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Pasajes de:

Lo que la humanidad necesita: La revolución, y la nueva síntesis del comunismo, Una entrevista a Bob Avakian

Nota de la redacción: A principios de 2012 en el transcurso de varios días, A. Brooks le hizo una entrevista a fondo a Bob Avakian (BA). (Esta entrevista, intitulado Lo que la humanidad necesita: La revolución, y la nueva síntesis del comunismo, está disponible en revcom.us).

Brooks, —un revolucionario de la nueva generación, quien se ha inspirado por la dirección y la obra de Bob Avakian y la nueva síntesis del comunismo que éstas han forjado— es el autor de “Dios: El fascista original” (una serie de artículos publicada en Revolución en 2005, que está disponible en revcom.us).  (Bob Avakian cita pasajes de estos artículos al principio de su libro ¡Fuera con todos los dioses! Desencadenando la mente y cambiando radicalmente el mundo, JB Books, 2009). Volvemos a postear secciones de esta entrevista que tienen mucha relevancia para la situación actual — en particular como una crítica a la práctica demasiado común de mentiras, calumnias y propagación de rumores sin principios que forman parte de la cultura popular en estos días, inclusive entre las personas que se autodenominan “anarquistas”... “de izquierda”... “progresistas”... “woke” (concienciadas).

En esta entrevista de hace 10 años, BA denunció esta forma altamente destructiva de evitar la lucha de principios sobre diferencias — y, en oposición a esto, enfatizó los tipos de normas y métodos que hay que aplicar para que se tenga una lucha de principios y con sentido sobre diferencias y para llegar a tener una comprensión científica de lo que las diferentes ideologías y programas representan en realidad, y hacia dónde conducirán en realidad. Queremos llamar la atención especialmente a la sección de esta entrevista “La cultura, los principios, las normas que necesitamos”, por su relevancia particular y muy directa respecto a lo que están pasando hoy.

What Humanity Needs - Cover - Spanish

 

Lo que la humanidad necesita   

La teoría y la realidad... Conocer el mundo y cambiarlo

Brooks: Bien, para continuar con algo de lo que comentabas, quisiera entrarle un poco más a lo de la importancia de la teoría y la línea, entre otras cosas, porque considero que a veces la nueva generación no le presta suficiente atención a este tema. Es decir, claro, no se trata solamente de la nueva generación. Pero, al volver a leer tu autobiografía2, algo que explicas es que en el momento álgido de los años 60 se manifestaban toda clase de líneas y programas, se planteaban toda clase de análisis acerca del problema y de la solución. Hablas mucho en la autobiografía acerca de la importancia de la teoría y la línea, de la manera de navegar por todo eso y resulta claro que tienen importancia las polémicas, para refutar las líneas incorrectas. Es obvio que todo eso cobra mucho más importancia al agudizarse la situación y al despertar muchas personas a la política para determinar cuál es el problema y cuál es la solución.

Por eso, me preguntaba, en el marco de la situación actual en que hay un hervidero de acontecimientos en el mundo y en ocasiones las personas están alzando la cabeza —y tal como señala la declaración del PCR “Sobre la estrategia para la revolución”, están cuestionando y oponiendo resistencia a lo que aceptan en tiempos normales—, en dicho contexto, ¿cómo ves la importancia de la línea y la teoría, y de las polémicas?

BA: Bueno, la teoría es importante en un sentido amplio y global, y es importante de manera continua. La teoría es lo que lleva a captar, de una manera u otra, la realidad, o partes de la realidad. La pregunta siempre es: ¿Es la teoría, en el sentido más amplio, y en el sentido más profundo, un reflejo correcto de la realidad, o no lo es? Bien, ya sabes, todo el mundo tiene sus teorías. Hasta “el ciudadano y la ciudadana de a pie” tienen teorías sobre toda suerte de cosas. Luego otras personas que son intelectuales, de tiempo más completo se podría decir —las personas que trabajan con las ideas de manera más continua— tienen teorías más desarrolladas sobre muchas cosas diferentes, teorías que tratan particularidades o que tratan el mundo, la naturaleza, la existencia en general. De ahí que la pregunta no es, ¿va a haber teoría o no? La pregunta es, ¿qué teoría habrá, y si la teoría, en sus aspectos principales —aunque no en cada detallito, pero en sus aspectos principales y en maneras esenciales— de verdad corresponde a la realidad? Otra forma de decirlo es, ¿es científica?

