De "Salir al mundo — como una vanguardia del futuro"

Las “crisis en física”, las crisis en filosofía y en política

NOTA DEL AUTOR. El siguiente texto forma una parte de un discurso titulado “Salir al mundo — como una vanguardia del futuro”, que di a un grupo de miembros del partido a principios de 2008. Para preparar el texto para su publicación, he tenido que volver a escribir algunas secciones. En este proceso, me he beneficiado de las críticas, preguntas, cambios sugeridos, formulaciones propuestas, etc. que varias personas sugerían al haber leído una versión anterior del texto, y también quisiera expresarles mi agradecimiento. Específicamente, quisiera agradecerle a Ardea Skybreak, la autora del libro en inglés La ciencia de la evolución y el mito del creacionismo — saber qué es real y por qué importa, por sus contribuciones al proceso.

Hoy parece que hay una re-aparición de un fenómeno que apareció primero en una forma aguda hace 100 años, durante el tiempo de Lenin. Me refiero a lo que se puede llamar las “crisis en física” y las crisis en filosofía — y sus ramificaciones políticas: descubrimientos, interrogantes o teorizaciones en la física, la relación de todo eso a las cuestiones de la filosofía y a su vez, la relación de eso a la lucha por la revolución — y, específicamente, la lucha dentro del movimiento comunista entre el marxismo y el revisionismo (una revisión del comunismo para eliminar su perspectiva y objetivos revolucionarios, mientras se mantiene todavía el nombre de “comunismo”.)

Cabe señalar que a partir de sus lecturas de “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad”, especialmente la parte 11 , varias personas han expresado objeciones sobre lo siguiente (de la polémica contra Karl Popper, en la parte 1 de “Hacer y emancipar”):

“No cabe duda de que hay elementos del marxismo que son falseables. Por ejemplo, el materialismo dialéctico. Si el mundo estuviera compuesto de algo que no fuera materia en movimiento —si se pudiera demostrar que fuera cierto— pues el marxismo en lo fundamental, en lo esencial y en lo básico, se habría falseado, se habría demostrado que es incorrecto. O, si se pudiera demostrar que, sí, toda la realidad está compuesta de materia, pero algunas formas de materia no cambian, que no tienen contradicciones internas y movimiento y desarrollo — esto también sería una refutación fundamental del materialismo dialéctico”.

Parece que las objeciones a que me refiero surgen por lo menos en parte porque algunas personas están estudiando descubrimientos recientes y controversias en la física en particular. Y, si bien esto ocurre en el contexto de la derrota de la primera etapa de revolución comunista (con el golpe de estado revisionista y la restauración del capitalismo en China hace varias décadas) y las dificultades continuas para el movimiento comunista en el período actual2 , estas cuestiones acerca de la física —y su relación a la filosofía (concepción del mundo y método)— sí se tienen que tratar por derecho propio, así como en un sentido más grande se tienen que examinar en relación a la política y específicamente en relación a la lucha entre marxismo y revisionismo.

Si realmente fuera cierto que no toda la realidad constara de materia en movimiento —si se pudiera mostrar que existen algunas partes de la realidad, algunas cosas que sí existen que no constan de materia, o si se pudiera mostrar que hay al menos ciertas cosas que sí existen pero que no sufren cambios, o que los cambios en por lo menos algunas cosas que existen no se deben al movimiento y la contradicción al interior de la materia en sí—, pues entre otras cosas eso permitiría decir que existen seres sobrenaturales (dioses o un Dios único) como la fuerza que controla el universo o por lo menos como el “creador” o la “fuerza motriz” que da origen a las cosas y da el impulso inicial que pone las cosas en movimiento. Obviamente serían enormes las implicaciones de esto — no solo en la filosofía sino también en la política y en la sociedad.

Bien, déjeme estipular desde el principio: no pretendo ser un experto en la física en ningún sentido (ni en la física aplicada ni en la física teórica) pero sí existen algunas realidades básicas y cuestiones fundamentales de concepción y método a que me siento cómodo en responder, y de hecho insisto en ellas.

En por lo menos una respuesta a “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad”, se preguntó si es correcto decir que toda la realidad consta de hecho de nada más que materia en movimiento — citando el ejemplo del espacio y el tiempo, señalando que el espacio y el tiempo son en efecto parte de la realidad, pero dudando que sean materia y específicamente materia en movimiento.

