El texto del discurso:

¡EL RÉGIMEN DE TRUMP Y PENCE TIENE QUE MARCHARSE!
En nombre de la humanidad,
nos NEGAMOS a aceptar a un Estados Unidos fascista
Un mundo mejor ES posible

Un discurso de Bob Avakian

27 de agosto de 2018 | Periódico Revolución | revcom.us

Este discurso de Bob Avakian (BA) se dio en octubre de 2017. Analiza las raíces profundas y fuerzas impulsoras del fascismo de Trump y Pence y lo que hay que hacer para detenerlo. Habla de la necesidad de un masivo auge de protestas no violentas que continúa día tras día para expulsar al régimen de Trump y Pence.

La organización Rechazar el Fascismo hizo un llamamiento a que esto se iniciara el 4 de noviembre de 2017. Las manifestaciones se celebraron en 24 ciudades en Estados Unidos, pero la gente aún no estaba lista para continuar las protestas sostenidas.

En esta película, BA habla de muchos de los obstáculos en el pensar de la gente que deben superarse. Este discurso es tan relevante como nunca.

Lo que enfrentamos en este momento es que nos está gobernando un régimen fascista: ataca implacablemente los derechos y libertades civiles y promueve abiertamente la intolerancia y la desigualdad; actúa con total indiferencia o calculada malicia contra los que considera inferiores y un lastre o deshonra para el país; está en una misión de negarles atención médica a millones que sin ella, sufrirán, y muchos morirán; que degrada brutalmente a las mujeres, como objetos de saqueo, como reproductoras sin derecho al aborto o la anticoncepción, subordinadas al esposo y a los hombres en general; que rechaza la ciencia del cambio climático, ataca la ciencia de la evolución y repudia el método científico en general; un régimen que blande un arsenal de destrucción masiva y que amenaza con una guerra nuclear; que redobla el terror de estado contra los musulmanes, inmigrantes y gente de los barrios; azuza, anima y respalda a brutales golpeadores y su repugnante veneno de “Estados Unidos Ante Todo”, supremacía blanca, supremacía masculina y anti-LGBT — que alardea de todo esto y manifiesta su intención de hacer cosas peores. 

Esto ha causado asco, furia y angustia entre muchísimas personas, y ha habido muchos actos importantes de resistencia grandes y pequeños a los atropellos constantes de este régimen y sus partidarios. Pero el régimen sigue en el poder, y está resuelto a pasar por encima de todos los obstáculos con el fin de llevar a cabo su agenda monstruosa. Y urge a gritos una movilización masiva de gente, en acciones unidas de forma no violenta pero con determinación sostenida para crear una situación política en que este régimen no pueda mantenerse en el poder. 

La organización Rechazar el Fascismo (refusefascism.org) ha presentado un Llamamiento y un plan y está preparándose activamente para tal movilización, comenzando el 4 de noviembre. 

Así que esto es el desafío que enfrentamos. Para recoger este desafío, tenemos que lidiar con grandes cuestiones, a la vez que se gana más ímpetu para el 4 de noviembre.

Donald Trump asegura haber ganado el voto popular en 2016, otra de sus Grandes Mentiras. Pero, el hecho es que habría sido una desgracia si solo 10 personas hubiesen votado, o 10 mil — pero decenas de millones lo hicieron. ¿Por qué? La respuesta fundamental se halla en la historia de Estados Unidos y su papel en el mundo. 

¿Sabían que la Constitución, adoptada por los fundadores de este país, institucionalizó el derecho de los hombres de violar mujeres a voluntad? Yo contemplaba comenzar este discurso con eso — así que, en respuesta al grito sofocado de conmoción e incredulidad que debiera haber generado tal declaración, podría haber dicho: no, la Constitución en realidad no dice eso, sino que hizo algo no menos espantoso: institucionalizó la esclavización de millones. Sin embargo, la Constitución adoptada por los “fundadores” legalizó la violación tumultuaria: además de consagrar relaciones de propiedad en que los hombres podían violar a sus esposas, la Constitución, al estipular que los esclavos eran propiedad, oficializó el “derecho” de los esclavistas a hacer lo que quisieran con sus esclavos, lo que incluye violar a las mujeres. Y las esclavas fueron violadas, regular y constantemente, por sus amos y capataces.

La gente que no quiere reconocer la realidad y sus implicaciones, a menudo argumentará: “hay que juzgar las cosas según las normas de la época — en ese entonces la gente no tenía mejor criterio”. Como dicen en Inglaterra, ¡tonterías! Para empezar, los esclavos sí tenían mejor criterio. Y también tenemos el ejemplo de Edward Coles, que antes de ser gobernador de Illinois, fue secretario privado de James Madison (el principal autor de la Constitución de Estados Unidos). Coles liberó a sus propios esclavos y buscó convencer de lo mismo a Madison y a Thomas Jefferson (el autor de la Declaración de Independencia). Se negaron a hacerlo. ¡Pero no se puede decir que nadie tenía mejor criterio en esa época! La verdad es que Madison y Jefferson (y claro, Hamilton) pertenecían a un pasado — y desde hace mucho que hemos superado lo que ellos representan.

La terrible verdad es que, con algunas llamativas excepciones (como la generación que creció en los años 60), la gente blanca en general ha participado directamente, o ha apoyado o al menos ha aceptado pasivamente, todo esto en la historia de Estados Unidos. Durante todos los años de la esclavitud. Durante las décadas de la segregación Jim Crow y el terror del Ku Klux Klan, cuando repetidas veces los negros, en particular los hombres negros, que no conocían “su lugar” —o quizás hasta sin saber por qué, hacían enfurecer a una persona blanca— eran linchados mientras multitudes de gente blanca se reunían en un ambiente festivo peleándose por conseguir trozos del cuerpo mutilado del negro ahorcado de un árbol, y fotografías del ahorcado terminaban convertidas en postales que se vendían por todo el país. Sí, una fea y vergonzosa verdad. Hoy, con los repetidos asesinatos de negros por la policía, en las pocas ocasiones en las que imputan al policía, hay gente blanca en los jurados que se niega a condenarlo. Hoy, sigue habiendo demasiada gente blanca, que dice importarle la justicia y usa las redes sociales para denunciar ultrajes mucho menores, a veces hasta cosas triviales, que ¡no siente indignación ni la necesidad de hacer algo al respecto! Si la policía matara perros deliberadamente, una y otra vez, habría un gran alboroto en la sociedad, incluso de gente que no dice nada o que pone excusas cuando matan así a seres humanos de piel más oscura. 

