Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo

El disentimiento en una sociedad vibrante1

Un pasaje de
Observaciones sobre arte y cultura, ciencia y filosofía

Revolución está publicando una serie de ensayos y charlas de Bob Avakian, presidente del PCR, EU, sobre temas y contradicciones de la transición socialista al comunismo. Estos materiales abordan a fondo una amplia gama de interrogantes, como la epistemología y el método; la teoría del estado; la dictadura y la democracia en la sociedad socialista; las formas del nuevo poder estatal; el papel de las clases y los sectores intermedios entre el proletariado y los imperialistas en la nueva sociedad, y la política hacia ellos; la importancia del disentimiento; el punto de vista comunista sobre el arte; la orientación general de “núcleo sólido con mucha elasticidad”; y muchos otros interrogantes del proceso de forjar una sociedad encaminada al comunismo y una sociedad vibrante donde se quiera vivir.

El ensayo de esta semana salió en el Obrero Revolucionario (ahora Revolución) Nos. 1257 y 1258 (31 de octubre y 14 de noviembre de 2004) y en inglés en el libro Observations on Art and Culture, Science and Philosophy, Bob Avakian, Insight Press, Chicago, 2005.

1La sociedad socialista debe ser muy vital y vibrante, con muchísimo debate y lucha sobre todo tipo de cuestiones, una sociedad en que vayamos disminuyendo paso por paso y, con el tiempo, eliminando las diferencias y desigualdades que han excluido a muchos de esferas enteras de la sociedad. Dicho proceso necesariamente pasará por etapas, por un camino en espiral con vueltas y revueltas, y no en línea recta. A cada paso habrá una contradicción muy aguda entre, por un lado, mantener el poder y seguir por el camino socialista y, por el otro, incorporar más y más a las masas en el proceso, superar las desigualdades al mayor grado posible en cada etapa y sentar la base para dar mayores avances en el futuro que permitan superar las desigualdades que todavía no se hayan podido superar.

El reto es desarrollar y aplicar principios y métodos correctos para que todo esto se desenvuelva de tal manera que ayude el avance hacia el comunismo, hacia un mundo comunista. Para que la sociedad socialista sea vital y vibrante, una sociedad en que las masas aborden de diversas maneras y debatan todo tipo de cuestiones sobre la naturaleza y dirección de la sociedad, y para que a través de todo esto se mantenga el poder político de una forma que beneficie los intereses fundamentales y las necesidades de las masas y la revolución mundial, y se avance hacia la futura abolición del poder del estado y el surgimiento de una comunidad, una asociación cooperativa de seres humanos libres en el mundo entero, un mundo comunista, en que, en las palabras de Mao, se transformen consciente y voluntariamente a sí mismos y al mundo objetivo. Todo esto se logrará a través de un proceso de lucha y debate tumultuoso, y no de una manera ordenada ni en línea recta, y no con uniformidad de opiniones, ni mucho menos.

Por eso, bajo la dictadura del proletariado, la democracia para las grandes mayorías tiene que abarcar todas esas dimensiones. No significa solamente que tienen el derecho a hablar libremente sin que las supriman. Claro, significa eso y así debe ser, pero significa mucho más. Significa que pueden asociarse políticamente, protestar y criticar, discrepar con las medidas oficiales en un momento dado e incluso con la ideología que guía la sociedad. Pero, además, significa que eso se haga de tal manera que la sociedad vaya avanzando hacia la extinción de la dictadura, es decir, del dominio de una clase sobre otra con un aparato de represión (fuerzas armadas, policía, cortes, etc.) que impone su dominio y reprime a los que buscan tumbarlo. Tenemos que ir avanzando hacia la futura abolición de todo eso, elaborando y aplicando medidas concretas que lleven a eso, no solamente de palabra, sino plasmar concretamente las estructuras e instituciones que lleven a eso. Además, y junto con eso, tenemos que ir avanzando hacia la extinción de la democracia.