No envolvamos la ciencia en el misterio. La ciencia significa que uno sondea e investiga la realidad, haciendo experimentos, acumulando datos y todo eso, y luego, procediendo desde esa realidad y aplicando los métodos y la lógica del pensamiento racional, uno lucha para identificar los patrones en los datos, etcétera, que ya ha recabado acerca de la realidad. Si uno lo enfoca correctamente, se esfuerza para llegar a una síntesis acertada de la realidad la cual ha investigado. De ahí mide sus conclusiones ante la realidad objetiva para determinar si coinciden con ella, si lo que resumen y predicen sobre la realidad se confirma en la realidad. De ese modo se han dado los grandes saltos en la ciencia — trátese de la esfera de la biología, como el entendimiento de la evolución, o de los orígenes del universo (o el universo conocido) como la teoría del big bang, o de lo que sea. Eso es el proceso que se lleva a cabo, y lo que se pregunta es: ¿es científico? Es decir, ¿en lo esencial y en lo principal, corresponde a la realidad?

En particular, para las personas que buscan cambiar el mundo —lo que en realidad buscan todos los científicos de una manera u otra, pero especialmente cuando uno busca cambiar las cosas en la esfera política, cuando busca cambiar la sociedad en grande— no sólo se pregunta si corresponde a la realidad, aunque eso es fundamental, sino si ¿se puede llevar a cambiar el mundo en lo concreto, y si se aplica concretamente a cambiar el mundo? De ahí, en ese proceso, ¿se está acumulando más materia prima, por decirlo así, de la cual aprender más para desarrollar más lo que uno entiende científicamente sobre cosas particulares y en general?

Pues, así es lo del papel de la teoría y la línea en general. La pregunta es, repito: ¿Es científica — en la manera que acabo de comentar, no una idea mística sobre la ciencia, de que sólo lo podrían comprender un grupito de personas extrañas que se llaman “científicos”? Bueno, un aparte: no son extraños todos los científicos, claro está. Si, algunos son extraños, pero muchos son extraños de formas positivas, de formas creativas. Pero, no son más que seres humanos que bregan con diferentes aspectos de la realidad. Ahora bien, en cierto sentido, hay una “cualidad enrarecida” en cualquier esfera particular, o cualquier materia, de la ciencia. Uno necesita sumergirse en esas esferas para poder aprender de ellas. Pero no son misteriosas, no son mágicas, no son cosas de las cuales las personas no pueden aprender. Puede que algunas personas, por una combinación de razones, tengan mayor aptitud o se abran más rápidamente que otras para lidiar con diferentes dimensiones de la realidad y de comprender esa parte de la realidad de manera científica. Pero eso no tiene nada de místico ni mágico.

La teoría se propone explicar la realidad, y de nuevo la pregunta es: ¿es científica — refleja la realidad correctamente, en sus aspectos principales y en maneras esenciales? Ahora bien, la teoría no puede ser inmutable, porque la realidad cambia constantemente. Es uno de los principales rasgos de la realidad. Por eso la teoría tiene que desarrollarse continuamente, incluso cuando es correcta en lo fundamental. Por ejemplo, a pesar de tantas peroratas de los fundamentalistas religiosos para negarla, la teoría de la evolución no solamente está bien establecida, es uno de los análisis más firme y fundamentalmente establecidos en toda la ciencia. Darwin dio el salto inicial para sintetizar la teoría de la evolución — otras personas estaban en camino de comprender ciertos aspectos de la evolución, pero Darwin fue quien los sistematizó y dio el salto en el conocimiento de los seres humanos sobre lo que es la evolución, la evolución de la vida, que incluye la evolución de los seres humanos. Aún así, había muchas cosas que Darwin no entendía. Los fundamentalistas religiosos siempre tratan de aprovechar eso diciendo: “Ya ven, dicen que Darwin se equivocó”. No. Así es como se desarrolla toda ciencia. Lo que Darwin descubrió, o sistematizó, sigue siendo verdad en lo fundamental. Sin embargo, siempre hay nuevos descubrimientos y análisis — por ejemplo, el campo de la genética, y otras cosas que no existían en aquel tiempo en que Darwin vivía y sistematizó, sintetizó la teoría de la evolución3.

Pero de eso se trata la teoría — se propone explicar la realidad. La pregunta es, y la línea divisoria básica en un sentido importante es: ¿explica la realidad correctamente, en sus rasgos principales y según ciertas líneas esenciales, o no la explica? Y de ahí, ¿cómo se aplica para transformar la realidad, y qué se aprende en el proceso continuo de ir de la teoría a la práctica y a la teoría de nuevo? No sólo en una esfera limitada, en el reducido sentido de lo que se puede aprender de cualquier actividad particular, sino en el sentido amplio, de aprender de todas las esferas de la actividad humana. Pues, eso es una cosa sobre la teoría.

