Imagínese esto:
Fuerzas invasores han aislado a 300.000 ciudadanos de una ciudad densamente atestada de un país en guerra. Sujetan a los residentes a miles de proyectiles de artillería, cientos de cohetes, bombas y misiles, y casi 100.000 proyectiles de metralletas y cañones.
Se revela que un comandante dio estas instrucciones: “Desencadenaremos los perros del infierno, los desencadenaremos… Ni saben lo que les espera — ¡llega el infierno! Si hay civiles adentro, pues están en el lugar equivocado en el momento equivocado”.
Lanzaron bombas de racimo antipersonal sobre la ciudad. Explotan en el aire, esparciéndose por áreas tan grandes como varios campos de fútbol. Las bombas hirieron y mataron a combatientes y civiles por igual. Los invasores dispararon fósforo blanco contra la ciudad, una bomba incendiaria química que puede quemar la piel y la carne hasta el hueso. El uso de fósforo blanco constituye un crimen de guerra según el derecho internacional, por lo que al principio los funcionarios del gobierno y los medios de comunicación subordinados al estado negaron haberlo usado. Más tarde se vieron obligados a admitir que sí lo han usado.
Luego lanzaron un ataque terrestre con buldóceres blindados que destruyeron todas las calles principales, y soldados disparaban contra todo lo que se moviera, avanzando “casa por casa, de cuarto en cuarto, desatando terror y muerte. Volaron antiguas estructuras religiosas.
Vea la leyenda de esta foto al final del artículo. Foto: Wikipedia
Cuando la ciudad cayó ante los invasores, los reporteros describieron un “terreno baldío” de “ruina total”. Gatos y perros se cebaban de los cadáveres en las calles. Murieron hasta 2.000 iraquíes —que Estados Unidos califican de “insurgentes”— y unos 800 o más civiles. La otrora atestada ciudad quedó vacía y quebrada, 60% de sus edificios dañados o destruidos: 36.000 hogares, 9,000 tiendas, 65 edificios religiosos, 60 escuelas, las dos estaciones de tren y uno de los dos puentes que conectaban la ciudad con el mundo.
Las tropas destruyeron dos centrales eléctricas, tres plantas de tratamiento de agua, el total de instalaciones sanitarias y la red telefónica. Pause aquí. Imagínese, pero no solo imagine, siente, cómo sería la vida de usted sin agua. Sin electricidad para monitores cardíacos, respiradores, tanques de oxígeno, agua hervida, ventiladores o luces. Con aguas residuales acumulándose sin tratar. Y sin forma de comunicarse con el mundo exterior. Eso es lo que los invasores dejaron a su paso.
Unas 200.000 personas se encontraron forzadas a salir de la ciudad, primero por el bloqueo, después porque les cortaron el agua y alimentos, luego por las amenazas de invadir, y finalmente por el ataque mismo. Huyeron en busca de comida, refugio y seguridad. Pero las partes del país a las que huyeron ya fueron bombardeadas, con pocos recursos para ayudar.
Todo este sufrimiento y muerte infligidos a los civiles no fue un accidente. El gobernante asesino-en-masa detrás de la invasión ordenó a sus tropas: “¡A darles una tunda! ¡A los que quieran parar[nos]… los perseguiremos y los mataremos! ¡Tenemos que ser más duros que el diablo!... Está en prueba nuestra voluntad, pero somos resueltos. Nosotros tenemos un mejor camino. ¡Manténganse firmes! ¡Perseveren! ¡Mátenlos! ¡Tengan confianza! ¡Impónganse! ¡Los vamos a aniquilar! ¡No nos rajamos!”
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Esto podría, con algunos ajustes para tener en cuenta las diferencias logísticas y tecnológicas, describir el asesinato en masa criminal y terrorista de civiles perpetrado por el ejército ruso en su invasión de Ucrania.