Estaría mal y sería perjudicial ignorar el hecho de que hay gente blanca, en particular jóvenes blancos (y otros), que han salido a las calles a protestar contra estos asesinatos y que han dicho: el silencio de los blancos es violencia, es ser cómplice con el asesinato. Obviamente esto es algo positivo — y tiene que darse en mucho mayor grado y con mayor frecuencia. Pero, dada la historia de Estados Unidos hasta hoy, ¡¿tiene sentido insistir en que, como algunos tercamente lo hacen, “aquí no podría darse el fascismo, no en este país, con nuestra democracia y grandes tradiciones”?!

Es muy importante explorar la pregunta: ¿cómo llegaron las cosas hasta este punto en que enfrentamos el horror real de un Estados Unidos fascista? A continuación, contada brevemente, la “historia más larga”, la historia más amplia que condujo a esto. 

Hace miles de años, los seres humanos que habían vivido por decenas de miles de años en pequeñas sociedades de cazadores-recolectores, se asentaron en tierras y las cultivaron y domesticaron animales, particularmente en la “media luna fértil” del Mediterráneo oriental y el Medio Oriente. Con esto surgieron las divisiones de clase, la polarización entre ricos y pobres, poderosos y desposeídos, y además la patriarcal opresión de mujeres por hombres. Esta forma de vida se propagó y se consolidó en grandes partes del mundo, surgieron imperios y civilizaciones — como en India, Egipto, China, Persia, Grecia y Roma, y siglos después, el imperio islámico, que abarcó un vasto territorio en Medio Oriente y partes de Asia, África y Europa. Pese a que se erigieron a partir del saqueo y la opresión, hicieron muchos adelantos en arquitectura, artes, música, el desarrollo del lenguaje y la literatura, la ciencia y otras esferas. Sin embargo, la historia del auge de los imperios ha sido también la historia de su decadencia y caída — por sus contradicciones y conflictos entre sí, y por invasiones de fuerzas externas impulsadas por sus propias contradicciones, conflictos y retos.

Así transcurrieron miles de años. Pero hace unos siglos, surgió algo dramáticamente nuevo: el desarrollo del sistema capitalista. Este es un sistema mucho más dinámico que antes en la historia humana — impulsado por sus propias contradicciones internas a que constantemente se expanda, continuamente transforme la base tecnológica en que opera e intensifique cada vez más la explotación de la gente, que es la base de sus ganancias. Y, como resultado de contradicciones y conflictos internos de países y entre países, y del auge y caída de diferentes potencias, fue principal e inicialmente en Europa donde el capitalismo se arraigó y emergió como una fuerza dominante a nivel mundial. Esto fue posible, desde sus inicios, mediante los más horrendos medios. Carlos Marx, fundador del comunismo, describió con amarga ironía “los albores del capitalismo”: la caza en masa de millones de esclavos en África, encadenados en barcos y traficados para trabajar en infrahumanas condiciones en las Américas; la conquista de los pueblos indígenas de Sudamérica y su esclavización hasta morirse en minas de oro y plata; y atrocidades similares engranaron a inmensas cantidades de seres humanos en partes remotas del planeta, en la implacable maquinaria de un capitalismo en continua expansión. Todo esto, con brutal explotación, con trabajo infantil en estos países capitalistas, fue la base en que la “civilización occidental” se desarrolló a saltos y se convirtió en la fuerza dominante económica, militar, política y cultural en el mundo. 

El capitalismo, con los horrores que ha engendrado, como las dos guerras mundiales y otros incontables conflictos armados, ha sentado las bases para un nuevo salto, más allá de las relaciones de explotación y opresión, y la locura de la guerra y la destrucción ambiental; pero al mismo tiempo —y esto hoy se presenta de forma muy cruda y aguda— este sistema capitalista es uno de los más grandes obstáculos para este avance, y en todas partes la sociedad humana se esfuerza contra los confines en que el capitalismo sigue encadenando la existencia humana.

Esto pone en perspectiva acertada y refuta fuertemente la noción racista de “la superioridad de la civilización occidental” (o sea, la civilización europea blanca), y la idea de que, de una u otra forma, el capitalismo es la forma de existencia más elevada que los seres humanos pueden alcanzar y a la cual deben aspirar. 

Ahora, la “historia corta”, la razón particular por la que Estados Unidos ha llegado a esta encrucijada, con consecuencias potencialmente desastrosas para todos los seres humanos. 

Estados Unidos es un país que estableció su territorio y construyó los cimientos de su riqueza por medio de una violenta conquista de tierras, el genocidio, la esclavitud y la despiadada explotación de olas de inmigrantes. Esto continúa hoy, es un país caracterizado por la supremacía blanca, el patriarcado, la supremacía masculina y otras divisiones opresivas, al tiempo que expande su dominación en un imperio que se extiende por todo el planeta, sentado en la cima de un mundo desequilibrado de profundas desigualdades y saqueo del medio ambiente (se necesitarían los recursos de casi 5 Tierras, para que el resto del mundo tuviera la “sociedad consumista” que existe en Estados Unidos) — todo esto con el respaldo e implementación de una enorme maquinaria de muerte y devastación, las fuerzas armadas de Estados Unidos, y con el reforzamiento de un constante aluvión de ideas y de cultura, que racionaliza y justifica toda esta opresión y destrucción, propagado por medio de una gigantesca maquinaria que moldea la opinión pública. Hoy, aunque Estados Unidos es y se proclama la superpotencia mundial #1, está plagado de contradicciones cada vez más agudas y enfrenta retos internos y a nivel internacional, y esto ha generado un régimen fascista, que ahora tiene las riendas del poder y el dedo de un golpeador demente sobre el disparador nuclear — un régimen que sin exageración, no solamente amenaza con gran sufrimiento a las masas de la humanidad sino a la propia existencia de la humanidad. 

Esto nos plantea fuertemente un reto urgente. 

Llamarle fascista a este régimen no es un “insulto”, sino que habla de una terrible realidad. En el sitio web revcom.us regularmente aparece esta explicación:

“El fascismo es cuando la clase burguesa (capitalista-imperialista) ejerza una dictadura abierta, la que gobierna por medio del uso del abierto terror y la violencia, pisotea lo que se supone son derechos civiles y legales, utiliza el poder del estado y moviliza a grupos organizados de golpeadores fanáticos para cometer atrocidades contra las masas populares, particularmente contra los grupos de personas que identifica como ‘enemigos’, ‘indeseables’ o ‘peligros para la sociedad’.

