Algunas primeras observaciones en cuanto a las audiencias sobre el asalto al Capitolio liderado por Trump del 6 de enero de 2021

January 6 fascists storming the capitol in Washington, DC.

 

Fascistas asaltan al Capitolio en Washington, D.C., 6 de enero de 2021. Foto: Toma de vídeo de la audiencia del Senado   

¿Recuerda el 6 de enero de 2021? Ya se sabe: el día en que las turbas fascistas que habían sido convocadas en Washington, D.C. por Donald Trump asaltaron al Congreso con armas y una horca, y cazaron a los políticos que se negaron a seguir el intento de Trump de anular las elecciones.

¿Quién no lo recuerda?”, se preguntará. Sin embargo, demasiadas personas decentes que se preocupan por el futuro están viendo el 6 de enero como algo concluido y consumado. Demasiada gente no ve sus profundas implicaciones para el futuro. Y demasiada gente no está siguiendo lo que está ocurriendo, en este momento, en torno a la investigación del 6 de enero, la información adicional que está saliendo a la luz, la posibilidad de acusaciones penales (inclusive contra el propio Trump) y la intensa polarización que se está dando en Estados Unidos en torno a todo eso.

Estas audiencias ya han sacado a la luz nuevas pruebas sobre la profundidad y el alcance multifacético del complot para anular las elecciones. Además, la “rueda sigue girando” en estas audiencias, para citar a Bob Dylan, por lo que “no hables demasiado pronto” en lo que respecta a un análisis a fondo o conclusiones. Pero todavía se pueden y deben hacer algunas observaciones y plantear algunas preguntas.

Para fundamentar todo esto, empecemos con la cita de Organizarse para una revolución real: 7 puntos clave

La brutal y asesina supremacía blanca, supremacía masculina y otras relaciones opresivas, la crisis cada vez más profunda en la sociedad y el mundo en general, incluidas las guerras constantes y la destrucción continua del medio ambiente: no es posible resolver todo esto en última instancia, de una manera positiva, dentro de los límites del sistema que gobierna en Estados Unidos y domina en el mundo en su conjunto — el sistema del capitalismo-imperialismo. Bajo el gobierno de este sistema, todo esto simplemente se agravará. Las divisiones crecientes al interior de Estados Unidos ahora, de arriba a abajo, suponen que aquellos que han gobernado en este país durante tanto tiempo (la clase dominante capitalista-imperialista) ya no pueden gobernar, como una “fuerza unificada”, de la manera “normal” en que la gente ha sido condicionada a aceptar — con un sistema de gobierno que tiene un caparazón externo de “democracia” para encubrir el hecho de que es en realidad una dictadura capitalista en su núcleo, que se apoya en lo fundamental en la fuerza armada de las instituciones de “violencia oficial”, la policía y las fuerzas armadas. Debido a los grandes cambios en Estados Unidos y en el mundo en general, una parte de la clase dominante, representada por el Partido Republicano, se ha vuelto fascista: ya no creen en lo que han sido las “normas” del gobierno capitalista “democrático” en este país, ni se sienten obligadas por éstas. Y el otro sector de la clase dominante, representada por el Partido Demócrata, no tiene ninguna respuesta concreta a esta situación — excepto procurar mantener la “forma habitual” en que el dominio opresivo de este sistema se ha impuesto a lo largo de cientos de años, a la vez que los fascistas están decididos a hacer pedazos esas “normas” y gobernar con medios más abierta y agresivamente opresivas, sin el tradicional disfraz de la supuesta “democracia para todos”.

Sólo es posible resolver la crisis y las profundas divisiones en la sociedad con medios radicales, de un tipo u otro — ya sea medios radicalmente reaccionarios, mortíferamente opresivos y destructivos o medios revolucionarios radicalmente emancipadores. Y es muy posible que esta resolución pueda darse, de una forma u otra, en los próximos pocos años. Esta situación poco común, con la profundización y la agudización de los conflictos entre los poderes gobernantes y en la sociedad en general, proporciona una base más sólida y mayores oportunidades para romper el control de este sistema sobre las masas de personas. En una situación así, es posible que las cosas que llevan décadas básicamente sin cambiar, cambien radicalmente en un lapso de tiempo muy corto.