Pero en este caso, el relato anterior describe exactamente lo que Estados Unidos le hizo a la ciudad iraquí de Faluya en 2004. En ese momento, Estados Unidos había invadido ilegalmente Irak, alegando que Irak tenía “armas de destrucción masiva”, un pretexto que resultó ser una mentira descarada. Y el líder asesino-en-masa citado no era Vladimir “igual que Hitler” Putin, sino el presidente estadounidense George W. Bush. (Vea Crimen Yanqui Caso #94: Noviembre 2004 — Crimen de guerra en Faluya).
Junio de 2004, los residentes de Faluya examinan los escombros tras un ataque aéreo estadounidense. Esos ataques destruyeron 36.000 de las 50.000 casas en Faluya. Foto: AP
Faluya es solo un ejemplo de los ataques terroristas de Estados Unidos contra la infraestructura civil, con el objetivo de asesinar a civiles, incluso niños en Irak. Desde 1990 hasta 2003, el período entre la primera y la segunda guerra contra ese país, Estados Unidos movilizó a las Naciones Unidas para imponer “sanciones” económicas asesinas. El resultado intencionado fue la destrucción de gran parte de la infraestructura de Irak, incluidos sus sistemas de tratamiento de electricidad, agua y alcantarillado. Los resultados fueron catastróficos para millones de iraquíes, especialmente para los jóvenes, los enfermos y los ancianos. (Ver Crimen Yanqui Caso #76: Las sanciones de Estados Unidos y la ONU contra Irak — “Un acto legitimado de matanza en masa”).
En una entrevista de 1996, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU y futura secretaria de Estado, Madeleine Albright, defendió el asesinato de 500.000 niños para lograr los objetivos de Estados Unidos en Irak diciendo que “valió la pena”.
La muerte y el sufrimiento que Estados Unidos infligió a los civiles en Irak para imponer su posición como el principal explotador del mundo no fue una excepción. Ha sido, y es, el procedimiento operativo estándar para las fuerzas armadas de Estados Unidos, comenzando con las guerras genocidas contra los pueblos indígenas de América del Norte.
En la Guerra de Corea, Estados Unidos mató a millones de civiles; bombardeando todo un país hasta convertirlo en escombros; llevando a cabo violaciones de mujeres a gran escala; y amenazando repetidamente con el uso de armas nucleares. En Vietnam, los invasores yanquis llevaron a cabo sistemáticamente la violación en masa, la tortura, la mutilación y la matanza de civiles vietnamitas como cuestión de política (vea Kill Anything That Moves: The Real American War in Vietnam [Matar todo lo que se mueva: La verdadera guerra estadounidense en Vietnam] de Nick Turse).
Sí, lo que Rusia está haciendo en Ucrania es horrible e inhumano. Y podría haber sido sacado del libro de jugadas de Estados Unidos sobre cómo librar la guerra.
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La manera en que lucha un ejército te dice todo sobre el objetivo de ese ejército. Los ejércitos de Rusia y Estados Unidos son ejércitos imperialistas que defienden el dominio sobre “su” parte de un mundo de explotación despiadada y devastación ambiental. Sus métodos de librar la guerra coinciden con sus objetivos y la naturaleza de su sistema: el terror, el asesinato en masa de civiles, la destrucción gratuita de la infraestructura civil, el medio ambiente y los tesoros culturales. En la misma manera que muelen todos los días a miles de millones de personas (incluso 150 millones de niños) en su maquinaria de explotación, de la misma manera su doctrina de guerra se basa en aterrorizar a las masas.
Por el contrario, en una revolución real total, cuando millones de personas estarían luchando para desmantelar la maquinaria de represión y opresión de este sistema, las fuerzas de combate revolucionarias tendrían una ética y medios de lucha completamente diferentes. CÓMO PODEMOS GANAR— Cómo en concreto podemos hacer una revolución enfatiza que en ese momento las fuerzas de combate revolucionarias deben, “siempre realizar las operaciones y actuar de las maneras que concuerden con el punto de vista y las metas emancipadores de la revolución”. Y es esa misma diferencia en la forma en que luchan que, en las revoluciones genuinamente emancipadoras, se convierte en un “arma” de importancia crucial en la lucha: una moralidad diferente y emancipadora.
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Leyenda para la primera foto de este artículo: Invasores yanquis aterrorizan y asesinan en Faluya, Irak, 2004.