Crimen Yanqui Caso #27: 2 de octubre de 1968: La mano yanqui en la masacre de cientos de estudiantes en Tlateloco por el gobierno mexicano

Bob Avakian escribe que una de las tres cosas que tiene “que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor: Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles”. (Ver "3 cosas que tienen que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor").

En ese sentido, y en ese espíritu, “Crimen yanqui” es una serie regular de www.revcom.us. Cada entrega se centrará en uno de los cien peores crímenes de los gobernantes de Estados Unidos, de entre un sinnúmero de sanguinarios crímenes que han cometido por todo el mundo, de la fundación de Estados Unidos a la actualidad.

La lista completa de los artículos de la serie Crimen Yanqui

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En julio de 1968, la represión violenta oficial contra los estudiantes que protestaban por la brutalidad policial hizo que una huelga estudiantil se propagara rápidamente a las universidades. En la imagen, una gran multitud de manifestantes en el Zócalo, o la Plaza de la Constitución, en el centro de la Ciudad de México, 14 de agosto de 1968, al final de una marcha de ocho km por la ciudad. (Foto: AP)

EL CRIMEN:

El 2 de octubre de 1968, diez días antes del inicio de los XIX Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, se congregaron 10.000 estudiantes y otros partidarios del auge de lucha de varios meses de los estudiantes para una reunión y mitin en la Plaza de las Tres Culturas de los multifamiliares de Tlatelolco de la Ciudad de México. Los estudiantes dejaron en claro que no iban a marchar en la Villa Olímpica, pero no obstante unos 5.000 soldados, 300 tanques, jeeps y vehículos blindados del gobierno, y cientos de policías rodearon la plaza.

A las 6:10 pm, se arrojaron bengalas desde un helicóptero. De repente, de la nada, se oyeron disparos desde los pisos superiores del multifamiliar Chihuahua con vista a la multitud, donde estaban reunidos muchos estudiantes.

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Soldados mexicanos vigilan unos jóvenes detenido tras la noche de protestas en el 2 de octubre de 1968. (Photo: AP)

De inmediato, los soldados respondieron rociando a la multitud con ametralladoras. Soldados con bayonetas fijas avanzaron desde dos costados: no había escapatoria. Los tanques abrieron fuego contra el multifamiliar, donde los líderes estudiantiles habían estado hablando desde un balcón. Dentro del multifamiliar, un grupo de hombres fuertemente armados, cada uno con un guante blanco en la mano izquierda, detuvo a los líderes estudiantiles. Los estudiantes fueron golpeados, encuerados y dejados en su ropa interior y arrestados”1.

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Soldados del ejército mexicano apalearon a los manifestantes en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México, una masacre que llegó a conocerse como la "masacre de Tlatelolco". (Foto: AP)

Al principio, el gobierno mexicano informó que cuatro personas habían muerto y 20 resultaron heridas. El periódico británico Manchester Guardian informó que, tras una detenida investigación, descubrió que probablemente 325 murieran y el número podría ser mucho mayor. Testigos presenciales describieron haber visto “que se llevaron en camiones los cuerpos de cientos de jóvenes”. Se informó que unos cuerpos fueron quemados o arrojados al mar. Miles de estudiantes fueron golpeados y encarcelados, y muchos desaparecidos2.

Diez días después, mientras 1.500 estudiantes en un campamento militar eran golpeados y torturados, se inauguraron las justas olímpicas. Los familiares de los desaparecidos recorrieron las prisiones y las morgues en busca de seres queridos desaparecidos, mientras los tanques retumbaban por las calles alineadas con carteles publicitarios en una docena de idiomas que proclamaban “Todo se puede con paz”.

La noche del 2 de octubre llegó a conocerse como la Masacre de Tlatelolco.

Las sangrientas huellas de Estados Unidos empapan la masacre

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Los gobiernos de Estados Unidos y México de inmediato les echaron la culpa a los estudiantes manifestantes por disparar primero y provocar la respuesta de la policía y el ejército mexicano. Esas eran mentiras.