Un enfoque científico de la sociedad, y de cambiar la sociedad

BA continúa: Algunas personas piensan —incluso lo han planteado, hasta de parte de algunos científicos naturales erróneamente— que no podría haber un enfoque científico de la sociedad. Bueno, y ¿por qué no? La sociedad consiste solamente de formas particulares de materia en movimiento — en este caso, las personas, que se interactúan entre sí e interactúan con el resto de la naturaleza. ¿Por qué esa esfera estaría cerrada a la ciencia, más que cualquier otra esfera de materia en movimiento que existe? Tratándose de los planetas, o microbios, o bacterias, o lo que sea: todo se puede someter al análisis científico, y en todas esas esferas se pueden dar saltos, aunque los seres humanos nunca conocerán todito sobre cualquier aspecto particular de la realidad, ni hablar de toda la realidad, por una parte porque existe tantísima realidad y está cambiando constantemente y por otra parte porque las capacidades humanas están limitadas en ciertas formas, aun contando con la tecnología y su desarrollo constante. No obstante, hay mucho que se puede aprender y en muchas esferas es posible aprender, sistematizar y sintetizar las dinámicas esenciales y los rasgos fundamentales de la realidad.

Al mismo tiempo, algunas personas creen que es posible entrar en la esfera política, por ejemplo, sin tener un enfoque científico, sin necesidad de teoría. Pero eso es completamente erróneo. En cuanto intente uno cambiar concretamente algo en la esfera política —o por lo menos en cuanto intente cambiar concretamente un aspecto importante de la sociedad— se topa con lo complicado que es, y con lo dura de la resistencia que oponen las fuerzas del viejo orden, que obrarán para mantener ese orden y aplastar toda resistencia a ello. Así que todo eso lo confronta a uno, por un lado, y por otro lado uno enfrenta todas las diferentes contradicciones que existen entre el pueblo, que a veces se ponen bien complejas — las necesidades y atracciones que impulsan a las personas en diferentes direcciones, y lo que espontáneamente atrae, por lo general, a personas en diferentes sectores sociales, y por qué. Se requiere la ciencia para entender todo eso. ¿Cómo efectivamente superar las divisiones entre las personas en el curso de forjar un movimiento para la revolución — al luchar contra el poder, y transformar al pueblo, para la revolución? ¿Cómo hacerle frente a las fuerzas bien establecidas, atrincheradas y poderosas del viejo orden y vencerlas? Estas cuestiones requieren trabajo continuo — y requieren la ciencia. Requieren la aplicación del método científico, y no la subjetividad —no conformarse con lo que uno quisiera que fuera la verdad— o no conformarse con aceptar sin más ni más lo que “todo el mundo sabe”, lo que a veces acierta, pero muchas veces yerra. “Todo el mundo sabe que dios existe” — bueno, no todo el mundo, pero la gran mayoría de las personas lo “saben”. Pero no es cierto. El hecho de que “todo el mundo lo sabe” no mejora el asunto —lo empeora— porque es incorrecto. Y podríamos citar muchos otros ejemplos.

Si uno es científico, no se basa en “lo que todo el mundo sabe”. Uno procede por indagar, investigar —y sí, en el proceso cambiar— la realidad, y de ahí sistematizar lo que se puede aprender: ¿cuáles son los patrones; cuál es la esencia de lo que uno está aprendiendo; qué une las cosas; qué diferencia unas cosas de otras — por ejemplo, cómo es distinta esta planta a aquella, cómo las plantas se interactúan entre sí; cómo interactúa esta planta con ese insecto? Todo ese proceso es válido en las “ciencias naturales”. Y se aplica igualmente en las “ciencias sociales”, en la ciencia de entender y cambiar la sociedad y a los seres humanos —incluyendo el punto de vista y los valores de los seres humanos— que constituyen la sociedad. Es posible cambiarlos — y de hecho, se cambian constantemente. Por ejemplo —y veo que eso es algo que otras personas han comentado en discusiones— veamos un cambio básico como la introducción del caballo en la cultura de muchos indígenas norteamericanos: cambió por completo su estilo de vida, y su modo de pensar. Eso es sólo uno de docenas, o cientos, o miles de ejemplos que se podrían dar, entre ellos muchos del mundo moderno.

La importancia de la línea... y de las polémicas

BA continúa: Ahora bien, sobre la cuestión de la línea y las polémicas. La línea es la aplicación a la realidad de una concepción del mundo y un método. Es sondear la realidad y juntar y sintetizar las lecciones que se sacan de sondear la realidad. La línea puede ser correcta o incorrecta. Para decirlo de otro modo, la línea es una expresión, en primer lugar, de la concepción del mundo y el método de uno, y de cómo uno aborda la realidad — y todo el mundo lo hace, con una concepción del mundo u otra. La religión es una concepción del mundo. La idea de que todos cuiden lo suyo y que se jodan los demás, también es una concepción del mundo.

