Las audiencias sobre el intento de golpe de estado fascista de Trump el 6 de enero de 2021: Por qué debe verlas y cómo entenderlas

Destacando un pasaje de: ALGO TERRIBLE, O ALGO VERDADERAMENTE EMANCIPADOR: Crisis profunda, divisiones crecientes, la inminente posibilidad de una guerra civil — y la revolución que se necesita con urgencia, Una base necesaria, una hoja de ruta básica para esta revolución

January 6 fascists storming the capitol in Washington, DC.

 

Fascistas toman por asalto el Capitolio el 6 de enero, Washington, D.C. Foto: Toma de pantalla de audiencia del Senado.   

A partir del pasado jueves 9 de junio, las principales cadenas de televisión y la mayoría de los canales de noticias (excepto el canal fascista FOX News) comenzaron a transmitir las audiencias del Congreso sobre el intento de toma del gobierno por parte de Trump el 6 de enero de 2021. La sesión de apertura presentó evidencia sobre la participación directa y el liderazgo de Trump, el papel de las fuerzas fascistas abiertamente organizadas como los Muchachos Orgullosos, algunos de los conflictos al interior de la clase dominante en ese momento (inclusive al interior del régimen de Trump y Pence) y la realidad sobre el terreno. Estas audiencias son importantes; tómese el tiempo para verlas y leer nuestra cobertura en las próximas semanas.

Las audiencias reflejan una manifestación concentrada de las divisiones cada vez más profundas a las que Bob Avakian se refiere a continuación, sobre las normas fundamentales de cómo funciona esta sociedad y sobre las diferentes formas de gobierno ejercidas por la clase dominante capitalista-imperialista: democracia liberal burguesa o fascismo. Ambas formas son, en esencia, dictaduras de la clase capitalista-imperialista, que se reserva para sí misma (por medio de sus representantes políticos, tanto demócratas como republi-fascistas) el derecho de tomar decisiones políticas y utilizar la fuerza armada “legítima” para imponer esas decisiones. Pero si los fascistas lograran consolidar su control, esto significaría una forma de gobierno más altamente represiva —una dictadura capitalista más abierta— de parte de aquellas personas cuyos “agravios”, en palabras de Bob Avakian: “se derivan del resentimiento fanático contra cualquier limitación a la supremacía blanca, la supremacía masculina, la xenofobia (el odio por los extranjeros), el chovinismo pro estadounidense rabioso y el saqueo irrestricto del medio ambiente, y que se expresan cada vez más en términos literalmente lunáticos”.

¿Quiénes son los MAGA [partidarios de la consigna trumpista “Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza] que tomaron el Capitolio por asalto el 6 de enero?, vídeo en inglés.

Sin embargo, a partir de este agudo conflicto entre esos dos grupos de opresores, existen verdaderas posibilidades para que la gente pueda arrancar un futuro completamente diferente... un futuro emancipador, libre de todas las formas de opresión.

Para saber el porqué de eso, para saber por qué necesitamos una revolución, cómo es que las dinámicas de esta lucha en la cima de hecho abren la posibilidad de una revolución y concretamente cuál es la hoja de ruta para esa revolución, es imperativo leer, y seguir volviendo al discurso completo de Bob Avakian “Algo terrible o algo verdaderamente emancipador. Esta semana posteamos un pasaje sustancial de esta obra de importancia crítica que brinda una fundamentación importante para comprender este conflicto y por qué plantea la posibilidad de una revolución.

El pasaje se inicia así:

... Como a diario se está evidenciando más, existen divisiones profundas y cada vez más profundas, no solo en Estados Unidos en general sino también entre los poderes gobernantes de este sistema. Y, como me adentraré en más detalle en adelante, una parte de esos poderes gobernantes, representada por el Partido Republicano, ya no cree en lo que han sido las “normas aglutinantes” del gobierno capitalista “democrático” en Estados Unidos, ni se siente obligada por dichas normas. Eso está conduciendo, y conducirá cada vez más, a crecientes divisiones y choques amargos en toda la sociedad, así como en la “cima”. Todas las instituciones gobernantes de este sistema se verán cada vez más afectadas por esta situación. La polarización continuará agudizándose, en que las fuerzas agrupadas y encabezadas por el Partido Republicano se vuelven aún más agresivas al insistir en imponer, incluso por medios violentos, su visión de lo que “hace que Estados Unidos tenga grandeza”, con todos los horrores muy reales, por encima de todos los horrores, que eso supone.