“Al mismo tiempo, si bien es probable que se movilice rápidamente para hacer cumplir ciertas medidas represivas para consolidar su gobierno, lo que es posible ver estudiando los ejemplos de la Alemania nazi y de la Italia bajo Mussolini, también es probable que un régimen fascista implemente su programa general por etapas y además, trabaje en varios momentos para asegurar a la población o a ciertos sectores de la población de que evitarán los horrores, siempre que aceptan calladamente y no protestan ni se resisten cuando la situación siembre terror entre otros y los pone en la mira de la represión, la deportación, la ‘conversión’, la prisión o la ejecución”.

Rechazar el Fascismo ha publicado en la forma de un folleto, y ha posteado en su página web refusefascism.org, materiales que pueden presentarse en pósteres ambulantes, que detallan los ultrajes que ya ha cometido el régimen de Trump y Pence, y los que están preparando (y lo que han azuzado en los golpeadores que han alentado y/o desatado) con sus ataques a los musulmanes, inmigrantes, libertades civiles, mujeres y gente LGBT, el medio ambiente y la gente del mundo, y lo que han hecho para reforzar y fortalecer la supremacía blanca, la brutalidad policial y el encarcelamiento en masa. Son muy llamativos los extremos, y seguramente se agravarán, si se permite que este régimen siga en el poder y ejecute toda su agenda.

Una de las características más notorias y significativas, de esta versión propiamente estadounidense del fascismo, es la “alianza impía” entre Trump y los fascistas cristianos fundamentalistas. Como señalé en otro discurso reciente: 

“Trump, creo que es justo decir, no pudiera haber ganado las elecciones si los fascistas cristianos no sólo hubieran — no sólo si se le hubieran opuesto, sino si no hubieran tenido entusiasmo por él…. Y estas fuerzas (…Jerry Falwell, Jr. y todos estos otros tipos) no se pusieron en contra de él —incluso cuando salió la grabación… en que Trump habla de agarrar coños… porque… reconocían: ‘Aquí está alguien que opera fuera de las reglas generales y de la manera que esto se hace en el “pantano de Washington”, quien sí cumplirá y dará resultados [como prohibir el aborto y suprimir a la gente gay]’…. Y Trump, por su parte, reconoció que si no lograra conseguir el apoyo de estas fuerzas, no iba a ser capaz de ganar….

“Claro que Pence es un eje crítico de… esta unión entre lo que representa Trump… y los fascistas cristianos…. Las instituciones burguesas establecidas… como la CNN, el Partido Demócrata y así sucesivamente, siguen diciendo: ‘Él no puede hacer eso, no se hacen las cosas así’. Pero luego él lo hace porque no está jugando según esas reglas. No está trabajando en el marco de las normas tales como han existido. Va directamente contra ellas, precisamente como parte importante de lo que está haciendo”.

Y aunque Pence tiene un papel muy importante en todo esto, no es el único fascista cristiano en este régimen. Además de la designación de Neil Gorsuch, que es un fascista cristiano, a la Corte Suprema — restableciendo así, después de la muerte de Antonin Scalia, la mayoría de derecha en la Corte, el gabinete de Trump está colmado de fascistas cristianos.

Quizás parezca duro e incluso extremo referirse a estos fundamentalistas cristianos como fascistas. Pero en el libro El Club de las Buenas Noticias, El sigiloso ataque de la derecha cristiana contra los niños de Estados Unidos, la autora Katherine Stewart cita unos comentarios de Rich Lang, ex fundamentalista cristiano que rompió con eso y se convirtió en pastor cristiano liberal: 

“Cuando renací —recuerda Lang— la fe era algo interno, algo que se debía reflejar en la vida. Pero en los 80, algo sucedió. El cristianismo fundamentalista volvió a la esfera pública con el propósito de reorganizar el país como nación cristiana, según la definen….

“Eso es similar a los nazis cuando quisieron empezar con la Juventud Hitleriana. Habría que empezar por ahí si se quisiera construir un movimiento fascista….

“Esa es la palabra: ‘fascismo’. A nadie le gusta usarla en este país. Creo que en Estados Unidos, más allá de las apariencias, esa es la mayor tentación de nuestros tiempos… y hay que llamarla como es: ‘fascismo cristiano’”.

Luego, Stewart resume las opiniones de Lang así: “El fundamentalismo de hoy, como el fascismo en el pasado, dice él, supone un fuerte sentimiento de persecución, generalmente de liberales ateos o un ‘otro’ religioso; la creencia de que se pertenece a una raza pura o grupo nacional responsable de una grandeza en tiempos lejanos, que sufre una injusta opresión en el presente, y es el legítimo gobernante del mundo; el impulso a someterse sin condiciones a la autoridad absoluta; y el implacable impulso de conseguir poder y control. Es, dice Lang, un tipo de movimiento supremacista, cuya esencia es la religión en vez de la raza”. 

Después, Stewart cita la siguiente escalofriante observación de Lang: 

“La gente no tiene idea de lo que pasa…. 

“¿Qué implica el que la iglesia conservadora en auge en Estados Unidos sea una iglesia del fin de los tiempos? ¿Qué implica educar a una generación de niños para que crean que son la última generación? Qué va a pasar si seguimos diciéndoles: ‘No se preocupen por el medio ambiente, y provoquen la guerra, porque nos van a sacar de aquí, y olvídense de amar al prójimo, porque ellos simplemente van a ser borrados’”. 

Esa es la observación de alguien muy familiarizado con estos fascistas cristianos. Y, en Estados Unidos, con su historia de genocidio, esclavitud y racismo, cualquier forma de fascismo, incluido uno cuya base sea “supremacía cristiana” —todo impulso de “recuperar una grandeza del pasado”— necesariamente está entrelazado con supremacía blanca.

El Partido Republicano ha estado moviéndose en una dirección fascista desde fines de los años 60, con más saltos desde ese tiempo, haciéndose más y más abiertamente fascista. 

En su campaña por la presidencia en 1968, Richard Nixon adoptó lo que se ha llamado “La estrategia del Sur” en la que ha persistido el Partido Republicano desde ese entonces. Este es un llamado directo a la supremacía blanca — al racismo de los blancos en particular (pero no sólo) en los estados del Sur, que están llenos de rabia porque la gente negra no se quiere “quedar sumisa”. 