También existe el método. ¿Es científico el método, o es algo diferente? ¿Es subjetivo? Por ejemplo, ¿se trata de, “Bueno, eso podría ser cierto para ti, pero no es cierto para mí”? Volvamos a lo de dios. “Quizás dios no existe para ti, pero sí existe para mí”. Para nada. O dios existe para todos, o de plano no existe. O tu dios es algo muy personal, un asunto de tus sentimientos personales, y por lo tanto podemos dejar de tomarlo en cuenta, como una forma de poder o fuerza sobrenatural. Lo que las personas normalmente quieren decir con dios no es algo meramente personal a un individuo — sino algo trascendental, una existencia “por encima del resto de la realidad”, que fundamentalmente y en última instancia determina la existencia y cómo va, y lo que le pasa a las personas. Por eso, ese tipo de relativismo —“tú tienes tu verdad, y yo tengo la mía”— no vale. Tú tendrás tus preferencias, y yo las mías, pero eso es muy diferente a la verdad. La verdad es un reflejo correcto de la realidad objetiva, por lo menos en sus líneas principales y sus rasgos esenciales.

Ahora bien, la línea es un reflejo de la concepción del mundo y el método, y su aplicación programática, por decirlo así — en otras palabras, lo que uno se empeña a hacer según su concepción del mundo y su metodología o que surge de las mismas. Volviendo a la formulación que he usado varias veces aquí: ¿cuál es el problema en el mundo, y cuál es la solución? ¿Qué es lo que la humanidad enfrenta —para invocar a Richard Pryor, por qué estamos en la situación en la que estamos hoy día— y hay algo que se puede hacer para cambiarla, y si es así, qué tan fundamentalmente es posible cambiarla? Esa es la aplicación de la concepción del mundo y el método a los problemas de la sociedad, a los problemas de la existencia humana, por decirlo así. Pues así es la línea.

Bien, las personas aprenden al llevárseles la línea —en particular una línea correcta, es decir, un conocimiento científico y fundamentalmente correcto de la realidad— y luego al estudiar esa línea, analizarla y desmenuzarla y luchar con ella. Tal vez vean que algunos aspectos de ésta son incorrectos, aunque es correcta en lo esencial, pero la estudian y analizan profundamente. Las personas también aprenden muchísimo —ahí es donde entra el papel de las polémicas— comparando diferentes líneas en contienda entre sí. Si los individuos, o grupos, tienen análisis fundamentalmente opuestos de cuál es el problema y cuál la solución, de ahí que las personas pueden aprender entrándole a ese debate, comparando y contrastando las líneas opuestas — especialmente si se debaten las cosas a un nivel elevado, en que realmente se revela su esencia. De no centrarse en los pormenores y especialmente no en lo personal, lo nimio (que tanto ocurre en la cultura de hoy, con todo ese amarillismo y chismorreo, y todo eso) sino centrarse en elevar la vista hacia las grandes cuestiones: ¿eso refleja correctamente la realidad, en lo esencial, o no? Cuando uno ve dos puntos de vista opuestos en contienda, especialmente si se pugnan sobre los principios —donde las personas discuten en serio el contenido de lo que dice otra persona o grupo, y lo refutan o tratan de refutarlo— al conocer dicha contienda, es posible aprender en formas que no se aprendería de otro modo. Eso es un elemento crucial en el aprendizaje. Sin eso, se pueden presentar ciertas ideas a las personas y las pueden comparar con la realidad —y sí, pueden aprender mucho— pero pueden aprender aún más cuando, además, se da una contienda entre ideas opuestas, y cuando las polémicas se centran en los aspectos esenciales de esas ideas opuestas.

Si uno entiende que la línea es una aplicación de una concepción del mundo y un método a fin de declarar lo que hay que hacer —de ¿cuál es el problema y cómo solucionarlo?— pues entiende que la línea importa muchísimo. Si el problema es que las personas son egoístas, pues la solución tiene que ver con la realización de algo para cambiar eso o no hay solución porque no se puede cambiarlo. Bueno, eso traería consecuencias fuertes. Pero, si el problema es la naturaleza del sistema —las relaciones fundamentales de explotación y opresión de este sistema, y las ideas que las acompañan y las refuerzan— y si la manera de cambiar eso es abolir y arrancar de raíz este sistema y transformar esas relaciones, y transformar el modo de pensar y la concepción del mundo de las personas, pues eso lleva a un entendimiento bien diferente de lo que hay que hacer. Así que, la línea importa muchísimo.

Las líneas, y la contienda entre líneas opuestas, no son simplemente una especie de riñas sectarias — y no se deben reducir a riñas sectarias, ni hablar de vendettas personales o quejas personales, sino que deberían centrarse en la manera en que uno llega a entender el mundo, lo que uno entiende sobre el mundo, y lo que eso le lleva a uno a creer acerca de lo que hay que hacer. Al ver las cosas en ese nivel y al capacitar a la gente para que vea cuáles son las diferencias y a dónde conducen las unas y las otras, pues eso ofrece una base mucho más rica para que las personas serias —aquellas que tienen fuertes ganas de conocer el mundo y además, de cambiarlo— desmenucen estas cosas y lleguen a entenderlas más acertadamente. No digo que lo hagan por sí solas, sino que aborden las diferencias con otras personas y pasen colectivamente con esas personas por el proceso de pasar estas diferencias por el tamiz y de diferenciarlas.