Desde luego eso es muy polémico. ¿Qué significa? En primer lugar, no significa que con el avance de la dictadura del proletariado haya cada vez menos democracia para las masas, ¡hasta que se elimine del todo! En lo esencial, la extinción de la democracia, junto con la extinción de la dictadura, significa todo lo contrario. Quiere decir que se elaboran las estructuras y medios a través de los cuales las masas, por decirlo así, asuman “con naturalidad” la responsabilidad de examinar y debatir asuntos y, en última instancia, tomar decisiones en toda esfera de la sociedad.

Como señalé en una serie de artículos que salió en el OR (pasajes de la charla “Como vencer las dos cuestas” [2]), significa que ya no son necesarias las instituciones y estructuras que garantizan los derechos del pueblo, y que una parte de la sociedad, incluso una parte del pueblo, no suprima a otra. Tales instituciones y estructuras ya no son necesarias y surgen otras que correspondan al hecho de que ya no hay explotadores ni explotados, ya no hay las profundas divisiones sociales que producen explotadores y explotados. Ya no será posible que un grupo del pueblo oprima o domine a otro. Habremos rebasado esa situación, en la realidad material y en el modo de pensar de la gente, porque habrán nacido las condiciones económicas y sociales y, junto con ellas, se habrán desenvuelto las estructuras, instituciones y procesos políticos, el modo de pensar y la cultura de tal forma que la idea de que una persona o un grupo de la sociedad explote u oprima a otro se considere indignante, absurda… ¡e imposible!

Refiriéndose al mundo futuro, el mundo del comunismo, Marx dijo que parecerá tan absurdo e indignante que una parte de la sociedad sea dueña de la tierra y todo lo demás como ahora parece que un ser humano sea dueño de otro. En el comunismo habremos llegado a un punto en que la mera idea de que el avance de la sociedad corresponda a una situación en que un puñado se beneficia y proclama que sus intereses son los intereses generales de la sociedad, en que esa idea parecerá tan absurda e indignante que, en una palabra, nadie la tomará en cuenta. O sea, la gente más bien pensaría que un problema mental [risas], un desequilibrio químico, habrá causado que alguien diga eso. [risas]

Pero, ¡mucho ojo!, porque disentir y manifestar desacuerdo con las normas establecidas siempre implica una lucha cuesta arriba. Indudablemente, será así en la sociedad comunista también. Como dijo Mao, las nuevas verdades siempre están en manos de la minoría. Aun en el comunismo eso seguirá siendo cierto. Pero no habrá un aparato de represión política. Si uno plantea ideas poco populares o nuevas propuestas, quizá les parezca raro a los demás pero no será objeto de supresión o represión política o social, aun sin estado.

Esto requiere, obviamente, la transformación del modo de pensar, además de la transformación de las condiciones materiales, económicas y sociales. La consigna “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades” no puede funcionar con las condiciones ideológicas que prevalecen ahora. ¿Qué son mis necesidades? Bueno, necesito rines para el auto… y tantas cosas más… ¡pum! ¡Ahí nos amolamos! Se requiere una transformación ideológica para que las necesidades se vean de otra manera. En todo caso, son condicionadas socialmente. La idea de que uno necesita rines para las llantas del auto es condicionada socialmente. No es algo que se le ocurre a uno por cuenta propia en un vacío. Por eso, mientras vayamos transformando las condiciones materiales, tenemos que ir transformando el modo de pensar para que los individuos vean sus necesidades en relación con los intereses generales de la sociedad y los subordinen “con toda naturalidad” a estos, sin borrar el papel y las necesidades de los individuos ni la individualidad. Eso requiere una gran transformación ideológica que es parte del proceso de avanzar al comunismo.

