19 de junio de 2023. En medio del Mes del Orgullo, las últimas semanas han presenciado un aumento alarmante de la actividad fascista cristiana. En la cima de las instituciones superestructurales en el Los Ángeles “azul” ha habido controversia sobre una Noche del Orgullo en el Estadio de los Esquivadores. Este es el partido de béisbol anual donde los fanáticos LGBTQ ondean banderas de arcoíris y donde los Esquivadores entregan los “Premios a los Héroes de la Comunidad”. Este año, uno de los homenajeados fueron Las Hermanas de la Perpetua Indulgencia, un grupo de servicio comunitario cuyos miembros se visten de monjas. Ante la protesta de parte de los fascistas cristianos (principalmente católicos), este premio fue rescindido bajo presión. Después de una protesta de la comunidad LGBTQ y muchos otros, se restableció el premio.
La noche del Juego del Orgullo, el estadio fue invadido por más de 2.000 fascistas cristianos fanáticamente antimujeres y anti-LGBTQ, adornados con letreros que decían Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza, y con retratos de Jesús y agitaban banderas nacionales estadounidenses. Se les sumó el ex alguacil Villanueva, muy conocido por proteger a las pandillas criminales dentro del Sherifato de Los Ángeles. La Arquidiócesis de Los Ángeles movilizó a los feligreses diciendo que las Hermanas de la Perpetua Indulgencia “profanan la cruz” y “profanan la Eucaristía”. Uno de los organizadores, “Católicos para católicos”, tachó a las hermanas de “impías y burlonas de Cristo por su lema ‘Adelante, peca y peca un poco más’”. En cierto momento, estos lunáticos católicos cerraron brevemente la entrada principal al estadio.
No puedo sino tener una sensación de afinidad con las profanas Hermanas de la Perpetua Indulgencia. Las recuerdo bien a fines de los años 1970 y principios de los 1980, por haber piqueteado y asistido a manifestaciones con ellas cuando acudían vestidas de monjas embarazadas con hábitos de monja en blanco y negro. Compartimos un espíritu blasfemo de desafiar a la nueva ola creciente de reacción reaccionaria que surgía en ese entonces contra los crecientes movimientos por los derechos de las mujeres y las personas LGBTQ de los años 1960 y 1970. Juntos nos enfrentamos al ascenso de la ofensiva fascista cristiana contra el aborto. Compartíamos y nos enorgullecíamos mutuamente de los desafíos escandalosos y burlones a la moralidad de la era Reagan. Frente al fomento de temores y la feroz persecución a las personas gay al comienzo de la epidemia del SIDA, las Hermanas de la Perpetua Indulgencia repartieron condones abiertamente como un acto de desafío y supervivencia, mientras que los comunistas revolucionarios popularizábamos carteles como estos, que yo sabía que las Hermanas disfrutaban especialmente.
En las últimas dos semanas, los fascistas cristianos han atacado al apoyo de la junta escolar de Los Ángeles al Mes LGBTQ y con el pretexto de proteger a los niños, han llamado a prohibir libros como El Gran Libro de las Familias. ¡Ello mientras la movilización de católicos en el partido de los Esquivadores fue organizada por la institución que es, sin duda, el mayor depredador sexual de niños sobre el planeta! Hay que decirlo de la forma más directa y dura posible: el hecho de que miles de fanáticos cristianos puedan marchar sin que los rebasen en número las personas que ven la necesidad de defender los derechos de las personas LGBTQ es una señal de que ¡la gente no lo está tomando lo suficientemente en serio! Demasiadas personas viven el delirio de que su propia expresión de género individual no puede ser relegada al armario. No, se avecina un cambio radical, que sea reaccionario o emancipador depende en gran medida de lo que hagamos. Así que ello exige mucha más “blasfemia” como parte de un desprecio justo por el futuro que estos fascistas están tratando de imponer. Como parte de llegar a un mundo nuevo, donde los miles de años de dogmas religiosos que se han utilizado para institucionalizar el patriarcado, subordinar a las mujeres y perseguir a cualquiera cuya inconformidad de género sea un desafío a los derechos y privilegios masculinos, se conviertan en una cadena que por fin y al fin se rompa.