Cuando las personas caen en necedades, hay que cantársela derecho: Se necesita dar una aguda lucha de principios

Brooks: Entiendo que en el curso de tu propio desarrollo en un comunista revolucionario y tu relación con otras personas en ese proceso, el papel de la lucha ha tenido mucha importancia — que las personas llevaban la lucha contigo durante tu desarrollo y de que posteriormente tú, en diferentes momentos, llevabas una lucha muy aguda con otras personas.

BA: [se ríe] Es cierto. Durante mi desarrollo, hubo personas que lucharon conmigo — algunas que lucharon de manera correcta, otras de manera incorrecta, algunas que principalmente lucharon de manera correcta, y otras principalmente de manera incorrecta. Pero todo eso formó parte del proceso por el que aprendí — de pasar por ese proceso de bregar y forcejear profundamente con estas cosas porque si tú entiendes que importa, trae consecuencias concretas en lo que va a suceder para las masas del pueblo, y no sólo para ti. Le entras a esto — y me reí porque definitivamente había personas que lucharon conmigo, a veces muy agudamente. Si te vas a ofender cuando la discusión se agudiza, y vas a pensar de las personas que están luchando contigo, “me están oprimiendo porque retan fuertemente mis ideas, y no me dan espacio para pensar”, pues no vas a aprender lo que podrías aprender. Ahora bien, debemos usar buenos métodos con las personas, no debemos “asaltarlas” y ponerlas contra la pared, hablando ideológicamente. Sin embargo, a veces la lucha muy aguda tiene su papel y es necesaria.

Cuando las personas caen en necedades, hay que cantársela derecho. Ahora bien, no basta con eso. Debes enseñarles el porqué. Debes hablarles del contenido. Debes explicarles qué es incorrecto. Pero esa idea de que todo tiene que ser exageradamente cortés — eso es parte de la idea relativista de que hay que considerar igualmente válidas las ideas de todo el mundo. Pues no. No es cuestión de la persona sino de las ideas. No es que una persona valga menos que otra, sino es cuestión de si las ideas son correctas o incorrectas. Si son incorrectas, y si perjudican, hay que criticarlas tajantemente. Sin despreciar a las personas. Sin ponerse antagónico — a menos que lo que ellas representan sea algo muy fundamentalmente antagónico a los intereses de las masas del pueblo, y neceen, terqueen en ello. Pero entre el pueblo, como quien dice, hay que luchar sobre las ideas erróneas. Cuando las personas plantean ideas que son muy erróneas, y terquean y necean en ellas, hay que luchar con ellas tajantemente. Cuando las personas dicen cosas sin ninguna base para decirlas, sin haber investigado, hay que decirles: no sabes de qué estás hablando.

Especialmente en la cultura actual, como comenté anteriormente, hay todo ese amarillismo. Por el Internet reina el chisme, lo bajo. Las personas se esconden detrás del seudo anonimato del Internet para atacar a otras personas vilmente — sin nada de principios, sin elevar la discusión al nivel debido. A propósito, digo “seudo anonimato” porque el estado puede averiguar quién eres al momento que quiera. Bueno, si no estás retando al estado, a lo mejor no tienes de qué preocuparte. Pero, si uno se imagina que es anónimo por el internet — que recapacite. Ponte que podrás esconderte de otras personas por un ratito, pero tenlo por seguro que si eres muy activo en el Internet, el estado es más que capaz de averiguar quién eres, si le interesa. En todo caso, para no desviar mucho sobre el tema, se trata de: se retoma de Mark Twain lo que he citado varias veces, porque viene tanto al caso [se ríe]. Dijo, lo que uno necesita para superarse en Estados Unidos es una combinación perfecta de la ignorancia y la arrogancia. Eso es tristemente común.

La ignorancia es una cosa. Analicemos esa palabra. Quiere decir simplemente que no sabes. Por sí sola, la palabra no es un insulto. “Estúpido” es otra cosa: quiere decir que no puedes pensar, aunque te den información. Pero ignorante sólo quiere decir que no sabes. Por sí sola, no tiene nada de malo. Pero, si quieres juzgar siendo ignorante, e insistes en ideas en virtud de tu ignorancia, ahí viene al caso lo que dijo Mark Twain: la combinación de la ignorancia y la arrogancia — la arrogancia basada en la ignorancia. “No me he molestado para conocer lo que tú representas, pero sé que no tiene nada de bueno”. Ese modo de pensar es demasiado común en la cultura actual — y hay que decirle sus verdades. Ponte las pilas. Son cosas que importan.