Primero, a mí me parece claro en vista de la obra de Einstein y otros, que el espacio y el tiempo son relativos y no absolutos. Se puede decir que en esencia son propiedades de la materia en movimiento. Pero en cualquier caso no son algo ajeno a la materia en movimiento — no son distintos a esa materia en movimiento.

Con más frecuencia, sin embargo, lo que se ha planteado acerca de la frase de arriba de “Hacer y emancipar” están relacionado a la última frase en lo citado aquí —y que se le opone—, frase que señala que todas las formas de materia cambian y tienen contradicciones internas y movimiento y desarrollo. Al menos a un grado importante, estas objeciones provienen de un entendimiento mecánico y equivocado de lo que significa movimiento, cambio y desarrollo, y específicamente lo que significa contradicción interna (o al menos están relacionadas con un entendimiento así). Al decir que algo tiene contradicción interna no es lo mismo que decir que es “infinitivamente divisible” en el sentido de que se puede dividir interminablemente en componentes más y más pequeños.

En épocas pasadas se pensaba que la partícula más pequeña posible de la materia era el átomo y que nunca sería posible dividirlo en partes aún menos pequeños. Pero sucede que en realidad los átomos se componen de una mezcla de partículas subatómicas, las cuales incluyen un núcleo denso (compuesto de una mezcla de neutrones y protones con una carga positiva) rodeado de una nube de electrones con una carga negativa. Por eso, el átomo es un buen ejemplo de una parte de la materia una vez considerada indivisible que no obstante más tarde resultaba divisible. De hecho, el descubrimiento de que el átomo no era el componente más pequeño posible de la materia y en efecto en sí constaba de componentes aún más pequeños era uno de los factores principales que propiciaron una “crisis en la física” así como en la filosofía (caracterizada por un creciente coro de idealismo filosófico que alegaba que la “materia ha desaparecido”, cuando en realidad lo que había sucedido fue que se había descubierto que existía la materia en formas previamente desconocidas) y una crisis relacionada en el movimiento socialista y comunista —un derrumbe en el revisionismo de parte de un número importante de ex marxistas— que ocurrió durante los años de Lenin. Esta crisis era especialmente aguda en Rusia, donde el movimiento había sufrido un severo revés con la derrota aplastante de la revolución de 1905 en ese país. Por aquellas razones, Lenin reconoció y respondió a la necesidad de luchar vigorosamente en las esferas de filosofía y de política, contra estas tendencias erróneas de pensar y contra el derrotismo y la capitulación ligados con estas. El libro de Lenin Materialismo y empiriocriticismo fue un arma poderosa y concentrada en esta lucha. Además, como sucedió, fue crítica esta lucha para establecer los cimientos ideológicos y políticos de la revolución triunfante en Rusia en 1917, lo cual llevó al establecimiento de la nueva república socialista.

Pero, descubrir que el átomo consta de partículas más pequeñas no necesariamente lleva a la conclusión de que con el paso del tiempo se demostrará que se pueden dividir todas y cada una de las partículas de la materia en siempre más pequeñas componentes una y otra vez… hasta lo infinito. El que sea cierto o no, eso no es lo mismo que decir que todas estas cosas tienen contradicciones internas. Tal vez en el futuro se descubra que esta clase de división (dividir algo en componentes cada vez más pequeños) se aplica a las pequeñas partículas que hoy son las más pequeñas que se han descubierto cuya existencia se ha detectado (o que se ha deducido de otros descubrimientos) —en el futuro tal vez se descubra que tales partículas constan de partículas aún más pequeñas, etc.— pero para apreciar correctamente que toda materia tiene contradicción interna, no es necesario que haya un proceso sin fin de tales descubrimientos (de partículas o componentes más y más pequeños).

Veamos una sola dimensión de esto: en un punto de una escala por debajo de cierto punto en la división de una forma específica de materia —en movimiento— lo que tal vez ocurriera es la transformación de la forma específica de materia en otra cosa, por ejemplo una forma particular de energía (que en sí es otra forma de materia) pero eso todavía es una expresión de la contradicción interna de la forma (o formas) específicas de materia — y de la existencia de la realidad entera como materia en movimiento.

