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BOB AVAKIAN 
REVOLUCIÓN #45: 
Para aquellos que tienen un interés serio y aquellos que anhelan fuertemente un mundo radicalmente diferente y mucho mejor: más sobre la cuestión crucial de por qué este es un “momento poco común” en el que la revolución no sólo se necesita con urgencia sino que es más posiblesí, aquí mismo en este poderoso país imperialista.

En varios de estos mensajes de las redes sociales (y especialmente en los números del Ocho al Once), he abordado por qué, en los tiempos en que vivimos ahora, es posible una revolución para derrocar este monstruoso sistema del capitalismo-imperialismo, y cómo semejante revolución podría triunfar. Además de la importancia de examinar estos mensajes de las redes sociales, en revcom.us hay una serie de obras que exploran aún más a fondo estos temas, entre ellos “Algo terrible, algo verdaderamente emancipador”; la serie de cinco capítulos Revolución: una verdadera oportunidad de ganar; y la declaración muy importante: La revolución — Desarrollar las bases para jugárselo el todo por el todo con una verdadera oportunidad de ganar. Orientación estratégica y enfoque práctico.

Aquí voy a centrarme en otra obra crucial, mi artículo Una revolución: importantes puntos de viraje y oportunidades poco comunes — O… ¿Por qué Lenin aludía a la Primera Guerra Mundial como un “director de escena” de la revolución?... Y, ¿por qué Mao decía, Agradecemos a Japón por invadir a China?

Como dice ese artículo, un hecho histórico importante es lo siguiente: con respecto a las únicas revoluciones triunfantes hasta ahora que han conducido al establecimiento de una verdadera sociedad socialista —en Rusia-la Unión Soviética y en China—, esas revoluciones triunfaron, o hicieron avances cruciales hacia la victoria final, en el contexto de una profunda crisis que concentró agudamente las grandes contradicciones del sistema capitalista-imperialistaEn el caso de la revolución rusa, en 1917 —que condujo al establecimiento de la Unión Soviética—, esta gran crisis fue la primera guerra mundial (1914-1918). En el caso de la revolución china, fue la segunda guerra mundial (1939-1945), y en particular la guerra de resistencia contra la ocupación imperialista japonesa de China en el contexto de esa guerra mundial, que llegó a ser un importante punto de viraje en la revolución china, por medio del cual las fuerzas revolucionarias dieron un salto crucial hacia la victoria final de esa revolución en 1949. (Es por eso que Mao dijo, con ironía, “Agradecemos a Japón por invadir a China”). El artículo “Puntos de viraje y oportunidades poco comunes” se adentra más a fondo en estos temas.

Por supuesto, sería un error hacer de esta experiencia una especie de “principio absoluto”, como si la revolución socialista fuera completamente imposible excepto en este tipo de circunstancias: las revoluciones no se hacen mediante “fórmulas” o intentando repetir y “copiar mecánicamente” la experiencia de revoluciones anteriores. Pero no es accidente ni coincidencia que las dos revoluciones socialistas triunfantes hasta ahora se hayan hecho (o se hayan vuelto más posibles) en el contexto de una profunda crisis del sistema capitalista-imperialista, con una concentración aguda de las contradicciones de ese sistema.

Lo que es de gran importancia inmediata ahora es el hecho de que éste es una vez más uno de semejantes momentos pocos comunes en que las contradicciones de este sistema —al interior de Estados Unidos y en el mundo en su conjunto— continúan intensificándose, con la posibilidad muy real de que esta situación podría conducir al tipo de crisis profunda que aumentara muchísimo la posibilidad, sí, de que se den más horrores — pero también la posibilidad de arrancar a esta situación una revolución real y emancipadora.

Como enfatiza el artículo “Importantes puntos de viraje y oportunidades poco comunes”, una de las cosas más importantes que deja en claro un método y enfoque científico es lo siguiente:

[L]as revoluciones se vuelven posibles, en el sentido más fundamental, como resultado de la intensificación de las contradicciones del sistema opresor, que conduzcan a puntos de viraje cruciales, proporcionando oportunidades poco comunes para avances revolucionarios importantes, con el potencial de abrir el camino para la victoria de la revolución. Y las perspectivas para una revolución dependen en gran medida de si las fuerzas conscientes para esta revolución no solo llevan a cabo un trabajo y lucha revolucionarios consecuentes, sino más específicamente si reconocen —y sobre esa base actúan con audacia y con determinación con una fundamentación científica, para aprovechar al máximo— estos puntos de viraje cruciales y oportunidades muy poco comunes.

Claro que el papel de los comunistas no es de esperar de manera pasiva para que se den tales puntos de viraje cruciales y oportunidades poco comunes. Al contrario —y este es un punto básico de orientación en el nuevo comunismo que yo he desarrollado—, los comunistas deben trabajar continuamente para maximizar el desarrollo de la revolución que se necesita, y acumular fuerzas para esa revolución— aplicando el enfoque de acelerar mientras se aguarda las condiciones necesarias que hacen que sea posible ponerlo todo en juego en la lucha por la revolución, con una verdadera posibilidad de ganar. Y luego, cuando se hayan dado las condiciones necesarias, es de crucial importancia actuar de manera decisiva — para dirigir a las masas de personas, a millones de ellas, a tomar el poder de manea concreta. 

Como también he enfatizado en muchas ocasiones — y por muy buenas razones: es de profunda y decisiva importancia que semejantes oportunidades poco comunes para la revolución no las desperdicien (despilfarren, desaprovechen) sino que las aprovechen activamente aquellos que anhelan la oportunidad, por fin, de deshacerse de este sistema verdaderamente roba-vidas y aplasta-almas, y de crear algo mucho mejor.