LA POLICÍA Y LAS PRISIONES:
ILUSIONES REFORMISTAS
Y LA SOLUCIÓN REVOLUCIONARIA

En el curso del hermoso levantamiento contra la supremacía blanca institucionalizada y el terror policial, se ha propuesto como “solución” la noción de “desfinanciar”, o incluso “desmantelar”, a la policía — sustituyendo la policía existente por un tipo de fuerza diferente, y acompañándola con una concentración en satisfacer las necesidades sociales de las personas que ahora son el principal objeto de la violencia policial. Pero, esta idea de cambiar las instituciones y cambiar las prioridades y la financiación, dentro de este mismo sistema, ¿de veras representa una manera de poner fin a la brutalidad y asesinato policial y, al mismo tiempo, superar las condiciones de discriminación y pobreza que causan que las personas se dejen atrapar en la violencia continua — tanto la violencia llevada a cabo por la policía como la violencia entre las personas en sí, y en particular entre los jóvenes en las comunidades marginadas de las ciudades?

No. En realidad, esta idea (de “desfinanciar” o “desmantelar” a la policía y cambiar las prioridades y la financiación) es algo que no resolverá, y no podrá resolver, los problemas que dice estar abordando. Es algo que no sucederá, y no podrá suceder, bajo este sistema del capitalismo-imperialismo. De hecho, es una peligrosa ilusión —o engaño— que conducirá a las personas a estar desarmadas ideológicamente en un desmoralizador callejón sin salida. Esto se debe a la naturaleza fundamental, al funcionamiento y a los requisitos de este sistema en sí. Para poner fin al terror policial, se necesita poner fin al sistema que necesita del terror policial.

Examinemos por qué esto es cierto.

La naturaleza básica de este sistema determina las “prioridades” del mismo sistema

Al pensar en esto, se me vienen a la mente los días del movimiento de masas contra la guerra imperialista de Estados Unidos en Vietnam, cuando grupos como el gastado y trillado “Partido Comunista” (que de hecho no tenía que ver con el auténtico comunismo o la revolución real) ponían demandas como “¡Dinero para los empleos, no la guerra!” En ese entonces, era necesario señalar que la razón por la que los imperialistas de Estados Unidos estaban librando la guerra en Vietnam era la misma razón por la que había gente desempleada en Estados Unidos: ambas cosas surgían de la naturaleza básica, del funcionamiento y de los requisitos de este sistema del capitalismo-imperialismo.

Había personas desempleadas en Estados Unidos porque los capitalistas que gobiernan a Estados Unidos no podían emplearlas —es decir, explotarlas— de manera rentable (o no era posible explotarlas de manera suficientemente rentable, dadas las coacciones que estos capitalistas enfrentaban en una despiadada competencia con otros capitalistas, no sólo en Estados Unidos sino también a escala internacional). Era más rentable, y estaba conforme a las presiones competitivas sobre los capitalistas, introducir tecnología para reemplazar a muchos trabajadores en Estados Unidos, y al mismo tiempo superexplotar a la gente, a salarios mucho más bajos, en otras partes del mundo (en particular en el tercer mundo de América Latina, África, el Medio Oriente y Asia). Y librar la guerra en Vietnam era parte de la misma necesidad fundamental de aquellos que gobiernan sobre este sistema — en este caso su necesidad de controlar a partes estratégicas del mundo a fin de mantener su posición dominante en el mundo. Si los gobernantes capitalista-imperialistas de Estados Unidos hubieran “cambiado de prioridades” —terminando su guerra en Vietnam y usando el dinero, a cambio, para crear puestos de trabajo para los desempleados en Estados Unidos— de hecho habrían ido en contra de sus necesidades e intereses fundamentales1.

Y es por las mismas razones básicas que, bajo este sistema, no habrá ningún “desmantelamiento” o verdadera “desfinanciación” (o cambio del papel esencial) de la policía y no habrá ningún cambio significativo de prioridades y fondos para las necesidades sociales de las personas a las que ahora la policía persigue de manera violenta.

