Peor que el engaño de la letra pequeña...

El proyecto de ley climático imperialista de Biden: Desmentido por el panorama general

Somali families flee drought stricken area, June 2022.  Tens of millions of people are being uprooted by natural disasters due to the impact of climate change.

 

Familias somalíes huyen de una zona afectada por la sequía, junio de 2022. Desastres naturales debido al impacto del cambio climático están desplazando a decenas de millones de personas.    Foto: AP

El mundo que conocemos no puede continuar como lo ha hecho durante décadas. Múltiples crisis se encuentran en puntos de ruptura: en las relaciones entre las naciones; en las divisiones entre los sectores fascista y “liberal” de las clases dominantes; en la inmigración; en la situación de las mujeres (y las relaciones de género en general) y en la opresión continua e intensificada de las personas y gente de color. Y entre las más agudas de estas crisis se encuentra la del medio ambiente. En todas estas esferas, las cosas se encaminan hacia tumulto y trastornos, y hacia una resolución radical.

La cuestión que se le plantea a la humanidad es, como ha dicho Bob Avakian, si esa resolución será reaccionaria y esclavizante, o revolucionaria y emancipadora. Existe la base para realmente emprender el camino de resolver todos estos problemas hacia algo verdaderamente emancipador, y esto también se aplica a la crisis climática, algo a lo que volveremos.

Sin embargo, las ilusiones mortales del progreso indoloro mueren con dificultad. Y aquí es donde entra la nueva legislación climática firmada por Biden.

El 17 de agosto, el presidente Joe Biden promulgó la Ley para la Reducción de la Inflación. La legislación contiene 369 mil millones de dólares en medidas de gasto climático durante los próximos 10 años. La legislación ha sido aclamada por sus patrocinadores demócratas y sus impulsores en el movimiento ambientalista tradicional como “transformadora” e “histórica”. El mensaje oficial es que, por fin, Estados Unidos está iniciando una trayectoria de cumplimiento de sus obligaciones para reducir la producción de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) y reducir los gases de efecto invernadero (carbono y metano que atrapan el calor en la atmósfera de la Tierra) y establecer un ejemplo para otros países. Los Estados Unidos ahora dice que está en una transición real hacia una economía verde.

Se tienen las afirmaciones triunfalistas como las anteriores; también hay respuestas más “medidas” de algunos en la comunidad ambientalista que dicen que “si bien el proyecto de ley está lejos de ser perfecto, es al menos un comienzo” que podría impulsar el desarrollo de la energía renovable solar, eólica y geotérmica. Por eso, tenemos que examinar el verdadero contenido de este proyecto de ley. Porque si esto realmente fuera una transición rápida y masiva hacia una “economía verde”, o una verdadera puerta de entrada a eso, sería algo bueno para el planeta y la humanidad. Eso no es cierto....

¿Bajo cuáles normas y criterios evaluamos este proyecto de ley?

The Dave Johnston coal-fired power plant silhouetted against the morning sun in Glenrock, Wyoming.

 

En julio de 2022, la Corte Suprema prohibió que la EPA redactara una reglamentación radical para regir las emisiones de dióxido de carbono de las centrales eléctricas. En la imagen: la central eléctrica potenciada con carbón Dave Johnston, en Glenrock, Wyoming, el primer estado productor de carbón en Estados Unidos desde 1986.    Foto: AP

Cuando el proyecto de ley climático de Biden se analiza y mide contra 1) la enormidad del problema del calentamiento global causado por el uso de combustibles fósiles; 2) el papel descomunal que los Estados Unidos históricamente ha jugado, y sigue jugando, en calentar el planeta; 3) la escala y la velocidad de las medidas necesarias para hacer frente realmente a esta crisis acelerada; y 4) lo que no solo es necesario sino realmente posible sobre la base de una revolución, y un poder estatal socialista y un modo de producción radicalmente nuevos, como se concreta en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría de Bob Avakian, queda claro que esta legislación se queda masiva y obscenamente corta de lo que se necesita. Lo que es peor aún, este proyecto de ley climático en realidad prolonga la dependencia de la economía de los Estados Unidos de los combustibles fósiles.

En pocas palabras, este proyecto de ley es parte del problema del calentamiento global, no la solución.

El hecho de que esto suceda en un momento en que el viejo orden que provocó esta locura está profundamente dividido, incluso con la clase dominante “en guerra consigo misma”, y esta revolución es mucho más posible que en tiempos “normales”, lo hace aún más criminal.

I. El panorama general: aceleración e intensificación de la crisis climática mundial

En febrero y abril de 2022, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC) de las Naciones Unidas emitió sus últimos hallazgos sobre el terrible estado del planeta y el rumbo siniestro en la que se encaminan las cosas. El informe representa los esfuerzos de colaboración de científicos y expertos de todo el mundo. Encontró que 3.300 millones de personas, más del 40 por ciento de la población de la Tierra, viven en países con “alta vulnerabilidad humana” a los efectos del cambio climático1. Eso se traduce en que 2 de cada 5 personas en el mundo viven en la mira de una crisis climática en cascada de mega-tormentas, aumento del nivel del mar, sequías catastróficas, inundaciones mortales, escasez masiva de alimentos y brotes de virus y enfermedades inducidos o exacerbados por el cambio climático. Y de diferentes maneras, todos los 7.900 millones de personas en la Tierra son vulnerables al cambio climático.

Pakistan father with two children stand in flood waters

 

Históricas lluvias monzónicas han anegado a un tercio de Pakistán.    Foto: AP

La ciencia bien establecida del calentamiento global muestra que, desde la revolución industrial capitalista de fines de 1700 y principios de 1800 y la creación de economías y sociedades basadas en combustibles fósiles, los seres humanos han calentado el planeta en un promedio de 1,1 grados centígrados. La mayor parte del carbono en la atmósfera de la Tierra se emitió desde 1950. La ciencia climática señala un umbral inminente: si el calentamiento global no se limita a 1,5 grados centígrados (2,7 grados Fahrenheit, según la escala de temperatura a la que se está acostumbrado en Estados Unidos), nos enfrentamos a una probabilidad de un futuro catastrófico. Un futuro que cada vez está más cerca...

A. El verano de mal agüero de 2022
Rapid melting of the Greenland Ice Sheet contributes to rising sea level.

 

El Ártico se está calentando rápidamente, lo que conduce a un derretimiento más rápido de la capa de hielo de Groenlandia, lo que agrava el aumento del nivel del mar.    Foto: Poul Christoffersen

El Ártico se está calentando rápidamente, cuatro veces más rápido que el promedio mundial (una tasa mucho más alta de lo que habían proyectado estudios científicos anteriores). Este calentamiento conduce a un derretimiento más rápido de la capa de hielo de Groenlandia, lo que agrava el aumento del nivel del mar. Los efectos de esto se extienden mucho más allá del Ártico, influyendo en lluvias y olas de calor extremas en el mundo.

