Pasar al contenido principal

BOB AVAKIAN 
REVOLUCIÓN #114: 
Derrotar al fascismo de Trump y MAGA: Con la vista puesta en algunas futuras elecciones... o trabajar ahora para movilizar a millones de personas en torno a esta poderosa demanda unificadora: ¡Que se vaya el régimen fascista de Trump!

Les habla Bob Avakian —REVOLUCIÓN— número 114.

La gente está saliendo a las calles por todo Estados Unidos —en mítines y manifestaciones, en grandes ciudades y pequeños pueblos— para protestar contra Trump y su “sicario” Elon Musk aficionado del saludo nazi.

Bernie Sanders, acompañado de Alexandria Ocasio-Cortez, ha estado recorriendo el país con grandes mítines para denunciar a la “Oligarquía” y el gobierno de los multimillonarios, tal como los representan Trump y Musk. Y para el venidero sábado 5 de abril, Indivisible está convocando a manifestaciones a nivel nacional para protestar contra el “acaparamiento del poder” sin precedentes y las políticas ultrajantes de Trump (y Musk) en muchos frentes diferentes.

Es muy positivo que grandes cantidades de personas se estén movilizando para expresar su indignación ante las acciones despiadadas e ilegales del régimen de Trump.

Al mismo tiempo: es crucial comprender claramente lo que es en realidad el régimen de Trump, hacia dónde está llevando rápidamente las cosas, por qué, con urgencia, se necesita derrotar a este régimen antes de que sea demasiado tarde — y cuál es la manera en que eso se podría hacer.

Lo específico y esencial que representa e impone el régimen de Trump no es una “oligarquía” ni los “multimillonarios”: es el fascismo.

El fascismo es una forma cualitativamente diferente en que este sistema impone su dominio sobre la gente.

El fascismo de Trump es un régimen que despoja abierta y agresivamente los derechos básicos y declara flagrantemente que no existe ningún estado de derecho ni debido proceso legal más allá de lo que él mismo dicta, y que el poder destructivo puro y duro es lo que tiene que regir en el escenario internacional, sin siquiera la pretensión de adherirse al derecho internacional ni preocuparse por la soberanía, o incluso el derecho de existir, de los pueblos y países menos poderosos.

Es un régimen que está empeñado en desatar un saqueo capitalista destrabado sin reglamentación, y al hacer eso, utiliza un mazo (o una motosierra) para destruir programas y servicios cruciales de los que depende la gente — arruinando los medios de vida, destrozando la ciencia y la atención sanitaria, socavando y pervirtiendo la educación, y creando un caos que causará sufrimiento para grandes cantidades de personas, en Estados Unidos y por todo el mundo.

Un régimen fascista como este requiere, al frente, a una persona como Donald Trump: un maníaco patológico, con el dedo en el botón nuclear, que nombra a peligrosos dementes y parásitos ávidos de poder a cargos clave.

La estrategia dominante del Partido Demócrata de apelar al “populismo económico” no logrará conseguir la derrota de este fascismo ganándose a los partidarios de Trump, los que supuestamente están motivados por intereses económicos.

En sus mítines contra la “Oligarquía”, Bernie Sanders ha revivido la fórmula del movimiento “Ocupa” del “99%” contra el “1%” de los superricos. Pero el problema es que casi la mitad del “99%” son fascistas. ¿Por qué? Debido a que, como ya he señalado, no es solo su situación económica, sino también su posición social lo que les obsesiona. Para las filas de los fascistas de MAGA, aún más allá de su situación económica, un poderoso y perverso factor motivador es su insistencia en la supremacía blanca y la supremacía masculina, el odio a las personas LGBT y a los inmigrantes (especialmente a los inmigrantes de “países pozos de mierda”, en los repugnantes términos racistas de Trump). A eso es a lo que se refieren estos fascistas con “Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza”. Y todo esto está envuelto e impulsado por mentiras descaradas, demencia anticiencia y teorías conspirativas descerebradas — en que convierten a los grupos vulnerables en objetivo de odio y persecución, tal como denuncian a los inmigrantes como “delincuentes peligrosos” y tratan a las personas trans como depredadores pervertidos.

