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De: "Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor"

El modelo electoral burgués vs. la dirección de las masas para transformar el mundo

El OR presenta una importante serie de pasajes de un ensayo de 1991 de Bob Avakian titulado "Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor".

En esa polémica, Avakian responde a los principales puntos y preguntas que se han planteado en oposición a la experiencia histórica de los países socialistas. Defiende la esencia de esa experiencia y saca nuevas conclusiones sobre los logros del proletariado cuando detentó el poder, y sobre sus fracasos, con miras a impulsar la revolución comunista hoy.

Examina la experiencia de la dictadura del proletariado en la Unión Soviética bajo la dirección de Lenin y Stalin, y en China bajo la dirección de Mao. Explica por qué el proletariado tiene que forjar un partido de vanguardia y un tipo específico de estado (la dictadura del proletariado) para gobernar y para realizar la transformación de la sociedad y el mundo. Examina cómo gobiernan las masas, y las complejidades y contradicciones de eso, que parten de los factores económicos y sociales subyacentes de la sociedad socialista y el mundo, y que solo se pueden arrancar de raíz y transformar por medio de la revolución proletaria. También explica las diferencias de la concepción de libertad del proletariado y la democracia electoral burguesa.

El artículo salió por primera vez en 1992 en la revista internacionalista Un Mundo Que Ganar , como una crítica al documento "Sobre la democracia proletaria" del Comité de Reorganización Central (CRC), una formación marxista-leninista de India. En 1990-91, el líder del CRC inició un ataque contra el leninismo, el maoísmo y la dictadura del proletariado; luego abandonó de plano el camino revolucionario. Lo que está en juego en este debate es el derecho del proletariado a levantarse, hacer la revolución y gobernar la sociedad, y a llevar a cabo la larga transformación revolucionaria de la sociedad hasta lograr la abolición de las clases, el comunismo. Sin esto, y sin la dirección necesaria para plasmarlo en realidad, las masas quedarán, como escribió Bob Avakian, "bajo la dominación de un sistema económico de explotación capitalista con su correspondiente sistema político burgués donde, tal como Marx lo predijo, a las masas se les autoriza para decidir una vez cada varios años qué miembros de la clase explotadora han de representarlas y aplastarlas".

En el número 1247, en dos pasajes titulados "Si la vanguardia no dirige, ¿quién lo hará?" y "¿Qué tipo de partido, qué clase de revolución?", Avakian habló del papel dirigente del partido de vanguardia en la sociedad socialista y qué tipo de partido debe ser.

En los dos pasajes de esta semana1, continúa con el tema del partido comunista de vanguardia. Contrapone las elecciones de la sociedad burguesa, que atrapan a las masas en un callejón sin salida y aíslan al individuo en un proceso que perpetúa el statu quo, con el papel libertador de una auténtica vanguardia comunista, que dirige a las masas a forjar una nueva sociedad. Además, habla del centralismo democrático y del papel crucial que desempeña la lucha de dos líneas para mantener al partido en el camino revolucionario.

"Democracia: Más que nunca podemos y debemos lograr algo mejor" está en revcom.us.

Sí, es verdad, el partido no debe confiarse en su posición de autoridad, debe apoyarse en las masas; pero eso no significa degenerarse y jugar un papel como cualquier partido socialdemócrata de viejo tipo, yendo a la zaga de las masas y reduciendo su actividad al marco y los límites democrático burgueses y al proceso electoral, y no asumir su responsabilidad de vanguardia y dirigir a las masas en la revolución.

Que la visión del CCR acerca del funcionamiento del "sistema democrático proletario" no es cualitativamente diferente del sistema democrático-burgués clásico, debe estar claro. Su "modelo", donde el "derecho a gobernar" del partido comunista "debe estar basado estrictamente en el apoyo electoral ganado por su plataforma, al igual que cualquier otra plataforma", en el mejor de los casos, llevaría a una situación en que centros rivales de poder, con sus respectivas plataformas, competirían por el voto de las masas. El resultado de esto (otra vez, en el mejor de los casos) sería un gobierno de "coalición" donde "socialistas" y "comunistas" de todo tipo se unirían con representantes de tendencias democráticas más abiertamente burguesas y pequeñoburguesas, y en donde comprometerían los intereses fundamentales de las masas y no se llevaría a cabo ninguna transformación radical de la sociedad (y cualquier intento de hacerlo sería reprimido rápida y eficazmente por tal gobierno de "coalición"). ¿Es que no ha habido suficiente experiencia, por no decir demasiada, en el mundo que ilustre esto?2

