En el camino revolucionario con el presidente Avakian Un líder revolucionario resuelto, y un hombre encendido, por décadas

Al leer lo que escribió Lenny Wolff sobre la orientación del presidente Avakian con respecto a la lucha de líneas (que aborda los mejores argumentos de la línea opuesta, los analiza punto por punto y muestra adónde llevan, y que lo exhorta a uno a asumir su orientación y método), recordé mi primera experiencia con Bob Avakian a mediados de los años 70, en un momento en que el movimiento comunista estaba en medio de una fuerte lucha de dos líneas. En aquel momento los que nos considerábamos comunistas estábamos buscando una línea que llevara a desatar una revolución comunista aquí, en las entrañas de la bestia (un dicho popular de esa época).

Yo vivía en Baltimore y militaba en el Congreso de Obreros Negros (Black Workers Congress, BWC). Un día estaba en Nueva York con un camarada de la Unión Revolucionaria (UR) y necesitábamos hospedaje. La situación de por sí era curiosa porque en esa época las dos organizaciones, BWC y UR, estaban trabadas en una fuerte polémica sobre el camino a la liberación de los negros. Debatían asuntos como: cuál era la caracterización correcta de la nación oprimida negra en Estados Unidos; qué tan central para la liberación de los negros era el derecho a formar un estado negro separado; cómo debía ser la dirección del nuevo partido comunista que se necesitaba para dirigir la lucha revolucionaria; y cuál era la relación de la lucha para terminar la opresión de los negros y otras nacionalidades oprimidas con la lucha revolucionaria proletaria general.

En un principio las dos organizaciones unieron esfuerzos con el fin de forjar un nuevo partido comunista para dirigir la revolución, pero después difirieron en este y prácticamente en todos los puntos sobre el desarrollo de la lucha revolucionaria. Baltimore era la última ciudad del país donde las dos organizaciones todavía hacían trabajo conjunto.

Bueno, el caso es que no teníamos dónde pasar la noche; yo no tenía nadie a quien llamar, pero el compañero de la UR dijo que tenía unos conocidos. Los llamó y después de una larga conversación dijo que nos podíamos quedar con ellos.

Cuando llegamos, él entró a la parte de atrás de la casa y yo me quedé en la sala. Yo pensé que eso y la larga conversación telefónica se debían a que era delicado que una persona del BWC se quedara en la casa de una persona de la UR cuando las dos organizaciones estaban en medio de una enconada polémica. Pero no era todo. El camarada volvió, conversamos un poco y me preguntó si estaba dispuesto a hablar de las divergencias de posición de las dos organizaciones. Yo dije que sí y esbozamos las dos posiciones. Entonces el camarada salió y a los pocos minutos entró Bob Avakian.

Para empezar me dijo que dudaron un poco en invitarnos a dormir ahí porque él se estaba quedando en esa casa. Yo lo capté tan pronto lo vi y se lo comenté. Después dijo que por qué no empezábamos la conversación desde el principio. Yo empecé hablando de los desacuerdos de nuestras organizaciones sobre la consigna "Los obreros negros a la cabeza", una consigna del BWC sobre el camino para impulsar la lucha de clases y la lucha contra la opresión de los negros. Lo escogí como punto de partida porque me sentía capacitado para presentar bien la posición del BWC. (Al fin y al cabo iba a debatir con Bob Avakian, a quien oí hablar en varias ocasiones, y conocía su reputación de claridad y firmeza cuando se trataba de la lucha de líneas). Pero él propuso que más bien empezáramos por la lucha de clases porque "eso es fundamental para lo que buscamos".