Otro aspecto que quiero mencionar es lo que llamo “la síntesis de la refutación de K. Venu y los argumentos de John Stuart Mill”. En la polémica contra K. Venu(3) señalé que [en el socialismo] no podemos tener democracia burguesa; necesitamos la dictadura del proletariado. Si intentamos instituir toda una serie de instrumentos de democracia popular, sin distinguir entre clases, terminaremos devolviendo el poder a la burguesía, después de todo lo que las masas han sufrido y sacrificado para conquistarlo. En la sociedad socialista todavía es necesario tener un partido de vanguardia y una ideología que dirija. Aun si no requerimos que todo mundo profese esa ideología (si no está de acuerdo), necesitamos un partido y una ideología que dirija. Recalqué ese principio en la polémica, pero me parece que hay que sintetizarlo, combinarlo correctamente, con los argumentos de John Stuart Mill, quien plantea que no debemos descartar ninguna opinión, ni mucho menos suprimirla, sin primero oír los argumentos de todos los que quieran defenderla. Además, dice que no es suficiente que sus adversarios los caractericen; es necesario oírlos directamente de sus defensores apasionados. Abordé esto en el libro Democracy, Can’t We Do Better Than That? (Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?) (4).

Bueno, como dije antes, no es posible poner en práctica literalmente lo que propone Mill. Siempre habrá alguien que quiera plantear un argumento más a favor de una idea. [risa] Tarde o temprano llega la hora de cerrar el debate, al menos por el momento. Hay límites materiales y también políticos. En cierto momento es necesario tomar una decisión. No tiene caso seguir discutiendo interminablemente ni seguir averiguando por si acaso hay alguien más que quiera defender un punto de vista que todo mundo rechaza.

Sin embargo, Mill tiene razón cuando dice que no es suficiente que los adversarios de una posición la caractericen; es necesario oír a sus defensores apasionados. Esto está relacionado con algo que me parece que tenemos que incorporar más a la dictadura del proletariado y el dominio y transformación de la sociedad por las masas, y también está relacionado con la importancia de alentar, y no simplemente tolerar, el disentimiento. Tenemos que abrir un espacio para que la gente explore ideas muy diversas y oiga a sus defensores sin ceder en lo primordial, sin perder el poder, sin socavar y destruir la dictadura del proletariado. Esa, vuelvo a repetir, es una contradicción muy compleja y aguda.

Para manejarla correctamente, debemos aferrarnos a dos principios muy importantes. Uno lo expresó muy bien un poeta en una conversación que tuvimos hace poco. Le venía platicando de cómo veo la sociedad socialista y mencioné algunas de las cosas que he mencionado aquí sobre la necesidad de mantener el poder y luchar para que la sociedad avance hacia el comunismo, y a la vez estimular mucha experimentación en las artes, mucho pensamiento crítico en las ciencias y las demás esferas, soltar las riendas y dejar que la gente tome iniciativa, y no supervisarla a cada paso. Le pregunté, por ejemplo: “Si a cada paso te supervisara un cuadro del partido, si estuviera ahí siempre examinando lo que escribes, ¿podrías escribir tus poemas?”. Respondió: “¡De ninguna manera!”.

Conversamos un rato y propuso lo que me parece una formulación muy buena: “Me parece”, dijo, “que te refieres a ‘un núcleo sólido con mucha elasticidad’”. Le dije: “¡Atinaste!”, porque eso era precisamente lo que quería expresar. Se necesita un núcleo sólido que capta firmemente y está comprometido con los objetivos estratégicos, las metas y el proceso de la lucha por el comunismo. Si perdemos eso, terminaremos devolviendo todo a los capitalistas de una manera u otra, con todos los horrores que eso implica. Pero, por otro lado, si no abrimos espacio para una gran diversidad y para que la gente explore muchos caminos, va a causar un tremendo resentimiento y, además, no vamos a tener el proceso dinámico y multifacético que permite que surja al mayor grado posible la verdad y nos dé la capacidad de transformar la realidad.