Una medida definitiva y amenazadora del estado del calentamiento global: el clima fundamental del Ártico ha cambiado, a un clima caracterizado más por agua líquida que por hielo2.

El verano de 2022 ha sido un verano de sequías sostenidas en todo el mundo: enormes extensiones de China, el sur de Asia, el este de África y Europa han sido afectadas. China experimentó este año una racha de 164 días de temperaturas extremas, su peor ola de calor registrada. En Etiopía y otras partes del este de África, 20 millones de personas se enfrentan al hambre extrema debido a que los cultivos se han perdido; en algunas regiones de Somalia, no ha llovido durante 2 años. El clima cambiante del planeta está conduciendo a una situación de escasez extrema de agua en el planeta que ahora se proyecta obligará a 700 millones de personas a huir de sus hogares en la próxima década, desde zonas que se extienden desde el Medio Oriente hasta el Cuerno de África, pasando por el “corredor seco” de Centroamérica3.

Un estudio pionero publicado en Environmental Research ha determinado que la contaminación del aire por la quema de combustibles fósiles es responsable de 1 de cada 5 muertes en todo el mundo4.

La vulnerabilidad climática es mayor en las regiones más pobres del mundo, que son las menos responsables de esta crisis y, precisamente por su pobreza y por la dominación del imperialismo, son las menos capaces institucionalmente y en cuanto a recursos para hacer frente a esta crisis.

B. A lo que la ciencia nos dice que se debe hacer, el sistema capitalista-imperialista dice NO

Los reportes del PICC de este año y del año pasado dejan en claro en su mensaje (aunque tuvieron que morderse la lengua bajo la presión de los gobiernos y la industria de los combustibles fósiles). Dadas las líneas de tendencia del aumento de la temperatura y sus efectos en los ecosistemas de la Tierra, hay poco margen de demora para actuar y mantener el calentamiento global en ese punto de inflexión de 1,5 grados. Actuar de acuerdo con eso significa reducir drásticamente las emisiones de carbono lo más rápido posible; eliminar rápidamente por etapas las centrales eléctricas que funcionan con combustibles fósiles; reconfigurar el transporte, la industria y otros segmentos de la economía global para que abandonen los combustibles fósiles; y reducir la demanda total de energía en un 40-70 por ciento para 2050. Estas son medidas requeridas por la ciencia, reafirmadas en los informes del PICC de 2022, como necesarias para evitar una catástrofe.

¡Pero este no es el rumbo en el que están encaminadas las cosas! Hoy, el mundo está en camino de producir el DOBLE de la cantidad de carbón, petróleo y gas en 2030 de lo que está acorde con evitar que el calentamiento aumente más de 1,5 grados. A nivel mundial, las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo récord en 2021. Las emisiones de carbono de Estados Unidos aumentaron en un 6,2 % el año pasado, en gran parte debido al mayor uso de carbón (el combustible fósil más sucio) para generar electricidad. ¿Por qué? Principalmente porque los precios del gas natural aumentaron en 2021 y, por lo tanto, según el funcionamiento y los criterios del mercado capitalista, el carbón se volvió más “eficiente en costos”5.

Mientras tanto, el “amigable con el clima” Joe Biden ha estado presionando y engatusando a las compañías petroleras estadounidenses y a los países productores de petróleo (como Arabia Saudita) para que aumenten la producción de petróleo como parte del plan de juego del imperialismo estadounidense para debilitar a Rusia suministrando gas natural y petróleo a los aliados oeste-europeos en la OTAN de Estados Unidos. La expansión de los combustibles fósiles y la aplicación más amplia de tecnologías relacionadas, como la licuefacción del gas natural para el transporte global, han sido elementos críticos de la guerra de sustitutos (indirecta) de Estados Unidos con Rusia. En resumen, ¡Estados Unidos pretende debilitar a Rusia abriendo los grifos de los combustibles fósiles!

Algo está mal, muy mal, con esta imagen.

II. Cómo el proyecto de ley climático de Biden prolonga la dependencia de los combustibles fósiles e impone con candados las nuevas emisiones de carbono

A liquified natural gas tank is over half a football field long, weighs 260 tons and stores 265,000 gallons of liquified natural gas.

 

Un tanque de gas natural licuado en Jacksonville, Florida, mide más de la mitad de un campo de fútbol americano, pesa 260 toneladas y puede almacenar 265.000 galones de gas natural licuado.    Foto: AP

Considere cuál sería la medida de política individual más importante requerida para hacer frente y actuar sobre el cambio climático, especialmente en los Estados Unidos, el mayor productor mundial de petróleo y gas natural (y el tercer mayor productor de carbón). Sería hacer todo lo posible para reducir y eliminar los combustibles fósiles y desarrollar un cronograma de acción urgente en sintonía con esto. Esta es una crisis existencial, sobre si la Tierra será habitable o no. Pero revise los cientos de páginas de la Ley para la Reducción de la Inflación y no encontrará NADA sobre la eliminación por etapas de los combustibles fósiles, y mantener el petróleo bajo tierra. De hecho, el proyecto de ley facilita la expansión de la producción de combustibles fósiles.

A. Lo que es obligatorio y lo que no lo es

* El proyecto de ley sobre el clima de Biden no exige recortes en las emisiones de carbono, pero sí exige la subasta de concesiones en arriendo de tierras federales para nuevos proyectos de combustibles fósiles. La legislación climática no establece objetivos de reducción de emisiones con los correspondientes mecanismos de cumplimiento. Se supone que eso sucederá por sí solo, con créditos y subsidios del gobierno que incentivan el desarrollo de energías renovables. Piénselo. Estamos al borde de la catástrofe climática y nos estamos quedando sin tiempo para actuar. Y, sin embargo, Estados Unidos, la fuente de más carbono acumulado en la atmósfera que cualquier otro país, no es capaz y no está dispuesto a hacer algo tan básico y esencial como ordenar fuertes recortes en las emisiones de carbono.

Pero el proyecto de ley sí exige algo... y no es muy bonito. Requiere que el Departamento del Interior de los Estados Unidos ofrezca cada año 810 mil hectáreas de tierras públicas y 25 millones de hectáreas de aguas marinas para el arrendamiento de concesiones de petróleo y gas, para que las empresas de combustibles fósiles excaven en Alaska y el Golfo de México, como requisito previo para otorgar derechos a empresas [de energía] solares y eólicas para instalar proyectos renovables a gran escala en tierras y aguas federales. ¡Esta política continuará durante 10 años!

Oil drilling platform in Alaska

 

Excavación en busca de petróleo en Alaska. Foto: Oficina de Cumplimiento de la Seguridad y el Medio Ambiente   

Esto es criminal: el desarrollo de energías renovables está amarrado y maniatado a disposiciones para nuevas inversiones en proyectos de combustibles fósiles. Un hecho destacado: según el Centro para la Diversidad Biológica, la producción de combustibles fósiles en tierras y aguas federales es responsable de cerca del 25 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos6.