Una vez más, la existencia de contradicciones internas no necesariamente significa que se puede “dividir” infinitamente cualquier cosa — en el sentido de que es posible dividirla en partes más y más pequeñas. Repito esto porque es un punto muy importante — y uno sobre lo que a mí me parece que muchas personas se confunden, porque lo ven de una manera mecánica. Esta división en partes más y más pequeñas no tiene que continuar infinitamente en la manera en que solemos pensar de manejar objetos comunes (por ejemplo una manzana o una galleta: dividirlas en mitades, y luego en mitades otra vez y así sucesivamente, lo que después de todo llega a la larga al menos a límites prácticos). También hay una diferencia —una diferencia importante— entre las contradicciones internas y la “estructura” interna. Por ejemplo, es posible que algunas partículas no tengan una “estructura” interna apreciable, al menos no en la manera en que estamos acostumbrados a pensar de eso (otra vez extrapolando de objetos comunes) pero eso no quiere decir que no tienen contradicciones internas ni que no experimentan y participan en cambios ni en movimiento. Veamos el caso de los electrones subatómicos, por ejemplo. Tengo entendido que carecen de toda subestructura interna conocida, pero todavía son elementos constituyentes muy dinámicos del cambio, capaces de generar o desviar campos magnéticos, absorber o emitir fotones de energía, alterar sus órbitas nucleares y entrar en estados excitados, cambiar de lugar con los electrones de otros átomos (lo cual es la base de la formación de vínculos químicos) y también pueden ser aniquilados en choques con las antipartículas correspondientes conocidas como positrones. ¡Por seguro estos son componentes muy dinámicos de la materia en movimiento!

Incluso las más diminutas de las partículas conocidas revisten propiedades de materia en movimiento. Nos dicen, por ejemplo, que se puede concebir los fotones de luz como partículas y ondas simultáneamente. Por lo que yo entiendo, la muy debatida “teoría de cuerdas” en la física propone que se podría comprender algunas de las propiedades básicas de toda materia concibiendo las partículas como ondas sobre cuerdas que vibran según diferentes patrones. El que se valide o no en última instancia dicha teoría, lo pertinente es que ninguno de los numerosos descubrimientos y propuestas teóricas nuevos en la física moderna ha develado nada que refutara o minara el materialismo dialéctico tal como lo entendemos y lo debemos entender correctamente —y específicamente entender que todo lo existente consta de materia en movimiento de un tipo u otro y que sí, toda materia encierra contradicciones internas y que de hecho eso es lo que la caracteriza.

Está vinculado con eso el principio al cual se refirió Mao en “Sobre la contradicción”: debido a la inmensidad del ámbito de las cosas y a lo interrelacionadas que son, lo que es universal en un contexto es particular en otro (y viceversa). Como ustedes saben, en otras charlas he ilustrado ese punto de diferentes maneras, con ejemplos de la vida cotidiana o —como concepto abstracto útil— la esfera militar: Cuando uno considera una situación de guerra en su conjunto, eso es lo universal, y una campaña particular dentro de esa situación en conjunto es lo particular; por su parte cualquiera de esas campañas particulares podría ser lo universal visto en ese contexto, y que en ese contexto una batalla específica sería lo particular dentro de eso, y así sucesivamente. Uno podría imaginar muchos ejemplos diferentes — de hecho, se aplica a todo fenómeno. Cuando uno lee un libro, el libro en su totalidad es lo universal, pero cuando uno está leyendo un capítulo particular, ese capítulo podría ser lo universal. No es un simple juego; así existe en los hechos la realidad y así se interrelacionan las diferentes “partes” de la realidad (y se intra-relacionan, o sea, están conectadas internamente, a otro nivel).