Si alguien dice —sea nuestro partido u otros— que cree que entiende el problema fundamental ante la humanidad y su solución; si decimos que el problema es el sistema capitalista imperialista, y la solución es la revolución comunista para crear un mundo totalmente diferente sin explotación y opresión, sin conflictos antagónicos entre los seres humanos o entre la humanidad y el resto de la naturaleza; si alguna gente dice eso, obviamente eso es un asunto de suma importancia. Eso es una cuestión bien seria. Importa muchísimo para las masas de la humanidad. Si tienen razón las personas que lo dicen, eso es un asunto de la mayor importancia; y si no tienen razón, igual. Pero tú tienes la responsabilidad, si estás entrando en eso por primera vez y no conoces mucho de ello —o sea, no sabes por haber entrado apenas—, que no te dejes desviar por lo que “los demás” comentan al respecto. Si vas en serio —y esto es algo serio— éntrale y conócelo. Esa es tu responsabilidad.

Esa es la responsabilidad que asumimos, en aquellos tiempos, cuando enfrentamos los acontecimientos tremendos en el mundo, en aquellos años de los 60. No solamente las personas que llegaron a ser comunistas asumieron esa orientación seria, sino muchas más personas, ampliamente. En el movimiento de los años 60, hubo otra cultura, una cultura mejor a la que prevalece hoy en día. No es que no haya habido oportunistas — las personas sin principios que obraban bajo cuerda, y las personas interesadas en su beneficio personal que atacaron a otras de formas inescrupulosas y las que hicieron daño al movimiento en general. Por supuesto que eso existía. Mientras existan las diferencias de clase, mientras persistan divisiones entre el pueblo que sean opresivas y mientras persista la ideología correspondiente, siempre tendremos un revoltijo y no faltarán esas porquerías. Pero, permíteme decir: en los años 60 se le oponía a todo eso muy amplia y tajantemente, de que las personas comprendían que el asunto era de tremenda importancia para el pueblo del mundo. Estaba en marcha la guerra en Vietnam. Tu gobierno, si eras norteamericano, estaba librando esa guerra horrenda — que masacraba a la gente, incendiaba aldeas, lanzaba napalm (gelatina incendiaria) sobre niñitos, bombardeaba presas e inundaban a regiones enteras, y mataban a millones de personas, sin exagerar, en el transcurso de la década de esa guerra. Uno sentía la responsabilidad de oponérsele, de hacer todo lo que pudiera para pararla, reuniéndose con otros para oponerle una resistencia política generalizada. Por eso reinaba una especie de cultura distinta entre las cantidades muy grandes de personas que se sentían profundamente enajenadas y decididas a oponerse no solamente a ciertas políticas, no solamente en torno a ciertas quejas particulares y limitadas, sino contra todo el sistema, o contra toda “la estructura del poder”, como se le llamaba, y todo el “etos”, toda la filosofía y la cultura prevaleciente, que la acompañaban.

Y era muy positivo que el comunismo estaba en ese caldo de cultivo. También elevaba la vista de las personas. Muchas se sentían atraídas hacia ello, en vez de quedarse atascadas en el intento de hacer funcionar este sistema para el beneficio popular — lo que es imposible y también termina, francamente, por volver a unas personas contra otras. Si te limitas a los confines de este sistema, terminarás en conflicto y en contienda con otros individuos y otros sectores del pueblo. Tendrás que competir para “tu parte” o para que atiendan a las quejas de tu grupo de identidad particular, por encima de aquel grupo de identidad, y así sucesivamente. Sin embargo, durante el auge bastante amplio y radical de los años 60, las personas elevaban la vista. Hoy, tenemos que luchar para que eso se dé — y eso definitivamente es una lucha.

¿Cómo va a ser la cultura? ¿Y la moral? ¿Cómo abordarán las personas la cuestión de qué representan diferentes individuos y grupos, y a dónde llevarían las cosas? ¿La abordarán a base de bajezas, de lo más mezquino en lo cual las personas pueden centrarse? ¿O lo harán a base de lo que esos individuos efectivamente representan, lo que dicen concretamente que es el problema, y la solución? Veamos eso, comparemos eso con otras ideas sobre cuál es el problema y cuál es la solución — adentrémonos en eso, y luchemos para comprender qué es correcto en la realidad y qué es incorrecto.

La cultura, los principios, las normas que necesitamos

Brooks: En tu opinión, ¿cuál es la responsabilidad — de las fuerzas revolucionarias en particular, pero más ampliamente, de toda persona que busca seriamente o incluso se pregunta sobre la posibilidad de que el mundo sea diferente? ¿No hay una responsabilidad de establecer nuevas normas, en oposición a esa vil cultura de chismes y calumnias, de establecer las normas de las que tú hablas, en las que las personas parten de lo que concretamente se necesita para cambiar el mundo? ¿Cómo calificarías la responsabilidad de la gente respecto a eso?

BA: Bueno, repito, la gente tiene que luchar para centrar la discusión en lo siguiente: ¿cómo vamos a conocer el mundo y cambiarlo concretamente? Si eso es nuestro objetivo, si eso es lo que realmente tenemos ganas de hacer, pues vamos a proceder de la necesidad de captar bien lo que las diferentes personas y grupos representan en la realidad, y a dónde eso llevaría concretamente. ¿Cuál es su línea, y cuáles son las implicaciones y consecuencias si esa línea se pone en práctica y si el pueblo se moviliza sobre la base de esa línea, y no otra? Para hacer que eso sea lo central, se requiere lucha.