Aquí tenemos otra expresión de una contradicción muy difícil que tenemos que aprender a manejar mucho mejor. Mao tenía unas ideas muy buenas sobre esto y luchó para que el partido las llevara a la práctica. Mao exploró este problema, pero solo pudo llegar hasta cierto punto. Como dijo, la vida humana no es infinita. Llegó hasta cierto punto y se murió, y lo que pasó en China pasó, y a los que ahora dirigen la sociedad no les interesa explorar esa contradicción.

Eso lo tenemos que asumir nosotros; tenemos que avanzar más y aprender a hacerlo mejor la próxima vez. Para que logremos eso, los que estemos de acuerdo o estén entrando a bregar seriamente con la cuestión de este proceso revolucionario tenemos que empezar a explorar estas cuestiones ahora y prepararnos, además de incorporar a más y más masas a explorar estas cosas, para que cuando conquistemos el poder aquí o allá, nuestra capacidad de manejar estas cosas en un sentido mucho más práctico haya avanzado, sin dejar de bregar con ellas en la esfera de la teoría.

Además del principio del “núcleo sólido con mucha elasticidad”, hay otro principio y método muy importante: saber distinguir entre los momentos y circunstancias en que es necesario apretar las riendas (y prestar atención a todo detalle) y en que no es necesario hacerlo (y es mucho mejor no hacerlo). Esa contradicción se aplica a todo tipo de cosas en muchos niveles. Cualquier cosa que se haga, siempre tiene aspectos a los cuales hay que prestar atención muy minuciosa e incluso exigir, en cierto sentido, que “se haga así”, porque si no, todo el proyecto se irá a pique. Pero si uno presta ese tipo de atención a otras cosas, o exige que “se haga así”, ¡ni siquiera se puede hacer!, y si lo intenta, todo sale mal.

Consideren cualquier proceso, como por ejemplo el proceso de escribir algo. Es preciso expresar claramente las ideas centrales y a veces es necesario dedicar mucho tiempo para captarlas bien, para entenderlas a fondo. Pero con otras cosas, no es que no importe como se expresen, pero no se puede ni se debe prestarles la misma atención minuciosa.

De igual modo con las reuniones. Una reunión, a pesar de lo que opinen algunos anarquistas, necesita una estructura, un orden del día [risas], porque sin eso no se saca ninguna conclusión. Si los compañeros se salen del tema, hay que decir: “Oigan, no estamos tratando ese punto. Podemos verlo un poco más adelante, pero si hablamos de todo al mismo tiempo, no resolvemos nada”. Sin embargo, si quieren explorar el tema desde varias perspectivas, no tiene caso intervenir a cada rato: “No es así, compañero. Hay que tratar ese punto asá”. En tal caso, será una discusión muy breve y la reunión se acaba rápido. Todo mundo se va, o jamás vuelve a una segunda reunión. Además, si se busca controlar lo que todos dicen, será una discusión muy pobre y no se aprenderá nada nuevo. Hasta se terminará socavando algunas cosas que ya se sabían.

Podemos ver todo esto en varios niveles. Aun cuando hay que decir “estamos tratando este tema (y no el otro)”, se necesita cierta flexibilidad, porque si no, la gente no puede expresarse. En un nivel, se pide que todos se atengan al tema, pero en otro nivel se permite que traten otros temas en ese marco, lo cual abre espacio para la diversidad. A veces pasan a otro tema, pero así y todo, si se impone un control muy rígido, el resultado será que no se discuta a fondo el tema indicado.

En un nivel, hay que llevar la batuta y no permitir que se salgan del tema, y en otro, dejar que se toquen una serie de temas relacionados porque si no, se apaga a los compañeros y se sofoca el proceso que se necesita para producir la abundancia y profundidad de ideas que permita sintetizar al mayor grado posible la verdad.

Podemos enumerar muchos ejemplos más de la vida diaria. Consideren cualquier cosa y se darán cuenta que tiene ciertos aspectos que deben hacerse así y no asá (“se hace así y hay que prestarle atención muy detallada”) y muchas, muchas cosas más a las cuales no es necesario ni debido prestarle ese tipo de atención.