El Partido Republicano no es “el partido de Lincoln” — como a veces demagógicamente dice ser, se ha convertido en el partido de la Confederación

Con Ronald Reagan, el Partido Republicano dio otro salto en el camino del fascismo. Reagan, muy a propósito, comenzó su campaña por la presidencia en 1980 en Filadelfia, Misisipí, el lugar donde, en 1964, tres luchadores por los derechos civiles fueron secuestrados y brutalmente asesinados por supremacistas blancos. En Filadelfia, Misisipí, Reagan proclamó su apoyo por “los derechos de los estados”, algo que, especialmente en el Sur, desde hace mucho han sido palabras cifradas que significan azuzar a turbas de supremacistas blancos que linchan gente negra. 

Y después de que George W. Bush llevó las cosas aún más por el rumbo del fascismo —incluso con el uso abierto de la tortura, y la promoción activa del fundamentalismo cristiano—, el régimen de Trump y Pence ha dado el salto hacia al fascismo total. 

Hay una línea directa que conecta la Confederación esclavista de los años 1860 con los fascistas de hoy, y una conexión directa entre su supremacía blanca, su franco odio y repudio tanto a la gente LGBT como también a las mujeres, su repudio abierto a la ciencia y al método científico, su cruda xenofobia tipo “Estados Unidos Ante Todo”, y su proclamada “superioridad de la civilización occidental”, y su belicoso uso del poderío militar, incluso con sus declaraciones y abiertas amenazas de que están dispuestos a usar armas nucleares para destruir países. 

Otra terrible verdad que tenemos que enfrentar — es que en el contexto de las profundas y agudas contradicciones que se están dando o que están volviendo a darse de formas que están desgarrando el propio tejido social de Estados Unidos y ensanchando las grietas en sus cimientos, al mismo tiempo que el imperio estadounidense se enfrenta con desafíos serios a nivel internacional, el fascismo es una de las posibles formas de resolver todo esto bajo los términos de este sistema y su clase dominante, aunque todo esto sea un horror para la humanidad.

Pese a que la Constitución sí instituye la separación entre iglesia y estado, y los fascistas cristianos erran o mienten cuando insisten en que los documentos fundacionales de Estados Unidos lo establecen como una nación cristiana — la realidad es que el cristianismo siempre ha sido la religión de estado no oficial de Estados Unidos, y la identidad de Estados Unidos en toda su historia ha sido la de una “nación cristiana blanca”, basada en la supremacía masculina y la supremacía blanca, e impulsada por un “destino manifiesto” de dominar no solo el continente norteamericano, sino todo el mundo. Todo esto se ha cuestionado y ha sido el centro de una intensa lucha desde los 60, y de maneras importantes desde la Guerra Civil. Aunque acontecimientos internacionales, como la desaparición de la Unión Soviética, le han dado un mayor ímpetu a la globalización de la economía capitalista mundial, esta globalización muy aumentada ha impulsado cambios que han agudizado las contradicciones en Estados Unidos y en el mundo, en particular con una emergente China capitalista que le planta cara al dominio económico mundial estadounidense, a la vez que esta globalización aumentada, en condiciones de la dominación del imperialismo occidental, ha provocado caos en países en todo el tercer mundo, como en Medio Oriente (y otros lugares donde el islam es la religión dominante), echando más leña a un virulento fundamentalismo islámico que le ha declarado la guerra a un “Occidente decadente”, a los “infieles” y otros orientados hacia Occidente y que facilitan su dominación imperial. 

Para conseguir cualquier solución positiva a todo esto, incluso sin abolir y superar todo este sistema, es necesario y crucial romper con la “rutina” y el “funcionamiento normal” del proceso político. 

Paul Krugman, ganador de un Premio Nobel de economía, escribió recientemente: ante la severidad de la crisis climática en aumento, los que hoy nos gobiernan pueden terminar destruyendo la civilización por su deliberada ignorancia y oposición al método científico. Esto lo dijo con mucha seriedad, y es algo gravemente serio. En “Una pregunta, un reto para Paul Krugman, y todos aquellos que se preocupan por el futuro de la humanidad”, recalqué la importancia de negarse a “esperar que de alguna manera el ‘funcionamiento normal’ de un proceso que ha conducido a estas personas a su posición dominante impida que actúen de acuerdo con su ‘ignorancia deliberada’, y cosas peores”. Pero, ¿por qué tanta gente tercamente aún se aferra a tales falsas esperanzas? 

Thomas Frank es un autor liberal, de un libro con un título pegadizo, ¿Qué pasa con Kansas?: Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos. Aunque la cuestión más importante es, ¿qué pasa con los liberales

En primer lugar, es importante diferenciar entre los “liberales” de la clase dominante y los liberales “del común”. Más adelante abordaré qué pasa con los “liberales” de la clase dominante. En cuanto a los que no son parte de la clase dominante, lo que pasa con ellos es que, aunque están dispuestos a admitir que hay problemas reales en Estados Unidos y quisieran tener una sociedad y mundo más justo, muchos se resisten a reconocer la naturaleza sistemática y sistémica de las injusticias, y temen que una resuelta lucha en contra desate conflictos, trastornos y caos. Pese a que sí tienen una idea de los horrores que representa el régimen de Trump y Pence, muchísimos están atrapados pensando así: “Tengo esperanza, y al quedarme dentro de las ‘normas’ establecidas, apuesto a la esperanza de que los horrores no me golpeen a mí ni a los que más me importan”. Esta posición —hay que decirlo— es moral y políticamente ruin, y solo contribuirá a un desastre inminente. Antes había un dicho muy común de que para una persona de la derecha, el orden es más importante que la justicia, mientras para alguien de la izquierda, es todo lo opuesto. Hoy se les presenta una pregunta directamente a los liberales, y realmente a todos: ¿cuál de las dos cosas, después de todo, es más importante? ¿El orden, aunque sea el orden del fascismo, con todo lo que eso implica? ¿O la justicia, aunque eso signifique salirnos de nuestra “zona de seguridad y comodidad”, y que nos pongamos al frente de la batalla para impedir que este fascismo consolide su dominio e implemente su programa completo?

Otra peligrosa ilusión es la noción de que, en particular para el pueblo negro, lo que está pasando hoy es más de lo mismo. Sí, la historia de este país es la historia de atrocidades indecibles contra el pueblo negro, y contra otros — pero a lo que nos enfrentamos hoy con este régimen fascista es la mayor posibilidad, no solo que se lleve esta opresión a extremos genocidas y que las masas populares del mundo sufran horrores sin precedentes, sino la exterminación de la especie humana en sí.