La realidad es que ni siquiera la asignación de enormes cantidades de dinero para programas sociales en las comunidades marginadas de las ciudades podría superar las condiciones desesperadas de millones de personas que han resultado de los años, décadas, generaciones y siglos de opresión, por medio de la esclavitud, la segregación y la continua discriminación. Como señalé en el artículo “Es posible eliminar la opresión racial — pero no se puede hacer bajo este sistema”:

A pesar de lo que diga cualquier político (“liberal” o abiertamente fascista como Trump), no hay manera en que este sistema pudiera “cambiar de plan”, devolver grandes partes de la industria a las comunidades marginadas urbanas y proporcionar empleos significativos, con “un salario digno” para todos aquellos a los que ahora el sistema les está privando de todo esto. Aunque el gobierno tuviera la “voluntad política” de tratar de hacerlo, hacerlo (contratar con un “salario digno” a millones de personas anteriormente desempleadas o “subempleadas”) socavaría seriamente las posiciones competitivas de los capitalistas estadounidenses en la economía mundial. Y, si intentaran hacerlo mientras que al mismo tiempo trataran de superar en serio todas las relaciones históricamente evolucionadas de la supremacía blanca, esto trastornaría completamente la “cohesión” social que “mantiene articulado a Estados Unidos”, siendo la supremacía blanca una parte crucial de eso2.

Según los términos de este sistema, y desde el punto de vista de su clase dominante, sería altamente destructivo e irracional causar el severo daño a la competitividad del “capital estadounidense” y causar los masivos “trastornos sociales” que resultarían de los esfuerzos concretos por superar las condiciones de opresión y privación de las masas de personas en las comunidades marginadas de las ciudades de Estados Unidos y la desigualdad integrada en esto. Y es por eso que esto no sucederá bajo este sistema.

Existe el terror policial porque este sistema necesita el terror policial

Un número creciente de personas ha comenzado a tener una idea básica de que la supremacía blanca ha estado integrada en este sistema en Estados Unidos desde su fundación. En varios escritos míos (y más recientemente en “Es posible eliminar la opresión racial — pero no se puede hacer bajo este sistema”), he analizado científicamente y con cierta profundidad por qué bajo este sistema, no es posible abolir la opresión del pueblo negro (así como de los latinos y los amerindios), sino que va a continuar, como resultado de la “mezcla tóxica” del racismo y el capitalismo. Y ésta es una razón importante por la que no es posible literalmente “desmantelar” a la policía o en lo fundamental “reformarla” para que funcione sin aterrorizar, y sin matar abiertamente, a las masas de oprimidos.

Pero los poderes gobernantes de este sistema necesitan de este tipo de fuerza policial brutal no sólo para reforzar la opresión racial mediante la violencia, por muy importante que sea. Este sistema se basa en las divisiones y conflictos sociales y los engendra continuamente —entre las masas de personas y la clase dominante, y entre las propias masas populares—, conflictos que encierran el potencial de provocar violencia y “caos”, y con frecuencia estallan en violencia y “caos”, que en algunas circunstancias pueden alcanzar dimensiones que amenacen a la “estabilidad” del sistema. Así que la clase dominante capitalista necesita de una fuerza de violencia institucionalizada organizada —la policía (así como las fuerzas armadas)— para contener y controlar esos conflictos, y suprimirlos a la fuerza cuando estallen en una violencia y “caos” que amenacen en lo inmediato, o de manera potencial, al “orden establecido”. Incluso con las diferencias reales, y en ciertos sentidos agudas, entre ellos, sobre algunos de los detalles de la forma en que esto debe llevarse a cabo, toda la clase dominante acepta en lo fundamental la necesidad de ello, porque una vez más surge de la naturaleza y requisitos fundamentales de este sistema y está en concordancia con éstos.