El proyecto de ley climática de Biden promueve y premia una tecnología que prolonga la producción de petróleo y gas natural. El proyecto de ley tiene como objetivo impulsar el despliegue generalizado de la tecnología de “captura y almacenamiento de carbono” (CAC), eliminando las emisiones de carbono de las chimeneas industriales o directamente del aire y enterrándolas a gran profundidad. Esto es aclamado como una forma maravillosa de limitar la contaminación por carbono. Pero cuando esta tecnología y sus aplicaciones se analizan más de cerca, surge una imagen diferente.

Para empezar, la CAC es una tecnología cuestionable, aún no completamente comprobada. Más concretamente, uno tiene que preguntarse: ¿por qué empresas como ExxonMobil, Chevron y BP han defendido y han invertido en esta tecnología? La respuesta, y es algo impactante, se explica en un importante ensayo del 10 de agosto de 2022 que apareció en el New York Times:

Donde la CAC se ha utilizado más ampliamente en los Estados Unidos y en otros lugares... es en la producción de petróleo y gas natural. He aquí cómo: Las instalaciones de procesamiento de gas natural separan el dióxido de carbono del metano para purificar el metano para la venta. Luego, estas instalaciones a veces canalizan el dióxido de carbono “capturado” a lo que se conoce como proyectos mejorados de recuperación de petróleo, donde se inyecta en los yacimientos petrolíferos para extraer petróleo adicional que, de lo contrario, quedaría atrapado bajo tierra. De los 12 proyectos CAC comerciales en operación en 2021, más del 90 por ciento se dedicaron a la recuperación mejorada de petróleo...7

Los autores señalan que la captura y el almacenamiento de carbono fue un “gran ganador” en el proyecto de ley climático de Biden y que el apoyo para la CAC en el proyecto de ley equivale a un subsidio a la producción de petróleo “en nombre de la lucha contra el cambio climático”. Las grandes empresas de combustibles fósiles apoyan y promueven la CAC porque, si funciona, permite la quema continua de combustibles fósiles.

UNA NOTA AL MARGEN SOBRE UNA INDUSTRIA DE COMBUSTIBLES FÓSILES QUE PARA NADA ESTÁ EN DECLIVE: De las diez acciones estadounidenses con mejor desempeño en la primera mitad de 2022, tres eran productoras de carbón y cinco estaban vinculadas al petróleo y al gas natural8.

B. El mercado como un mecanismo anticuado e irracional para organizar la sociedad humana... Y la hora es tarde.

La legislación climática de Biden se basa en incentivos y subsidios gubernamentales a unidades privadas de capital para estimular una pizca de desarrollo de energía renovable. Esto es un reflejo de los mecanismos indirectos y tortuosos del capitalismo. En un sistema económico y político capitalista-imperialista, cuya base son bloques de capital en competencia de propiedad privada que explotan a los trabajadores en todo el mundo, no existen medios a nivel de toda la sociedad, ningún mecanismo directo, ningún poder de gobierno para establecer prioridades racionales... asignar los recursos de acuerdo con la necesidad social y la sustentabilidad ambiental.

Para aquellos que se preocupan por el planeta, no hay forma de eludir la pura verdad sobre los combustibles fósiles y el calentamiento global: para abordar con seriedad el cambio climático, habría que sacar del negocio a las empresas de combustibles fósiles, apoderarse de sus activos y dejar la mayor parte del combustible fósil en el suelo.

Y para que eso suceda, para que la sociedad interactúe con la naturaleza de manera sustentable, se necesita una revolución. Una revolución para derrocar este sistema... para crear un nuevo poder estatal y socializar la propiedad de los medios de producción... y para forjar una economía socialista planificada. Esta es la base económica radicalmente diferente que hace posible utilizar los recursos de la sociedad colectivamente y desencadenar a las personas para que se pongan a trabajar en torno a la emergencia ambiental al servicio de los intereses de la humanidad de todo el mundo y tengan una verdadera oportunidad (no una certeza) de salvar el planeta.

Esta revolución socialista liberadora no es una perspectiva borrosa y lejana. Es más posible en las condiciones de hoy, con crisis sociales y políticas que se multiplican, se intensifican y se superponen y que pueden estallar en masivos trastornos, con la clase dominante de los Estados Unidos “en guerra consigo misma”. Que la gente resulte envuelta en los “positivos” ilusorios del proyecto de ley climático de Biden ya sería bastante malo en tiempos normales. Pero en estos tiempos, ese pensamiento iluso es especialmente dañino. Es darle la espalda y desperdiciar la gran oportunidad de hacer una revolución que realmente podría transformar la relación de la humanidad con la naturaleza.

III. Los cálculos engañosos de las reducciones proyectadas de emisiones de carbono; una imagen más acertada de la huella de carbono del imperialismo estadounidense

A. La hipérbole engañosa de las reducciones de emisiones de carbono de la nueva ley

La aprobación de la Ley para la Reducción de la Inflación de Biden con sus disposiciones climáticas ha ido acompañada de una serie de estudios ampliamente publicitados que muestran que la ley, para 2030, reducirá las emisiones de carbono de Estados Unidos en un 40 por ciento en comparación con los niveles de 2005. Pero esto es extremadamente engañoso. La mayor parte de las reducciones proyectadas por las que se atribuye el crédito del proyecto de ley climática de Biden se explican en realidad por otros cambios, incluido la transición de muchas centrales eléctricas de Estados Unidos del carbón al gas natural, un combustible fósil que emite menos carbono pero aún contribuye a los gases de efecto invernadero.

Así que, a pesar de las luces brillantes, la realidad es que esta legislación solo brindará una reducción de carbono del 7 al 10 por ciento en relación con las tendencias actuales9.

Y el total proyectado de reducción de emisiones del 40 por ciento en general no está asegurado de ninguna manera. No se olvide el aumento en el uso de carbón el año pasado. E incluso esta reducción del 40 por ciento en las emisiones, vinculada a la nueva legislación climática y las tendencias actuales, es un retroceso de la reducción del 50 por ciento para 2030 que Estados Unidos prometió en 2021, un nivel de reducción que, como veremos, no se acerca en absoluto a la responsabilidad histórica de los Estados Unidos por el carbono en la atmósfera. (Retomaremos cuál nivel de reducción de emisiones es realmente necesario y proporcional al papel de Estados Unidos en el calentamiento global).

B. La externalización de las emisiones de carbono de Estados Unidos

Hay otro “problema contable” serio. Estamos lidiando con el calentamiento global porque se trata de una emergencia planetaria: gases que atrapan el calor proveniente de la quema de combustibles fósiles que permanecen en la atmósfera de la Tierra. Pero los cálculos y compromisos por los cuales los países estiman costos y llevan a cabo planes de reducción de carbono están definidos por las fronteras de los países.