Al enfrentar y actuar para impedir esto, el chovinismo pro estadounidense es uno de los mayores obstáculos que se interpone en el camino y lastra a la gente: la asquerosa noción de que Estados Unidos y los estadounidenses son mejores y más importantes que los demás. Esto es un veneno que contagia a amplios sectores de la población en Estados Unidos, incluso entre los más fuertemente oprimidos, y hace mucha falta que la gente rompa con este chovinismo pro estadounidense.

¡Libérese de la GFT! — la Gran Falsedad Tautológica. Una falsedad: una idea o una forma de pensar que es incorrecta. Una tautología: una forma circular de razonamiento que afirma algo y luego alega que lo compruebe simplemente volviendo a afirmar lo mismo. Así que la Gran Falsedad Tautológica que menciono es la noción de que Estados Unidos es una fuerza para el bien en el mundo y por tanto todo lo que haga es bueno (o al menos lo haga con “buenas intenciones”) aunque la misma cosa, al hacerla otras fuerzas, sobre todo las fuerzas que se nos oponen a “nosotros”, es perjudicial, es mala — porque... porque Estados Unidos es una fuerza para el bien en el mundo. Así que, en las garras de la Gran Falsedad Tautológica, cuando las autoridades del gobierno y los medios dicen que representa una “amenaza grave” el que Corea del Norte esté desarrollando un pequeño número de armas nucleares y unos cuantos misiles balísticos de largo alcance, uno no cuestiona, no pregunta por qué eso es una “amenaza grave”, a pesar de que de alguna manera no representa una amenaza grave el único país que jamás haya usado armas nucleares, Estados Unidos, el que tiene miles de armas nucleares y la capacidad de usarlas en cualquier parte del mundo. Bajo la influencia de la Gran Falsedad Tautológica, uno no se detiene a pensar en el hecho de que en esta situación, Corea del Norte quizá solo desarrolle su armamento nuclear para intentar disuadir un ataque de Estados Unidos — los líderes de Corea del Norte saben que si inician un ataque, sufrirán una abrumadora represalia — y desde el punto de vista de los gobernantes imperiales de Estados Unidos, tal posibilidad de disuasión es precisamente el problema, porque en cierta medida podría limitar la capacidad de Estados Unidos de dominar y dictar. 

Otro ejemplo: hace poco, Chelsea Manning, una ex soldada que corrió grave riesgo y pasó años en prisión por revelar, entre otras cosas, los crímenes de guerra del ejército yanqui en Irak, fue invitada como ponente en un programa académico en la Universidad de Harvard. Pero cuando unos funcionarios del gobierno y otros, entre ellos Mike Pompeo, se opusieron y amenazaron con retirarse del programa, Harvard le retiró la invitación a Manning. ¿Quién es Mike Pompeo? El jefe de la CIA — un servicio de “inteligencia” del gobierno estadounidense que sin exagerar es una colosal herramienta de muerte. Desde los años 50 y durante las décadas siguientes, la CIA trabajó por medio de verdugos de derecha en países como Irán, Guatemala, Chile, Indonesia y muchos otros, para fraguar golpes de estado que derrocaron gobiernos populares y los reemplazaron con asesinas dictaduras reaccionarias. Más de un millón de personas fueron masacradas por las acciones de la CIA. Pero, por el prisma de la Gran Falsedad Tautológica, el director de la CIA es una figura respetable y sus denuncias contra Chelsea Manning pueden proscribir a Manning del programa al que Harvard la había invitado.

La serie “Crimen Yanqui” es de gran ayuda para liberarse de la Gran Falsedad Tautológica y aparece regularmente en revcom.us — da una idea inicial del alcance y profundidad de las matanzas y atrocidades que los gobernantes de Estados Unidos han perpetrado en su territorio y en el mundo, desde el día número uno hasta hoy. 

Desde la infancia nos adoctrinan con la noción de que Estados Unidos es una manantial de libertad y que el presidente de Estados Unidos es “el líder del mundo libre”. Y eso, ¿cuándo ha sido cierto? ¿Lo fue durante todos los años de esclavitud? ¿O durante los largos años de la segregación Jim Crow, después de la Guerra Civil? — cuando miles de personas negras fueron linchadas mientras morbosas turbas de blancos racistas celebraban y todo el pueblo negro estaba sometido a un terror constante. ¿Es una luminosa luz de la libertad hoy? — cuando la gente negra tiene que salir a la calle a exigir, “¡Dejen de matarnos!”, porque la policía mata mil personas al año, muchas de ellas sin arma, especialmente negros, latinos e indígenas. Cuando millones de mujeres son golpeadas y grandes cantidades violadas cada año en Estados Unidos, ¿es eso una manantial de libertad para el mundo? ¿Qué es este “mundo libre”? ¿Será que incluye a los países donde Estados Unidos ha respaldado y armado a juntas militares y otras dictaduras opresivas con sus sanguinarios escuadrones de la muerte, que aterrorizan a la gente, durante los últimos cien años o más por toda Latinoamérica y muchas partes del mundo? ¿Y hoy a países como Arabia Saudita, Egipto y Turquía — todos ellos “aliados” de Estados Unidos y gobernados por regímenes brutalmente represivos? ¿O las Filipinas, donde el gobierno ha matado a sangre fría más de 10 mil personas el último año, y el jefe de estado, Duterte, se vanagloria de esto? ¿Incluye a Israel? — un estado nuclear que ocupa tierras palestinas en flagrante violación de las resoluciones de la ONU durante 50 años, y mantiene a la fuerza a más de un millón de palestinos en Gaza, en lo que equivale a una prisión al aire libre, donde se vive apenas para sobrevivir, y es objeto de repetidos bombardeos de las fuerzas armadas israelíes, que en 2014 con el respaldo del gobierno de Estados Unidos (en ese entonces dirigido por Obama), masacró a más de 2 mil personas en Gaza, la inmensa mayoría civiles, cientos de ellos niños. ¿Es todo esto el “mundo libre” del que Estados Unidos es líder? Una vez se hayan quitado las anteojeras de la Gran Falsedad Tautológica, podrán ver que el “mundo libre” simplemente son esas partes del mundo que están bajo la dominación de Estados Unidos o son sus “aliados”, sin importar qué tan inhumanas sean sus clases dominantes, mientras que el “mundo no libre” está constituido por los que están fuera de esto, y especialmente por los que se oponen a Estados Unidos o son obstáculos para la dominación del imperio estadounidense. 

