Un pasaje de ¡FUERA CON TODOS LOS DIOSES! Desencadenando la mente y cambiando radicalmente el mundo, de Bob Avakian

La religión, el fundamentalismo y la mentalidad del esclavo

Nota de la redacción: A continuación presentamos un pasaje del libro ¡FUERA CON TODOS LOS DIOSES! Desencadenando la mente y cambiando radicalmente el mundo, de Bob Avakian (que se puede pedir a RCP Publications), y que se publicó en 2009.

A la vez, en la religión, y sobre todo en el fundamentalismo religioso que practica una interpretación textual de la Biblia, se promueve una mentalidad que considera que las personas en sí son intrínsecamente pecadores, se acepta la noción de que las personas que sufren están en la situación en que están porque han caído en desgracia ante Dios, porque han cometido actos (u otras personas cercanas a ellas han cometido actos) que han provocado la furia de Dios; y si les ocurre algo bueno se debe a que, pese a todo eso, Dios con su infinita grandeza y misericordia les ha tenido compasión. Digámosle lo que es: es una mentalidad del esclavo la que están inculcando en las masas. Todo ese “si Dios lo quiere” es una mentalidad del esclavo. Va de la mano con “Dios se manifiesta de maneras misteriosas” y todos los horrores que eso conlleva.

Bien, sé que algunas personas se ofenden muchísimo cuando uno dice semejante cosa. Pero, para parafrasear a Malcolm X, no estoy aquí para decirte lo que quieres escuchar, estoy aquí para decirte la verdad, te guste o no. Pensar que no es posible plantear la verdad a las masas y que no pueden llegar a reconocer la verdad y aplicarla para emanciparse a sí mismas y emancipar a toda la humanidad es, una vez más, una forma de desdén a las masas populares. Cuando uno dice que a las personas se les está inculcando una mentalidad del esclavo e incluso que estas la están haciendo suya, no está diciendo que es su culpa ni que es algo que no pueden cambiar. Uno las está llamando y presentándoles un reto a zafarse de todo eso, a desecharlo —a ponerse a la altura de lo que de hecho son capaces— y les está llevando un conocimiento de por qué en realidad están en la situación en que se encuentran hoy y cuál es la salida de todo esto. Pero uno no puede hacer esto sin cuestionar esa mentalidad ni puede hacer esto pidiendo disculpas por cuestionar esa mentalidad.

Algunas personas dicen, respecto a los negros en particular, “la religión es una parte esencial de la experiencia negra”. A eso respondo: ¿Y qué de la esclavitud? ¿O la segregación y las leyes Jim Crow? ¿La aparcería y el Ku Klux Klan? ¿O la continuación de la discriminación hoy, con el encarcelamiento en masa y la brutalidad y el asesinato a manos de la policía? ¿No es todo eso también “una parte esencial de la experiencia negra”? La pregunta que hay que plantear es, cuando algo es una parte esencial o integral de una experiencia, ¿qué papel ha jugado y qué efecto tiene? ¿Es bueno o malo? ¿Positivo o negativo? ¿De dónde vinieron esta religión y en particular el culto a Jesús?

He tratado el carácter y el efecto contradictorios de todo esto en la historia. Pero en el mundo de hoy —y donde nos encontramos respecto a la posibilidad de la emancipación de la humanidad de los miles de años de relaciones opresivas y cadenas de la tradición— la religión, y mucho más la forma que tiene en la interpretación textual de la Biblia, es un obstáculo directo, un grillete, una cadena que impide que las masas populares se emancipen a sí mismas y dejen atrás una situación en que se ven atraídas hacia una forma de religión como consuelo por su opresión y sufrimiento.

Así que, si bien es correcto y necesario desarrollar la unidad con muchas personas que tienen puntos de vista religiosos, también es crucial tener mucha claridad acerca de lo que en realidad permitirá que la gente examine, conozca y transforme la realidad para finalmente eliminar todas las condiciones verdaderamente horrorosas a que están sujetas las masas populares — y, al hacerlo, ponerle fin a la necesidad de buscar consuelo por el sufrimiento que acompaña estas condiciones.

Obtener la emancipación auténtica y total requiere asumir una orientación científica y no religiosa para conocer y cambiar la realidad — cambiándola por medio de la revolución. La religión fundamentalista, sobre todo, que insiste en una interpretación textual de la Biblia, o de cualquier otra escritura, como la verdad infalible y absoluta —y que se niega a creer en lo que contradiga una lectura textual de la Biblia u otras escrituras religiosas— esa clase de punto de vista y convicción religiosa es extremadamente perjudicial. Lo que hace es cegar completamente a los que están en sus garras acerca de lo que pasa en realidad en el mundo e infundirles el temor a buscar cambiar el mundo de la única manera en que, de hecho, se puede cambiar — mediante la resistencia y finalmente el derrocamiento revolucionario de este sistema que está oprimiendo a millones y a literalmente miles de millones de personas en este país y en todo el mundo. El fanatismo religioso fundamentalista solo puede contribuir a reforzar la opresión y la esclavización de las masas populares.

Con este espíritu y desde esta perspectiva, es crucial captar y plantear de manera audaz y directa: Los oprimidos que sean incapaces o no estén dispuestos a reconocer la realidad tal como es, están condenados a permanecer esclavizados y oprimidos.

 

 

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