Una polarización creciente... NO un acercamiento

A pesar de la presencia de unos pocos republicanos extremadamente prominentes como Liz Cheney y el ex juez federal J. Michael Luttig como participantes o testigos en las audiencias, la masa de los titulares del Partido Republi-fascista se niega a condenar a Trump. La mayoría de aquellos que condenaron el 6 de enero cuando ocurrió, hace tiempo que cambiaron de tono para entrar en armonía con Trump, o al menos para no contradecirlo públicamente. De hecho, la gran mayoría del Partido Republicano cree que Trump —y ellos mismos— fueron víctimas de un crimen mayúsculo por parte de los demócratas, a pesar de todas las pruebas en contra. La mayoría se niega incluso a ver las audiencias. Y en las elecciones preliminares republicanas que coincidieron con las audiencias, la mayoría de los candidatos que insistieron celosamente en el cuento delirante de Trump de una “elección robada” salieron fácilmente victoriosos, incluso en algunos de los llamados estados “indecisos”, donde el voto presidencial suele estar reñido.

Washington, DC: third day of January 6 hearings show video of Trump on the phone.

 

Video de Donald J. Trump en el tercer día de las audiencias del 6 de enero, 16 de junio de 2022.    Foto: AP

También es interesante que la semana pasada se cumplió el 50 aniversario del allanamiento de la sede del Comité Nacional Demócrata en Washington, D.C. Este allanamiento se le atribuyó a Richard Nixon, el presidente republicano de la época, y republicanos y demócratas se unieron para amenazar con destituirlo si no dimitiera. En otras palabras, las principales facciones de la clase dominante fueron capaces de unirse cuando el presidente violó las normas de cómo debían gestionar los conflictos entre sí.

Los comentaristas también destacaron otra diferencia entre ese entonces y ahora: Estados Unidos no sólo es incapaz de unirse en torno a lo que debería ser una cuestión básica del estado de derecho, sino que ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo en cuanto a la verdad de lo que realmente ocurrió. Y no es que los primeros años de la década de 1970 no fueran de alguna manera una época de fuerte polarización — la marea alta revolucionaria de finales de la década de 1960, el período más revolucionario de la historia, acababa de empezar a entrar en reflujo.

¿Qué importancia tiene esto? Lo siguiente de ALGO TERRIBLE, O ALGO VERDADERAMENTE EMANCIPADOR: Crisis profunda, divisiones crecientes, la inminente posibilidad de una guerra civil — y la revolución que se necesita con urgencia, Una base necesaria, una hoja de ruta básica para esta revolución de Bob Avakian, tiene especial relevancia:

Esta situación poco común, con la profundización y la agudización de los conflictos entre los poderes gobernantes, y en la sociedad en general, pone una base más fuerte y oportunidades más grandes para romper el control de este sistema sobre las masas de personas.

Es extremadamente importante comprender lo siguiente de manera profunda:

A medida que se desarrolle esta situación, y la clase dominante tenga cada vez menos capacidad de gobernar según la anterior manera de hacerlo, es posible que se vuelvan cada vez más agitadas y caóticas la sociedad y la vida cotidiana de las masas de personas, de diferentes partes de la sociedad, con frecuentes “trastornos” de la manera “normal” en que las cosas han existido.

Y a medida que la “manera normal” en que se ha gobernado a la sociedad deje de mantener la articulación de las cosas —y la sociedad esté desgarrándose cada vez más—, es posible que esto haga flaquear la creencia de la gente en que “la manera en que siempre han sido las cosas” es la única manera en que las cosas pueden ser. Puede hacer que haya más receptividad en la población a cuestionar —en un sentido real puede obligar a la gente a cuestionar— la manera en que han sido las cosas, y si tienen que seguir siendo así. Y es mucho más probable que esto ocurra si las fuerzas revolucionarias están en la sociedad entre las personas arrojando una luz sobre la realidad más profunda de lo que está ocurriendo, y por qué, y explicando que SÍ QUE EXISTE una alternativa a vivir así.

Esta es una parte crucial de la manera en que se podría gestar una situación revolucionaria — una situación en la que sea posible en realidad hacer caer este sistema.