La idea que de alguna manera este proceso electoral expresará el "deseo político" de las masas solo puede provocar una sonora carcajada cínica de cualquiera que esté familiarizado con estos procesos electorales y que no sufra de "amnesia política". Esta idea solo la pueden sostener quienes creen en la democracia burguesa más que la burguesía misma, que no han aprendido o han "olvidado" que tal democracia, con su proceso electoral, es un instrumento de la dictadura burguesa sobre las masas. Esto no significa que las elecciones no pueden jugar un papel legítimo en la sociedad socialista, pero tal papel debe basarse en el reconocimiento de que las elecciones formales no pueden representar la más alta ni más esencial expresión de la "voluntad política" de las masas; que las elecciones deben subordinarse al proceso general a través del cual esa "voluntad política" se expresa; que a las elecciones, como todo lo demás en la sociedad de clases, las condicionarán y moldearán las relaciones de clase; y por último, que en una sociedad socialista, las elecciones deben servir al ejercicio del Poder político del proletariado bajo la dirección de su partido.

En contraste con esto, la siguiente caracterización del papel de las elecciones en la sociedad burguesa también se aplica al proceso electoral democrático (burgués) que el documento propone para su versión de la sociedad "socialista" y su "sistema democrático proletario":

"El proceso electoral tiende a ocultar las relaciones de clase básicas --y los antagonismos de clase-- de la sociedad, y sirve para darle una expresión formal e institucionalizada a la participación política de los individuos atomizados en la perpetuación del statu quo. Dicho proceso no solo reduce al pueblo a individuos aislados, sino también los reduce a una posición políticamente pasiva y define la esencia de la política como tal pasividad atomizada --en que cada persona, individualmente y aislada de los demás, aprueba esta o aquella opción, todas las cuales han sido formuladas y presentadas por un poder activo que se alza por encima de esas masas atomizadas de `ciudadanos'".(Avakian, Democracy,p. 70, énfasis en el original)

En el documento del CCR encontramos muchas referencias a la "voluntad política" del pueblo o del proletariado. Pero en ninguna parte se encuentra el concepto (de hecho, lo rechaza) de que no hay manera de concretar y es más, no hay más forma de determinar la "voluntad política" del proletariado y de las masas que a través del papel dirigente del partido, a través de su práctica de la línea de masas y la aplicación de una línea política e ideológica comunista.

Y, como hemos visto, el documento insistentemente pone el papel de vanguardia del partido contra la actividad consciente de las masas. Es indiscutiblemente claro en su afirmación de que, una vez que el ejército permanente haya sido abolido y remplazado por el pueblo armado y una vez que el partido y su "papel de vanguardia" se hayan reducido a la lucha del partido por los votos electorales que gane basándose en su plataforma ("al igual que cualquier otra plataforma"), entonces, "a diferencia de las formas de dictadura del proletariado practicadas hasta ahora, en la nueva estructura política, al tener el pueblo el verdadero poder en sus propias manos, también con las armas en la mano, estará jugando un papel realmente activo en la totalidad de la vida política de la sociedad, constituyéndose por lo tanto en la mejor garantía contra la restauración y garantizando también las mejores condiciones para retomar el poder si tiene lugar la restauración". (párrafo 10.9, énfasis añadido)

¡Qué declaración tan increíble! Por ejemplo, ¿cómo es posible que gente conocedora de la Gran Revolución Cultural Proletaria asegure que las masas de China no jugaron "un papel realmente activo en la totalidad de la vida política de la sociedad" en general y en particular al combatir el revisionismo y la restauración capitalista? Si comparamos la Revolución Cultural con las recientes "protestas democráticas" (burguesas) en China, podemos decir sin ninguna duda que la actividad consciente y la iniciativa revolucionaria consciente de clase de las masas del pueblo chino se expresó "un millón de veces más fuertemente" en la Revolución Cultural. Y esto se debe a que durante esta las masas tenían la dirección de una vanguardia comunista, mientras que en la actual lucha no.3 En esta lucha ha habido factores positivos y la participación de fuerzas progresistas, incluso revolucionarias (se dieron abiertas expresiones de apoyo a Mao y su línea revolucionaria; se hicieron marcados deslindes entre Mao y sus seguidores revolucionarios, y los gobernantes revisionistas y corruptos actuales). Pero, a pesar de todo eso, en un sentido general, las fuerzas y líneas políticas que ocuparon las posiciones dirigentes en los levantamientos de las masas representaban los intereses de la burguesía.

