El marxismo y la Ilustración

Un pasaje de
Observaciones sobre arte y cultura, ciencia y filosofía

El OR está publicando esta serie de pasajes de "Grandes objetivos y gran estrategia", una obra inédita de Bob Avakian, presidente del PCR. Aunque se escribió hace más de un año, la obra (y estos pasajes en especial) abordan temas de importancia para la crisis y guerra actual. Esta es la tercera parte de la serie.

Hace poco leí el libro Science, Jews, and Secular Culture (La ciencia, los judíos y la cultura seglar)--una recopilación de ensayos y charlas de David A. Hollinger--con la idea de explorar algunas cuestiones relacionadas a las artes, las ciencias y la esfera intelectual en general. Si bien su perspectiva difiere de la nuestra, aborda muchas cuestiones de importancia respecto a los intelectuales y su papel con relación a la sociedad y a los objetivos de la sociedad con las cuales he bregado desde hace un tiempo en mis escritos y charlas (por ejemplo en ensayos de Reflexiones, notas y retos,* en "Fin/comienzo"** y en mis últimos escritos y pláticas). Hollinger brinda antecedentes históricos y análisis penetrantes sobre algunos problemas clave, pero desde luego nos toca examinarlos y sintetizarlos con nuestra cosmovisión y metodología.

Al abordar las corrientes e influencias intelectuales en Estados Unidos desde 1920 hasta el presente, particularmente la segunda posguerra y la lucha de los judíos por superar las barreras en el mundo universitario, y la influencia positiva que dio como fruto en ese medio y el medio intelectual en general, Hollinger plantea la cuestión de la "investigación intelectual" en sí vs. influencias y "proyectos" sociales y políticos. Señala que durante la II Guerra Mundial, una corriente importante del mundo académico e intelectual libró una lucha intelectual y, en un sentido más amplio, cultural (Kulturkampf, o guerra cultural) contra los nazis y su ideología, y al principio de la "Guerra Fría" otra corriente atacó a la Unión Soviética (y el "estalinismo").

En el capítulo titulado "Free Enterprise and Free Inquiry: The Emergence of Laissez-Faire Communitarianism in the Ideology of Science in the United States" (El mercado libre y la libre investigación: El comunitarismo laissez-faire en la ideología científica estadounidense), Hollinger destaca un planteamiento importante del discurso intelectual de Estados Unidos: el concepto de que el individualismo laissez-faire es fundamental para la ciencia y su progreso; es decir (como el título del capítulo sugiere), la "libre investigación" está ligada al "mercado libre". Aborda teorías muy sonadas de los años 1920 y 30, según las cuales "se suponía que el conocimiento era autónomo y por consiguiente era conveniente que moldeara la sociedad dado que se desprende de verdades externas a la sociedad y por encima de ella. Según ese concepto, la ciencia, al igual que el mercado en el modelo clásico de la economía política, debería operar sin ningún impedimento". (p. 103) Sin embargo, con el mayor "apoyo" del estado burgués y las "fundaciones del sector privado" a la ciencia durante y después de la II Guerra Mundial, las limitaciones del "individualismo laissez-faire" salieron a relucir: "Con el paso del tiempo, debido a la enorme cantidad de fondos federales y la concomitante creación de una burocracia, no se podía negar que alguien debía decidir cómo distribuir ese dinero y con qué criterios". (p. 108) Efectivamente, alguien tiene que decidir; ese es un punto muy importante (el cual recalqué--y exploré--particularmente con relación a la sociedad socialista, en las "cartas abiertas" a Stephen Jay Gould, Carl Sagan y Isaac Asimov en la recopilación de ensayos Reflexiones, notas y retos de hace unos años).

Por otra parte, Hollinger aborda el concepto de varios intelectuales sobre la misión de la civilización occidental, es decir, la misión "modernizadora" y "civilizadora" del pensamiento intelectual y la cultura occidentales, y sobre todo la ciencia:

"Los intelectuales brindan la ciencia al resto del mundo desde una perspectiva muy parecida a su locuaz aliado [el científico y novelista inglés C.P.] Snow, quien planteó difundir el espíritu científico a Africa y Asia. En The Dynamics of Modernization (La dinámica de la modernización) el historiador de la Universidad Princeton Cyril Black señala que `la mentalidad científica' fue la fuerza motriz de mayor importancia en la modernización de Europa desde los albores de la época moderna hasta el presente. La industria, la tecnología y la democracia siguieron tras esa mentalidad.