Es importante captar que lo que pasa aquí — esta relación dialéctica entre lo universal y lo particular y los diferentes niveles en que se expresa— no se trata simplemente de la “interacción” entre diferentes formas particulares de materia (o niveles de materia), que se deben concebir como “externas” unas a otras y “separadas” en algún sentido absoluto. Al contrario: si bien cada forma particular, y cada nivel, de materia (en movimiento) sí reviste una existencia e una identidad diferenciadas como tal (algunas características que la define o una coherencia interna), al mismo tiempo eso es relativo, no absoluto. Por lo tanto, una forma particular de materia no solo puede “interactuar con” otra forma distinta de materia, sino también puede integrarse, junta con la otra forma de materia, en otra entidad a un nivel diferente de la organización de materia. Repito, cada una de estas formas y niveles diferentes de materia reviste su propia existencia e identidad diferenciadas — relativamente. Para explicarlo de manera conceptual: “a” —una forma particular de materia— “interactúa” con “b” —otra forma particular de materia que se diferencia, relativamente, de “a”— mientras que ambas formas de materia, “a” y “b”, están integradas en “C”, que representa un nivel diferente de la organización de materia.

Para ilustrar este punto más concretamente, veamos el ejemplo de una célula dentro de un cuerpo humano en conjunto. Dicha célula como tal cuenta con una existencia y una identidad diferenciadas — con su propia identidad relativa (como se definió más arriba), caracterizada por contradicciones (contradicciones internas en ese contexto o en ese nivel), mientras que al mismo tiempo dicha célula existe dentro de cierto órgano del cuerpo (un pulmón, corazón, hígado, etc.) y forma parte de él y a la vez ese órgano existe dentro del cuerpo en su totalidad y forma una parte de él. Cabe repetir que la existencia diferenciada y la identidad relativa de cada una de esas cosas (o formas o niveles particulares de materia) son reales pero también relativas — no existe ninguna separación absoluta entre ellas, y no solo “se interactúan” mutuamente sino que también están integradas, en diferentes niveles, como partes del conjunto mayor (o lo universal)... lo que por su parte está integrado en otro nivel como parte de lo universal mayor… y así sucesivamente. En cada nivel —siendo, repito, solo relativo y no absoluto— la “organización de la materia” particular correspondiente a ese nivel encierra contradicción interna, movimiento y cambio.

Para captar ese punto más completa y correctamente, es importante recalcar de nuevo que la contradicción interna no necesariamente implica (no es idéntica a) la existencia de “partes integrantes”. En contraste, como lo expresó Ardea Skybreak en un intercambio sobre ese punto, la contradicción interna se entiende mejor como “lo disparejo dentro de las cosas —o dentro de un nivel dado de materia, con su identidad relativa— que lleva el potencial del cambio dentro de esas cosas y de hecho es la base material para dicho cambio”.

Skybreak elaboró más este punto en la siguiente manera: Además de la o las otras contradicciones que puedan existir dentro de una forma particular de materia, existe contradicción en el sentido de que para que una cosa tenga identidad relativa (algunas características que la definen y la diferencian), parece que debe tener un “límite”, “frontera” o “linde”, de un tipo u otro, que la distingue (la diferencia) —relativamente— de otras “cosas”. Al mismo tiempo, esa “frontera” o “linde”, si bien es parte de esa “cosa” particular, en sí constituye una contradicción dentro de esa cosa y específicamente una contradicción con lo que se encuentra “dentro” de dicho “límite” (o “frontera” o “linde”). Y (en las palabras de Skybreak), “al parecer, esa ‘frontera’ o ‘linde’ establecería en sí una relación dispareja suficiente en grado mínimo con lo interno, lo que llamamos ‘contradicción interna’”.

Es más, ya que la “separación” entre los niveles (y las formas particulares) de materia es solamente relativa, no absoluta —y diferentes formas particulares, y niveles, de materia por su parte están “integradas en” otros niveles de materia— entonces, en cualquier nivel, junto con la contradicción interna que caracteriza la forma particular de materia correspondiente a ese nivel, también existe contradicción interna en el sentido de la contradicción que opera en la relación o relaciones entre diferentes niveles (o formas particulares) de materia. Una célula dentro del pulmón, otra célula dentro del mismo pulmón, otra célula más dentro de otro órgano, los órganos mismos: todos “integran” el cuerpo humano — mientras que al mismo tiempo existen, relativemente, como entidades diferenciadas dentro de él. Y todas estas relaciones tienen contradicción y de hecho constan de contradicción.