Aquí, es conveniente repetir lo siguiente sobre el papel del partido leninista y su relación con las masas, que se aplica después de la conquista del Poder y a lo largo de la transición socialista, tanto como en la lucha por la conquista del Poder:

"Lenin forjó y aplicó estos principios más allá de lo que habían elucidado previamente Marx o Engels y además rompiendo con los preceptos establecidos y la práctica preponderante del movimiento marxista, pero lo hizo partiendo de la base de los principios marxistas fundamentales, adhiriéndose a su metodología básica, y de una manera completamente consistente con su espíritu crítico y revolucionario. Plantear, en oposición a estos principios, la experiencia de la Comuna de París, que fue derrotada --en parte, y secundariamente, debido a la falta de un partido de tipo leninista-- o de la II Internacional, que degeneró y se convirtió en un franco instrumento del imperialismo, es pensar patas arriba y al revés, para no decir más. Sostener que la degeneración de la Revolución Rusa se puede deducir de la naturaleza y el papel del partido leninista, es en primer lugar contrario a los hechos y además una evasión del problema fundamental. El argumento de Lenin en ¿Qué hacer? --que cuanto más altamente organizado y centralizado sea el partido, cuanto más sea una organización de vanguardia real de revolucionarios, tanto mayor será el papel y la iniciativa de las masas en la lucha revolucionaria-- quedó poderosamente demostrado en la misma Revolución Rusa y ha sido demostrado en todas las revoluciones proletarias. En ninguna parte se ha hecho una revolución proletaria sin semejante partido y en ninguna parte la falta de dicho partido ha contribuido al desencadenamiento de la iniciativa de las masas de los oprimidos en lucha revolucionaria consciente.Y... sostener que una vanguardia, que un partido leninista puede degenerarse, puede convertirse en un aparato opresivo de las masas, y que por lo tanto es mejor no tener dicho partido, en la práctica se reduce a propugnar que no haya revolución en primer lugar; esto no eliminará las contradicciones que hacen que dicho partido sea necesario, es decir, las condiciones materiales e ideológicas que se tienen que transformar con la dirección de dicho partido para abolir las diferencias de clase y con eso, finalmente, la necesidad de un partido de vanguardia". (Avakian, Para una cosecha de dragones,Bogotá: Asir Editores, 1989, pp. 77-79, énfasis en el original)

El centralismo democrático, la lucha entre dos líneas y mantener la vanguardia en el camino revolucionario

El documento prosigue con su discusión del partido hablando del "principio del centralismo democrático, desarrollado e implementado por Lenin" como el principio organizativo para los partidos comunistas (ver párrafo 11.2). El CCR apoya el centralismo democrático en teoría, por un lado, pero por el otro, argumenta que su aplicación en la práctica se traduce con el tiempo en un exagerado centralismo, hasta llegar a la exclusión de la democracia. (Tal fue el caso, asegura el documento, en especial después de que se prohibieran las facciones en el partido bolchevique y eso se generalizó como principio a todo partido comunista). Esto no solo fue elevado a consigna teórica con "el concepto del partido comunista monolítico, propuesto por Stalin, y considerado durante todo el período de la Comintern, y después" (párrafo 11.4), sino que incluso "los intentos de Mao por desarrollar la lucha de líneas dentro del partido" como "un paso para reestablecer el funcionamiento del centralismo democrático practicado por Lenin en una forma más sistemática" no lograron ningún progreso fundamental, porque Mao no pudo romper con la orientación que se estableció primero con la prohibición de las facciones y después con la experiencia de la dirección de Stalin en la Unión Soviética y en la Comintern. Y "en efecto la lucha de dos líneas, etc., fueron solo pasos algo menores para la rectificación dentro del marco general establecido anteriormente". (Ver párrafo 11.5) El documento se opone a esto replicando que lo que se necesita es "una completa revisión del concepto y papel del partido comunista en el proceso histórico de construcción del socialismo y el comunismo". (párrafo 11.7)