Tomemos una empresa como General Motors. Tiene operaciones en todo el mundo: en Europa, América Latina, China y otras partes de Asia. Estas instalaciones y las cadenas de suministro que las alimentan emiten carbono. Las peores emisiones están en el tercer mundo. Aquí es donde las empresas estadounidenses aprovechan los bajos costos de producción y la reglamentación ambiental floja para realzar su competitividad global. Pero las emisiones de carbono de una empresa como GM se asignan a su base nacional en los Estados Unidos. Cuando las empresas importan bienes (como Apple o Target), las emisiones de carbono envueltas en su producción en el extranjero no se incluyen en su huella de carbono oficial.

Se tiene aquí un “pequeño secreto sórdido” del imperialismo estadounidense revelado en un importante estudio realizado por un equipo de economistas españoles: si se suman las emisiones de carbono de las filiales extranjeras de las corporaciones transnacionales estadounidenses, como GM, Ford, ExxonMobil que operan fuera de las fronteras de Estados Unidos, y se trata esta actividad en el extranjero como una sola entidad (como si fuera un país en sí mismo), ¡ese total combinado haría de esa entidad el 12º emisor de carbono del mundo10Una vez más, esto NO se cuenta en las emisiones de Estados Unidos y los recortes proyectados en las emisiones de Estados Unidos.

C. Las fuerzas armadas genocidas de Estados Unidos y sus emisiones de carbono
USAF F35A Lightning IIs fly in formation over Florida.

 

Las fuerzas armadas de Estados Unidos no solo son el consumidor institucional más grande de combustibles fósiles en el mundo; también son el mayor emisor institucional de carbono en el mundo. En la imagen: F35A Lightning II de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos (USAF) vuelan en formación sobre Florida.    Foto: Wikipedia/USAF

Cuando los líderes de los gobiernos del mundo se reunieron en la última gran cumbre climática en Glasgow en noviembre de 2021, la contaminación por carbono de las fuerzas armadas principales del mundo no estaba en la agenda. De hecho, las fuerzas armadas del mundo han desarrollado formas creativas de ocultar, y declarar por debajo del nivel real, sus enormes emisiones de carbono.

Estados Unidos tiene el presupuesto militar más grande de todos los países del mundo: en 2021, erogó más en sus fuerzas armadas que los siguientes 9 países combinados (incluidas China y Rusia).

Las fuerzas armadas de los Estados Unidos no solo son el consumidor institucional más grande de combustibles fósiles en el mundo; también son el mayor emisor institucional de carbono del mundo. Estamos hablando de operaciones militares abiertas y encubiertas en el extranjero, el mantenimiento de bases militares y sistemas de transporte, las cadenas de suministro globales masivas que sirven a estas fuerzas armadas. Todos los grandes sistemas de armamento, desde aviones de combate hasta portaaviones, son altamente intensivos en carbono. El caza de combate F-35A de la Fuerza Aérea quema 2,4 galones de combustible por cada milla náutica [1.852 km]. Y la adquisición constante de nuevas armas de muerte impone con candados durante décadas ciertas tecnologías intensivas en carbono11

El petróleo juega un papel estratégico en el mantenimiento y la extensión de la posición dominante de Estados Unidos en el sistema capitalista-imperialista mundial. Y como lo expresó Bob Avakian en una entrevista de primavera de 2022: “para subestimar enormemente las cosas, no hay posibilidades de eliminar, o incluso reducir, este consumo masivo de petróleo, mientras este sistema y sus fuerzas armadas permanezcan en el poder e impongan los intereses de la clase dominante capitalista-imperialista del que son un instrumento altamente destructivo”12.

D. ¿Cómo sería una reducción justa y proporcionada de las emisiones de carbono de Estados Unidos?

La persona promedio en Bangla Desh emite 0,5 toneladas métricas de dióxido de carbono al año. En los Estados Unidos, ese número es de 15,2 toneladas métricas por persona, es decir, unas 30 veces más (¡!). Bangla Desh es responsable de tan solo una pequeña fracción de las emisiones globales de carbono. Sin embargo, Bangla Desh sufre las consecuencias extremas del calentamiento global: aumento del nivel del mar, inundaciones y ciclones cada vez más intensos. Estos son los “impactos del cambio climático” de los que los países ricos y con altas emisiones son en gran parte responsables13.

Estados Unidos ha contribuido con más carbono a la atmósfera que cualquier otro país del mundo. Entre los 10 países industrializados más grandes del mundo, Estados Unidos tiene el mayor consumo de petróleo por persona. Hemos mostrado cómo Estados Unidos es responsable, mediante la globalización imperialista, de emitir cantidades masivas de carbono más allá de sus fronteras nacionales. Además de eso, Estados Unidos y otros países imperialistas han privatizado y monopolizado el conocimiento y las tecnologías vitales para abordar el cambio climático. Esta monopolización se ejerce mediante patentes, licencias y otros controles que debilitan la capacidad de los países pobres para tener acceso y adaptar efectivamente dichas tecnologías.

Si tomamos en cuenta la “deuda de carbono” histórica de los Estados Unidos junto con sus niveles actuales de emisiones; si partimos de la naturaleza existencial de la crisis climática y las medidas que deben tomarse para reducir masivamente las emisiones de carbono y hacer una transición rápida hacia las energías renovables, obtendremos una comprensión muy diferente, más veraz, del nivel de reducción de carbono realmente necesario de los Estados Unidos.

El Proyecto de Referencia de Equidad Climática ha calculado, con esta metodología, que la parte justa de Estados Unidos en el esfuerzo global para reducir las emisiones de carbono en 2030 a un nivel que corresponda a la contribución histórica y actual de Estados Unidos al calentamiento global “es equivalente a una reducción del 195% por debajo de las emisiones de 2005”14. Eso es casi cinco veces mayor que las reducciones de emisiones proyectadas bajo la legislación climática de Biden.

IV. ¿Es posible semejante escala de reducciones de emisiones de carbono? Sí, pero no lo es bajo este sistema capitalista-imperialista...

Porque habría que reestructurar toda la economía, el transporte, la industria... habría que desafiar ideológica y moralmente a la gente, habría que ponerse a cambiar los patrones de consumo existentes y ambientalmente insostenibles. Se tendría que acabar con este sistema económico impulsado por las ganancias y su dinámica interna de expandirse o morir: producir más, a menor costo, o la competencia te vencerá. Se tendría que acabar con un sistema político en el que los fascistas negacionistas del cambio climático ejercen un poder enorme, en los gobiernos estatales y especialmente en la Corte Suprema que, a fines de mayo de 2022, le quitó a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) su facultad para emitir y ejecutar amplias normas sobre la contaminación y emisiones.

Todo lo cual quiere decir que se necesitaría derrocar este sistema y reemplazarlo con una economía y sociedad socialistas sustentables cuyo desarrollo serviría a los intereses de la humanidad mundial y salvaguardaría el planeta.