Por otro lado, “dejadas las cosas tal como están” —es decir, si el actual carácter y dinámicas de todo esto se mantienen en el mismo curso en el que se encuentran ahora—, esta situación, las divisiones que la caracterizan y el desenlace resultante de ella casi con certeza van a volverse aún más terriblemente negativos. Así que, es necesario cambiar todo eso radicalmente, en lo que es un lapso de tiempo relativamente corto y “comprimido” — no simplemente de semanas o meses, pero tampoco de décadas. Si las cosas aún no se hubieran hecho erupción por completo anteriormente, es muy probable que las elecciones presidenciales programadas para 2024 sean un punto focal crítico y un punto de viraje, por lo cual los republicanos fascistas intentarán ganar y consolidar a martillazos el poder sobre la sociedad, y poner fin a cualquier posibilidad de una futura “transferencia del poder” que se les saliera de las manos.

Spanish Something Terrible or Something Truly Emancipating - Square, wo "NEW"

 

¿El Departamento de Justicia impugnará de un delito a Trump? ¿Y si lo hace... y si no lo hace?

Estas audiencias están destapando y exponiendo dramáticamente evidencia que podría constituir la base para impugnar al propio Trump de una serie de delitos graves. Hay un gran número de abogados liberales muy competentes y eruditos que pueden detallar las formas en que se están presentando la evidencia de la responsabilidad legal de Trump por delitos concretos — escuche aquí, por ejemplo, el podcast de Dahlia Lithwick con el profesor de derecho Ryan Goodman (en inglés). Esto suscita (al menos) dos preguntas: ¿seguirá Merrick Garland, el procurador general, la evidencia si ésta señala a Trump? ¿Y qué pasará si lo hace?

En cuanto a la primera pregunta, hasta ahora Biden ha seguido trabajando para “unir al país” y —como muestra la polarización en torno a las audiencias— ha seguido “fracasando estrepitosamente”, en las palabras de Bob Avakian. Al día de hoy, no sabemos si el procurador general Merrick Garland está actuando en torno a esto, ni con qué seriedad lo está haciendo. Pero el comité está presentando pruebas extremadamente sustanciales ante la nación en su conjunto y lo está haciendo de una manera convincente —inclusive han contratado a un productor de televisión con experiencia para empaquetar las audiencias— y no está claro que todo esto pueda contenerse limpiamente.

Aquí es importante pensar en la observación de Barbara McQuade, ex fiscal federal y analista en materia de derecho de la MSNBC. McQuade ha dicho que presentar cargos penales contra Trump en relación con sus esfuerzos por anular las elecciones “muy probablemente desencadenará disturbios civiles, y tal vez incluso una guerra civil”. Pero, ella agregó, “creo que no presentar cargos es aún peor, porque no presentar cargos significa que no se ha hecho rendir cuentas penalmente a alguien que intentó subvertir nuestra democracia”.

Así que una vez más: ¿el Departamento de Justicia “seguirá la evidencia” y, en caso de que haya causa razonable, procesará a Trump? ¿Por qué, bajo un presidente demócrata, es esto siquiera una pregunta? Y si las observaciones de McQuade sobre el probable resultado de la presentación de cargos penales tienen incluso una remota conexión con la realidad, ¿cómo entrarían los revolucionarios en esta situación a fin de repolarizarla para una revolución real, y no dejar que esta situación termine ya sea en una victoria aplanadora para el fascismo o simplemente una restauración del mismo orden imperialista (de la variedad burguesa-liberal) que nos llevó a este momento en primer lugar?

Mientras que únicamente es posible responder a la primera pregunta a medida que se desenvuelvan los acontecimientos (aunque las acciones de la gente tal vez puedan tener un efecto en la forma en que se le responda), las respuestas a por qué los demócratas de hecho quizá se nieguen a procesarlo aunque existen las pruebas y además lo que se puede hacer para concretamente deshacerse del sistema que engendró el fascismo en primer lugar se pueden encontrar en la obra de Bob Avakian ALGO TERRIBLE, O ALGO VERDADERAMENTE EMANCIPADOR, y en una forma muy concentrada en Organizarse para una revolución real: 7 puntos clave.

Mike Pence no es un héroe

Un punto adicional por ahora: el hecho de que algunos demócratas en el comité han estado tratando de convertir al Mike Pence fascista cristiano, odiamujeres, gestor de Trump en una especie de héroe.

Es cierto que Pence actuó ante un riesgo físico considerable ese día al rechazar la orden de Trump. Y es un hecho —y es un indicador de qué tan agudas que se han vuelto las cosas— que el comité presentó pruebas de que Trump realmente dijo “tal vez nuestros partidarios tienen la idea correcta” cuando le dijeron que la multitud estaba coreando “cuelguen a Mike Pence”.