Ya hemos visto en una forma bastante extensa cuál es la noción básica del documento sobre el papel del partido comunista, pero vale la pena volver a examinar cómo en la sección "Desmitificación del Partido Comunista" plantea una línea relativista y pragmática sobre su papel: "El papel del partido comunista de ser la vanguardia del proletariado ha de probarse y demostrarse en el curso del proceso histórico" y solo cuando un partido comunista esté "sometido a la prueba de la realidad histórica, puede descender a las complejidades de la realidad. Solo entonces puede comprender que ninguna oportunidad le ha sido otorgada, ni por la clase obrera y el pueblo, ni por la historia". (párrafo 12.1) El documento continúa la discusión sobre "la diferencia cualitativa entre el partido que dirige una revolución a la toma del poder y el partido con monopolio del poder". En el primer caso, "el partido es empujado por el mismo contexto a ser autocrítico y a corregir y desarrollar constantemente su línea y práctica con el fin de movilizar a las masas para la revolución", mientras que, "en el segundo caso, la presión de las circunstancias operan en la dirección contraria". (párrafo 12.1)

El documento ha tocado aquí cuestiones de profunda importancia, y parecería que las maneja de una forma dialéctica y correcta. Pero, desafortunadamente, una vez más, no es el caso. Primero, debemos recalcar que si bien un partido que no esté en el Poder tiene la necesidad de ser autocrítico, aplicar la línea de masas y desarrollar en forma constante su línea y capacidad de "movilizar a las masas para la revolución", tal necesidad ejercerá una considerable influencia sobre el partido, solo en la medida en que sea un partido revolucionario, con una orientación de dirigir a las masas para derrocar el viejo orden e impulsar la lucha revolucionaria hacia la meta del comunismo.En otras palabras, en cualquier momento, el partido, en lugar de autocriticarse, resumir y desarrollar de manera crítica su línea y práctica en una dirección más revolucionaria, puede hacer lo opuesto: abandonar el camino revolucionario y así la necesidad de autocriticarse, corregir y desarrollar constantemente su línea y práctica para poder movilizar a las masas para la revolución.

Esto no es un punto frívolo ni insignificante. El documento desconoce aquí las fuertes presiones que se ejercen sobre los partidos en la labor de dirigir la lucha para el derrocamiento del viejo orden --presiones a dejar la lucha y a degenerarse en revisionista o reformista. La experiencia histórica demuestra que resistirse a esas presiones y seguir en el camino revolucionario es extremadamente difícil y requiere una ardua lucha.

Por otra parte, para los partidos en el Poder, aunque es cierto que existe una presión en el sentido que lo menciona el documento --en la dirección de no aplicar de forma sistemática la línea de masas y no resumir de manera crítica su línea y práctica-- no es cierto que tales partidos tengan que degenerarse por necesidad una vez que hayan tomado el Poder (y especialmente si tienen un "poder monopólico" como el documento indica). En un caso, como en el otro, lo que tal documento deja fuera de su planteamiento (o al menos no lo enfoca como decisivo), es precisamente la lucha ideológica interna del partido sobre los puntos cardinales de línea y muy fundamentalmente la cuestión de cuál es el objetivo final por el que el partido lucha -- que debe definir sus propósitos como partido -- y qué relación tienen sus objetivos y políticas más inmediatos con la meta final y cómo le sirven.

No es coincidencia que el documento menosprecie la importancia de la lucha entre dos líneas en el partido, ni que declare que la mayor contribución de Mao sobre este punto es limitada y deficiente. De hecho, al insistir en la importancia decisiva de la lucha en el partido entre dos líneas, la marxista y la revisionista, y los dos caminos, el socialista y el capitalista, Mao dio la clave para combatir la tendencia a que el partido, en particular un partido en el Poder, degenere en un partido revisionista. Y una parte importante de la base con la cual Mao hizo esta contribución fue precisamente su crítica de la noción no dialéctica de un "partido monolítico". (Ver, por ejemplo, los comentarios de Mao de que "no es una posición marxista-leninista hablar todo el tiempo de unidad monolítica y no hablar de conflictos", en Mao, "Pláticas en la conferencia de Chengtu", Mao Tsetung espontáneo,México: Universidad Autónoma de Sinaloa, 1981, p. 68).