Bob Avakian ha mapeado esta revolución. La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte establece la visión y el plano para un nuevo poder estatal y economía liberadores que les dan poder a las personas para arrancar de raíz el racismo, el patriarcado y otros horrores de este sistema. Este es un sistema de gobierno que promueve la más amplia efervescencia intelectual y cultural, debate y disentimiento, que contribuya a llegar a conocer la verdad del mundo y de los caminos hacia un mundo sin explotación y opresión, en el que las personas puedan ser guardianes dignos del planeta.

Una revolución posibilita que se aproveche un inmenso potencial para actuar en torno a la crisis ambiental que este sistema suprime. Esto incluye:

—el conocimiento científico y las capacidades técnicas que están a la mano para convertir esta economía destructora del planeta, pero que están trabados por el afán de ganancias...

—las muchas propuestas prácticas y profundamente pensadas de científicos, ingenieros, planificadores urbanos y otros para sistemas, ciudades y transporte basados en energías sustentables; las mayores lecciones a sacar sobre la base de prácticas y conocimientos de agricultura sustentable; y tanto más, que no van a ninguna parte bajo este sistema...

—la determinación y la creatividad de personas de todos los ámbitos de la vida que quieren salvar el planeta pero que están mantenidas en la impotencia...

—y la escala y formas sin precedentes de cooperación y colaboración global que son técnica y socialmente factibles, y esenciales para verdaderamente abordar y actuar para incidir en lo que es una crisis planetaria, pero que no pueden tener efecto en un sistema mundial de estados capitalista-imperialistas contendientes que persiguen los intereses nacionales de gran potencia, un sistema en el que las clases dominantes de un puñado de países capitalistas ricos dominan a la gran mayoría de la humanidad.

Una revolución socialista que se base en los intereses de la humanidad mundial y que avance globalmente rompería y daría el ejemplo para romper tales trabas y desencadenar este potencial reprimido.

Constitution for the New Socialist Republic in North America cover

 

Vea la manera en que la Nueva República Socialista en América del Norte abordaría los temas manejados en este artículo después del triunfo de la revolución:

V. El proyecto de ley de Biden no es un plan para la reorganización decisiva en torno a las energías renovables

Según un estudio de 2019 realizado por Wood MacKenzie (un grupo global de investigación/consultoría en energía), el costo de “descarbonizar” por completo solamente la red eléctrica de Estados Unidos, a fin de transformarla y poder producir, entregar y almacenar energía renovable, requeriría unos 4.5 millones de millones de dólares en inversiones15. Esa suma, que no incluye todas las demás cosas que necesitarían transformarse para una economía sustentable, es 12 veces mayor que los $369 mil millones presupuestados para los próximos 10 años en la ley climática de Biden (con créditos y subsidios del gobierno para estimular el desarrollo de energías renovables).

Así que, existe una gran desconexión aquí en términos de la financiación que realmente se necesita. No es una omisión. Más bien, la transición completa hacia una economía verde seguramente no es la agenda de la Ley para la Reducción de la Inflación.

Hay muchas razones para esto. Incluyen el hecho de que la clase dominante de Estados Unidos está profundamente dividida, en que un sector, los republi-fascistas, todavía, como se mencionó, niegan la realidad y la ciencia del cambio climático, mientras que la industria de los combustibles fósiles ahora se ha obstinado en negar y bloquear soluciones genuinas a la crisis climática (mientras promociona falsas aspiraciones “verdes”).

Hay un factor subyacente que define por qué una transición verde rápida “no está en la agenda”. La economía capitalista-imperialista estadounidense ha evolucionado históricamente de cierta manera. Su sistema industrial, su infraestructura, su tecnología dependen de los combustibles fósiles. Todo este capital que se ha invertido en la estructura económica, incluidas las inversiones masivas en combustibles fósiles en exploración, perforación, refinación, etc., debe ser recuperado de manera rentable por diferentes bloques privados de capital. Las cadenas de suministro globales de Estados Unidos, que se apoyan en la superexplotación de la mano de obra en el tercer mundo, también dependen de los combustibles fósiles.

Lo que esto significa es que el costo (en ese rango de 4.5 millones de millones de dólares) de hacer la transición a una economía completamente verde es una barrera prohibitivamente alta en relación con el marco y el funcionamiento de este sistema imperialista. Además, se tiene esta situación perversa en la que los avances tecnológicos de los últimos años, como la fracturación hidráulica, han abaratado la producción de nuevas fuentes de petróleo de esquisto bituminoso y gas natural, realzando la rentabilidad y el apalancamiento global del imperialismo estadounidense.

Una vez más, piense en la forma en que Estados Unidos ha convertido el petróleo y el gas natural en armas económicas en su guerra de sustitutos con el imperialismo ruso. La fortaleza geoeconómica basada en los combustibles fósiles es integral y vital para el funcionamiento del imperio estadounidense.

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VI. Expansión de las energías renovables: no para salvar el planeta, sino para fortalecer la capacidad del imperialismo estadounidense de dominar el planeta... e impulsar su legitimidad

El proyecto de ley sobre el clima de Biden es una iniciativa del ala del Partido Demócrata de la clase dominante estadounidense. Si bien las disposiciones del proyecto de ley, como se indicó anteriormente, aún no son suficientes para que Estados Unidos cumpla con su compromiso para 2021 de reducir los gases de efecto invernadero en un 50 por ciento para 2030, el proyecto de ley contiene medidas para expandir la energía renovable en Estados Unidos. Estas medidas incluyen la promoción de la producción y la expansión del mercado de vehículos eléctricos y la promoción del desarrollo de la capacidad de fabricación nacional de energía solar, así como la eólica; y, en general, apuntalar la fortaleza del mercado global de Estados Unidos en energías renovables. Nuevamente, los mecanismos para hacer esto son los créditos y subsidios del gobierno para disminuir el “riesgo de mercado” de la inversión privada en energía verde.

La apuesta del proyecto de ley climático de Biden es que impulsará la construcción a partir de un componente más grande de mezcla de energías renovables en los Estados Unidos sobre la base del núcleo estratégico de combustibles fósiles de la economía y el imperio de los Estados Unidos. Este enfoque está estrechamente relacionado con la “seguridad energética”.

A. Seguridad energética imperialista

La empresa de investigación imperialista Instituto Peterson para la Economía Internacional, al acoger el proyecto de ley sobre el clima (al tiempo que lo critica por no ir lo suficientemente lejos), explica parte de la lógica imperial esencial del proyecto de ley:

La legislación sobre el cambio climático... tiene como objetivo, en parte, impulsar las manufacturas solares en los Estados Unidos (fabricación y ensamblaje de materiales a lo largo de la cadena de valor solar) y brindar una mayor seguridad energética al reducir la dependencia de los Estados Unidos de los proveedores solares chinos.... La situación actual es una significativa fuente de vulnerabilidad estratégica de Estados Unidos16.

