
Gráfico: IG @ccrjustice
Mi esposo, Mahmoud Khalil, es mi roca. Es mi hogar y mi lugar feliz. Tengo ocho meses de embarazo y no podría imaginar a un mejor padre para mi hijo. Nos preparábamos con entusiasmo para recibir a nuestro bebé, y ahora me han arrebatado a Mahmoud sin ningún motivo.
Le ruego al mundo que continúe alzando la voz contra su detención injusta y terrible a manos de la administración de Trump.
Esta última semana ha sido una pesadilla: hace seis días, se inició una campaña intensa y selectiva de doxeamiento (divulgación de información personal) contra Mahmoud. Organizaciones anti-Palestina difundieron pronunciamientos falsos sobre mi esposo que simplemente no se basaban en la realidad. Hacían amenazas a Mahmoud, y él estaba tan preocupado por su seguridad que envió un correo electrónico a la Universidad de Columbia el 7 de marzo. En su correo, le rogó a la universidad que le diera apoyo legal: “No he podido dormir temeroso de que el ICE o una persona peligrosa quizá acuda a mi casa. Con urgencia necesito apoyo legal y les insto a que intervengan”, dijo en su correo electrónico.
La Universidad de Columbia nunca respondió a ese correo.
En cambio, el 8 de marzo, alrededor de las 8:30 p.m., mientras regresábamos a casa después de una cena de Iftar, un agente del ICE nos siguió hasta nuestro edificio y nos preguntó: “¿Usted es Mahmoud Khalil?”.
Mahmoud respondió: “Sí”.
Y el agente procedió a decir: “Estamos con la policía, usted tiene que acompañarnos”.
El agente le dijo a Mahmoud que a mí me diera las llaves del apartamento y que yo podía subir. Cuando me negué, temerosa de dejar a mi esposo, el agente dijo: “La arrestaré también a usted”.
Los agentes rodearon a Mahmoud separándolo de mí. No nos mostraron ninguna orden judicial y cuando nuestra abogada llamó por teléfono, los agentes del ICE le colgaron. Cuando mi esposo intentó darme su teléfono para que pudiera comunicarme con nuestra abogada, los agentes se pusieron cada vez más agresivos, a pesar de Mahmoud se mostraba totalmente cooperativo.
Todos los que conocen a Mahmoud saben que se mantiene la calma incluso en las situaciones más estresantes. E incluso en esta aterradora situación, se mantenía la calma.
En cosa de minutos, esposaron a Mahmoud, lo sacaron a la calle y lo obligaron a subir a un coche sin marcas. Ver esto delante de mí fue algo traumático: parecía una escena de una película que nunca me apunté para ver.
Nací y crecí en el Medio Oeste de Estados Unidos. Mis padres llegaron a Estados Unidos desde Siria, con sus historias del régimen opresivo allá que les hacía la vida insoportable. Creían que vivir en Estados Unidos les brindaría una sensación de seguridad y estabilidad. Pero aquí me encuentro, a 40 años de que mis padres emigraron a Estados Unidos, y a tan solo unas semanas de mi fecha de dar a luz nuestro primer hijo, y me siento más insegura e inestable que en toda mi vida.
La inmigración estadounidense me arrancó el alma cuando esposaron a mi esposo y lo obligaron a subir a un vehículo sin marcas. En lugar de preparar la sala para nuestro bebé y lavar la ropa del bebé a la espera de nuestro primer hijo, me quedo sentada en nuestro apartamento, preguntándome cuándo Mahmoud tendrá la oportunidad de llamarme desde un centro de detención.
Exijo que el gobierno estadounidense lo ponga en libertad, le restituya su tarjeta verde y lo traiga a casa.
Noor Abdalla, esposa de Mahmoud Khalil, es dentista y vive en la ciudad de Nueva York.