También se requiere lucha para establecer lo siguiente como norma: Que no queremos nada de eso —ese amarillismo, ese vil chismorreo, la siembra de rumores y calumnias y murmuraciones personales y cosas por el estilo— aquí no cabe nada de eso. Estamos para algo serio, estamos para tratar de hacer un nuevo mundo, y las demás cosas son parte del mundo viejo que queremos eliminar. Si alguien tiene una crítica de otra persona, que la presente a la altura de las cosas que realmente importan.

También, elevémoslo a un nivel en que podrán entenderlo las personas, más allá de las que están en conflicto. Si yo dijera, “me golpeaste y de todos modos eres un imbécil”, ¿cómo pueden saber la verdad las personas que no estaban presentes, que no están directamente involucradas? De todos modos, ¿realmente deben centrar su atención ahí? Podrías darle vueltas y vueltas, y nunca sacar la verdad, en primer lugar. En segundo lugar, y lo que es fundamental, ahí no es donde se debe centrar la atención. Si tenemos diferencias políticas, rebajarnos a ese nivel no las va a resolver — y las personas no van a distinguir lo correcto de lo incorrecto.

Es más, no va a elevar la discusión al nivel necesario —al contrario, la bajará y la desviará de lo que hay que tratar — si al plantear francamente sus ideas y objetivos un individuo o un grupo, uno no les responde tratando el contenido de esas ideas sino “les contesta” acusándolos de arrogancia por haberlas planteado, o las descarta por ser un “culto” o les reclama: “¿Quiénes son ustedes para decir que saben cuál es el problema y qué hay que hacer?” En cambio, se debe centrar en: ¿Qué es lo que ese individuo o grupo representa, y qué es lo que representa ese otro individuo o grupo — y cuál de esas posiciones realmente corresponde a la realidad y a los intereses de la humanidad, si es que alguna así corresponde, y cuál no? O ¿cuáles posiciones no más llegan a medio camino y dan marcha atrás, y cuáles realmente podrán abrir paso y llegar hasta donde necesitamos llegar?

Las personas necesitan insistir en que se centren en esos interrogantes. También hay un punto relacionado e importante sobre el método. ¿Cómo se debe abordar las polémicas, el contraste de puntos de vista opuestos? Por ejemplo, escribimos una larga polémica contra la filosofía política de Alain Badiou, su autonombrada política de la emancipación — una política que no va más allá de ser la política de conformarse con el mundo tal como es, dentro de los confines del mundo burgués. Cuando digo “escribimos”, me refiero a la polémica escrita en Demarcations, una revista teórica electrónica que plantea las perspectivas de nuestro partido, el Partido Comunista Revolucionario4. Las personas que escribieron esa polémica trabajaron muy duro para hacerlo. Leyeron mucho de lo que Badiou ha escrito, y aplicaron el método de refutar los mejores argumentos del mismo Badiou sobre lo que para él es la esencia del asunto, sin golpes bajos. Si lees esa polémica, te das cuentas que no critica toda su filosofía sino su filosofía política y su orientación política, se adentra profundamente en lo que él mismo dice al respecto, y demuestra por qué es erróneo —de una manera en que las personas serias pueden adentrarse y captarlo— en oposición a la manera de golpear bajo, de recortar lo que el contrincante dice, tergiversándolo en el proceso, y cosas por el estilo. En vez de eso, examinemos concretamente lo que una persona dice, la mejor representación que ella misma presenta de lo que defiende, y de ahí examinemos si es correcto o incorrecto, y a cuáles intereses beneficia concretamente. Esas son las normas que las personas deben tratar de poner en práctica — y en las cuales deben insistir.

Es más, las personas deben saber que no solamente hacen mucho daño las murmuraciones y las calumnias personales, las “quejas personales” y toda esa porquería, en el sentido de desviar la atención hacia lo más bajo y no centrarse en los grandes interrogantes que efectivamente afectan si el mundo continuará tal como es, o si se va a cambiar radicalmente y cómo hacerlo; sino que al mismo tiempo ayuda mucho a las fuerzas represivas del sistema actual. Les da mucha leña, y crea una atmósfera en que pueden meter agentes y aprovechar toda esa atmósfera para provocar muchos líos entre las personas.

