Una cuestión de posición y orientación básica

APOYAR Y PROPAGAR LA FURIA
CONTRA EL ABUSO SEXUAL

El fenómeno del acoso sexual y el asalto sexual —que incluye, pero no se limita al abuso sexual de las mujeres por los hombres que ocupan posiciones de poder sobre ellas— tiene una larga y extensa historia en toda esta sociedad supremacista masculina, y lo refuerza la cultura pútrida que esta sociedad ha engendrado. El torrente de indignación contra este abuso sexual y contra los acompañantes encubrimientos y complicidad institucionales tan comunes, y la demanda de un cambio radical en la cultura —que han dado un gran salto en relación con las acusaciones contra Harvey Weinstein y ahora se han extendido mucho más allá de eso, con la participación de millones de mujeres, en un ámbito tras otro por todo Estados Unidos y en otros países también— es justo y justificado y desde hace tiempo necesario, y se debe apoyar, alentar, propagar y defender de contraataques.

En el contexto de este auge de indignación suprimida por tanto tiempo, van a surgir algunos aspectos negativos, entre ellos algunos excesos, donde se hagan acusaciones falsas o exageradas en casos particulares; pero estos han sido (y casi seguramente, seguirán siendo) un aspecto muy secundario del fenómeno. Si es necesario y cuando sea necesario señalar algunas de esas deficiencias, se debe hacer con muy buen criterio, de una manera que no socave el carácter arrolladoramente positivo de este auge de indignación, y que de hecho contribuya a fortalecerlo.

Este auge de indignación completamente justa y suprimida por tanto tiempo no equivale a ninguna acusación particular. De hecho, se deben abordar esas acusaciones particulares a partir de una evaluación científica de la evidencia, lo que es especialmente importante donde las acusaciones no sólo alegan una mala conducta sino actos delictivos específicos, como la violación u otro asalto sexual. Pero no se debe permitir que esta diferencia, entre las acusaciones particulares y el fenómeno general, oculte o disminuya la justeza y la importancia del masivo auge de indignación contra este abuso tan extenso y profundamente arraigado y contra el enorme daño que les hace a las mujeres y a la humanidad en su conjunto.