Únicamente tres décadas más tarde, después de la desclasificación y divulgación de algunos de los documentos secretos del gobierno de Estados Unidos sobre los sucesos del 2 de octubre de 1968, empezó a salir la verdad3. Se descubrió que un batallón de élite de policías encubiertos y francotiradores militares mexicanos, conocido como el Batallón Olimpia, organizado bajo la guía de un agente de la CIA y el secretario de Gobernación Luis Echeverría, se había infiltrado en la multitud disfrazados de estudiantes y tomaron posiciones en los pisos superiores de los edificios circundantes. Cada uno llevaba un guante blanco en la mano izquierda para que los soldados no los confundieran con los estudiantes. Se emplazó una ametralladora en el departamento donde vivía una cuñada de Echeverría. Entre los soldados se encontraban diez francotiradores. Ellos fueron los que abrieron fuego, contra sus propios soldados, una provocación que hizo que dispararan contra los estudiantes y desataran la masacre4. Estos documentos y otros informes también revelan que las huellas de Estados Unidos, en particular de la CIA, empapan toda esta sangrienta masacre.

La red secreta de la CIA de espías de Estados Unidos y México hace preparativos para los Juegos Olímpicos

La Ciudad de México albergó la sede de la CIA más grande en el hemisferio occidental, desde la cual orquestaron sus operaciones en toda América Central y del Sur. Y México era el único país donde el FBI operaba abiertamente. Winston Scott, el jefe de la estación de la CIA en México de 1956 a 1969, había reclutado como informantes pagados al menos 12 agentes de entre los niveles más altos del gobierno mexicano: entre ellos el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, y su sucesor, Luis Echeverría, el que le siguió en la presidencia, y en el cargo de secretario de Gobernación, estuvo a cargo de la seguridad nacional y de las fuerzas de la policía y de seguridad de México5.

En 1960, Scott creó una red secreta de espías, llamada “LITEMPO”, que operaba desde la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México, que surtía a los gobiernos de Estados Unidos y México “información política sensible que ninguno de los gobiernos quería recibir por canales públicos”. LITEMPO se convertiría en los “ojos puestos en Tlatelolco” de la CIA6. Durante los meses previos a los Juegos Olímpicos de octubre, la CIA y otros organismos del gobierno estadounidense y altos funcionarios mexicanos habían estado en contacto directo y diario para asegurarse de que los Juegos Olímpicos se celebraran sin problemas y para monitorear, evaluar y emprender acciones contra las crecientes protestas estudiantiles.

El jefe del organismo de inteligencia de élite de México, la DFS (Dirección Federal de Seguridad), Fernando Gutiérrez Barrios, quien también estaba en la nómina de la CIA, le remitía a la CIA informes diarios provenientes de sus propios agentes de la DFS. Y Scott le entregó “un resumen diario de inteligencia” al presidente Díaz Ordaz, con una sección sobre las actividades de las organizaciones revolucionarias mexicanas y las misiones diplomáticas comunistas en México. Scott, a su vez, transmitió las opiniones de Díaz Ordaz y otros altos funcionarios mexicanos al embajador de Estados Unidos y a la sede de la CIA7.

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Priorización de envíos de equipo militar a México antes de los Juegos Olímpicos

Estados Unidos y México no estaban simplemente compartiendo información de inteligencia. También hacían preparativos militares para asegurarse de que no se trastornaran los Juegos Olímpicos. A fines de la primavera y de nuevo a mediados del verano de 1968, el Departamento de Estado solicitó al Pentágono que priorizara los suministros de equipo militar para el gobierno mexicano, por este motivo: “En vista de la importancia que el Gobierno mexicano le atribuye al buen funcionamiento de los Juegos Olímpicos, y del deseo de nuestro propio Gobierno de ver que este evento sea lo más exitoso que sea posible”8.

Las protestas estudiantiles estallan en todo México...