Una fuerte contradicción en esta sociedad —algo que es el resultado del “funcionamiento” de este sistema en sí pero que al mismo tiempo sí causa problemas reales para la clase dominante del sistema— es la realidad de que hay grandes cantidades de personas entre los oprimidos que efectivamente han estado “excluidas” de la “economía formal” normal, y para las cuales, en las condiciones y según los términos de este sistema, el crimen parece ser el único medio de superarse en el mundo, o para algunas de ellas es el único medio de supervivencia, incluso con todos los riesgos que implica. Una parte desgarradora de esto es la realidad de que, en esta situación, grandes cantidades de jóvenes oprimidos en las comunidades marginadas de las ciudades están matándose entre sí. Especialmente en estos días, se tiene a todos estos idiotas fascistas bramando sobre el crimen “de los negros contra los negros”. Estos racistas son puros hipócritas: no les importan los horrores que sufren las masas negras, y hablan del “crimen de los negros contra los negros” sólo para distraer la atención del terror y asesinato policial contra los negros, o para justificarlo — para impartir el “mensaje” de que los negros son “una bola de animales” que la policía tiene que controlar, tan violentamente como sea necesario. Pero la realidad es que es un problema muy real y serio que las personas negras, y en particular los jóvenes negros, están matándose entre sí, y eso es motivo de profunda angustia para todos aquellos que genuinamente quieren ver un fin a esto y a las condiciones (y formas de pensar) que han engendrado esto y lo mantienen en marcha.

El camino para salir de esta terrible situación no es desatar aún más terror contra estos jóvenes a manos de la policía (¡o de la Guardia Nacional o el ejército!), ni que simplemente se les predique para que detengan la violencia, sino que se gane a cantidades cada vez mayores de estos jóvenes para que formen parte de la revolución con el objetivo de poner fin a sus condiciones de opresión, y a toda opresión, poniendo fin a este sistema.

Pero, desde luego, no se trata de que únicamente algunas personas en las comunidades marginadas de las ciudades cometan los crímenes. Los delitos, incluidos los delitos violentos, son y serán un importante fenómeno y problema, en la sociedad en su conjunto, siempre que la sociedad se caracterice por relaciones de explotación y opresión y por las divisiones y conflictos que éstas engendran — todo ello reforzado por la ideología (la forma de pensar) de “conseguir lo suyo” y promover los intereses propios a expensas de los demás, que se promueve ampliamente en toda esta sociedad, de arriba a abajo.

Y aquí opera una fuerte contradicción: en este tipo de sociedad, por un lado, sin la policía, el crimen sería un problema aún más grande, no solo para la clase dominante sino para la sociedad y la gente en general; mientras que, por otro lado, se dirigirá a la policía a aplicar la ley “selectivamente”, y a utilizar la realidad del crimen como una “justificación” para aterrorizar a sectores enteros de la población, especialmente a las masas de negros (y otros) cuya mera existencia, en las condiciones de sistemática discriminación, opresión y privación, se estima que representa una amenaza al sistema. No existe ninguna forma de salir de todo eso bajo este sistema.

Para resumir lo esencial: Mientras una sociedad esté fundada en unas relaciones que encarnan la explotación y la opresión, y que engendran conflictos antagónicos y la violencia, incluido el crimen violento —en otras palabras, mientras que este sistema del capitalismo-imperialismo continúe gobernando y estableciendo los términos para la manera en que funciona la sociedad—, habrá una fuerza policial que utilizará la violencia y el terror para mantener el “orden”, y para reforzar las condiciones y relaciones, que estén conformes a la naturaleza y los requisitos básicos de este sistema. Ninguna ilusión o deseo vano podrá cambiar esta realidad.

Y lo mismo se aplica a la existencia y el papel de las prisiones.

Bajo este sistema, las prisiones nunca pueden ser abolidas y nunca serán abolidas, ni nunca pueden jugar un papel fundamentalmente diferente al que juegan ahora: ejercer el control y, sí, el terror, sobre aquellos (tanto los que de hecho están en prisión como sobre aquellos para los que la prisión es una posibilidad real y siempre presente) quienes puedan suponer una amenaza para el “funcionamiento ordenado de este sistema”, de una forma u otra — mediante la “actividad política subversiva” o la “delincuencia común”, o meramente porque su propia condición de oprimidos, y la probabilidad de que ella conduzca a la rebelión, se considera que supone una amenaza potencial para el sistema.

