Combatientes de Sarbedarán 1981-1982.
El rugido de ira acumulado durante cuarenta y siete años de sufrimiento, opresión, pobreza y represión barrió Irán recientemente y fue empapado en sangre por órdenes del [Ayatolá] Jamenei.
En una batalla desigual y furiosa, innumerables personas gritaron por la vida y la liberación frente a los opresores. Las hijas e hijos de este país salieron a las calles por la supervivencia y por una vida digna y honorable, ofrendando sus vidas apasionadas como garantía de esta liberación. Hoy, con motivo del 44.º aniversario del Levantamiento de Sarbedarán1, con respeto y orgullo, honramos los nombres y el camino forjado por quienes se mantuvieron firmes y no se rindieron.
Hace cuarenta y cuatro años, como hoy, el derrocamiento revolucionario de la República Islámica era una necesidad urgente y sentida para la mayoría de la sociedad iraní. El Levantamiento de Sarbedarán surgió en respuesta a esta urgente necesidad, pero no logró que la revolución se materializara. La revolución sigue vigente: una revolución que desarraigue por completo el régimen de la República Islámica, y construya un orden político, económico y social fundamentalmente diferente que satisfaga los intereses inmediatos y a largo plazo de nuestro pueblo oprimido y explotado; una revolución que se deshaga de estos criminales y de todo su aparato económico, burocrático y militar; una revolución que, apoyándose en la sabiduría, la pasión, el poder y la participación de todo el pueblo, erradique la pobreza y la opresión; una revolución que no permita que la vida cotidiana, el fruto del trabajo de millones de personas y los recursos de esta tierra sean monopolizados y controlados por una minoría de megacapitalistas islámicos y no islámicos y sus amos imperialistas, mientras todo sigue como antes. ¡No! No lo permitiremos.
El levantamiento en la ciudad de Amol el 26 de enero de 1982 marcó el punto álgido de la lucha armada para derrocar a la República Islámica, iniciada por la Unión de Comunistas Iraníes en 1981. El libro El pájaro que estaba aprendiendo a volar ofrece un relato relativamente completo del levantamiento de enero de Sarbedarán y un resumen preliminar de esa batalla revolucionaria. Todo luchador debería leerlo.
Aunque esa lucha no logró su objetivo, sus lecciones siguen vigentes. El marco, el propósito y el objetivo de conmemorar el levantamiento de Sarbedarán y el debate en torno a él giran siempre en torno a la “revolución”: ¿qué es una revolución, qué problema busca resolver y para quién? La importancia vital de estas preguntas concierne y conecta el destino de las masas oprimidas y explotadas [en Irán], desde Zahedán hasta Mahabad, hasta los países de esta región, desde Pakistán hasta Yemen y Turquía, y el mundo entero, desde Estados Unidos hasta China… y, en última instancia, toda la humanidad.
Estas son preguntas que solo pueden responderse con la teoría científica de esta revolución, el nuevo comunismo [desarrollado por el líder revolucionario Bob Avakian]. Por esta razón, la clave para llevar a cabo la revolución reside en comprender y aplicar esta ciencia. De hecho, “cómo dirigir la revolución” se basa y se desarrolla mediante la comprensión y la aplicación de esta ciencia durante el desarrollo de la revolución. La principal aplicación de esta teoría es para identificar los obstáculos para la realización de esta revolución, y encontrar maneras de superarlos.
Este método y enfoque opera con distintos niveles de complejidad. El “Manifiesto y Programa de la Revolución Comunista en Irán”, el “Proyecto de Constitución de la Nueva República Socialista de Irán” y la “Estrategia para el Camino a la Revolución Iraní” exponen esta comprensión a un nivel básico, así como las políticas importantes de la lucha que deben desarrollarse en cada momento.
Lo que debemos hacer es claro para nosotros: debemos convertir esta teoría y su aplicación específica a la revolución en Irán en una fuerza poderosa y allanar el camino para que esta revolución abra paso en medio de una multitud de obstáculos intelectuales, políticos, ideológicos y prácticos, entre ellos obstáculos “de seguridad y militares”, y la represión estatal. Estos son algunos de los problemas clave que debemos anticipar y los desafíos que debemos abordar: 1) la represión fascista del régimen; 2) las fuerzas burguesas externas al gobierno que las potencias capitalista-imperialistas respaldan para convertirse en futuros “líderes” y “alternativas”; 3) las ideas anticuadas y las formas de pensamiento anticientíficas entre los millones de personas que deberían constituir las filas de la revolución; 4) los intelectuales, especialmente los estudiantes, que forman parte de la clase pequeñoburguesa, no hay sectores significativos, ni siquiera una fracción de ellos, que haya logrado salir del marco intelectual creado por el propio sistema [capitalista-imperialista]; deben volverse capaces de oponerse a las teorías que se han fabricado para oponerse a la revolución comunista.
Para allanar el camino hacia una verdadera revolución, es necesario abordar y superar estos obstáculos. Hace falta organizar a miles de personas como comandantes estratégicos de esa revolución, difundir una comprensión de esta estrategia para una verdadera revolución entre millones de personas, de modo que cada individuo, con comprensión cabal del objetivo, el propósito y el plan de la revolución, pueda aportar su granito de arena.
