De un lector:

La catástrofe por la Covid-19 en las prisiones y cárceles de Estados Unidos

| revcom.us

 

30 de noviembre de 2020. En el último mes se ha visto cómo la Covid-19 avanza fuera de control en todo Estados Unidos. La tasa de contagios —y la tasa de fallecidos— siguen alcanzando nuevos récords cada día, y no se vislumbra el final. Esta pandemia en auge está golpeando con aún más terror a los más de dos millones de hombres y mujeres presos en las 6.000 cárceles y prisiones en todo Estados Unidos. La encarcelación en masa hace que ir a la cárcel por cualquier crimen puede convertirse en una pena de muerte.

El número de contagios reportado entre los prisioneros estatales y federales había alcanzado los 197.659 el 17 de noviembre, con picos récord en cada una de las semanas anteriores, según el Marshall Project1. Han muerto más de 1.450 prisioneros. Estas tasas de enfermedad entre los presos multiplican por más de 4 las del público en general; la tasa de muertes es más del doble. Estas cifras no incluyen las más de 500.000 personas retenidas en cárceles estatales y condales en todo Estados Unidos. Los números reales son aún más altos, ya que no se mide la propagación del virus en las comunidades circundantes.

Texas tiene el mayor número de presos, con 141.661, y ha visto más muertes y contagios de Covid-19 que cualquier otro estado, según un nuevo informe de investigadores en la Universidad de Texas en Austin. La tasa de contagio en las prisiones de Texas es casi un 500% más alta que en la población general del estado, y un 620% más alta que la media nacional. En California, este verano la prisión estatal de San Quentin sufrió “el peor desastre epidemiológico en la historia de las prisiones de ese estado”2.

Dentro de las prisiones no hay manera de escapar al coronavirus; son como invernaderos para la enfermedad. Las condiciones hacinadas, superpobladas y muchas veces mal ventiladas significan que es imposible para los prisioneros protegerse de exposición al virus. La falta de equipos de protección adecuados, una limpieza irregular, pruebas esporádicas y una falta de recursos médicos, junto con el ir y venir constante de personal, visitas y prisioneros, agravan el peligro. Además, las personas encarceladas tienen tasas más altas de problemas de salud pre-existentes: la tensión alta, diabetes, y enfermedades cardíacas. Todo esto eleva el riesgo de complicaciones y de muerte.

Al final de abril, ocho de los 10 focos del coronavirus en Estados Unidos eran prisiones o cárceles. Los prisioneros empezaron a rebelarse y resistirse a las condiciones de “muerte por Covid”: se apoderaron de pabellones, organizaron huelgas de hambre, chocaron con las guardias debido a la falta de jabón y mascarillas, entre otras cosas3. Subió la presión para reducir el número de presos en las cárceles: liberando a las personas que cumplían penas por delitos no violentos, a los presos mayores que ya llevaban décadas encarcelados y a las personas no imputadas aún de ningún crimen. Las autoridades hicieron todo un espectáculo de liberar a unos pocos (muchos menos que en otros países), mientras que la gran mayoría seguía encarcelada. Pero los números de contagios empezaron a subir de nuevo durante el verano, y a mediados de agosto la Asociación de Colegios Médicos Americanos (AAMC) reportó que solo 11 de los 100 grupos más importantes de Covid-19 en Estados Unidos no correspondían a una prisión o cárcel.

Encarcelación en masa y genocidio

Se conoce a Estados Unidos en todo el mundo por su encarcelación en masa4. Hay más personas encarceladas en Estados Unidos que en cualquier otro país del mundo. Esto es cierto tanto para las mujeres como para los hombres. Según el Centro de Justicia Brennan5, la tasa de encarcelamiento en Estados Unidos es nueve veces mayor que en Alemania, ocho veces mayor que en Italia, cinco veces mayor que en el Reino Unido y 15 veces mayor que en Japón. Durante cuatro décadas, la “guerra contra la droga” se ha utilizado para encarcelar en masa a personas negras y latinas. Entre 1980 y 2018, el número de personas encarceladas por drogas aumentó de 40.900 a 443.200, dando como resultado una población carcelaria nacional cuya composición hoy es un 60 por ciento de personas negras y latinas; una tasa mucho mayor que su representación en la población total del país6. En California, las personas negras constituyen el seis por ciento de los habitantes del estado, pero el 20 por ciento de las personas en la cárcel y el 28 por ciento de las personas en las prisiones.