Por estas razones básicas, bajo este sistema, los políticos que logran elegirse, y permanecen, en las sedes del poder nunca adoptarán realmente políticas que resulten en que la policía (o las prisiones) hagan algo fundamentalmente diferente. Aunque (o donde) alguien pudiera resultar elegido para ocupar un cargo con una plataforma de “replanteamiento del papel de la policía” (o de “abolición de las prisiones”), se verá frustrado, derrotado y desviado de cualquier intento de implementar cambios que amenacen o socaven seriamente las funciones básicas de estas instituciones y fuerzas de violenta represión y control —cuyo papel y “misión” es mantener el dominio y el “orden” de este sistema—, ya sea en formas más descaradamente extremas (como con el programa fascista, representado por el régimen de Trump y Pence y el Partido Republicano) o con reformas menores y en última instancia insignificantes (como con el sector “tradicional” de la clase dominante, representado por el Partido Demócrata).

La razón por la que los políticos que impulsan esas plataformas fracasarán no es simplemente que los representantes “anticuados” y “atrasados” del “viejo statu quo” serían más numerosos. Más fundamentalmente, se debe a que este sistema no podría funcionar —se “deshilacharía”, o se desgarraría, descendiendo en realidad a un caos destructivo— sin que estas instituciones (la policía y las prisiones) desempeñen estas funciones represivas, tan cruel y violentamente como sea necesario.

Este es un sistema que no puede ser “presionado” para que se convierta en algo distinto a lo que es, simplemente porque algunas personas, o incluso muchas personas, lo deseen. Puede funcionar tan sólo de acuerdo con su fundamental naturaleza, requisitos y dinámicas. Y, tarde o temprano (la mayoría de las veces temprano), a cualquiera que intente que las cosas funcionen de una manera fundamentalmente distinta bajo este sistema —de una manera que va en contra de la naturaleza y requisitos básicos de este sistema— se le recordará, a menudo con la fuerza, la imposibilidad de esto.

Es posible terminar todo esto — no obstante, no se puede hacer bajo este sistema, sino únicamente por medio de la revolución para abolir todo este sistema y hacer nacer un sistema radicalmente diferente y mucho mejor.

La revolución: Una sociedad radicalmente diferente, una seguridad pública radicalmente diferente

Como se establece en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte —una visión panorámica y un plano concreto para una sociedad radicalmente diferente y emancipadora—, en semejante sociedad socialista nueva seguirá siendo necesario contar con leyes e instituciones de seguridad pública (y fuerzas armadas), así como con prisiones, porque (además de las amenazas de los gobiernos y fuerzas imperialistas y otros gobiernos y fuerzas reaccionarios que queden en el mundo) todavía habrá contradicciones en la propia sociedad socialista que engendrarán conflictos, entre ellos los conflictos violentos. Aunque la “delincuencia común” ya no será un problema social importante, todavía no será posible eliminar todos esos delitos. Habrá fuerzas que buscarán un retorno a la vieja sociedad por medios violentos, y será necesario derrotarlas en esta conexión. Pero no habrá necesidad, ni tolerancia, para una policía que pisotee los derechos de las personas y aterrorice a sectores enteros de la población — y, de hecho, todas las acciones de este tipo constituirán en sí una violación de la ley y serán castigadas por ley. Será un principio básico, el que guiará a las instituciones de defensa y seguridad pública, el que uno de sus principales propósitos es salvaguardar los derechos del pueblo en esta nueva sociedad socialista, entre ellos el derecho del pueblo a disentir y protestar. Incluso el derecho a oponerse al nuevo sistema y a buscar el regreso a la vieja sociedad explotadora será protegido, siempre y cuando esto no implique violencia.