Para regresar a la esfera de la física, si es cierto que (como lo califica Brian Greene en El tejido del cosmos (p. 491 de la edición en inglés, nuestra traducción), “el espacio, como los electrones, existe en trozos diferenciados e indivisibles”, eso no cambia el hecho de que dichos “trozos” no solo se interactúan mutuamente, al mismo tiempo que los electrones interactúan con otras formas de materia en movimiento, sino que esos “trozos” mismos revisten contradicción interna, como señalé anteriormente, y también están “integrados unos con otros” en otros niveles de materia (en movimiento). Por lo tanto, aún si el espacio consta de “trozos” “diferenciados” e “indivisibles”, el espacio sería al mismo tiempo continuo —si bien diferenciado— y los “trozos” de espacio, como los electrones, aún encerrarían contradicción interna y movimiento, en las maneras en que he hablado aquí.

También es importante el hecho (al que me refirí arriba) de que el movimiento es el modo de existencia de toda materia y el hecho (que recalcó Engels) de que el movimiento mismo supone contradicción — es una forma, o una encarnación, de la contradicción. Y al parecer es evidente que todas las formas de materia encierran movimiento, no solo en relación con otras “cosas” (formas de materia) que les son (relativamente) externas, sino también en su misma coherencia interna (o identidad relativa).

¿Qué tiene que ver todo eso con el cambio —la transformación— que experimentan diferentes tipos de materia bajo ciertas condiciones (incluidas las partículas subatómicas como los electrones)? Es verdad que un objeto, o una “cosa” (una forma de materia) puede experimentar un cambio, en ciertas situaciones, cuando algo externo “actúa sobre” ella (en el sentido relativo que he venido señalado). Sin embargo, creo que Mao tenía la razon en esencia al decir que los factores externos pueden constituir la condición para efectuar el cambio pero los factores internos —o sea, la contradicción— son la base del cambio. Es decir, los factores internos, o la contradicción interna, son decisivos en cuanto a la posibilidad de que una cosa particular se cambie — proporcionan la propia base material para que ocurra ese cambio— y son decisivos para determinar cómo se va a cambiar, aunque ese cambio lo haya “provocado” la acción de un factor externo en interpenetración con la base material interna.

Veamos un ejemplo de la experiencia humana cotidiana, la transformación del agua en vapor: es el efecto de algo externo al agua (la aplicación del calor al agua) que la hace hervir, pero el hecho de que se le puede cambiar, como resultado de hervirla —y de que se transforma en vapor en vez de otra cosa— se debe principalmente a la naturaleza interna (y la contradicción interna) de la misma agua. Para repetir, creo que Mao acertó en lo esencial al afirmar que ese principio básico (que los factores internos o las contradicciones internas son la base del cambio y los factores externos son la condición del cambio) se aplica a la materia en general, aunque esto ocurre de una manera compleja — y entre otras cosas, se complica no solo por la certeza de que la materia existe como formas particulares de materia, cada una con su propia identidad relativa y algunas que tienen una particularidad muy diferenciada, sino también por la certeza de que la diferencia entre lo externo y lo interno es en sí relativa y no absoluta, y lo que es externo en un contexto puede ser interno en otro (y viceversa).

Ahora bien, si se podría demostrar que hay algo que existe de hecho que no consta de materia, constituiría una refutación fundamental del materialismo dialéctico. Sin embargo, en los hechos nunca jamás se ha descubierto nada que realmente existe que no consta de materia.

Asimismo, si se podría demostrar que algunos tipos de materia no encierran contradicción interna, movimiento y cambio, pues eso refutaría un principio básico de la teoría comunista —o al menos de la teoría comunista como existe hoy y como la entendemos hoy— y nosotros tendríamos, juntos con todos los que están resueltos a aplicar la ciencia de manera consecuente, que hacerle frente y sacarle las lecciones pertinentes — en vez de las lecciones instrumentalistas que convendrían y servirían a nuestras ideas preconcebidas. Pero de hecho no es cierto que se haya postulado mas comprobado con medios científicos que sea válido y cierto semejante concepto (de que existe materia que no suponga contradicción interna, movimiento y cambio).

Una vez más, el entendimiento científico que tenemos de la realidad indica que toda la realidad consta de materia, y que encierra contradicción interna, movimiento y cambio, en una forma u otra.