Nótese que el concepto rector es “seguridad energética”, no “sustentabilidad ambiental”. La seguridad energética se refiere a los problemas de la capacidad de producción de combustibles fósiles y renovables, la protección contra las crisis de precios y los cuellos de botella y las interrupciones de las cadenas de suministro y, de manera crucial, evitar que los competidores energéticos globales aseguren el dominio. Si bien sectores de la clase dominante de Estados Unidos reconocen la realidad y los peligros del calentamiento global para la habitabilidad del planeta, esto se ve por la lente de las amenazas a la seguridad, la estabilidad, la competitividad de Estados Unidos y el dominio global. El Pentágono ha publicado muchos estudios que advierten sobre el potencial disruptivo del cambio climático: migraciones, guerras locales por recursos, competencia entre grandes potencias por la reducción de las porciones de materias primas, etc.

Las energías solar y eólica representan solo el 10 por ciento de la generación de electricidad del mundo17. Pero esta participación está creciendo. Y la fuerza de la energía solar y eólica se está convirtiendo rápidamente en una palanca de control del mercado y una ventaja geoeconómica en el orden mundial imperialista en evolución en el que China es una potencia capitalista-imperialista en ascenso.

B. Energías renovables y rivalidad imperial entre Estados Unidos y China

China está montando un serio desafío económico, político y militar al imperialismo estadounidense. En este momento, la energía solar es la fuente más barata de energía verde, y China tiene una ventaja dominante en la producción solar. Controla entre el 80 y el 85 por ciento de la producción solar mundial, y los costos de fabricación solar son un 20 por ciento menores en China que en los Estados Unidos. China domina todas las etapas de los paneles solares, incluida la extracción de materias primas clave para fabricar células fotovoltaicas que convierten la luz solar en energía. Grandes partes de la economía mundial dependen de China para suministrar componentes críticos para la producción de energía solar. Las redes de producción global de China para turbinas eólicas y paneles solares se extienden por Asia, África y América Latina18.

* La participación de Estados Unidos en los envíos de componentes solares en todo el mundo cayó a menos del 1% en 2021 desde el 13% en 200419. Estados Unidos se ha basado y sigue apoyándose en el proteccionismo del mercado para librar su batalla económica con China. Ha aplicado aranceles (como un impuesto) y ha impuesto sanciones a los paneles solares provenientes de China, limitando y bloqueando su entrada a los Estados Unidos (lo que encarece la importación de energías renovables). Esto es para realzar la posición competitiva de los Estados Unidos. En 2021, el 80 por ciento de todos los paneles solares instalados en los Estados Unidos fueron importados desde Camboya, Tailandia, Malasia y Vietnam20

Los imperialistas estadounidenses tienen como objetivo aumentar la capacidad de fabricación de paneles solares en los Estados Unidos, tanto por medio de estas medidas proteccionistas económicas como al proporcionar incentivos financieros a los fabricantes estadounidenses nacionales. El proyecto de ley sobre el clima requiere que los fabricantes de automóviles de Estados Unidos, como condición para los subsidios, obtengan altos porcentajes de sus materiales de baterías para automóviles eléctricos de socios en Estados Unidos y de socios de “libre comercio” de los Estados Unidos, como México y Canadá, que son parte del bloque económico más amplio de los Estados Unidos21.

* China y Estados Unidos están trabados en una contienda en África por el control y el acceso a los suministros de litio y cobalto (para baterías eléctricas) y otras materias primas. Todo lo cual está anclado a la superexplotación salvaje en minas y centros de procesamiento. China tiene la ventaja en el control de las materias primas.

* China tiene una alta dependencia del petróleo importado para satisfacer sus necesidades internas. Estados Unidos, por otro lado, tiene una ventaja competitiva en su capacidad de combustibles fósiles, como el productor mundial más grande de petróleo y gas natural, junto con sus relaciones estratégicas en materia de combustibles fósiles con Canadá, México y Arabia Saudita.

* Estados Unidos y China son las dos economías más grandes del mundo. Son los dos emisores más grandes de carbono del mundo y actualmente representan más del 40 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Estas dos potencias capitalista-imperialistas están en curso de choque en el ámbito económico y, cada vez más, en el ámbito militar. Ambas potencias han intensificado sus maniobras navales y aéreas, así como los ejercicios de combate, en el Mar de China Meridional y el Estrecho de Taiwán. La visita de julio de 2022 de Nancy Pelosi a Taiwán fue una provocación deliberada y calculada. En este escenario, las conversaciones climáticas bilaterales entre los dos países colapsaron en el verano de 2022.

En un momento en que la colaboración y la cooperación internacionales serían esenciales para enfrentar una crisis que amenaza a los ecosistemas y la vida en este planeta... lo que vemos, en cambio, especialmente entre los Estados Unidos y China, es una creciente competencia, confrontación y desentendimiento. Esto está ligado a la naturaleza del imperialismo: rivalidad y contienda por mercados, tecnologías, recursos y regiones... y guerras por un imperio más grande.

Piénselo, la energía renovable es objeto de guerras comerciales. Piénselo, las cumbres globales como la conferencia climática de Glasgow de noviembre de 2021 son escenarios para promover agendas imperialistas rivales. Piénselo, Estados Unidos y otras potencias imperialistas, desde 2010, se han quedado cortos en el cumplimiento de las promesas hechas en estas cumbres de proporcionar asistencia financiera para las medidas de mitigación del cambio climático para los países del Sur global que ya sufren las terribles consecuencias del calentamiento global. Mientras el planeta se calienta, a medida que sube el nivel del mar.

“La destrucción del planeta por el capitalismo-imperialismo” (vídeo en inglés), Un corto del discurso filmado de Bob Avakian, “Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución”. Lea el texto de este corto en español aquí.

C. Una jugada para establecer la legitimidad climática de Estados Unidos

La idea de que Estados Unidos es un líder mundial en cambio climático es una broma, como tratar de retratar a Estados Unidos como un líder mundial en la lucha contra el asesinato policial racista. Estados Unidos nunca respaldó el Protocolo de Kioto de 1992, el primer tratado internacional del mundo que compromete a los países a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Con sus bravuconadas de superpotencia, ha dejado en claro que no aceptará restricciones climáticas sobre sí misma. En los primeros días de la conferencia climática de París de 2015, Obama levantó los controles de exportación sobre el petróleo estadounidense, una bofetada arrogante en la cara. Y no mucho después, Trump dijo que se joda el planeta y sacó a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París.

El mundo ve a Estados Unidos como un país que casi no ha progresado en la limitación sustancial de las emisiones de carbono (de hecho, fue en la década de 2010 cuando Estados Unidos se convirtió en el productor más grande de petróleo y gas natural del mundo).