En lo que respecta a las prisiones, por las razones que se mencionan aquí (y que se exponen con más detalle en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte), seguirán siendo necesarias durante algún tiempo para hacer frente a las graves violaciones de la ley. Pero las prisiones también serán radicalmente diferentes en esta nueva sociedad. Se prohibirán la tortura en cualquier forma, y los castigos crueles e inusitados de cualquier tipo, en el trato con las personas encarceladas (y en la sociedad en general). Como explica esta Constitución, la orientación básica con respecto a los individuos condenados de delitos y encarcelados será de rehabilitarlos y “ponerlos en libertad y reintegrarlos como miembros productivos de la sociedad general tan pronto que sea posible hacerlo, en virtud del criterio según el cual será posible hacerlo sin riesgo y peligro inaceptable a la sociedad y el pueblo y en tales casos en que eso no contravendría lo establecido en la presente Constitución”. Y no “se mantendrá a alguien en la cárcel por un período mayor de lo que estipule la ley y los procedimientos legales que incorporan el debido proceso legal”. Además:

Teniendo en cuenta este fin, para las y los presos se dispondrá de educación, de acuerdo a los principios establecidos en la presente Constitución… incluyendo una educación en la concepción del mundo y los valores comunistas, pero también el acceso a una amplia variedad de obras filosóficas y políticas, científicas, literarias y de otro tipo que expresan diversos puntos de vista— y los medios para participar en el trabajo productivo que pueda hacer una contribución a la sociedad en condiciones que no sólo son humanitarias sino que están en concordancia con las normas generales de trabajo en la sociedad en general3.

Únicamente al lograr el avance al comunismo en todo el mundo —con la abolición y el desarraigo de todas las relaciones económicas y sociales que contienen elementos de explotación y opresión y engendran conflictos antagónicos, y con la transformación revolucionaria de la cultura, la moral y las maneras de pensar de las personas— únicamente en semejante caso será posible deshacerse por completo de las fuerzas armadas y las instituciones de seguridad pública, así como las prisiones. Pero, con el derrocamiento del sistema del capitalismo-imperialismo, que se basa en la explotación y la opresión, será posible que estas instituciones sean radicalmente diferentes y dejen de servir al proceso de explotar, oprimir y degradar a las personas y al contrario sirvan al proceso de avanzar hacia el objetivo de poner fin a toda la explotación, opresión y degradación.

Si va a haber un desmantelamiento concreto de la policía la que aterroriza a las masas, se podría lograr únicamente, y únicamente se podría conducir realmente a algo positivo, si se logra como parte de la revolución que se necesita. Y, con esta revolución, las instituciones de la organizada represión y violencia de este sistema (la policía y las fuerzas armadas, así como las prisiones) serán reemplazadas por nuevas instituciones que cuentan con la dirección de una perspectiva radicalmente diferente y sirven a un radicalmente diferente propósito y objetivo.

¿Eso supone que lo único que se puede hacer ahora es esperar a que esta revolución se produzca de alguna manera “mágica”? NO. Hay que trabajar activa, consciente y científicamente para esta revolución. Y una gran parte de este proceso es luchar ahora contra la supremacía blanca institucionalizada y el terror policial, así como contra las otras formas en que este sistema oprime, degrada y masacra a las masas de personas, en todas partes del mundo, a la vez que saquea el medio ambiente — impulsando estas luchas tan poderosamente como sea posible, vinculándolas sobre la base del reconocimiento de que todas tienen una fuente común en este sistema del capitalismo-imperialismo, y forjando la base para hacer caer este sistema por medio de una revolución real.

Trabajar para esta revolución —trabajar ahora para Luchar contra el poder, y transformar al pueblo, para la revolución— pues eso es lo que se necesita urgentemente. Esto significa:

fortalecer la resistencia y la rebelión de las masas de personas contra los atropellos e injusticias de este sistema, y al mismo tiempo desarrollar la lucha para ganar a las personas hacia la perspectiva emancipadora, los métodos, las metas y la moral de esta revolución, sobre la base del entendimiento científico de que únicamente el derrocamiento, la derrota y el desmantelamiento, de este sistema entero, y de todas sus instituciones opresivas y represivas, puede poner coto por fin a todas estas injusticias y atropellos;

organizar a crecientes cantidades de personas en las filas de la revolución sobre esta base;

tomar acción para que el “terreno político” y el pensar de las masas de personas sean más favorables para la revolución, a fin de “acelerar” el desarrollo de las cosas hacia la situación en que esta revolución llegue a ser posible, y acumular las fuerzas revolucionarias organizadas que serán capaces de aprovechar esa situación.