Tras la derrota del Levantamiento de Sarbedarán, muchos excombatientes se sintieron desilusionados y confundidos, y abandonaron las filas de la revolución. Unos años [antes de dicho levantamiento], los comunistas revolucionarios tuvieron que afrontar el hecho de que se había producido un golpe de estado revisionista en China en 1976 y que el capitalismo se había restaurado. Aún luchaban por comprender la magnitud de esa derrota y sus catastróficas consecuencias para las revoluciones comunistas en todo el mundo. De hecho, la restauración del capitalismo en China, que marcó el fin de la primera ola de revoluciones comunistas, fue el factor decisivo que desencadenó la oleada de abandonos de las filas de la revolución comunista. La inmensa mayoría de los revolucionarios fueron incapaces de afrontar científicamente la realidad de la derrota y de que ésta marcara el fin de la primera ola de revoluciones comunistas en el mundo, ni de comprender sus causas y consecuencias; ni de considerar la posibilidad y la necesidad de convertir esa experiencia —e incluso esa derrota— en la base para retomar la iniciativa contra el orden existente e iniciar una nueva ola de revoluciones comunistas.
Manifestantes bloquean un cruce en Teherán, Irán, 8 de enero de 2026. Foto: captura de pantalla de la AP a partir de un video
Nos encontramos ahora en una nueva coyuntura histórica que, objetivamente, encierra oportunidades objetivas muy importantes ante nosotros. La mayor arma que tenemos hoy, y que no teníamos entonces, es el nuevo comunismo desarrollado por Bob Avakian. Hoy, nosotros, unos pocos comunistas revolucionarios, con el nuevo comunismo en nuestras manos —que es, de hecho, el telescopio y el microscopio de la revolución, enfocado y desarrollado aún más—, tenemos la posibilidad de aprovechar las grandes oportunidades que la crisis en todo el sistema capitalista mundial ofrece para una verdadera revolución, y con muchos menos errores. Debemos atraer a un número cada vez mayor de personas a esta revolución, y las nuevas personas que se le unan, independientemente de sus antecedentes, fortalezas y debilidades, o de qué estrato social provengan, son responsables de atraer a más personas a la revolución —especialmente de entre los estratos más empobrecidos de la sociedad— como iniciadores y luchadores de primera línea de la revolución.
No hay garantías ni un resultado predestinado para esta lucha, pero la humanidad, especialmente los miles de millones de personas oprimidas y explotadas —desde Irán hasta Estados Unidos, y en todos los rincones del mundo—, necesita derrocar este sistema. Dadas las contradicciones subyacentes de este sistema, existe una base muy sólida para derrocarlo. Pero si no contamos con una vanguardia, pues no habrá fuerza para aprovechar esta oportunidad, y el resultado será otra decepción histórica, que traerá desesperación y frustración.
Es necesario ser una vanguardia revolucionaria seria y disciplinada; forcejear activamente con las “cuestiones clave” de la revolución y, sobre esta base y dentro de este marco, abordar los problemas urgentes que enfrentamos: por un lado, trabajar diariamente por la transformación de la sociedad en una dirección revolucionaria y, por otro lado, elaborar una estrategia para que podamos conectar las actividades de hoy con esa estrategia (tanto el objetivo político como la estrategia para el derrocamiento violento del estado gobernante).
En medio de los fuertes trastornos que azotan no solo a Irán y el Medio Oriente, sino al mundo entero, necesitamos alcanzar rápidamente un punto en el que esta cultura sea adoptada por quienes comprenden la gravedad de la situación y buscan con avidez una verdadera vía para cambiar el mundo. Las filas de esta revolución deben crecer día a día.
Hoy en día, sumergirse profundamente en el nuevo comunismo es una parte importante de la preparación para la revolución. En este contexto, Avakian enfatiza:
…popularizar la estrategia para la revolución es una parte clave de llevar a cabo esa estrategia. Si se supone que estemos llevando a cabo una estrategia pero ni siquiera la entendemos bien nosotros mismos —y no le hablamos a las masas de ella—, pues ¿qué clase de estrategia sería y para qué sirve una estrategia? Por el lado positivo, permítame recalcarlo de nuevo: popularizar la estrategia para la revolución —correctamente, de manera viva y con sentido— es una parte clave de llevarla a cabo. Cuando efectivamente popularicemos esta estrategia y cada vez más personas le entren a esa estrategia, pues también se convierte en una parte del terreno objetivo. Influencia el modo de pensar de la gente, en particular sobre la posibilidad de la revolución y el concepto estratégico para hacerla. Entre más la gente capte que ya se ha bregado con los problemas de hacer una revolución en serio, entre más chequee el concepto estratégico que se está desarrollando de cómo hacer la revolución y cómo el trabajo que se está llevando a cabo procede concretamente —como es debido— en conformidad con ese concepto estratégico y como forma de aplicarlo, más vida cobrará esto a sus ojos2.
El mensaje de Sarbedarán es lo siguiente: Para poner fin a la guerra unilateral que libra la República Islámica, o cualquier régimen similar que reemplace a estos fascistas, el pueblo necesita su propio ejército revolucionario. Luchará contra las condiciones de opresión y explotación que lo rodean; sacrificará su vida, multiplicando y difundiendo su valor. La cuestión es que todo esto debe contar con un eje político, con un programa claro y una estrategia para llevarlo a cabo, de modo que podamos convertir las reiteradas derrotas históricas en victorias —las victorias de la “Nueva República Socialista [de Irán]”—, porque esta es la única alternativa que realmente puede liberar a nuestra sociedad de las garras de siglos de opresión y explotación, tanto de formas antiguas como de formas nuevas, e inspirar a la humanidad en todo el mundo.
Partido Comunista de Irán (marxista leninista maoísta)