Estados Unidos emprende guerras en África, Asia y Medio Oriente, y afirma que está combatiendo para defender la civilización contra los yihadistas fundamentalistas islámicos asesinos y brutales. Pero, los imperialistas yanquis no son menos brutales y asesinos, y la “civilización” de la que alardean se ha construido literalmente sobre la sangre y los huesos de gente del mundo entero. ¿Por qué el fundamentalismo islámico es tal fuerza hoy? Fundamentalmente, por el funcionamiento del mismo imperialismo capitalista. Además del papel general del imperialismo en la creación de un terreno más favorable para estos fundamentalistas islámicos, las acciones de los imperialistas estadounidenses han impulsado su crecimiento. 

En los años 80, Estados Unidos armó y apuntaló a Osama Bin Laden y otros fundamentalistas islámicos para golpear a la Unión Soviética en Afganistán. 

En 2003, Estados Unidos invadió a Irak violando el derecho internacional, a fin de derrocar al jefe de estado, Sadam Husein. Esta invasión se realizó bajo la cortina de mentiras de que Husein tenía armas de destrucción masiva. Esta invasión y ocupación de Irak por fuerzas estadounidenses, que causó cientos de miles de muertes, creó muchos conflictos sangrientos en la población iraquí y creó un terreno más fértil para las fuerzas fundamentalistas islámicas. 

Y, lo mismo pasó en Libia. En la presidencia de Obama, y con la insistente presión de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, Estados Unidos intervino en un conflicto en Libia en alianza con fuerzas opositoras al longevo régimen de Muamar el Gadafi. Con la caída de Gadafi —que se dio principalmente por el bombardeo masivo de Estados Unidos y sus aliados—, las rivalidades y conflictos internos en Libia se agudizaron y las fuerzas fundamentalistas islámicas cobraron fuerza. 

Está también el caso de Irán: en 1953 la CIA fraguó un golpe de estado que derrocó un gobierno popular el que iba a nacionalizar el petróleo del país para desarrollar la economía iraní, en lugar de que Estados Unidos y Reino Unido lo controlaran y lo saquearan. Este golpe llevó al cha al poder y el pueblo de Irán sufrió décadas de tormento y tortura a manos del cha y su policía secreta. Y estas acciones de Estados Unidos crearon un terreno más favorable para las fuerzas del fundamentalismo islámico, que en últimas tomaron el poder mediante una revolución que derrocó al cha en 1979. 

Estos son solamente algunos ejemplos de los crímenes yanquis y sus consecuencias en países por todo el mundo. Todo esto enfatiza la importancia decisiva de quitarse las anteojeras de la Gran Falsedad Tautológica y romper con el chovinismo pro estadounidense. Tenemos que pensar en la humanidad, ante todo.

En los 60, toda una generación (o un segmento grande y determinante de esa generación) rompió con el chovinismo pro estadounidense, se deshizo de la Gran Falsedad Tautológica, sacrificó mucho y se atrevió a oponerse a las atrocidades que los gobernantes de Estados Unidos cometían en su territorio y en todo el mundo, y luchó por un mundo mejor. Desafortunadamente, demasiadas personas (¡¡aunque no todas!!) de esa generación se desorientaron y como dicen los franceses, se dejaron convertir en récupéré — es decir, volvieron a cobijarse bajo el ala de la clase dominante, en particular de los representantes “liberales” del Partido Democrático, y en una exageradamente grande medida han aceptado las cosas bajo los términos del sistema, al que una vez correctamente reconocieron como vilmente criminal. Y hoy, cuando el funcionamiento de este sistema ha llevado a este régimen fascista al poder, más que nunca existe una profunda urgencia de que gente de todas las generaciones rompa con el chovinismo pro estadounidense definitiva y completamente, y actúe por los intereses de la humanidad. 

Esta es otra declaración importante que se puede encontrar en revcom.us:

“Los demócratas, junto con el New York Times, el Washington Post, etc., están buscando resolver la crisis con la presidencia de Trump de acuerdo a los términos del sistema actual y al servicio de los intereses de la clase dominante del sistema actual, que representan. Nosotros, las masas de personas, debemos avanzar a todo vapor y millones de nosotros debemos movilizarnos para resolver esto al servicio de nuestros intereses, al servicio de los intereses de la humanidad, los que son fundamentalmente diferentes y contrarios a los intereses de la clase dominante”.

¿Por qué es que los demócratas sólo pueden tratar de resolver esto bajo los términos de este sistema — y por esa razón, no pueden ofrecer ninguna alternativa que corresponda a nuestros intereses, a los intereses de la humanidad? 

¿Por qué están decididos a mantener las cosas dentro de las “normas establecidas” y los “límites aceptables”? 

Podemos ver las palabras de Barack Obama, poco después de que Trump ganara el voto del colegio electoral; insistió: Nosotros, los demócratas y los republicanos, somos del mismo equipo. Y enfatizó que le debemos desear éxito a Trump, y ayudarle a tener éxito porque el éxito para Trump, es un éxito para todos nosotros. Bueno, se puede decir que en esta ocasión, Obama estaba expresando una importante verdad —en última instancia, y fundamentalmente, es verdad que todos ellos sí son del mismo equipo— lo que explica por qué el Partido Demócrata únicamente se opondrá a lo que hace el régimen de Trump y Pence, dentro de un marco muy limitado, y siempre a favor de los intereses del “equipo” al que todos ellos pertenecen. Y, ¿de veras? ¿Todos le debemos ayudar a Trump a tener éxito con su agenda fascista porque un fascismo “exitoso” será bueno para todos nosotros? ¡Únicamente con la lógica perversa del sistema al que sirven todos estos políticos y con la visión venenosa del chovinismo pro estadounidense sería posible que alguien expresara esa posición!

Al igual que los republicanos, los demócratas creen en la superioridad del sistema capitalista de explotación, y en “la grandeza excepcional” de Estados Unidos y su imperio. 

Promueven un mundo feliz de “globalización del siglo 21”, que se basa en una vasta red de maquiladoras, donde las personas, entre ellas niños, se rompen el lomo por largas horas para sueldos de hambre y miseria. 

Creen firmemente en el derecho de Estados Unidos de dominar al mundo —y sacar gobiernos, bombardear países y masacrar gente para lograrlo—, pero, según los demócratas, esto se debe hacer con la cooperación de los aliados y en nombre de hacer “que el mundo sea más libre, ordenado y pacífico”. 

Hablan de la “diversidad” y de la “inclusión” mientras que en los hechos actúan para mantener las mismas relaciones fundamentales de desigualdad y opresión típicas de Estados Unidos, porque esas relaciones son una parte integral de este sistema, el que no podría existir o funcionar sin ellas. 