A fines de julio de 1968, la violenta represión del gobierno contra los estudiantes que protestaban debido a la brutalidad policial en la Ciudad de México suscitó una huelga estudiantil que rápidamente se propagó y se extendió a las universidades de todo México. En agosto y septiembre, este movimiento estudiantil granjeó un amplio apoyo de la población, con marchas de cientos de miles de personas, y se volvió más decidido ante la violencia policial y militar que dejaba a muchos estudiantes muertos. El país de México se había sumado a la lista de lugares problemáticos del mundo, en el que los autobuses se incendiaban en los cruces del centro de la ciudad que estaba a punto de tener los ojos del mundo puestos en ella.

...y Estados Unidos y México se preparan para apretar las clavijas de la represión

En respuesta al auge de lucha de los estudiantes, Echeverría recibió la encomienda de responsabilizarse del “Comité de Estrategia”, un grupo de trabajo clave de altos funcionarios gubernamentales el que se creó para desarrollar una respuesta a las protestas estudiantiles. En Washington, según la descripción de la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, el comité estaba al centro de los esfuerzos del gobierno para impedir a los estudiantes, ya sea por la fuerza o por la coacción9. El Batallón Olimpia fue una de las creaciones del comité.

Para septiembre, Scott y otros agentes ya se reunían a diario con dirigentes del gobierno mexicano para evaluar la marcha de los acontecimientos y las posibles respuestas del gobierno al creciente movimiento estudiantil a medida que se acercaban los Juegos Olímpicos. La CIA y la embajada de Estados Unidos presentaron informes diarios al Departamento de Estado y a la sede de la CIA en Washington.

Los documentos desclasificados del gobierno estadounidense dan indicios de que Estados Unidos favorecía fuertemente una forzosa racha de represión contra el levantamiento estudiantil. Un despacho de la CIA aplaudió el discurso presidencial del 1º de septiembre de Díaz Ordaz que prometía apretar las clavijas al descontento estudiantil. La embajada yanqui observó que el “período tolerante” permitido por el régimen había llegado a su fin, y resumió su propia visión de lo que estaría en juego para el gobierno mexicano si éste no tomara acciones decisivas: “Los mexicanos esperan que el Presidente, sobre todo, sea un personaje fuerte y decisivo y, si el período tolerante se prolongara demasiado, el público en general podría concluir que el presidente carece de medios o valor para lidiar con los estudiantes. La resultante pérdida de respeto para el Presidente, en el sistema político mexicano, crearía graves peligros”10.

A fines de septiembre, Dean Rusk, el secretario de Estado del presidente Lyndon Johnson, informó en secreto que el “GOM (Gobierno de México) [está] virtualmente comprometido con un enfrentamiento forzoso con los militantes estudiantiles”, pero expresó preocupación por su “capacidad para impedir la perturbación extremista [de] la Villa Olímpica, eventos deportivos, otras instalaciones olímpicas”. Mientras tanto, Luis Echeverría y Fernando Gutiérrez Barrios le aseguraron en secreto a la CIA que “ya no existe peligro de que los Juegos Olímpicos se vean afectados... la situación estará bajo un control total en muy poco tiempo, lo que significa un cese de todos los actos de violencia”11.

Luego, tan sólo dos días antes del 2 de octubre, los dos hombres más poderosos de la inteligencia del gobierno de Estados Unidos, el actual director de la CIA y el anterior director de la CIA, Richard Helms y Allen Dulles, respectivamente, viajaron por avión a la Ciudad de México para reunirse con el jefe de estación de la CIA, Winston Scott. Lo que Helms, Dulles y Scott discutieron en vísperas de la masacre nunca se ha desclasificado. Pero esta masacre tiene “Made in USA” grabado en todas partes. Estaban directamente conectadas con la CIA todas las líneas centrales de mando de esta masacre: del jefe de estado mayor del ejército mexicano Luis Gutiérrez Oropeza, quien apostó los diez francotiradores; al jefe de inteligencia federal Gutiérrez Barrios; a Luis Echeverría, el secretario de Gobernación a cargo de la planeación estratégica; al presidente Díaz Ordaz.