Si bien esta postura ha protegido el “derecho a contaminar” de Estados Unidos, también ha dificultado que Estados Unidos reivindique cualquier “base moral superior” en su diplomacia e intimidación, incluido “nombrar y avergonzar” a otros. China, por otro lado, ha obtenido un considerable beneficio diplomático al poner al descubierto la hipocresía y la inacción de Estados Unidos mientras anuncia sus iniciativas de energía limpia: el apoyo financiero del estado chino para el sector de energía renovable de China es mucho más grande que el proyecto de ley climático de Biden. (No es que nadie deba dejarse seducir por las relaciones públicas imperialistas de China... tiene planes para 169 proyectos de carbón nuevos y ampliados, lo que profundizará su dependencia de este combustible fósil)22.

Entre otras cosas, la Ley para la Reducción de la Inflación es un intento de Estados Unidos de presentarse en el escenario mundial como un “líder climático”. ¿Cuántas veces se ha escuchado decir que Estados Unidos ha promulgado la “ley climática más grande de la historia”? Cierto, pero el criterio es muy bajo, ya que el gobierno de los Estados Unidos no ha hecho prácticamente nada con reiteración durante las décadas desde la famosa aparición del científico James Hansen ante el Congreso en 1989 quien resumió los hechos irrefutables del calentamiento global.

La nueva legislación climática le da a Estados Unidos cierta influencia diplomática (como la legislación de derechos civiles de la década de 1960) mientras que, al mismo tiempo, y de más importancia, proporciona una tapadera política para la incapacidad más grande de Estados Unidos a la hora de actuar de manera acorde con esta crisis existencial. Algo más: los imperialistas estadounidenses están vendiendo esta nueva ley climática en parte como una forma de tranquilizar y mantener la lealtad de esos millones de personas que han despertado a la pesadilla del rápido cambio climático y que están angustiándose sobre lo que hacer.

VIII. Conclusión y desafío: existe una salida

A modo de síntesis, permítanme repetir el párrafo al inicio de este artículo sobre normas y criterios para evaluar las disposiciones climáticas de la Ley para la Reducción de la Inflación:

Cuando el proyecto de ley climático de Biden se analiza y mide contra 1) la enormidad del problema del calentamiento global causado por el uso de combustibles fósiles; 2) el papel descomunal que los Estados Unidos históricamente ha jugado, y sigue jugando, en calentar el planeta; 3) la escala y la velocidad de las medidas necesarias para hacer frente realmente a esta crisis acelerada; y 4) lo que no solo es necesario sino realmente posible sobre la base de una revolución, y un poder estatal socialista y un modo de producción radicalmente nuevos, como se concreta en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría de Bob Avakian, queda claro que esta legislación se queda masiva y obscenamente corta de lo que se necesita. Lo que es peor aún, este proyecto de ley climático en realidad prolonga la dependencia de la economía de los Estados Unidos de los combustibles fósiles. En pocas palabras, este proyecto de ley es parte del problema del calentamiento global, no la solución.

Ese es el argumento, con evidencia de apoyo, que se ha hecho aquí. Hay muchos climatólogos, activistas y pensadores ambientales y otros que, si bien tal vez estén de acuerdo con aspectos de este análisis, han llegado a una conclusión diferente. En su opinión, esta legislación es “al menos un comienzo... y algo es mejor que nada”.

La respuesta al argumento de que “algo es mejor que nada” es que, de hecho, se trata de “decidir entre dos propuestas indeseables”. Porque este “algo” es precisamente “la construcción a partir de un componente más grande de mezcla de energías renovables en los Estados Unidos sobre la base del núcleo estratégico de combustibles fósiles de la economía y el imperio de los Estados Unidos”.

* Este proyecto de ley de Biden NO es la transición necesaria hacia una economía verde.

* NO es un programa de cooperación y colaboración con la gente del mundo.

* Este supuesto “algo” (que es mejor que nada) es un proyecto de imperio imperialista, en un momento en que crece el peligro de una guerra nuclear imperialista y los efectos en cascada cada vez más existenciales del cambio climático.

* En resumen, esta nueva legislación climática no es una colección de algunas cosas buenas y malas, sino que es un proyecto de ley coherentemente imperialista en todos sus aspectos.

La decisión real y fundamental que tenemos ante nosotros es la siguiente: o permitimos que este sistema capitalista-imperialista arroje a la humanidad y al planeta a la catástrofe... o hacemos la revolución.

Volvamos a lo que realmente se requiere para enfrentar y actuar en torno a la emergencia climática, contra el telón de fondo del actual sistema capitalista-imperialista.

¿Alguien puede imaginarse seriamente que este sistema “ordene” que algunas de las corporaciones más grandes y poderosas del mundo, la industria de los combustibles fósiles, abandonen ahora esta actividad? ¿O que los bancos líder de Estados Unidos, como Chase y Citi, que se encuentran entre las 60 instituciones financieras mundiales que invirtieron más de $700 mil millones (¡!) en la industria de los combustibles fósiles en 2021, simplemente deban absorber todo eso como una pérdida23?

¿Es posible que alguien imagine seriamente que este sistema desmantele la fracturación hidráulica y la excavación de alta mar, las refinerías, los oleoductos y la transformación del estilo de vida y la cultura de casi dos autos por hogar en Estados Unidos —la lista continúa— con el derrumbe económico que eso pondría en marcha? ¿Y desmantelar sus fuerzas armadas que se extienden por todo el mundo?

Y si su respuesta es “no”, pero no puede imaginarse seriamente una revolución que SERÍA capaz de hacer eso... pues, no ha estudiado seriamente la obra del líder revolucionario Bob Avakian, quien ha expuesto profunda y minuciosamente cómo una revolución guiada por el nuevo comunismo podría hacer esto. Y por qué esta revolución es ahora más posible.

 

“…tenemos dos opciones: o vivir con todo eso — y condenar a las generaciones del futuro a lo mismo, o a cosas peores, si es que siquiera tengan un futuro — o, ¡hacer la revolución!

—Bob Avakian

Esperanza sobre una base científica

Es un gran problema en la sociedad que ante la enormidad de la crisis climática, demasiadas personas oscilan entre la desesperanza (“es demasiado tarde para actuar”) y la esperanza ilusoria (el sistema “recuperará el sentido”). Ambas cosas son variaciones de doblegarse ante el sistema capitalista-imperialista y la trayectoria desastrosa en la que nos ha puesto.

Pero existe una alternativa real, existe “esperanza sobre una base científica”.

Bob Avakian ha determinado científicamente que estamos en un “momento poco común” en el que la revolución se vuelve más posible en los Estados Unidos, y por qué esto es así. De manera crucial, Bob Avakian ha analizado cómo la clase dominante de Estados Unidos está dividida más que nunca desde la Guerra Civil, y las implicaciones de esto para la revolución. Porque no se puede hacer la revolución en cualquier momento. Ha desarrollado una “hoja de ruta”, una estrategia concreta, para hacer la revolución en estos momentos poco comunes. Y eso depende de que las personas se despierten, se les desafíe para participen y contribuyan a esta revolución.