El BWC sostenía que esa consigna era correcta porque pensaba que los obreros negros eran el sector más avanzado de la clase obrera y que, por lo tanto, debían ser los que dirigieran la lucha de la clase obrera. Avakian desmenuzó ese planteamiento desde la perspectiva de la meta a que queríamos llegar: una sociedad comunista sin clases. Desde esa perspectiva, explicó que lo crucial era galvanizar al sector consciente de la clase obrera para que dirigiera al proletariado a luchar por sus intereses como clase. Añadió que, inclusive si los obreros negros eran la mayor parte del sector consciente de clase del proletariado en ese momento, tenían que dirigir como proletarios conscientes de clase, no como obreros negros. Cuando comenté que los obreros negros eran los que respondían mejor cuando íbamos a las puertas de las fábricas y a las comunidades proletarias a hablar de la revolución, contestó que eso se debía en parte a que entendían y odiaban la opresión de los negros, y que los comunistas teníamos la responsabilidad de respaldar ese odio justo de la opresión nacional pero que no debíamos confundirlo con la conciencia de clase. Si confundíamos las dos cosas, podíamos acabar no viendo la diferencia entre internacionalismo y nacionalismo, y siguiendo detrás del segundo. Yo no entendí ahí mismo todo lo que dijo, pero quedé con la sensación de que plantear esa consigna para impulsar la lucha de clases tenía sus problemas.

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De ahí pasamos a hablar de si la consigna "Los obreros negros a la cabeza" era correcta para impulsar la lucha contra la opresión de los negros. Yo pensaba que el BWC (y yo) teníamos una posición proletaria al respecto. ¿Quién era más apto para dirigir la lucha contra la opresión de los negros que los obreros negros? Sus intereses como parte de la clase obrera les daban los fundamentos para no dejarse engatusar por las tramoyas reformistas con que sale el sistema y para llevar la lucha hasta el final, no dejarla a medias. Avakian comentó que esa lucha, como toda lucha, tiene que desarrollarse como parte de la lucha general por la revolución proletaria y que por eso la debe dirigir el proletariado multinacional.

Yo pensé que era básicamente un juego de palabras. Sí, el proletariado multinacional debe dirigir la lucha general, pero en la práctica casi siempre los obreros negros son los que dirigen una lucha contra la opresión de los negros. Di el ejemplo de una lucha reciente contra un asesinato policial que el BWC impidió que acabara en puro reformismo y señalé que la UR no podía haber desempeñado ese papel.

Él dijo que era cierto que a veces en la dirección proletaria de los movimientos de los oprimidos hay cierta división de funciones y los proletarios negros dan dirección a las luchas de los negros. Pero añadió que no era cosa de semántica decir que el proletariado multinacional debe dirigir el Frente Único y la lucha por la liberación de los negros. Dijo que no estaba de acuerdo con mi planteamiento de que los camaradas de la UR, negros o blancos, no podían haber dirigido esa lucha, y soltó algo que no entendí muy bien de que la lucha para eliminar la opresión de los negros en Estados Unidos no tenía dos etapas.

Volviendo al primer punto, yo dije que en la lucha que mencioné se vio cierta reticencia a que participaran blancos y que inclusive unos nacionalistas querían que los blancos se salieran de las reuniones. Los camaradas del BWC apoyaron a los de la UR, que eran blancos, para que no los expulsaran. Él comentó que no era claro cuál sería el desenlace si los camaradas de la UR hubieran estado solos: que los podían haber echado o no. Pero que lo central era luchar por los intereses del proletariado, no por la nacionalidad de los comunistas que gestaban esa lucha, y agregó que, inclusive si los comunistas eran todos negros, tenían que luchar por los intereses del proletariado multinacional. El énfasis que yo le daba a la nacionalidad de los comunistas que luchan por los intereses del proletariado llevaba lógicamente a la posición de que los proletarios negros tenían ciertos intereses aparte de los del proletariado general.