Se han dado muchas experiencias tristes de ese tipo. Por ejemplo, se desarrollaron diferencias políticas dentro del Partido Pantera Negra en cierto punto, en particular a fines de los años 60 y principios de los años 70. Se dio una división entre las personas agrupadas con Huey Newton por un lado y Eldridge Cleaver por el otro. Tuvieron importantes diferencias. Pero en demasiadas ocasiones, en vez de discutir esas diferencias a la altura de ¿qué dice el uno sobre el problema ante la revolución y qué dice el otro? —y ¿cuál es correcto, o si los dos están en lo correcto en parte y en lo incorrecto en parte, o son incorrectos los dos?— en vez de centrarse en eso, se enturbiaba la cosa con riñas personales, y se lanzaron ataques personales. Eso creó un terreno abonado para la policía política — el FBI, las fuerzas represivas del estado. Pusieron a uno contra el otro, incluso maniobraron para que unos atacaran a otros físicamente, que se pelearan entre sí, mientras el estado quedó retebien diciendo: “Miren, no tenemos nada que ver, se pelean entre sí no más — para que vean que esos revolucionarios no son nada buenos, pelean unos contra otros”.

Ese ambiente no sólo se desvía de un conocimiento correcto de las cosas e impide llegar a su esencia, sino también desmoraliza a las masas del pueblo esperanzadas de un cambio radical, al mismo tiempo que fomenta condiciones favorables para la operación de las fuerzas del orden actual, fuerzas no sólo opresivas sino de plano asesinas. No es una exageración mía ni hipérbole — aquellas son asesinas a escala generalizada. Si no lo crees, investiga y date cuenta de lo que han cometido por todo el mundo, así como dentro del mismo Estados Unidos. Hay millones y millones de personas, sin exagerar, a las cuales han asesinado o esclavizado, o han corrido de sus tierras y acorralado en campos de concentración, dentro de lo que hoy es el mismo Estados Unidos, así como en todas las otras regiones del mundo.

Eso es lo que enfrentamos. Y fomentar un ambiente que rebaja todo a un nivel mezquino y nimio —dando rienda suelta a las quejas personales o narrativas personales, en vez de centrarse en los interrogantes importantes— eso sólo ayuda a las fuerzas verdaderamente asesinas del estado represivo, sea o no la intención de las personas. Posiblemente algunas personas lo hacen conscientemente, ayudan al estado deliberadamente —o por ser agentes directos del estado o por corromperse tanto por su propia concepción del mundo nimia que estarían dispuestas a hacerlo a sabiendas de que ayudarán al estado— o lo hacen sin saber, pero da lo mismo.

Así que tiene que darse una lucha. Las personas tienen que decir: Eso, no. Elevemos la vista. Ese no es el nivel en que se tiene que discutir las cosas. Este no es el nivel en que se debe criticar y luchar. Es más, ésta no es la manera en que vamos a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Al caer al nivel de esas narrativas personales y chismes, pues los que no están directamente involucrados probablemente no logran entender bien lo que sucedió. Pero podrían distinguir entre lo que representan diferentes personas, lo que dicen que es el problema y lo que dicen que es la solución. Hay que centrar la atención de las personas ahí. Se tiene que insistir: No, no vamos a caer en esa cloaca, y no vamos a caer en el juego del enemigo, de esa clase dominante que es una bola de gángsteres asesinos a nivel mundial —repito que no es exageración ni hipérbole— no vamos a caer en su juego dejando las cosas en ese nivel. Vamos a luchar en la cultura en general para decirle a las personas: Salgamos de esa cloaca, entremos en la esfera del futuro de la humanidad; y sobre eso sí, luchemos agudamente pero con principios — acerca del contenido y esencia de lo que la humanidad enfrenta y el contenido y esencia de lo que tenemos que hacer para solucionarlo.

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2. Bob Avakian, From Ike to Mao and Beyond: My Journey from Mainstream America to Revolutionary Communist, A Memoir by Bob Avakian (Insight Press, Chicago, 2005). Hay pasajes en español en revcom.us/avakian-es/index.html. [volver]

3. Nota de BA: Para una exposición completa, viva y accesible de la teoría de la evolución, una refutación de los ataques “creacionistas” contra la teoría y el hecho científicamente establecido de la evolución y una discusión de las cuestiones decisivas de concepción del mundo y método, y la relación de todo eso con la lucha para la emancipación de los oprimidos y en última instancia de toda la humanidad, vea Ardea Skybreak, La ciencia de la evolución y el mito del creacionismo: Saber qué es real y por qué importa (Editorial Tadrui, Bogotá, 2006). Hay pasajes en español: revcom.us/es/s/evolution_s.htm. [volver]

4. Raymond Lotta, Nayi Duniya y K.J.A., “Alain Badiou’s ‘Politics of Emancipation’: A Communism Locked within the Confines of the Bourgeois World” (“‘La política de la emancipación’ de Alain Badiou: Un comunismo encerrado en los confines del mundo burgués”), Demarcations: A Journal of Communist Theory and Polemic (Una revista de teoría y polémica comunista), en inglés, #1, verano-otoño 2009 y #2, verano-otoño 2012, demarcations-journal.org. Hay pasajes en español en revcom.us. [volver]