Esto es lo que los revcom estamos dedicados y decididos a hacer, ahora y en adelante.

En esto nos basamos en el nuevo comunismo, que ha desarrollado más el comunismo como una consecuentemente científica perspectiva, método y enfoque, programa, estrategia y guía para la acción, manifestando vivamente la necesidad, la posibilidad, y los medios y las metas de esta revolución, cuyo objetivo final es la emancipación de toda la humanidad de toda forma de explotación y opresión con la realización del comunismo en todo el mundo4.

En esto es en lo que todos aquellos que realmente quieren ver el fin de la supremacía blanca institucionalizada y el terror policial, y de todas las relaciones opresivas, necesitan llegar a participar activamente, ahora — desechando las ilusiones y trabajando para la revolución.

 


1. Los imperialistas estadounidenses finalmente fueron obligados a retirarse de Vietnam, porque no pudieron lograr su objetivo de derrotar a los combatientes de la liberación vietnamita y someter a Vietnam a la dominación estadounidense, y finalmente se forjó un “consenso”, entre los representantes políticos de este sistema, de que “mitigar sus pérdidas” en Vietnam era la mejor opción antes de que la situación socavara en lo fundamental y amenazara a su posición en el mundo entero — y en los propios Estados Unidos, donde se desarrollaban una oposición masiva a la guerra y protestas y rebeliones combativas contra la opresión del pueblo negro y otros atropellos perpetrados por este sistema, una radicalización que llegó a contagiar incluso a las propias fuerzas armadas imperialistas de Estados Unidos. Pero ni esa retirada de Vietnam, ni posteriormente la “victoria” de los imperialistas estadounidenses (y aliados) en la “guerra fría”, tras el desmantelamiento de la Unión Soviética a comienzos de los años 1990 — pues ninguna de esas cosas produjeron el “dividendo de la paz” (los erogaciones de fondos del gobierno para los programas sociales, etc.) que varios reformistas habían declarado que pudiera ser el resultado de terminar esas guerras (“frías” y “calientes”). La razón por la que esto no ocurrió, una vez más se debe a la naturaleza básica, al funcionamiento y a los requisitos de este sistema del capitalismo-imperialismo.  [volver]

2. Este artículo de Bob Avakian, Es posible eliminar la opresión racial — pero no se puede hacer bajo este sistema, está disponible en revcom.us.  [volver]

3. La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría de Bob Avakian, está disponible en revcom.us. Los pasajes citados (o referenciados) de esta Constitución son del Artículo III, “Los derechos del pueblo y la lucha para arrancar de raíz toda explotación y opresión”, Sección 2, “Los derechos y libertades legales y civiles”.  [volver]

4. El contenido del nuevo comunismo, establecido por Bob Avakian (BA), está contenido en las Obras escogidas de BA en revcom.us. Esto incluye Lo BAsico, de los discursos y escritos de Bob Avakian, el manual para la revolución. Junto con la visión panorámica y el plano concreto para una sociedad radicalmente diferente en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, la estrategia para la revolución que conduzca a esta sociedad radicalmente nueva se detalla en el discurso de BA titulado Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución (cuyo texto en español y vídeo en inglés están disponibles en revcom.us), y Bob Avakian la aborda en sus escritos más recientes, en particular Una revolución real — Una verdadera oportunidad de ganar, Seguir desarrollando la estrategia para la revolución, que también está disponible en revcom.us. Como el título da a entender, un resumen básico del nuevo comunismo, y su relación con el comunismo fundado por Carlos Marx, se encuentra en la obra de BA Breakthroughs (Abriendo Brechas): El avance histórico hecho por Marx, y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, Un resumen básico (que también está disponible en revcom.us); y hay una presentación más completa del nuevo comunismo en el libro de BA, El Nuevo Comunismo: La ciencia, la estrategia, la dirección para una revolución real, y una sociedad radicalmente nueva en el camino hacia la verdadera emancipación (Editorial Aurora Roja, 2018).  [volver]

Bob Avakian (BA) es el pensador y líder político más importante en el mundo de hoy.

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