Pero eso simplemente indica que Trump estaba dispuesto a aplastar a cualquiera, por muy leal que fuera antes, que se interpusiera en el camino de su proyecto fascista particular. Veamos los hechos acerca de Pence.

Mike Pence, como los demás en la Casa Blanca (incluido Trump), sabía que Trump había perdido. No obstante, al igual que los otros que ahora le dicen al comité que sabían desde el principio que las afirmaciones de Trump eran falsas, públicamente Pence siguió aceptando las tonterías de Trump durante semanas y semanas después de las elecciones. Mientras que algunos de sus asesores jurídicos se opusieron al plan de Trump, Pence también acudió a varias personas para preguntarles si había alguna forma legal de hacer lo que Trump insistía en que hiciera, que era negarse por sí solo a contar algunos de los votos electorales que habían ido en contra de Trump. Solamente después de que todos aquellos con los que consultó le dijeran que no sólo no había ninguna forma de poder hacerlo, sino que además sería ilegal, y que él podría exponerse a un juicio, en efecto se negó a hacerlo, al último momento1. E inclusive después de eso, no fue hasta más de un año más tarde que Pence por fin pudo atreverse a decir que Trump no había ganado las elecciones (antes de eso, Pence sólo decía que se negó a impedir por sí solo la certificación de Biden porque “un solo hombre no debería decidir quién es el presidente”).

Sin embargo, los demócratas presentaron a este fascista de larga trayectoria y lacayo de Trump durante cuatro años como un héroe, y la mayoría de los medios de comunicación tradicionales siguieron el mismo guión. El congresista demócrata Aguilar hasta le preguntó al abogado de Pence (el propio Pence no rindió testimonio) al mero final de una de las sesiones de las audiencias cuál papel había tenido su fe en todo esto — una “pregunta” con la que el abogado pudo hablar de cómo él y Pence compartieron versos de la Biblia y oraciones al final del día, bla, bla, bla. Esta fue una pregunta totalmente inapropiada que no sirve para nada más que para lanzar una concesión a los fascistas cristianos odia-mujeres, para ensalzar a Pence y para tratar de envolver el verdadero carácter del movimiento fascista en general con un montón de mierda tipo kumbayá besa-biblias. Todo esto está relacionado con los esfuerzos de los demócratas por “mantener la articulación de las cosas” para el mismo sistema que ahora ha producido este fascismo, aunque mantener su articulación significaría una forma ligeramente más “aceptable” (para ellos) de este fascismo.

Estados Unidos nunca tuvo grandeza

Un último señalamiento: los términos de estas audiencias hasta ahora han sido la necesidad de defender y preservar las “grandes tradiciones democráticas” de Estados Unidos. Pero la realidad es que estas tradiciones siempre han enmascarado el hecho de que un pequeño grupo de gobernantes monopoliza el uso de la fuerza para imponer la explotación y la opresión brutales, que luego legitiman mediante elecciones. Se trata de una tradición, en otras palabras, de normas democrático-burguesas que encubren y legitiman una dictadura burguesa (capitalista-imperialista). No obstante, lo que está saliendo en estas mismas audiencias tiene el potencial de desmentir esos mismos términos, si los revolucionarios sacan a relucir las contradicciones. De hecho, estas audiencias son evidencia de la extrema tensión a la que se enfrenta ahora la forma democrático-burguesa de dictadura... con consecuencias imprevisibles.

Por ahora, la cuestión es seguir atentos... y que los revolucionarios se mantengan tensos en cuanto a lo que puede significar para “hacer que haya más receptividad en la población a cuestionar” a este sistema en su conjunto... y además cuáles grietas y fisuras adicionales pueden desarrollarse entre los gobernantes, y al interior de la sociedad en su conjunto, que quizá incidan en el posible desarrollo de una situación revolucionaria.

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NOTAS:

1. La negativa de Pence tal vez también haya sido impulsada por otras consideraciones estratégicas —por ejemplo, la idea de que el proyecto fascista cristiano del que forma parte más se beneficiaría esperando para otro día que apostando todo a Trump—, pero eso no ha salido a la luz en las audiencias y es materia de especulación. En cuanto a la probidad e integridad de Pence, basta decir que este monstruo aceptó y actuó como instrumento clave de todos y cada uno de los crímenes, locuras, represiones y mentiras de Trump hasta el 6 de enero. [volver]

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