Tras hablar un rato de esto, yo pensaba que nuestras diferencias eran más que todo semánticas, pero él decía que eran más de fondo. Luego volvió al punto de que la lucha contra la opresión nacional en Estados Unidos no era una lucha de dos etapas. Yo dije que todo comunista sabe que la liberación de los negros en Estados Unidos es parte de la lucha proletaria revolucionaria; me contestó que se alegraba de que tuviéramos la misma posición al respecto y me preguntó si había un frente único separado para la lucha de los negros. Explicó que en un país africano como Tanzania la lucha revolucionaria tenía dos etapas, la democrática y posteriormente la socialista; que esas dos etapas se podían vincular si un partido comunista dirige la lucha, pero que de todas formas son dos etapas distintas; y que el frente único para la lucha sería diferente al de Gran Bretaña, el país imperialista que dominaba a Tanzania. Después nos pusimos a hablar de los errores del Partido Comunista de Francia en las luchas de Argelia y Vietnam, un tema que yo conocía bastante. Pensando en la conversación, creo que él probablemente sabía tanto del tema como yo, o más, pero más que todo me escuchó.

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Después volvió a plantear la cuestión de un frente único separado para la lucha de los negros. Yo tuve que coincidir en que no hay un frente único separado desde la perspectiva de hacer una revolución comunista en este país. Él conectó esto con la cuestión de la dirección de la lucha nacional de los negros: que si uno dice que en esa esfera los dirigentes solo pueden ser obreros negros, ¿cómo lo concilia con la meta de una sociedad comunista sin clases? ¿La dirección multinacional de esa parte del frente único solo es posible después de la toma del poder? ¿Y es así porque las masas solo estarán listas en ese momento o porque unos comunistas todavía no están listos para eso?

También lo conectó con la relación de la autodeterminación de los negros y la revolución proletaria. La posición de la UR era que, como nación oprimida dentro de las fronteras de Estados Unidos, los negros tenían derecho a la autodeterminación e inclusive a formar un estado negro aparte, pero que eso no era lo fundamental de la lucha de los negros. Yo no tenía muy claro este asunto; entendía que vivimos en un país capitalista avanzado donde la revolución debe lanzar una confrontación de una etapa por el poder. Conocía la situación de Rusia antes de la revolución y sabía que existían distintas naciones con su propia clase obrera. Pero en Estados Unidos existía una sola clase obrera multinacional. Pensaba que la nación negra tiene el derecho de autodeterminación, pero que la revolución proletaria sufrirá un golpe si los nacionalistas aglutinan a las masas negras a una posición separatista después de la revolución. También pensaba que los comunistas no deben luchar por la meta de la autodeterminación. Expliqué todo eso.

Era claro que él había reflexionado mucho sobre todo esto. Reafirmó mi planteamiento de que la lucha por el poder debe ser una confrontación de una etapa por el poder con la clase dominante imperialista. Después agregó que, como la gran mayoría de los negros eran parte del proletariado multinacional, su lucha de liberación está conectada de mil formas con esa confrontación de una etapa. Volvió a plantear la perspectiva de cómo llegar al comunismo y dijo que por esas razones objetivas la UR sostenía que la lucha de autodeterminación no era lo fundamental de la lucha de los negros. Para mí era un punto importante porque mi posición era un tanto pragmática: que la autodeterminación no era lo fundamental de la lucha de los negros porque la demanda de un estado negro separado no era común en el momento. En cambio él lo veía y lo explicaba desde una perspectiva comunista. Me pareció que aclaró mi confusión al respecto y tuve que admitir que estaba de acuerdo con todo lo que dijo sobre esto. Entonces volvió al tema de un frente único separado para el movimiento nacional negro y dijo que le parecía que nuestras diferencias al respecto tenían que ver con la relación entre la revolución proletaria y la autodeterminación de los negros. Yo pregunté que cómo y me lo explicó.