Todo esto en sí tendrá efectos contradictorios — algunos de ellos definitivamente negativos, pero otros de ellos positivos o con potencial positivo. Y, a medida que esta situación se desenvuelva, esta verdad profunda se demostrará con cada vez más fuerza: la crisis y las divisiones profundas en la sociedad únicamente podrán resolverse por medios radicales, de un tipo u otro — ya sea por medios radicalmente reaccionarios, asesinamente opresivos y destructivos o por medios revolucionarios radicalmente emancipadores.

Con todo eso, lo que se necesita con urgencia, lo que es posible —y por lo hay que trabajar de manera activa e incansable, para que de veras se dé un desenlace positivo en todo esto— es un alineamiento fundamentalmente diferente en Estados Unidos en su conjunto: una Repolarización la que favorezca, y active a las fuerzas necesarias para, una revolución — una revolución real para derrocar este sistema, y crear un sistema radicalmente diferente y mucho mejor.

Pero, ¿por qué y cómo podría ser posible hacer surgir tal repolarización para una revolución real?

Esto se debe a algo que es muy diferente, en un sentido muy profundo, a lo que ha sido, durante generaciones, la “situación acostumbrada” en Estados Unidos. Comenté la manera en que ha ocurrido esto, en lo siguiente de “Momento poco común”:

Aunque “la democracia, con libertad y justicia para todos” es una mentira cruel, esta mentira ha sido crucial para que los gobernantes de este país mantengan la articulación de las cosas bajo este sistema — y especialmente para conseguir que las personas que están oprimidas bajo este sistema crean en la posibilidad de hacer que este sistema sea más justo. Por eso, ambos partidos de la clase dominante en general estaban de acuerdo, durante mucho tiempo, en trabajar dentro del mismo marco para gobernar a este país — estaban de acuerdo en aceptar los resultados de las elecciones y en llevar a cabo “la transferencia pacífica del poder” entre los diferentes representantes de este mismo sistema, ya sean demócratas o republicanos.

Con las condiciones cambiantes en este país, y en el mundo en su conjunto, durante el tiempo transcurrido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (hace 75 años), ha sido necesario que la clase dominante, para mantener “el orden y la estabilidad” en este país, hiciera ciertas concesiones a la lucha contra la supremacía blanca, la supremacía masculina y algunas otras relaciones opresivas, mientras que al mismo tiempo insistiera en que todo eso fuera parte de “crear una unión más perfecta” y “perfeccionar aún más la gran democracia que siempre ha existido en este Estados Unidos”. Esto también ha sido necesario para que los gobernantes de este país continúen promocionándolo como “el líder del mundo libre”, que ellos dicen que es necesario que siga siendo la potencia dominante en el mundo — pero que, en realidad, es la potencia más opresiva y destructiva, que saquea a las masas de personas así como a la Tierra.

Pero un sector de la clase capitalista gobernante, representado por el Partido Republicano, siempre se ha resistido incluso a dar estas concesiones parciales a la lucha contra la opresión, y ha llegado a convencerse de que ahora estos cambios han ido muy lejos, que amenazan con destruir lo que ha mantenido la articulación de este país y lo que le ha permitido dominar al mundo.

Los republicanos se han convertido en un partido fascista —un partido basado en la abierta y agresiva supremacía blanca, supremacía masculina y otras relaciones opresivas— un partido convencido de que es el único que se merece gobernar, que actúa para manipular las elecciones y suprimir los votos con el fin de conseguir y aferrarse al poder, que se niega a aceptar los resultados de las elecciones que no gana, que está decidido a destripar y pervertir el “estado de derecho”, pisotear los derechos de la gente y adoptar lo que constituye una dictadura capitalista indisimulada, que está listo a utilizar la violencia no sólo contra las masas de personas sino también contra sus rivales en la clase dominante.

Estos republicanos han movilizado a un sector importante de la población que cree, con una pasión intensa e irracional, que hay que defender e imponer firmemente la supremacía blanca, la supremacía masculina y otras relaciones opresivas (así como el desenfrenado saqueo del medio ambiente). Esa gente ha sido impulsada hasta entrar en un estado de demencia cruel, al abrazar todo tipo de teorías conspirativas lunáticas, junto con un fundamentalismo cristiano enloquecido, como respuesta a la amenaza que ven a su posición de privilegio (u “ordenada por dios”) y su insistencia en que algunas concesiones adicionales a la lucha contra la opresión destruirán lo que ha “hecho que Estados Unidos tenga grandeza”.