"Se sobrentendía que la modernización implicaba rehacer el mundo entero de acuerdo al modelo de lo que era Estados Unidos hacia los años 60". (p. 167)

Lo anterior se relaciona con la Ilustración y la importancia, desde nuestra perspectiva, de dividirla en dos. En otras charlas he abordado lo que el marxismo tiene en común con el pensamiento asociado con esa época, así como nuestras discrepancias con ciertos aspectos. Este tema es de suma importancia hoy por hoy, y es muy complejo, debido a la existencia de varias corrientes imperialistas y reaccionarias relacionadas a la Ilustración. Por un lado los fundamentalistas religiosos y oscurantistas, por ejemplo la "Derecha Religiosa" en Estados Unidos, han lanzado un ataque frontal contra la Ilustración, pues consideran que representa el amanecer de la edad de satanás, por decirlo así, en particular la orientación de que la ciencia y la racionalidad sean la base de la ideología y la política, en vez de nociones religiosas oscurantistas. Por otro lado, como indica el análisis de Hollinger de ciertas tendencias intelectuales, una corriente muy definida del pensamiento liberal burgués considera que la Ilustración (y sus secuelas) es un instrumento "positivo" del colonialismo, y de la dominación imperialista que busca rehacer el mundo entero a imagen y semejanza de la democracia burguesa.

Respecto a la Ilustración y el debate sobre su influencia, quisiera recalcar que el marxismo está de acuerdo con el aspecto que plantea que es posible conocer el mundo y que debemos analizarlo (y la realidad en general) en toda su complejidad con métodos científicos. Si bien hay una diferencia muy profunda entre los métodos científicos burgueses y el método científico del materialismo dialéctico e histórico, un fundamento básico de la Ilustración es que el mundo se debe analizar con métodos científicos, y es por eso principalmente que los oscurantistas religiosos y otras tendencias reaccionarias le han lanzado--y hoy nuevamente le lanzan--ataques. En ese aspecto, repito, en general el marxismo está de acuerdo con la Ilustración.

En cuanto a nuestras discrepancias, en primer lugar, está la noción (y voy a citar la Biblia aunque sea un tanto irónico) de que "conocerán la verdad y la verdad los liberará". Eso no es cierto. Para empezar, la Biblia no dice la verdad, pero aun si fuera así, plantear que el simple hecho de conocer la verdad nos "liberará" es una forma de racionalismo (o idealismo), por el estilo de la idea de que la ciencia rehacerá el mundo con la fuerza de sus "verdades". De hecho, critiqué ese planteamiento en la carta abierta a Gould (y otros) al responder a su afirmación de que al fin y al cabo la iglesia católica le dio la razón a Galileo porque tuvo que reconocer que su concepto del sistema solar era mucho más correcto. Hasta cierto punto, Gould tiene razón, pero también hay muchísimas verdades muy profundas que la iglesia católica y otras instituciones y autoridades religiosas no reconocen, ¡como el hecho de que dios no existe! Así que no se trata simplemente de la verdad: es necesario que la lucha social--y en la sociedad de clases, la lucha de clases--abra paso para el actuar de las ideas (inclusive las que representan verdades profundas), es decir, para que la sociedad acepte y aplique esas ideas. Y eso nos lleva a lo que Marx recalcó: no se trata simplemente de interpretar el mundo sino de transformarlo.

En ese aspecto filosófico el marxismo difiere del pensamiento fundamental de la Ilustración, es decir, de su racionalismo. Y desde luego, el proletariado revolucionario se opone al sistema político del dominio burgués que corresponde a la Ilustración y plantea una ruptura radical con él. En particular, nos oponemos al colonialismo y la dominación imperialista, que con justificaciones tales como "la obligación de la raza blanca" o la misión civilizadora del sistema imperialista "más avanzado y culto", etc., aprovechan la Ilustración y los avances científicos y tecnológicos concomitantes para sus propios fines. En ese aspecto tenemos discrepancias muy importantes con aspectos clave de la forma de interpretar y aplicar la Ilustración (y otros fenómenos relacionados).