Conforme la física (y otras ramas de la ciencia) sigan explorando más profundamente la naturaleza de la realidad, al nivel “micro” como al “macro” y mediante sus esfuerzos de desarrollar una concepción científica que comprenda correctamente la integración de la materia en dichos niveles diferentes (“micro” y “macro”), está sucediendo en realidad lo que también se señaló en “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad”:

“Durante todo el período de más de 150 años desde que Marx y Engels por primera vez formularon el comunismo como teoría científica, se ha seguido enriqueciendo la concepción del materialismo dialéctico mismo, a base de aprender de nuevos descubrimientos, en la ciencia natural tanto como la ciencia social y la historia. Después de todo, esos avances no han demostrado que la realidad no conste de nada más que materia en movimiento; han profundizado nuestro conocimiento de lo que esto significa, y al mismo tiempo han planteado nuevos retos para entender varias formas de materia particulares y varios aspectos particulares de las leyes del movimiento de la materia”.

No digo que el problema es que los nuevos descubrimientos, y el mayor desarrollo y enriquecimiento de las teorías científicas —ni de hecho el planteamiento de varias hipótesis en la física y otros campos— hayan resultado inválidos o que objetivamente hayan puesto en tela de juicio el análisis básico de que toda la realidad consta de materia en movimiento y que toda esta materia en movimiento encierra contradicciones internas. Por el contrario, el problema es que algunos comunistas (y algunos ex comunistas), que tienen cuando menos cierta familiaridad con algunos de estos “descubrimientos” e hipótesis —y de nuevo, en el contexto de los reveses y las dificultades del movimiento comunista en este período— han respondido con un entendimiento inadecuado del materialismo y de la dialéctica, o con un entendimiento que no es lo suficientemente profundo y no es completamente correcto —y específicamente han aplicado una concepción mecánica y/o de otra forma incorrecta de las contradicciones internas y del movimiento y el cambio— y que por eso (o al menos en parte por eso) se han puesto a dudar del análisis materialista dialéctico básico de la realidad, cuando en los hechos no se ha hecho ningún descubrimiento científico y ninguna teoría corroborada que de veras ponga en tela de juicio este análisis básico.

A la vez, si bien sigo estando firmemente convencido de que son válidos los principios fundamentales del materialismo dialéctico, tales como los he trazado en este ensayo y que lo que se ha aprendido en la física y otros campos no los ha refutado ni los ha puesto en tela de juicio —por ejemplo, el principio de que toda la realidad consta de materia en movimiento y que todos los niveles y formas de materia encierran contradicciones internas—, también sigue siendo cierto que, evitando una orientación agnóstica —para decir que no podemos sacar conclusiones firmes sobre estos principios fundamentales ni actuar sobre la base de ellos—, todos nos podríamos beneficiar y deberíamos seguir aprendiendo haciendo más exploraciones y bregando con las cuestiones en torno al carácter básico de la realidad (la materia en movimiento). Si manejamos este proceso con una orientación y método científico consecuente, podremos fortalecer nuestra capacidad de captar, aplicar y enriquecer más el materialismo dialéctico.

Empirismo, agnosticismo, relativismo y revisionismo

De muchas formas y en aspectos fundamentales, la tendencia a poner en tela de juicio el análisis básico de que toda la realidad consta de materia en movimiento y que todas las formas de materia en movimiento encierran contradicciones internas —y en particular la forma en que esta tendencia se manifiesta en las personas que se han llamado comunistas— es muy similar de hecho al fenómeno que Lenin señaló en Materialismo y empiriocriticismo. Como señalé arriba, hoy, al igual que en los tiempos de Lenin, los avances en la física (al menos en cierta medida) han conducido o han contribuido a una crisis en la filosofía — y han tenido un proceso de reforzarse mutuamente con esta crisis; y entre los comunistas, en los casos en que esta crisis no se ha manifestado simplemente en la forma de una defensa dogmática de una versión quebradiza (y en esencia un sustituto religioso) del comunismo, se ha manifestado en la forma del empirismo, el agnosticismo y el relativismo desbocados.

A la vez, este fenómeno ha estado relacionado con una tendencia a abrazar el revisionismo en el frente político. En algunos casos, esto ha conducido a adoptar una posición agnóstica hacia la posibilidad de hacer la revolución y de llegar al comunismo —de la mano con un agnosticismo filosófico generalizado— o de hecho a abandonar abiertamente y de plano la meta de la revolución y el comunismo.