A diario, y en mil sentidos, la realidad clama por que no se conviva con esta demencia fascista — ¡y porque nadie quiera hacerlo! No hay manera en que ninguna persona decente quiera vivir en la sociedad, y en el mundo, que estos fascistas están decididos a crear, que están dispuestos a matar para crear.

Como escribí en mi Declaración de Año Nuevo, de enero de 2021:

Biden y los demócratas no pueden “hacer que se unifique el país”, como dicen falsamente, porque no puede darse ninguna “conciliación” con estos fascistas — cuyas “quejas” se derivan del resentimiento fanático contra cualquier limitación a la supremacía blanca, la supremacía masculina, la xenofobia (el odio por los extranjeros), el chovinismo pro estadounidense rabioso y el saqueo irrestricto del medio ambiente, y que se expresan cada vez más en términos literalmente lunáticos. ¡No puede darse ninguna “conciliación” con esto, salvo de acuerdo a los términos de estos fascistas, con todas las terribles implicaciones y consecuencias de hacerlo!

Al principio de su campaña para la presidencia, Biden se jactaba de que, como senador, ¡podía trabajar con los segregacionistas supremacistas blancos del Sur! Ahora, todavía está tratando de trabajar con los descarados supremacistas blancos y francos fascistas del Partido Republicano. Pero, por mucho que él lo intente, ellos no están dispuestos a trabajar con él — excepto bajo sus propios términos.

Las cosas no son como eran en el pasado, y la realidad es la siguiente: no es posible limar las divisiones profundas, al interior de la clase dominante, y en la sociedad en general — únicamente se volverán más profundas y agudas, más encarnizadas y antagónicas. Aquí va la verdad fundamental que hay que entender clara y profundamente:

No es posible resolver estas divisiones… en el marco que ha existido, y que ha mantenido la articulación de las cosas, durante casi 150 años, desde poco después del fin de la Guerra Civil de Estados Unidos que condujo a la abolición de la esclavitud — no es posible resolverlas sobre la base de la “democracia” capitalista que ha sido la forma “normal” de gobierno capitalista (dictadura) durante tanto tiempo.

Y:

Esta situación poco común, con la profundización y la agudización de los conflictos entre los poderes gobernantes, y en la sociedad en general, pone una base más fuerte y oportunidades más grandes para romper el control de este sistema sobre las masas de personas.

Es extremadamente importante comprender lo siguiente de manera profunda:

A medida que se desarrolle esta situación, y la clase dominante tenga cada vez menos capacidad de gobernar según la anterior manera de hacerlo, es posible que se vuelvan cada vez más agitadas y caóticas la sociedad y la vida cotidiana de las masas de personas, de diferentes partes de la sociedad, con frecuentes “trastornos” de la manera “normal” en que las cosas han existido.

Y a medida que la “manera normal” en que se ha gobernado a la sociedad deje de mantener la articulación de las cosas —y la sociedad esté desgarrándose cada vez más—, es posible que esto haga flaquear la creencia de la gente en que “la manera en que siempre han sido las cosas” es la única manera en que las cosas pueden ser. Puede hacer que haya más receptividad en la población a cuestionar —en un sentido real puede obligar a la gente a cuestionar— la manera en que han sido las cosas, y si tienen que seguir siendo así. Y es mucho más probable que esto ocurra si las fuerzas revolucionarias están en la sociedad entre las personas arrojando una luz sobre la realidad más profunda de lo que está ocurriendo, y por qué, y explicando que SÍ QUE EXISTE una alternativa a vivir así.

Esta es una parte crucial de la manera en que se podría gestar una situación revolucionaria — una situación en la que sea posible en realidad hacer caer este sistema.

Por otro lado, “dejadas las cosas tal como están” —es decir, si el actual carácter y dinámicas de todo esto se mantienen en el mismo curso en el que se encuentran ahora—, esta situación, las divisiones que la caracterizan y el desenlace resultante de ella casi con certeza van a volverse aún más terriblemente negativos. Así que, es necesario cambiar todo eso radicalmente, en lo que es un lapso de tiempo relativamente corto y “comprimido” — no simplemente de semanas o meses, pero tampoco de décadas. Si las cosas aún no se hubieran hecho erupción por completo anteriormente, es muy probable que las elecciones presidenciales programadas para 2024 sean un punto focal crítico y un punto de viraje, por lo cual los republicanos fascistas intentarán ganar y consolidar a martillazos el poder sobre la sociedad, y poner fin a cualquier posibilidad de una futura “transferencia del poder” que se les saliera de las manos.

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