Bob Avakian ha hecho análisis profundos y desmenuzados de esta coyuntura caracterizada por múltiples crisis de migración y desplazamiento de personas en todo el planeta; en la situación de las mujeres (y las relaciones de género en general); en la opresión continua e intensificada de los negros y otras personas de color — todas estas crisis, y esto es agudamente así con el calentamiento global, están llegando a puntos de ruptura.

Veamos las cosas en el panorama más amplio. Vivimos en un mundo en el que más de 100 millones de personas han sido desplazadas debido a la persecución, las guerras, la pobreza y el cambio climático24. Eso es 1 de cada 78 personas en la Tierra obligadas a huir, lo que la ONU llama “un hito dramático que pocos habrían esperado hace una década”. Esta crisis global de refugiados, el calentamiento global que no conoce fronteras... nunca las fronteras del mundo han sido más arcaicas.

Se abre una enorme posibilidad de abrirse paso con la revolución en el país que ha causado más sufrimiento a la gente del mundo que cualquier otro... que ha causado más destrucción al planeta que cualquier otro. Se abre una enorme posibilidad de abrirse paso con la revolución en un país con fuerzas productivas y tecnología altamente desarrolladas que, sobre la base de la creación de un sistema económico y sociopolítico socialista completamente nuevo, podrían utilizarse para el mejoramiento de la humanidad y la sanación del planeta.

No existen garantías de una revolución, pero SÍ existe esta posibilidad realzada “en las entrañas de la bestia”. Como ha dicho Avakian: “Una lucha en serio por la revolución en este país —en Estados Unidos— tendría el efecto de un poderoso terremoto político, enviando ondas de choque sísmicas por todo el mundo”.

Un momento potencialmente histórico como el actual no es un momento para desperdiciar. Hay un mundo que ganar y un planeta que salvar.

Spanish Something Terrible or Something Truly Emancipating - Square, wo "NEW"

 

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NOTAS:

1. Vea IPCC 6th Assessment Report, Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability, 28 de febrero de 2022; y IPCC Sixth Assessment Report, Climate Change 2022: Mitigation, 4 de abril de 2022. [volver]

2. Henry Fountain, “Arctic Warming Is Happening Faster Than Described, Analysis Shows”, The New York Times, 11 de agosto de 2022. [volver]

3. Ellen Ioanes, “Severe Heat and Droughts Are Wreaking Havoc Across the Globe”, vox.com, 21 de agosto de 2022; y IPCC, Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability, 28 de febrero de 2022. [volver]

4. Harvard T.H. Chan School of Public Health, “Fossil fuel air pollution responsible for 1 in 5 deaths worldwide”, 9 de febrero de 2021, C-Change, síntesis de Vohra, et. al, “Global Mortality From Outdoor Fine Particle Pollution Generated by Fossil Fuel Combustion”, Environmental Research, Vol. 195, abril de 2021. [volver]

5. United Nations Environment Programme (UNEP), Emissions Gap Report 2019, 26 de noviembre de 2019; Brady Dennis y Maxine Joselow, “U.S. Emissions Surged in 2021, Putting the Nation Further Off Track From Its Climate Targets”, Washington Post, 10 de enero de 2022. [volver]

6. Bret Hartl, “Manchin Poison Pills Buried in Inflation Reduction Act Will Destroy Livable Climate”, boletín de prensa, Center for Biological Diversity, 28 de julio de 2022. [volver]

7. Charles Harvey y Kurt House, “Every Dollar Spent on This Climate Technology Is a Waste”, The New York Times, 16 de agosto de 2022. Vea también: Will Burns, “Congress Passes Inflation Reduction Act: Its Climate Promise Relies Heavily on Carbon Capture, Meaning Thousands of Miles of Pipelines”, The Conversation, 12 de agosto de 2022; y Ari Natter, “Biden’s Carbon-Capture Plan Hands Lifeline to Coal Plants”, Bloomberg.com, 3 de noviembre de 2021. [volver]

8. “2022’s Ten Best-Performing Stocks”, U.S. News & World Report, 30 de junio de 2022. [volver]

9. Vea Rhodium Group, Taking Stock 2022: U.S. Greenhouse Gas Emissions Outlook in an Uncertain World, 14 de julio de 2022. Elizabeth Kolbert, “How Did Fighting Climate Change Become a Partisan Issue?”, The New Yorker, 22 de agosto de 2022. [volver]

10. Luis-Antonio López, et. al, “The Carbon Footprint of the U.S. Multinationals’ Foreign Affiliates”, Nature.com, 11 de abril de 2019; vea también: Rui Dai, et. al, “Do U.S. Companies Outsource Their Carbon Footprints to Overseas Suppliers to Maintain Their Competitiveness?”, Principles for Responsible Investment Blog, enero de 2022. [volver]

11. Doug Weir, et. al, “How the World’s Militaries Hide Their Huge Carbon Emissions”, The Conversation, 9 de noviembre de 2021; Sonner Rehrt, “The U.S. Military Emits More Carbon Dioxide Into the Atmosphere Than Entire Countries Like Denmark or Portugal”, Inside Climate News, 18 de enero de 2022. [volver]

12. Entrevista con Bob Avakian, “Segunda parte, Cambio climático — Justicia climática”, revcom.us, 29 de junio de 2022. [volver]

13. Diego Rojas, “How Climate Change is Impacting Bangladesh”, Climate Reality Project, 9 de diciembre de 2021. [volver]

14. U.S. Climate Action Network, The U.S. Fair Share—A Backgrounder, 17 de julio de 2020. [volver]

15. Wood Mackenzie, Deep Decarbonization Requires Deep Pockets, junio de 2019. [volver]

16. Cullen Hendrix, “The Senate’s Climate Change Agreement Will Not Secure U.S. Solar Supply Chains From China”, Peterson Institute for International Economics, 29 de julio de 2022. [volver]

17. Ember’s Global Electricity Review 2022, 30 de marzo de 2022. [volver]

18. Yvonne Lau, “There’s a Huge Problem for the Clean Energy Shift and It Comes From China, Unprecedented IEA Report Says”, 7 de julio de 2022, Fortune.com. [volver]

19. Robert Holleyman, “U.S. Cannot Allow China To Keep Crushing Our Solar Energy Industry”, The New York Times, 9 de julio de 2022. [volver]

20. David Iaconangelo, “Industry Calls Biden Tariff Probe a ‘Disaster’ for Solar”, Energy Wire, 29 de marzo de 2022. [volver]

21. Jack Ewing e Ivan Penn, “Climate Bill ‘Transformative’ for Auto and Energy Industries”, The New York Times, 29 de julio de 2022. [volver]

22. Jennifer Diouhy, “China Snipes at Biden’s Big Climate Win: ‘Can the US Deliver?’”, Bloomberg.com, 17 de agosto de 2022. [volver]

23. Reuters, “World’s Top Banks Pumped $742 Billion Into Fossil Fuels in 2021”, 30 de marzo de 2022. [volver]

24. United Nations Refugee Agency, “More Than 100 Million Forcibly Displaced”, 16 de junio de 2022. [volver]

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