificadora que este régimen tiene que marcharse.

Esperar hasta noviembre, y confiar en las elecciones, probablemente conducirá al desastre:

Tenemos que tomar las calles, y permanecer en las calles, con la demanda ¡Trump-Pence Fuera Ya!

 

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60 días de lucha: ¡TRUMP-PENCE FUERA YA!
(vídeo en inglés)


1. Reflexiones sobre cómo debe responder a la derecha cristiana la Pacific School of Religion, del Dr. Hubert Locke, lo que está disponible en revcom.us.

En adición a mis propios escritos y discursos sobre esta cuestión del fascismo, los cuales están disponibles en Obras escogidas de BA en revcom.us*, han salido varios estudios importantes del fenómeno del fascismo cristiano en particular —entre ellos, los libros recientes de Katherine Stewart* y Kristin Kobes Du Mez*— que ponen en claro que estos fascistas están firmemente comprometidos a sus ideas y metas extremadamente opresivas, reaccionarias y literalmente lunáticas, y que estos fascistas no se dejarán cambiar de idea mediante intentos de hacer venias a sus supuestas “quejas legítimas”.

*Por ejemplo, mi artículo reciente El patriarcado y el patriotismo — La agresiva supremacía masculina y supremacía pro estadounidense — El peligro y el reto inmediato saca lecciones de las observaciones importantes en el libro de Kristin Kobes Du Mez Jesus and John Wayne: How White Evangelicals Corrupted a Faith and Fractured a Nation [Jesús y John Wayne: De la manera en que los evangélicos blancos corrompieron una fe y fracturaron una nación], y mi discurso de 2017, ¡El régimen de Trump y Pence tiene que marcharse! En nombre de la humanidad, nos NEGAMOS a aceptar a un Estados Unidos fascista, Un mundo mejor ES posible, cita análisis importantes en el libro de Katherine Stewart The Good News Club, The Christian Right’s Stealth Assault on America’s Children [El Club de las Buenas Noticias: El asalto sigiloso de la derecha cristiana a los niños de Estados Unidos]. [volver]

2. De la Declaración de Bob Avakian, del 1º de agosto de 2020, Sobre la situación crítica inmediata, la urgente necesidad de expulsar al régimen fascista de Trump y Pence, votando en estas elecciones, y la necesidad fundamental de la revolución. [volver]