En una palabra, incluso con las discrepancias reales que tienen con los republicanos, los demócratas representan y sirven al mismo sistema, cuyo “funcionamiento normal” ahora ha llevado al poder a los fascistas.

Lo que empeorará las cosas y perjudicará lo que se tiene que hacer para acabar con esta pesadilla, es que la gente se deje engañar cuando por un instante Trump parezca ser “más razonable”, y sus opositores en la clase dominante lo elogien por ser “más presidencial”, o cuando lo tratan como un payaso que fracasa miserablemente o un ego maníaco sin ideología o programa, mientras él sigue adelante con su agenda fascista. Hitler perpetraba monstruosas atrocidades y preparaba crímenes peores, y al mismo tiempo cobró destreza en “normalizar” cada atrocidad, a veces hasta “suavizaba” su retórica. Esto alimentaba ilusiones, a que muchísimas personas querían aferrarse. 

Luego de llegar al poder, Hitler mandó aplastar a los comunistas por su profundo odio contra el comunismo, y porque los comunistas eran la oposición organizada más poderosa contra los nazis. En los inicios del régimen nazi, el Reichstag (el edificio del parlamento alemán) fue incendiado y pese a que hay indicios de que los mismos nazis fueron los responsables, culparon a los comunistas y aprovecharon la situación para arrestar a los comunistas y declarar medidas de emergencia eliminando o restringiendo severamente derechos y libertades, lo que luego hicieron permanente. Acusaron a un grupo de comunistas por la quema del Reichstag — pero el juicio determinó la absolución de buena parte de ellos, incluido el conocido comunista Georgi Dimitrov. Muchos querían creer que si absolvían a los comunistas en procesos legales en esas circunstancias, eso seguramente mostraba que la “separación de poderes” y las instituciones democráticas que todavía existían aún pudieran funcionar para limitar y contener a Hitler. Semejantes ilusiones impulsaron la parálisis política y socavaron la resistencia de masas que pudiera haber desbancado a los nazis antes de que éstos pudieran imponer la reorganización de la sociedad conforme a su perspectiva y objetivos bárbaros y luego cometer atrocidades en una escala que pocos hubieran pensado posible cuando los nazis llegaron al poder al principio.

Por eso, es esencial entender y responder correctamente a las maniobras del régimen fascista en el poder en Estados Unidos hoy, y los conflictos entre los de arriba. Como agrega esta declaración en revcom.us sobre el sector “liberal” de la clase dominante y por qué no puede resolver esta crisis a favor de nuestros intereses: 

“Esto, por supuesto, no significa que la lucha entre los de arriba es irrelevante o no tiene importancia; más bien, la manera de entender y abordar esto… está en términos de cómo se relaciona con ‘la lucha desde abajo’ y cuáles oportunidades puede ofrecer, para la movilización de masas de personas en torno a la exigencia de que el régimen en su conjunto tiene que largarse, por su naturaleza y acciones fascistas y por lo que está en juego para la humanidad”.

Esto nos lleva de nuevo a Rechazar el Fascismo y al 4 de Noviembre. Como explica su publicación, “El 4 de Noviembre, se inicia”:

“Rechazar el Fascismo es un movimiento de personas de varias perspectivas, unidas en nuestro reconocimiento de que el Régimen de Trump y Pence representa un peligro catastrófico para la humanidad y el planeta y que es nuestra responsabilidad sacarlos del poder. Esto significa trabajar y organizarnos con toda nuestra creatividad y determinación hacia el 4 de noviembre, cuando muchos miles de personas llenen las calles de ciudades y pueblos, comenzando una lucha que debe continuar día tras día y noche tras noche, llegando a incorporar a millones de personas, exigiendo: ¡Esta pesadilla tiene que terminar: El régimen de Trump y Pence tiene que marcharse!”

En el artículo sobre Paul Krugman también recalqué:

“La gente con muchas perspectivas divergentes debe unirse y actuar políticamente, y que una forma realmente significativa y poderosa de lidiar con el desastre, de hecho continuo, encarnado en el régimen de Trump y Pence, por su deliberada oposición al método científico y su total indiferencia, y repetido evisceramiento de la verdad, por su manifiesta supremacía blanca y misoginia, sus ataques xenofóbicos e intolerantes contra los inmigrantes, los musulmanes y gente LGBT, su patrioterismo “Estados Unidos Ante Todo”, y el grave peligro para la existencia humana por su depredadora orientación hacia el medio ambiente y su bélico uso del poderío militar, inclusive su explícita disposición y descaradas amenazas de usar armas atómicas”.

Mucha gente que odia profundamente todo lo que Trump representa, ha planteado: si sacamos a Trump, nos quedamos con Pence, y en todo caso éste es peor. Eso refleja estar muy, muy confinados y agobiados por la “forma acostumbrada” de hacer las cosas, lo que es precisamente la trampa de la que millones tienen que escapar. Es cuestión de expulsar al régimen de Trump y Pence en su conjunto por medio de una movilización y resistencia política sostenida y masiva desde abajo, cambiando todo el terreno político, toda la situación política, cultura y atmosfera en la sociedad. Si esto sucede, y empieza a darse al nivel y con la determinación que se necesita, tendrá importantes repercusiones entre las fuerzas políticas gobernantes, lo que creará mayores grietas y divisiones entre ellas, y obligará, al menos a unos sectores de las fuerzas “liberales” de la clase dominante, a fingir reconocer la legitimidad de lo que exige esta movilización de masas, al mismo tiempo que buscarán cooptarla y hacerla volver a los canales y posiciones normales y “aceptables”. Hay que responder a esto aprovechando las mayores oportunidades que todo esto va a crear para atraer aún más gente a la movilización sostenida y masiva. Hay que continuar, amplificar y acelerar esta dinámica general, hacia la meta de expulsar a este régimen antes de que consolide su gobierno totalmente e implemente su programa. 