Mao reconoció que, objetivamente, existirán diferentes tendencias en el partido, reflejo de distintas fuerzas y fundamentalmente de diferentes intereses de clase en la sociedad como un todo, y que la unidad del partido podía ser solo relativa y no absoluta, no sería estática sino dinámica, desarrollada a través de un proceso de unidad-lucha-unidad. Pero lo esencial a entender, y lo que muestra la diferencia esencial entre la línea de Mao y la del documento, es que Mao no puso la necesidad de la lucha en el partido en contra de la necesidad del partido de estar firmemente unificado alrededor de una sola línea y sobre esta base jugar su papel dirigente --institucionalizado-- en la sociedad socialista, hasta llegar al comunismo.4

Mao no trató la lucha en el partido desde el punto de vista del faccionalismo burgués o del anarquismo pequeñoburgués. Mao reconoció que, en una sociedad caracterizada por las contradicciones y la lucha de clases, tener facciones organizadas en el partido conducirá inevitablemente al faccionalismo burgués. Tales facciones romperían no solo la unidad de acción del partido, sino también su unidad de voluntad; no solo socavarían la capacidad del partido de dirigir a las masas, sino también (y esto es lo fundamental para poder dirigirlas) la posibilidad de aprender de ellas. Las facciones no solo rompen la cadena de mando del partido; también, en forma más esencial, rompen su cadena de conocimiento,el flujo de ideas de las masas, a través de los niveles básicos del partido hasta su dirección. En resumen, rompen la capacidad del partido de jugar su papel de vanguardia del proletariado en su lucha revolucionaria, antes y después de la toma del Poder.

Debido a todo esto, Mao, a la vez que recalcaba la necesidad y la importancia decisiva de la lucha entre dos líneas en el partido, insistió en estos tres principios: practicar el marxismo y no el revisionismo; trabajar por la unidad y no por la escisión; actuar en forma franca y honrada, y no urdir intrigas y maquinaciones. E insistió en que, aunque el partido comunista debe ser continuamente revolucionado, también debe ejercer su liderato en todo.

El propósito de la línea de Mao es mantener al partido en el camino revolucionario y fortalecer su papel de vanguardia revolucionaria. La línea del documento se opone a esto, reduciendo el partido a un partido reformista, un partido enlodado en relativismo, que va a la zaga de las masas y moldea su línea para adaptar los principios a las circunstancias inmediatas. Esto lo revela el documento cuando propone que "el mismo interés de clase proletaria, bajo una condición determinada, es bastante relativo, cambiando según la cambiante realidad, aunque el interés fundamental de la clase obrera de construir el comunismo sigue siendo un objetivo a largo plazo". (párrafo 12.1) Esto es esencialmente incorrecto: el interés de clase proletario no cambia de la forma en que lo plantea el documento; pueden cambiar las tácticas o incluso las estrategias concretas, las políticas, incluso los programas, pero el interés del proletariado, no.

Puede que la diferencia aquí parezca de mera semántica, pues el documento en mención afirma que "el comunismo sigue siendo un objetivo a largo plazo", pero al separar este objetivo a largo plazo del "interés de clase proletario, bajo una condición determinada" y al declarar que lo anterior es "bastante relativo", abre la puerta a que cualquier cosa, cualquier política, etc., pueda servir los intereses del proletariado, mientras sea acompañada por un párrafo general acerca del objetivo final del comunismo. La formulación del CCR sobre los intereses de clase es una formulación de "dos en uno": combina eclécticamente el interés de clase del proletariado con las políticas concretas, etc., bajo una situación dada. El análisis dialéctico, correcto, es que el interés de clase del proletariado no cambia, pero en una situación dada, puede expresarse en políticas específicas, etc., que pueden cambiar y de hecho cambian.