Volviendo a la opinión de Hollinger sobre aspectos importantes de esa cuestión, cabe notar que plantea lo siguiente (que se relaciona con algunos puntos que he recalcado en cuanto al actual papel de la religión en la sociedad estadounidense):

"El `conflicto entre la ciencia y la religión' es una frase que los historiadores estadounidenses asocian directamente con la segunda mitad del siglo XIX, y con razón. Tras la revolución darviniana en la historia natural, los protestantes estadounidenses sintieron una profunda angustia ante la relación entre la innovación científica y la doctrina cristiana tradicional. Esa angustia, que se expresaba comúnmente en el planteamiento de que la mera idea de un `conflicto' entre la ciencia y la religión implicaba una mala interpretación de los problemas [y quisiera añadir que oímos el mismo argumento hoy, pero en todo caso, la angustia, dice Hollinger], disminuyó hacia la mitad del siglo XX. Sin embargo, esas disputas espirituales tuvieron eco en las guerras culturales menos enconadas de la época de la II Guerra Mundial e inmediatamente después". (p. 155)

(Por cierto, Hollinger escribe más adelante--al parecer relacionado con por qué el actual papa optó por declarar que la evolución es compatible con las creencias religiosas en vez de sumarse al ataque de los fundamentalistas protestantes contra ella--lo siguiente:

("Por otra parte, el compromiso católico con la vida política e intelectual estadounidense se transformó con la sustitución del fascismo español e italiano por la amenaza del comunismo `impío' de la Guerra Fría, el éxito político del presidente John Kennedy, la liberalización del Vaticano II y la influencia de John Courtney Murray. La tensión entre la inteligencia seglar y el catolicismo disminuyó dramáticamente; los católicos ya no eran considerados enemigos de los intelectuales liberales".) (p. 167)

Además, Hollinger demuestra que ciertos intelectuales "conservadores" se han valido de corrientes y debates--por ejemplo, los del "posmodernismo"--para socavar la ciencia y fomentar el oscurantismo religioso, y en particular la cosmovisión y teoría del conocimiento de los cristianos fundamentalistas (para legitimar "la versión ortodoxa del episteme bíblico" como base para interpretar el mundo):

"Me refiero al posmodernismo para que recordemos un fenómeno bien conocido: que los intelectuales de los años 70 y 80 se apropiaron la obra de Kuhn a fin de pintar la ciencia como un proyecto autoritario y `totalizante' que impide, y no fomenta, los valores verdaderamente democráticos e igualitarios.... Dado que hoy la representación de la ciencia en el discurso posmodernista es bien conocida, no hago más que mencionarla de paso en esta charla, pero sí quisiera destacar un elemento del medio contemporáneo a manera de conclusión: la afirmación más y más agresiva de los cristianos conservadores de que Kuhn, Foucault y sus seguidores han refutado la objetividad científica y por consiguiente han legitimado la versión ortodoxa del episteme bíblico como instrumento cognitivo". (p. 171)

Todo eso sirve para recalcar nuevamente lo imprescindible que es la síntesis que solo la aplicación consecuente de nuestra ideología, el MLM, puede generar. También recalca la importancia de captar, por un lado, que la verdad no tiene carácter de clase y, por el otro, que el método de captar cabalmente esa verdad--y de actuar de la forma más sistemática y consecuente a fin de transformar el mundo de acuerdo a la realidad, y su propia dinámica y desarrollo--se concentra en la cosmovisión y metodología de una sola clase en esta época, el proletariado.

Precisamente esa cosmovisión y metodología proletaria nos debe guiar para manejar las contradicciones con los intelectuales, así como los artistas (y en la cultura y la esfera ideológica en general) de una manera dialéctica y no simplista, mecanicista o miope. Debe ayudarnos a captar por un lado la importancia de una labor científica, intelectual o artística que sí beneficie directamente la actual lucha del proletariado así como la importancia de un contexto y método fundamentalmente colectivo para esa labor en general, y, por el otro lado, la importancia de la investigación científica y exploración intelectual (así como la experimentación artística) que no se ligue de forma directa--ni mucho menos de forma pragmática o "instrumentalista"--a la política y objetivos inmediatos del partido proletario (o del estado proletariado donde exista) en un momento dado, pero que permita y anime la iniciativa del individuo en el marco y espíritu colectivos.

Se deben manejar todos los aspectos a fin de coadyuvar, en un sentido general y a largo plazo, a la causa revolucionaria del proletariado. Como debe ser evidente, y como he recalcado en varias ocasiones, no es fácil manejar correctamente esas contradicciones, pero debemos hacerlo en aras de lograr el avance histórico mundial al comunismo y las dos rupturas radicales: con las relaciones de propiedad tradicionales y con las ideas tradicionales.

Reflexiones, notas y retos, RCP Publications, 1990 (en inglés).

** "El fin de una etapa--El comienzo de una nueva etapa", Bob Avakian, de la revista Revolución, otoño de 1990