Miles tienen que ser organizados para tomarse las calles, en ciudades por todo Estados Unidos, comenzando con el 4 de noviembre, superando el miedo, y sintiendo la fuerza de su acción y causa común, y su aspiración y determinación común, de no solo dar un mensaje sino de continuar y mucho más que eso, de extender y multiplicar el número de personas e impacto — hasta que sean movilizados millones, que se nieguen a parar, hasta que se haya ganado la demanda: ¡Esta pesadilla tiene que terminar! ¡El Régimen de Trump y Pence tiene que marcharse! Se deben hacer preparativos logísticos y políticos para que esta movilización pueda mantenerse, seguir expandiéndose y cobrando fuerza, para que se eleve y fortalezca el espíritu, la determinación y el valor de los que participen, al tiempo que un creciente número de gente de amplias y diversas capas de la sociedad pueda ser parte y dar respaldo y ayuda. Esta es la gran causa y el gran movimiento al que todos los que se NIEGAN a aceptar a un Estados Unidos fascista deben dedicar sus energías y creatividad, para hacerlo realidad ahora y avanzar hacia el 4 de noviembre, y posteriormente. 

¡Un mundo mejor es posible!

En el sentido más fundamental, solo una transformación profunda de la sociedad, mediante una revolución para romper el control de este sistema y crear un sistema económico y político completamente diferente, que se oriente a satisfacer las necesidades de la gente, sus necesidades básicas y su vida intelectual y cultural estimulante e inspiradora, que busque la verdad por medios científicos y le dé alas a la creatividad y la imaginación, con nuevas relaciones entre las personas que acaben con todas las divisiones opresivas — únicamente esto puede eliminar el sufrimiento innecesario que continuamente se inflige a las masas de la humanidad y se puede hacer posible un mundo donde los seres humanos realmente puedan florecer. 

De nuevo sobre la fundación de Estados Unidos y el papel decisivo que jugó la esclavitud en su surgimiento como potencia capitalista y reflexionando sobre el desarrollo histórico no solo de este país sino más ampliamente de la sociedad humana, he señalado esta profunda realidad: 

“Existe el potencial de que algo de una hermosura inaudita surja de una incalificable fealdad: de que el pueblo negro juegue un papel crucial para, por fin, deshacerse de este sistema que no sólo lo ha explotado sino que por tanto tiempo y de tantas formas lo ha deshumanizado, aterrorizado y atormentado —deshacerse de todo este sistema de la única manera posible— luchando por emancipar a la humanidad, para poner fin a la larga noche en que la humanidad ha estado dividida en amos y esclavos, y en que las masas de la humanidad han sido azotadas, golpeadas, violadas, masacradas, encadenadas y amortajadas en ignorancia y miseria”.

En el marco y límites de este discurso, no es mi propósito ni es posible hablar a fondo del análisis sobre la imposibilidad de reformar este sistema, el que debe abolirse por medio de la revolución. Esto lo he abordado en el libro EL NUEVO COMUNISMO, que no solo muestra por qué una revolución es necesaria sino cuál debe ser su carácter, y cómo se podría hacer pese al enorme poder del sistema opresivo existente.

Y en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, se expone una visión panorámica y plan concreto para una sociedad y mundo radicalmente diferente, que encarne una nueva dimensión de libertad y relaciones totalmente nuevas entre las personas, y entre la gente y el medio ambiente, más allá de los estrechos límites y las terribles consecuencias del actual sistema de explotación y saqueo. 

Pero, el que nos consideremos revolucionarios, convencidos de la necesidad de un volcamiento radical del sistema y la transformación cabal de la sociedad, o el que creamos que es posible hacer cambios que conduzcan a una sociedad más justa dentro de este sistema, o el que entendamos que Estados Unidos no es, y no puede ser, una fuerza para el bien en el mundo, o, el que tengamos la esperanza de que todavía podría serlo — todos necesitamos unirnos y actuar juntos, con la urgencia que corresponde a este terrible presente y al futuro en grave peligro que representa este régimen fascista para la humanidad, y con la convicción que algo mucho mejor es necesario y posible.

Quizá tengamos diferencias sobre cuál es ese “algo mucho mejor” y cómo se puede hacer realidad —y debemos seguir discutiendo y debatiendo esto con la orientación de buscar la verdad ya sea oportuna o inoportuna, cómoda o incómoda, y seguir la verdad a donde sea que nos lleve— pero no solo es posible, sino crucial y urgente, que nos unamos —y avancemos para ganar un inmenso número de gente— a que actúe de una manera verdaderamente determinante para sacar a este régimen fascista, antes de que pueda consolidar totalmente su gobierno y ejecutar todo el efecto de su atroz agenda. En el artículo sobre Paul Krugman lo puse así:

“Krugman es un defensor del capitalismo, mientras que yo soy un defensor del comunismo, un nuevo comunismo, que está convencido de que lo que en última instancia y fundamentalmente se requiere para hacer frente a los horrores actuales que enfrentan las masas de la humanidad y la inminente amenaza a la existencia misma de humanidad, es una revolución verdaderamente radical y emancipadora. Pero eso no es la inmediata cuestión y reto que tenemos ante nosotros en este momento actual. Más bien, es hacer frente al grave peligro que representan los que ahora están en el poder, por medio de una acción política no violenta pero masiva y sostenida — la movilización, primero de miles, que crezcan a millones de personas, decididas a quedarse en las calles hasta que este régimen sea sacado del poder. ¿No es cierto que el reconocimiento mutuo de que este régimen ‘podría terminar por destruir la civilización’ nos exija —de todos los que, desde todos esos muchos puntos de vista divergentes, podemos reconocer que esto es lo que está en juego para la humanidad— que actuemos juntos y hagamos todo a nuestro alcance, para gestar la manifestación política masiva que se necesita urgentemente para expulsar a este régimen?”

Y a manera de conclusión, déjenme retomar lo que escribí al final de ese artículo:

“Con este espíritu y con este entendimiento, es crucial que todos —aquellos, como Paul Krugman, con una plataforma prominente desde la cual influir en la opinión pública, así como aquellos que no tienen esa plataforma— que reconocen y se angustian por lo que está en juego para la humanidad, actúen desde su propia perspectiva, para dar un apoyo significativo y, de hecho, participar activamente en el trabajo preparatorio crítico hacia el 4 de noviembre: apoyar públicamente y promover el Llamamiento de Rechazar el Fascismo, ayudar a abrir brechas en lo que es efectivamente una supresión de esto por parte de los medios de comunicación, hacer donaciones y recaudar fondos, remitir a la gente al sitio web de Rechazar el Fascismo (RefuseFascism.org), y de innumerables otras maneras contribuir a desarrollar la necesaria base política y organizativa para lo que Rechazar el Fascismo llama con mucha razón ‘esta gran causa’. Pues es la masiva y sostenida movilización política convocada por Rechazar el Fascismo la que realmente representa la perspectiva de forjar un camino positivo en medio de esta situación extremadamente peligrosa y potencialmente desastrosa, y más allá”.

Gracias.