El punto a discusión, otra vez, es que, en cualquier situación dada y en todo tiempo, todo (las políticas, los programas, las estrategias, las tácticas) debe llevarse a cabo teniendo presente el objetivo final del comunismo, como su guía principal y debe servir, no solo en palabras sino en la práctica, como parte de un puente que se tiende desde el presente hasta la sociedad comunista futura. Existe una identidad fundamental entre los intereses del proletariado en una situación dada y sus intereses globales para lograr el comunismo,esta identidad debe reflejarse en la unidad entre las políticas del partido en una situación dada y la línea básica de avanzar en la lucha revolucionaria para alcanzar el comunismo.Con su eclecticismo, relativismo y pragmatismo, el documento rompe esa unidad.

Ya conocido su punto de vista global, no nos sorprende que el documento no vea la necesidad de un partido comunista cuyos principios de organización sean consecuentes y sean una expresión del objetivo y la ideología revolucionarios del proletariado y que adecúen al partido para jugar su papel de vanguardia a través de la larga lucha sin precedentes contra un desesperado y potente enemigo de clase, de un enemigo cuya desesperación y determinación por derrotar la revolución proletaria se agiganta cuando ha sido derrocado y reconoce la amenaza de su exterminio histórico. El partido que concibe el documento no se ha "desmitificado" sino que se le ha quitado la revolución; esto es consecuente con la noción socialdemócrata no revolucionaria de "socialismo y comunismo" que, desafortunadamente, caracteriza este documento de principio a fin.

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NOTAS:

1. La serie empezó con varios pasajes sobre la Comuna de París de 1871. Marx elogió la Comuna por ser la primera experiencia histórica de la dictadura del proletariado. En los números 1241, 1242 y 1243, Avakian responde al CRC, que sostiene que la Comuna es el único ejemplo legítimo del ejercicio de la dictadura del proletariado y contrapone esa experiencia muy importante, pero breve e inicial, a toda la experiencia histórica de la dictadura del proletariado en la sociedad socialista a partir de la revolución soviética de 1917.

En el número 1244 se encuentra un pasaje titulado "Sobre los recientes acontecimientos en lo que fue el bloque soviético y en China".

El pasaje del número 1245 empezó una serie sobre la evaluación de la experiencia histórica del proletariado cuando ha detentado el poder.

En el pasaje titulado "Centralización, descentralización y la extinción del Estado", explicó que la desaparición del estado requiere la participación de las amplias masas (y en última instancia de toda la población) en la administración de la sociedad, en ambos niveles, central y local, como parte de la lucha general para superar la división del trabajo intelectual y manual, y las demás divisiones del trabajo y las desigualdades sociales.

En el número 1247, Avakian habló de por qué el partido de vanguardia tiene que desempeñar un papel dirigente en la sociedad socialista y qué tipo de partido debe ser. [volver]

2. De las derrotas sufridas por los partidos socialistas y comunistas que han caído en el parlamentarismo burgués y/o enfocado su trabajo en gobiernos de "coalición" con varias fuerzas burguesas, tal vez el caso más dramático y trágico es la experiencia del Partido Comunista de Indonesia a mediados de los años 60: la masacre de cientos de miles de comunistas (y otros indonesios) y la destrucción de un partido comunista poderoso, a manos de los reaccionarios. Antes de esto, el partido se había enfocado más y más en el trabajo parlamentario y otras formas de lucha legal; se había confiado más y más en sus logros parlamentarios y sus posiciones en un gobierno de coalición (encabezado por el nacionalista burgués Sukarno); y por ende lo agarró desprevenido el golpe de Estado contrarrevolucionario de las fuerzas armadas (encabezadas por Suharto) con el respaldo, dirección tras bambalinas y la participación activa de la CIA. (Ver "Historical Document: Self- Criticism by the Indonesian Communist Party, 1966", en Revolution,No. 55, invierno/primavera 1987. Una versión abreviada de este documento salió en el periódico Obrero Revolucionario,No. 396, 9 marzo 1987).