El punto de vista ideológico-filosófico de un número de ex comunistas —entre ellos algunos que han dejado el campo de la revolución y se han hundido en el cenagal de la contrarrevolución— se ha caracterizado por el pragmatismo y el empirismo muy marcados, que van de la mano con el economismo y el revisionismo desbocados y los refuerzan, en particular en la forma de “el movimiento lo es todo; el objetivo final, nada”. En general, esto ha ocurrido en combinación con abrazar la democracia burguesa — y en los casos en que no ocurra un abandono total del comunismo, se caracteriza por un esfuerzo de decir que el comunismo es idéntico a la democracia burguesa. Entre algunos de estos ex comunistas (y algunos “compañeros de viaje intelectuales del comunismo”) está en marcha una retirada generalizada hacia el relativismo, el agnosticismo y el escolasticismo. (Por escolasticismo me refiero no solo a trabajar con las abstracciones teóricas en sí —que es una actividad que puede tener mucha importancia, en particular si es parte de un método y enfoque correcto general— sino a convertir en un principio la separación entre la teoría, y la práctica y en particular la lucha por cambiar el mundo; que examina — y anda con las ideas no solo de manera abstracta y separada de tal práctica y lucha sino como un sustituto y como algo que se dice que tiene más importancia que lo de conocer la realidad tal como existe en los hechos, ni hablar de cambiarla.)

Algunas personas representativas de estas tendencias oportunistas han ido al extremo de denunciar a nuestro partido por “prohibir el agnosticismo”. Han insistido que a veces el agnosticismo es algo bueno, porque a veces no es posible de hecho determinar qué es verdad y no es posible sacar conclusiones acerca de las cosas. He aquí, como es típico en estos casos, una combinación ecléctica de cosas que se oponen entre sí — y específicamente estas personas combinan de manera ecléctica (o dicen que son idénticos) algunos aspectos de un punto de vista y método científico correcto, de una parte, y el agnosticismo de hecho, de otra. Al nivel de la filosofía —respecto a lo que caracteriza el agnosticismo, su antagonismo fundamental en términos filosóficos con el materialismo dialéctico y su oposición al método científico en general— el agnosticismo no afirma que en un momento dado y en una circunstancia dada puede que no sea posible sacar conclusiones definitivas sobre algo. De hecho, en algunos casos no sacar conclusiones definitivas puede constituir una parte de un enfoque científico y correcto. Esto depende de las circunstancias, y en las circunstancias específicas de lo que se puede conocer y lo que no se puede conocer (de lo que se puede determinar con certeza — relativa pero no obstante real). Pero el agnosticismo como un “ismo”, digamos —como un punto de vista y método filosófico— declara que no es posible tener ninguna certeza sobre la realidad o afirma que no se puede conocer algo cuando en los hechos existe una base muy sólida con que conocerla y sacarle conclusiones definitivas.

Así que, una vez más, se combinan (se mezclan o “se fusionan”) de manera ecléctica el agnosticismo, como un punto de vista y enfoque filosófico, con la afirmación de que en un momento dado no podemos decir con certeza lo que es cierto y lo que no es cierto respecto a una cosa (o proceso) particular, lo que puede ser cierto o puede que no sea cierto — y cuál afirmación puede formar parte de un enfoque científico correcto o de hecho puede formar parte de un punto de vista y enfoque agnóstico. Pero un ejemplo clásico del eclecticismo como método y enfoque es integrar “dos en uno” — “fusionar” dos fenómenos muy distintos (situaciones en que es posible que no se pueda sacar conclusiones definitivas acerca de algo, y de otra parte la afirmación general de que no es posible de hecho conocer nada con certeza sobre la realidad o la afirmación de que no es posible sacar conclusiones definitivas sobre una parte específica de la realidad, cuando en los hechos existe una base muy sólida para hacerlo).

Cabe subrayar que la esencia del eclecticismo (y la manera en que sirve al revisionismo cuando lo adopten y apliquen los comunistas y los que se dicen comunistas) no es simplemente describir una situación en términos de “por una parte ‘esto’ y por otra parte ‘aquello’” — sino hacerlo de una manera que confunda la esencia del asunto y en particular socave lo que de hecho es el aspecto principal que define la contradicción.