No recuerdo con claridad todo lo que planteó, pero la esencia era la existencia de un proletariado multinacional único del cual forman parte los negros, y que eso conectaba la lucha para liberar a los negros y la lucha por la revolución proletaria. Dijo que el frente único que necesitábamos para la revolución era un alineamiento de fuerzas de clase, una unión de todas las clases y capas de la sociedad que querían el fin del sistema imperialista; y que si nuestra meta era tumbar el imperialismo y continuar la revolución para llegar al comunismo, no debíamos buscar un alineamiento de fuerzas de clase diferente para la liberación de los negros. Por el contrario, si la meta era obtener un poquito más de espacio para que unos cuantos negros pudieran conseguir una tajada mayor del pastel capitalista o para que lucharan por una versión negra separada de este sistema de explotación y opresión, entonces sí se justificaba un alineamiento de fuerzas de clase diferente que el Frente Único contra el Imperialismo.

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A esas alturas, yo pensaba para mis adentros: "¿Cómo es posible que estemos (el BWC) tan despistados en asuntos tan básicos?". Pero él no había acabado y pasó a la cuestión de la dirección de un nuevo partido comunista, un punto de mucha controversia. Yo me debatía sobre la posición del BWC de que el líder del nuevo partido comunista no podía ser blanco. Me parecía que necesitábamos que el presidente del partido fuera el líder revolucionario mejor capacitado para dirigirlo. Pero la afirmación de los líderes del BWC (y otros del movimiento revolucionario) de que ninguna persona blanca podía cumplir ese requisito por la tradición de racismo de este país ejercía influencia en mí. Ahora veo que esa posición era nacionalista, que sostenía que un líder revolucionario que fuera blanco no era capaz de representar las aspiraciones de los oprimidos para superar su opresión como pueblos. Pero yo no estaba vacunado contra los argumentos nacionalistas. (En realidad, nadie se vacuna contra esa ni otras líneas que representan los intereses de otras clases. En una sociedad gobernada por la burguesía, las líneas que la representan navegan con la corriente y la espontaneidad está a su favor. La única forma de neutralizar su influencia, dentro y fuera del movimiento revolucionario, es luchar incesantemente por captar a fondo la línea correcta, diferenciarla de las líneas incorrectas y luchar constantemente contra el peso de la espontaneidad).

Hablamos de esto; yo explicaba que unos negros no confiarían en un partido con un líder blanco. Él decía que era cierto pero que "si queremos llegar a la revolución tenemos que hacer que mucha gente rebase esa estrechez de miras". Yo reposté que los negros tenían buenas razones para desconfiar de los blancos.

Entonces él trazó la diferencia entre las sospechas de las masas negras y el criterio de los comunistas negros (la raza) para la dirección del nuevo partido. Una vez más dijo que lo viéramos desde la perspectiva de la meta y de los obstáculos que se interponen a esa meta; que los comunistas de todas las nacionalidades deben aplicar criterios comunistas a esa cuestión y a todas las demás. Dijo que si escogíamos la dirección del nuevo partido con un criterio que no fuera quiénes son los líderes más capacitados para la labor, perjudicaríamos las posibilidades de hacer la revolución. Tuve que admitir que era cierto. Agregó que escoger la dirección con el criterio de representar toda la diversidad de las fuerzas que luchan contra los imperialistas tampoco da resultado, pues si el líder es hombre, no es mujer; si es blanco, no es negro, latino, asiático, etc.

Bueno, ya llevábamos varias horas platicando. En un momento yo hice unas críticas de la práctica de los camaradas de la UR sobre la cuestión nacional y ahora él abordó el tema. Mis críticas eran mixtas. Unas eran ridículas, como que una vez que hicieron una cena para recolectar fondos para una huelga de obreros negros (la mayoría), sirvieron las verduras a medio cocinar y no bien cocidas como les gustan a los negros; pero eso no implica una línea incorrecta sobre la opresión nacional. Otras críticas eran certeras, como cuando los camaradas de la UR saltaban a la conclusión de que los negros que no querían trabajar con blancos eran una bola de retrógrados. Pero todas las críticas eran secundarias en la práctica general de la UR con respecto a la lucha nacional. A veces metían la pata, pero la orientación era desarrollar la lucha contra la opresión nacional de los negros como parte de la lucha revolucionaria general del proletariado, y lo admití.