El apoyo de Estados Unidos al gobierno mexicano y a sus sangrientas acciones también quedó en claro después de la masacre. Ni el Departamento de Estado de Estados Unidos ni el presidente Johnson emitieron declaraciones de condena al gobierno mexicano por esta masacre. Al contrario, los gobiernos de Estados Unidos y México continuaron echándoles la culpa a los estudiantes12.

LOS CRIMINALES:

El presidente mexicano Díaz Ordaz supervisó y luego mintió para encubrir la mano directa del ejército mexicano en la masacre de Tlatelolco. Díaz Ordaz llevaba años de informante pagado de la CIA, en contacto constante con la CIA y el Departamento de Estado de Estados Unidos. Le surtía a Estados Unidos información de inteligencia crucial a cada paso y solicitó que Estados Unidos le suministrara a México equipo militar y municiones en los meses previos al 2 de octubre.

Luis Echeverría, el secretario de Gobernación de México, estuvo a cargo de la planeación estratégica para el 2 de octubre, y supervisó directamente al Batallón Olimpia y la masacre. También era un agente de la CIA. Echeverría fue el presidente de México de 1970 a 1976 en el apogeo de la guerra sucia de México contra la izquierda, con más de 500 desaparecidos. En 2006, se ordenó que lo arrestaran, pero nunca lo juzgaron por cargos de genocidio por su papel en la masacre de Tlatelolco.

El demócrata Lyndon Johnson, el presidente de Estados Unidos en 1968, era el responsable principal de las operaciones de inteligencia y otras medidas llevadas a cabo por la CIA y otras ramas del gobierno estadounidense. Con cada vez más frecuencia en los meses previos al 2 de octubre, recibía mensajes e informes secretos sobre los sucesos en México.

Winston Scott era el jefe de estación de la CIA en México y estuvo al centro de las operaciones encubiertas y de inteligencia de Estados Unidos antes y después de la masacre. A lo largo de sus años de cultivar a los agentes al servicio de Estados Unidos que trabajaban en los niveles más altos del gobierno mexicano, estuvo en una posición de surtir informes constantes a la CIA y a los Departamentos de Defensa y de Estado sobre lo que estaba pasando en el terreno, lo que incluyó cómo el gobierno mexicano estaba planeando para impedir que el levantamiento estudiantil desbaratara o impidiera los Juegos Olímpicos, y transmitía los consejos, recomendaciones y deseos de Estados Unidos.

Richard Helms, director de la Agencia de Inteligencia Central, fue responsable del papel de la CIA en México en general y de garantizar que se celebraran unos Juegos Olímpicos “exitosos” en la Ciudad de México.

LA COARTADA:

El gobierno mexicano decía que los estudiantes eran responsables de la masacre; que los disparos iniciales provinieron de entre los estudiantes en el piso superior del multifamiliar Chihuahua con vista a la plaza. Díaz Ordaz dijo que estudiantes radicales pro soviéticos y pro cubanos quienes habían estado en el centro del ataque inicial, habían “planeado detenidamente” la masacre, como parte de los esfuerzos cubanos y soviéticos para trastornar los Juegos Olímpicos y desestabilizar al gobierno mexicano. El gobierno de Estados Unidos apoyó públicamente las afirmaciones del gobierno mexicano y las repitió.

EL VERDADERO MOTIVO:

México fue el primer país del tercer mundo que patrocinara los Juegos Olímpicos. El gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México vio en los Juegos Olímpicos una oportunidad para exhibir el desarrollo económico y estabilidad de México ante el mundo. En el caso de Estados Unidos, fue una oportunidad de exhibir los beneficios del desarrollo económico y político encabezado por el imperialismo estadounidense, el que para 1968 se encontraban ante los desafíos del camino socialista revolucionario de China, el modelo de desarrollo soviético-cubano y las luchas de liberación nacional que se estaban dando por todo el mundo.