Aunque es claro que el gobierno de Sukarno no era una dictadura del proletariado, existe una analogía entre la situación del Partido Comunista de Indonesia en ese gobierno "nacionalista" y la posición que un partido comunista tendría si tratara de apegarse a la línea del CCR en cuanto a la forma en que debería operar bajo la dictadura del proletariado. Como quedó anotado, tal partido se encontraría en un gobierno de "coalición" en el cual el partido no podría dirigir en absoluto. El partido, y las masas revolucionarias en general, serían muy vulnerables a un golpe de Estado reaccionario (y las masacres que lo acompañarían). Aquí, una vez más, es crucial reconocer que, aun dejando a un lado a la clase dominante derrocada, "todo el pueblo", en las condiciones de la sociedad socialista, quiere decir muchas clases diferentes, entre ellos fuerzas burguesas recién nacidas, y "armar a todo el pueblo" en realidad implicaría el desarrollo de muchos bandos armados en la sociedad, entre ellos fuerzas armadas bajo el mando de fuerzas contrarrevolucionarias burguesas. [volver]

3. Además, se debería subrayar que el gran desencadenamiento de las masas en la GRCP fue posible, también, porque tuvo lugar bajo la dictadura del proletariado, mientras que un Estado burgués,una dictadura burguesa, reprimió las manifestaciones de 1989. [volver]

4. En "Plática en una conferencia central de trabajo ampliada" de 1962, Mao dice que es necesario prohibir las "facciones secretas", ya que "No tememos a los grupos de oposición abiertos, sólo les tememos a los grupos secretos de oposición". ( Mao Tsetung espontáneo,pág. 178) Al leer el pasaje en el cual aparecen sus afirmaciones y considerar el espíritu de las observaciones de Mao, es claro que recalca una cierta orientación básica de favorecer la lucha ideológica, si se libra en forma franca y honrada; y cuando dice no temer a los grupos de oposición abiertos, quiere decir algo diferente a las facciones organizadas, con su propia unidad y disciplina interna, operando en el partido comunista en oposición a la línea y la disciplina del partido. Más bien, parece que se refiere a los grupos que se formarán, menos formalmente, para plantear una posición sobre cuestiones particulares. Mao subraya: "Todos los miembros dirigentes del partido deben promover la democracia y dejar a la gente hablar". ( ibid ) A la vez, enfatiza la necesidad de hacer esto sobre la base de que los miembros del partido "obedecen la disciplina del partido, la minoría debe obedecer a la mayoría, y todo el partido debe obedecer al Centro". ( ibid ) En otras palabras, es necesario obedecer la disciplina y mantener la unidad (la disciplina y la unidad del partido, no de facciones); esto es lo que se debe defender, aun cuando se tengan diferencias con la línea prevaleciente o una política del partido. Por lo tanto, Mao dice: "Mientras no quebranten la disciplina, mientras no lleven a cabo actividades clandestinas, debemos siempre permitirles que hablen y aunque dijesen cosas incorrectas, no debemos castigarlos. Si la gente dice cosas incorrectas pueden ser criticados, pero debemos usar la razón para convencerlos". ( ibid )

Todo esto está relacionado a otro principio crucial que Mao enfatiza: "A menudo las ideas de la minoría resultarán ser correctas. En la historia abundan estos ejemplos. Al principio, la verdad no está en manos de las mayorías, sino en manos de las minorías". ( ibid , pág. 179) Sin embargo, otra vez, la existencia de facciones en el partido no ayuda e impide que se entienda la verdad y que el pueblo la acepte. Por esta razón, el Partido Comunista de China, bajo la dirección de Mao, se esforzó por cultivar un animado y vigoroso debate y lucha ideológica en todo el partido (y en la sociedad en general) pero no permitió facciones organizadas en el partido (al menos no en una forma abierta, institucionalizada y "permanente").

De fondo, las facciones organizadas llevan al faccionalismo, a una situación donde aquellos que se unen a las facciones ponen la línea y "unidad" de su facción en contra de la del partido. En ciertas excepciones, cuando elementos oportunistas han capturado la dirección del partido e impuesto una línea contrarrevolucionaria pero no es correcto simple e inmediatamente abandonar el partido a tales elementos y formar un nuevo partido, sería tal vez necesario organizar una facción revolucionaria para luchar contra la línea y dirección oportunista y volver a establecer el partido sobre una base revolucionaria. Sin embargo, después de cierto tiempo, esta lucha debe resolverse de un modo u otro, ya sea con el triunfo de la línea revolucionaria y la reconstitución del partido sobre una base revolucionaria o con el triunfo de la línea y la dirección oportunistas. En el último caso, es necesario romper con tal partido y construir un nuevo partido con principios revolucionarios, una línea MLM en lo ideológico, político y lo organizativo. [volver]