Pero de todos modos él quería que discutiéramos mis críticas. Hablamos un buen rato de esto: yo planteaba mis argumentos, él escuchaba y contestaba desde la perspectiva de cómo hacer una revolución y llegar a la sociedad comunista. No recuerdo los detalles, pero sí recuerdo unos puntos generales. Uno fue que remarcó que teníamos que verlo todo con la perspectiva de llegar a una sociedad comunista sin clases por lo menos una docena de veces. Por una parte, lo hacía porque yo no siempre tenía esa perspectiva, lo cual era una debilidad muy común en esa época. Por otra parte, es una de las características centrales de la orientación de Avakian, que también han tenido líderes como Lenin y Mao: no poner las miras en los próximos pasos que queremos dar a corto plazo, y permitir que eso determine nuestras líneas y medidas, sino partir del punto al que queremos llegar y elaborar las líneas y la orientación estratégica a partir de ahí.

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Otra cosa que recuerdo claramente es el método que adoptó en la lucha de líneas de esa noche. Al comienzo yo estaba en desacuerdo con él y presenté mi posición lo mejor que pude; él le dio la mejor interpretación posible a mis argumentos, los analizó punto por punto y trató de hacerme ver que lo que yo contraponía a la línea que él planteaba no nos llevaría adonde queríamos ir. La polémica del BWC tenía muchos puntos débiles que él hubiera podido explotar, pero no lo hizo. Lo que hizo fue señalar adónde llevarían las líneas que planteaba el BWC si las seguíamos a su conclusión lógica. Tampoco trajo a cuento otros asuntos que estaban debatiendo las dos organizaciones en privado. Esto es notable porque a las pocas semanas el BWC propuso que la autodeterminación era lo fundamental de la lucha de los negros. Probablemente esa noche él lo sabía, pero no lo mencionó. Así demostró principios y confianza en mi capacidad de distinguir el marxismo auténtico del pseudomarxismo. Cuando yo dije que no era marxista afirmar que lo fundamental de la lucha de los negros era un estado separado, él hubiera podido decirme que la dirección del BWC estaba a punto de declarar lo contrario. Pero dejó que la dirección del BWC se encargara de comunicarlo a la militancia y dejó que yo resolviera si seguiría pensando que no era una posición marxista.

Eso contrasta con la conducta del BWC con la UR. En unas pocas semanas, un ex militante de la UR llegó a Baltimore con una ponencia de que la autodeterminación era el punto fundamental de la lucha de liberación de los negros. Tenía el apoyo de la dirección del BWC y quería que yo lo ayudara a repartir la ponencia a los camaradas de la UR de la ciudad con el objetivo de crear desacuerdos. Yo me mantuve firme y sostuve que era un planteamiento incorrecto de la relación entre la lucha por liberar a los negros y la lucha revolucionaria proletaria general. Defender esa posición me llevó a la larga a dejar el BWC, entrar a la UR y ser uno de los fundadores del PCR.

La discusión de esa larga noche con Bob Avakian fue un momento crucial en mi vida. No exagero al decir que gracias a ella pude mantenerme en el camino revolucionario. Los líderes del BWC que proponían una línea opuesta a la que defendía Bob Avakian en aquel entonces acabaron llevando a sus seguidores a las márgenes de la lucha revolucionaria y poco después se alejaron de la lucha. Pero esa lucha de líneas no se limita a ver dónde terminaron unos individuos u organizaciones. La polémica del movimiento comunista sobre la relación correcta entre la lucha nacional y la lucha de clases fue muy importante. Forjar una línea correcta fue crucial en la formación de una vanguardia para la revolución proletaria en este país. Esa lucha de líneas es testimonio de lo correcta que es la línea que ha forjado el PCR con la dirección de Bob Avakian desde su formación hasta el presente. También demuestra la importancia de que todos aprendamos de la orientación y el método que ha infundido en la lucha revolucionaria por las tres décadas largas que lo conozco.

 

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