El Centro Brennan ha calculado que, de los 1.46 millones de personas en prisiones estatales y federales en 2016, ¡576.000, o el 39 por ciento, estaban en prisión sin que hubiese ningún motivo de seguridad pública por ello! Y la American Bar Association [Colegio de Abogados de Estados Unidos] descubrió antes de la pandemia que hasta 500.000 personas (de nuevo, un número desproporcionado de ellas eran negros y otras personas oprimidas) estaban retenidas en todo Estados Unidos en cárceles locales, generalmente por delitos menores, sólo porque no podían pagar la fianza. Y aun así, aunque la pandemia de la Covid-19 está desbocándose en las prisiones y cárceles del país, las autoridades no están tomando medidas serias para liberar a esos cientos de miles de personas encarceladas “sin motivo de seguridad pública”, ni para proporcionar a los demás las necesidades de distanciamiento social, equipo protector, suministros de limpieza y atención médica adecuada para los seres humanos. En cambio, ¡se está utilizando el coronavirus para hacer que el “genocidio lento” de la encarcelación se acelere rápidamente!

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Lea estos artículos en revcom.us:

Estados Unidos: 2.3 millones de presos y detenidos atrapados en “placa de Petri” para el coronavirus, revcom.us, 9 de abril de 2020.

Cartas de presos ponen al descubierto las condiciones bajo la pandemia de la Covid-19 en las mazmorras de Estados Unidos, revcom.us, 23 de abril de 2002.

Cartas de presos sobre la pandemia del coronavirus:
“La crisis provocada por la Covid-19 saca a la luz las agudas contradicciones de este sistema Capitalista-Imperialista”
, revcom.us, 27 de mayo de 2020.

“¿Cuándo terminará esto? ¡Nos hace falta un cambio dramático ahora!”, Carta de un preso en Luisiana, septiembre de 2020 , revcom.us, 28 de noviembre de 2020.

Resistencia de presas y presos a las escandalosas penas “de muerte por la Covid” , revcom.us, 15 de abril de 2020.

 


1. Desde marzo, el Marshall Project ha estado rastreando cuántas personas caen enfermas y mueren debido a la Covid-19 en las prisiones y qué tanto se ha propagado la enfermedad por todo Estados Unidos y dentro de cada estado. [volver]

2. Al fin de mayo, la prisión estatal de San Quentin, al norte de San Francisco, tenía cero contagios entre los presos a pesar de haberse construido hace 168 años, con muy mala ventilación y saneamiento, celdas dobles y el espacio reducido. Entonces, el 30 de mayo, transfirieron a 121 hombres desde la prisión estatal de Chino, que tenía una sobrepoblación y además una oleada de casos. Para el 4 de julio, más de la tercera parte de los presos de San Quentin se había contagiado y dieron positivo en las pruebas de Covid-19. El 25 de septiembre, murió el 27º prisionero. En octubre, un tribunal de apelación falló a favor de un preso que había presentado una demanda, diciendo que lo que había pasado era “moralmente indefensible y constitucionalmente insostenible” y ordenó a San Quentin a reducirel número de prisioneros inmediatamente a la mitad de lo que había sido en junio. [volver]

3. “Resistencia de presas y presos a las escandalosas penas “de muerte por la Covid”, revcom.us, 15 de abril de 2020. [volver]

4. “Las políticas para determinar las condenas de la era de la Guerra Contra la Droga dieron lugar a un crecimiento dramático en el encarcelamiento por delitos de drogas. Desde su comienzo oficial en la década de los 1980, el número de estadounidenses encarcelados por delitos de drogas se disparó de 40.900 en 1980 a 443.200 en 2018. Además, las leyes que dictan severas penas, con condenas mínimas obligatorias, por ejemplo, mantienen a muchas personas condenadas por delitos de drogas en prisión durante períodos de tiempo más largos: en 1986, las personas puestas en libertad después estar en prisión por un delito federal de drogas habían pasado un promedio de 22 meses en prisión. Para 2004, se esperaba que las personas condenadas por delitos federales relacionados con las drogas pasasen ahí casi tres veces más: 62 meses en prisión”. The Sentencing Project. [volver]

5. El sistema de justicia penal estadounidense retiene casi 2.3 millones de personas en 1.833 prisiones estatales, 110 prisiones federales, 1.772 centros correccionales juveniles, 3.134 cárceles locales, 218 centros de detención de inmigrantes y 80 cárceles en reservas indígenas, así como en prisiones militares, centros de reclusión civil, hospitales psiquiátricos estatales, y prisiones en los Territorios de los Estados Unidos. (Prison Policy Initiative) [volver]

6. The Sentencing Project. [volver]


Para el fin de julio, ya había al menos 2.159 casos confirmados de Covid-19 en San Quintín y 19 muertes. En la imagen, familiares y amigos protestan contra la “ejecución por Covid-19”. (Foto:  AP)


Prisioneros en condiciones hacinadas en el Centro Correccional Easterling de Alabama, 25 de febrero de 2020. (Departamento de Centros Correccionales de Alabama)

 

 

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