Por ejemplo, veamos la afirmación: “Es cierto que el imperialismo implica la explotación y opresión intensa y sanguinaria de la gente en muchas partes del mundo; pero también ha conducido al desarrollo de muchas formas beneficiosas de tecnología y a un elevado nivel de vida para una cantidad importante de personas”. Los dos aspectos son ciertos — lo que antecede el punto y coma (antes de la palabra “pero”) y lo que le sigue. Pero ¿cuál aspecto es principal, fundamental y que define la contradicción? Desde luego que es el primer aspecto: la naturaleza altamente explotadora y opresiva del imperialismo y las consecuencias muy negativas de ello para la gran mayoría de la humanidad. Pero la manera en que se redacta esta oración debilita la verdad esencial poniendo de hecho en pie de igualdad el aspecto secundario (tal como se expresa en la segunda parte de la oración de arriba) con el aspecto principal. Eso, cuando menos objetivamente, constituye una apología del imperialismo.

Todos los enfoques eclécticos tienen el mismo carácter y efecto básico. Confunden las cosas y niegan o socavan el aspecto principal y la esencia de las cosas.

Por ejemplo, ciertas personas, incluso ciertos autodenominados “comunistas”, manejan de esta manera la religión y sus efectos en la gente, en particular en las masas básicas, que están metidas en la religión. Es cierto —tales personas probablemente admitirían, cuando menos ante unos cuestionamientos— que la religión presenta una visión falsa de la realidad, lo que hace que la gente cree en cosas que no existen y que incluso trate de confiar en tales cosas; pero estas personas se apresurarían a añadir que el asunto es más complicado — que existe una forma en que la religión “explora los misterios de la existencia” y/u ofrece consuelo y solaz para el sufrimiento a los que lo necesitan con desesperación y que además las creencias religiosas de ciertos tipos pueden impulsar a las personas a que emprendan algunas acciones que tendrán un efectivo político o social positivo.

Una vez más, ambos aspectos de esa afirmación tienen algo de cierto, pero —como es típico en el eclecticismo como método y enfoque— esta afirmación y la segunda parte en particular confunden las cosas y específicamente confunden, debilitan y socavan lo que en realidad es la esencia (el aspecto principal) del asunto: el papel fundamental que tiene la religión precisamente de mantener a la gente encadenada a una concepción falsa de la realidad —que incluye la forma en que la religión presenta una imagen tergiversada de lo que pueden constituir en cualquier momento dado los “misterios de la existencia”— que obstaculiza e interfiere en la capacidad de la gente de confrontar la realidad tal como es en los hechos y de transformarla mediante lucha (por ejemplo, solucionar lo que antes eran “misterios”), de acuerdo a los caminos hacia el cambio que se hallan en —la naturaleza contradictoria de la— realidad.

Para repetir, con frecuencia tal eclecticismo va de la mano —y con frecuencia viene envuelto en un “paquete”— con el agnosticismo, el relativismo, el empirismo y el pragmatismo y en la esfera de la política, el revisionismo y el reformismo (a menudo en la forma de “el movimiento lo es todo; el objetivo, nada”), no obstante su presentación, al menos en algunos casos, bajo el nombre —y como una burda perversión— del comunismo.

De todo eso podemos entender que las cuestiones de ciencia y filosofía —del punto de vista y método y enfoque— no solo tienen mucha importancia en el frente ideológico sino que también tendrán una relación con cuestiones decisivas de línea y orientación política: qué tipo de sociedad y mundo que uno considera posible y deseable y en consecuencia por el cual uno está dispuesto a luchar y hacer sacrificios, o no.

Notas

1. “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad”, partes 1 y 2, está en línea y en Revolución y comunismo: Fundamento y orientación estratégicos, un folleto de Revolución, 1º de mayo de 2008. La citada sección se halla en la parte 1 bajo el subtítulo “Marxismo como ciencia — refutación de Karl Popper”, pp. 18-31. [regresa]

2.  El comunismo: El comienzo de una nueva etapa, un manifiesto del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos (septiembre de 2008) habla de la experiencia histórica de la primera etapa del movimiento comunista, los orígenes de sus derrotas y reveses y las lecciones que deben sacarse y no deben sacarse de esta experiencia. Está en línea en revcom.us o a la venta en forma de un folleto de RCP Publications, 2009. [regresa]