Esto es cierto especialmente en la esfera del trabajo con las ideas. Si queremos mucho debate y discusión en la sociedad, lo necesitamos también en la vanguardia. Claro, no se debe borrar la diferencia entre la vanguardia y las masas: los que integran la vanguardia consciente le entran a las cosas de otra forma; debaten y discuten a través de la estructura del partido. Pero si hacemos de eso algo absoluto, si erigimos un muro entre el partido y las masas, no vamos a crear el ambiente vibrante que buscamos.

Por eso, incluso en el partido hay que definir las cosas sobre las cuales se necesita la más férrea unidad. Es decir, ¿cuándo necesitamos el “núcleo sólido” y cuándo podemos tener muchas diferencias y diversidad porque no es necesario resolver ciertas cosas ni exigir que sean así o asá? ¿Acaso debemos tener una línea unificada sobre cada película que veamos? [risas] ¡Qué aburrido! Aparte llevaría a problemas mucho más severos.

En cualquier rama de la ciencia, por ejemplo, hay muchas cuestiones que los expertos en esa rama no han resuelto todavía. Como dijo Mao metafóricamente: ¿qué caso tiene que apenas nos bajemos del caballo hagamos proclamaciones sobre qué es verdad y qué es falso? Eso hace mucho daño.

En el partido se necesita el tipo de proceso dinámico que he venido describiendo y, a la vez, se necesita, definitivamente, el “núcleo sólido”. Se necesita “elasticidad” que parta de la base de ese núcleo sólido. El núcleo sólido es principal y esencial, pero si no hay elasticidad y mucho debate y diversidad partiendo de esa base, el ambiente se volverá muy árido y acabaremos perdiéndolo todo.

No podemos abandonar el núcleo sólido. En algunas cosas tenemos que ser muy firmes, fíjense. Otro poeta planteó que no se deben suprimir las ideas; hay que permitir que se expresen todas sin excepción, dijo, criticar las que se consideren incorrectas y así la gente aprende. Le contesté: “Como principio, es bueno y debemos aplicarlo en gran medida, pero no podemos convertirlo en algo absoluto”. Le di un ejemplo: ¡imagínate que en la nueva sociedad en cada esquina haya dibujos de violaciones de mujeres y linchamientos de negros! ¿Se podría construir una nueva sociedad con tales imágenes en todos lados? Hay veces que tenemos que decir: “¡No lo permitiremos!, porque de otro modo, las masas se desmoralizan y se desorientan, y los reaccionarios se envalentonan”. Por eso, no es tan sencillo y sí, hay ciertas cosas que no podemos permitir.

Pero hay muchas, muchas más que podemos y debemos permitir. Por ejemplo, ¿cómo eliminamos la supremacía masculina y la supremacía blanca? Podemos y debemos tener mucho debate sobre eso, y muchas críticas y lucha sobre una gran variedad de cosas. Nuevamente, se necesita el núcleo sólido, y mucha elasticidad. Con algunas cosas, tenemos que ser muy firmes y decir sí o no; tiene que ser así y no puede ser de otra manera.

Pero, repito, “nosotros”, ese nosotros a que me he referido, tiene que ir expandiéndose constantemente. Asimismo, en todo momento, ese núcleo dirigente, tal y como es, tiene que dirigir: tiene que combinar correctamente el núcleo sólido con la máxima elasticidad posible partiendo de esa base. Digo, el núcleo va expandiéndose, pero eso no borra el hecho de que en todo momento le toque determinar si es hora de apretar las riendas y prestar atención muy detallada o si, debido a las condiciones y circunstancias concretas, no es necesario y, de hecho, es mucho mejor no hacerlo.