En cuanto a la “oligarquía” y los “multimillonarios”, el Partido Demócrata, al igual que el Partido Republicano, recibe una fuerte financiación de los superricos, los jefes de las corporaciones, etc. En lo aún más fundamental, ambos partidos son instrumentos del sistema del capitalismo-imperialismo, que se basa en la explotación despiadada de miles de millones de personas, y en la imposición de la opresión literalmente asesina de las masas de personas, en Estados Unidos y por todo el mundo. Por eso, el Partido Demócrata, y aquellos que están vinculados o alineados con él, nunca desafiarán al gobierno de Trump de la manera que se necesita para derrotarlo en realidad. Para estos representantes “convencionales” (o los llamados “progresistas”) de este sistema capitalista-imperialista, la estabilidad de este sistema, y la posición dominante del imperialismo estadounidense en el mundo, son más importantes que de veras derrotar al fascismo de Trump y MAGA.

En última instancia y en lo fundamental, es este sistema en su conjunto al que hay que barrer, mediante una revolución con la participación de masas de personas, decididas a luchar por un sistema radicalmente diferente y verdaderamente emancipador (tal como se expone en el documento Necesitamos y Exigimos: Una manera completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente, que está disponible en revcom.us).

Ahora mismo, para la gente decente de todo el mundo y para el futuro de la humanidad, derrotar a este fascismo de Trump y MAGA es de profunda importancia, y es una necesidad urgente.

Si bien algunos políticos que forman parte del Partido Demócrata, o están vinculados a él, están brindando una plataforma para las expresiones de indignación ante las acciones del régimen de Trump, al mismo tiempo estos políticos se proponen limitar, confinar y canalizar esta indignación dentro de los “procesos normales” de este sistema — dirigiendo la atención y los esfuerzos de la gente hacia las elecciones que se celebrarán dentro de más de un año y medio, ¡en noviembre de 2026!

A un nivel obvio, inclusive al dejar de lado todo lo demás que está mal con esa perspectiva, noviembre de 2026 es muy pero demasiado tarde. Y, por las razones que he mencionado aquí, confiar en la elección de los demócratas no puede frenar, ni podrá frenar, este fascismo. La oposición a las acciones del régimen de Trump adoptará, y debería adoptar, muchas formas diferentes, e incorporar a personas con muchas perspectivas políticas diferentes. Pero es de importancia crucial y urgente que a esto no se le mal dirija ni se le robe de todo poder real al limitársele y al canalizársele hacia el proceso electoral. Al contrario, la resistencia contra este fascismo tiene que manifestarse rápidamente mediante la movilización masiva de muchos millones de personas, en las calles y en todas las instituciones, decididas a impedir que este fascismo consolide su poder e implemente su horroroso programa.

(Esto se expone muy claramente en Un Llamamiento a la Conciencia... Un Llamamiento a la Acción, de RefuseFascism.org (Rechazar el Fascismo), que trabaja para unir lo más ampliamente que sea posible con aquellos que se oponen a los atropellos que comete constantemente el régimen de Trump, a la vez que populariza y trabaja para ganarse a las personas a que asuman y actúen según la siguiente orientación crucial: ¡No! En nombre de la humanidad, nos negamos a aceptar un Estados Unidos fascista... ¡Que se vaya el régimen fascista de Trump!).

Cada fuerza, cada programa, cada forma en que se llama a la gente a actuar, debe sopesarse en función de ESTA orientación y objetivo cruciales.

Y, de hecho, una lucha decidida de millones de personas unidas sobre esta base es la mejor manera de ganarse a cualesquiera de las “personas del común” que han resultado mal dirigidas a apoyar a este fascismo.

Es necesario unir todas las diversas corrientes de protesta, y atraer rápidamente a muchísimas otras — de modo que se conviertan en una ola masiva de muchos millones de personas que exijan, insistan y estén decididas a hacer realidad esta demanda: ¡Que se vaya el régimen fascista de Trump!