En este contexto, el movimiento estudiantil mexicano brotó y se extendió por todo México. El régimen de Díaz Ordaz y sus capataces yanquis observaban con mucha alarma la creciente fuerza del movimiento estudiantil, con el temor de que las protestas de los estudiantes pudieran crecer tanto como para eclipsar, o forzar la cancelación de los juegos a los que habían apostado tanto; y posiblemente pudieran amenazar la estabilidad del gobierno mexicano. Los gobernantes de Estados Unidos estaban decididos a no permitir esto.

Por todas estas razones, los gobiernos de Estados Unidos y México estaban emperrados no solo en contener al auge de lucha de los estudiantes, sino en ahogarlo brutalmente en sangre si fuera necesario, y continuar reprimiendo y desapareciendo con la violencia a los estudiantes y personas de la izquierda bajo Echeverría, el presidente de México, y agente de la CIA, durante la “guerra sucia” de principios de los años 1970.

Pregunta y respuesta: A raíz de la revolución, ¿México y América Central todavía serían el patio trasero de Estados Unidos? (en inglés)

Corto de “Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución”
Un discurso de Bob Avakian

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1. “Before the World Arrived” [Antes de que el mundo llegara], Jonah Walters, The Jacobin, 23 de mayo de 2018.  [regresa]

2. “El 2 de octubre no se olvida, Lucha y masacre en México, 1968”, Segunda parte, “Sangre en Tlatelolco”, Obrero Revolucionario (ahora Revolución), 4 de octubre de 1998, en revcom.us.  [regresa]

3. El National Security Archive [Archivo de Seguridad Nacional] empezó a investigar la masacre de Tlatelolco en 1994, con los documentos obtenidos bajo la Ley de Libertad de Información e investigaciones en los archivos en México y Estados Unidos. En 1998, el Archivo posteó los primeros treinta documentos desclasificados del gobierno estadounidense sobre 1968. Todos eran de los expedientes secretos de la CIA, el Buró Federal de Investigación, el Departamento de Defensa, la embajada yanqui en la Ciudad de México y la Casa Blanca.  [regresa]

4. Tlatelolco Massacre: U.S. Documents on Mexico and the Events of 1968 [La masacre de Tlatelolco: Documentos del gobierno de Estados Unidos sobre México y los sucesos de 1968], National Security Archive Electronic Briefing Book [Expediente de Información Electrónica del Archivo de Seguridad Nacional] No. 99, compilado por Kate Doyle, publicado el 10 de octubre de 2003; “Mexico’s 1968 Massacre: What Really Happened?” [La masacre de México de 1968: ¿Qué pasó en realidad?], transmitido en All Things Considered, National Public Radio, 1º de diciembre de 2008.  [regresa]

5. LITEMPO: Los ojos de la CIA en Tlatelolco, Jefferson Morley, National Security Archive Electronic Briefing Book No. 204, publicado originalmente en la revista Proceso, 18 de octubre de 2006.  [regresa]

6. Ibíd. En los expedientes de la CIA, identifican a cada agente con un número específico: LITEMPO-2 se refería al presidente mexicano Díaz Ordaz y LITEMPO-1 a su sobrino; LITEMPO-4 a Fernando Gutiérrez Barrios, el jefe de la DFS; y LITEMPO-8 a Luis Echeverría.  [regresa]

7. Ibíd.  [regresa]

8. K. Doyle, obra citada. Documento 84 [en inglés], Carta del Departamento de Estado — 24 de mayo de 1968.  [regresa]

9. Ibíd., Introduction [Introducción].  [regresa]

10. Ibíd., Documento 13 [en inglés], 6 de septiembre de 1968.  [regresa]

11. Ibíd., Documento 34 [en inglés], 25 de septiembre de 1968.  [regresa]

12. Al día siguiente, el Comité Olímpico Internacional se reunió en secreto y Avery Brundage anunció posteriormente que se celebrarían los Juegos tal como se habían programado y que los problemas con los estudiantes ahí no tenían ninguna conexión con los Juegos.  [regresa]

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