También es ilustrativo aplicar este concepto a la clase dominante. En gran medida, en la clase dominante de Estados Unidos en este momento hay un grupo de reaccionarios descarados que tiene un núcleo muy sólido. Atacan constantemente el relativismo. Pero, por otro lado, curiosamente, muchos de los allegados de Bush y los que fomentan el fundamentalismo religioso también fomentan algunos aspectos del posmodernismo. Les gustan ciertos aspectos hasta cierto punto. Les gusta que ataque la ciencia. [risas] Les gusta que diga que es “solamente otra narrativa” que inherentemente no es ni cierta ni falsa, sino que expresa su propio “paradigma” (modelo). Eso les conviene porque da la idea de que la ciencia no puede descubrir la verdad y les hace más fácil fomentar todo tipo de babosadas, como el creacionismo.

Pero en general odian el relativismo y quieren fomentar absolutos. Tienen un núcleo sólido absolutista, el grupo de Bush (para no entrar en más detalle), sobre todo lo que llamamos la agrupación fascista cristiana, que tiene representantes de peso en la clase dominante y el respaldo de sectores muy fuertes.

De plano, no les cae la elasticidad, pero curiosamente, los otros sectores de la burguesía, “los liberales” (y sus bases populares), a quienes les gusta más, no pueden contra el absolutismo. Su relativismo no puede contra eso, porque no tiene un centro, un núcleo sólido, que conteste los planteamientos centrales de la fuerza derechista, más fascista. Por eso, “los liberales” ceden terreno constantemente a esa fuerza más fascista, porque en realidad, comparten muchos de sus planteamientos centrales y no encuentran una base sólida para destacar sus diferencias. Quieren ser los buenos en contraste con la otra bola de desalmados, y a veces estos lo consienten, como el lobo de la fábula de caperucita roja que se disfrazó de abuelita: “¡Para comerte mejor!”. O sea, a los fascistas les conviene que los liberales sean tolerantes. Pero ahí está la bronca: ¡no es posible combatirlos con tolerancia! Fíjense, que la nueva emisora liberal (“Air America”), igual que otras cosas por el estilo, ha sido un fracaso garrafal, precisamente porque los liberales no tienen una respuesta.

En cambio, nosotros, ¡sí! Pero no podemos ser otro núcleo sólido absolutista, que es lo contrario solamente en apariencia (como el reflejo en el espejo). Necesitamos un núcleo sólido que de veras tenga mucha elasticidad, y que permita concretar los intereses fundamentales y la iniciativa creciente de más y más masas.

Notas

1. Este ensayo es de la charla “Dictadura y democracia, y la transición socialista al comunismo”. La charla, con leves correcciones editoriales, está en la internet en revcom.us. Esta sección se publicó en el Obrero Revolucionario (ahora Revolución) Nos. 1257 y 1258 (31 de octubre y 14 de noviembre de 2004). [regresa]

2. “Cómo vencer las dos cuestas: Más sobre conquistar el mundo” es una charla que dio Bob Avakian a finales de la década pasada. Unos pasajes de esa charla salieron en el Obrero Revolucionario y están en la internet en revcom.us. La serie “Sobre la democracia proletaria y la dictadura del proletariado - Un punto de vista radicalmente diferente sobre cómo dirigir la sociedad” salió en el OR #1214 a 1226 (5 de octubre de 2003 a 25 de enero de 2004). La serie “Cómo vencer la cuesta” salió en el OR #927, 930 y 936-940 (12 de octubre, 2 de noviembre, 16 de noviembre de 1997 y 14 de diciembre de 1997 a 18 de enero de 1998). Otros dos pasajes de esta charla son “Materialismo y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?” en el OR #1211 (24 de agosto de 2003) y “Otro vistazo a George Jackson” en el OR #968 (9 de agosto de 1998). Todos están en la internet en revcom.us. [regresa]

3. Bob Avakian, “Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor” salió en el OR #1241 a 1245 (23 de mayo de 2004 a 4 de julio de 2004), #1247 (25 de julio de 2004) y #1249 (15 de agosto de 2004). [regresa]

4. Bob Avakian, Democracy: Can’t We Do Better Than That? (Chicago: Banner Press, 1986). [regresa]