Bob Avakian escribe que una de las tres cosas que tiene “que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor: Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles”.
Tres cosas que tiene que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor:
1) Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles.
2) Las personas tienen que adentrarse con seriedad y ciencia en la manera en que el presente sistema del capitalismo-imperialismo funciona en los hechos, y los correspondientes resultados concretos en el mundo.
3) Las personas tienen que examinar profundamente la solución a todo eso.
Bob Avakian
1 de mayo de 2016
En ese sentido, y en ese espíritu, “Crimen yanqui” es una serie regular de www.revcom.us. Cada entrega se centrará en uno de los más de cien peores crímenes de los gobernantes de Estados Unidos, de entre un sinnúmero de sanguinarios crímenes que han cometido por todo el mundo, de la fundación de Estados Unidos a la actualidad.
La lista completa de los artículos de la serie Crimen Yanqui
Vecinos de un pueblo contemplan, durante un funeral, lloran a un hombre asesinado por un ataque con drones estadounidense en Pakistán, junto a la frontera con Afganistán, el 27 de diciembre de 2010. Foto: AP
El crimen
Jóvenes pakistaníes en una casa con las paredes manchadas de sangre tras dos ataques con misiles estadounidenses que mataron a 20 personas en Waziristán, el 4 de octubre de 2008. Foto: AP
El 23 de enero de 2009, a los tres días de iniciar su primer mandato como presidente, Barack Obama ordenó ataques letales con drones en la región de Waziristán, en Pakistán. Los ataques mataron a hasta 20 civiles1. Obama amplió considerablemente la guerra con drones de Estados Unidos, ordenando 10 veces más ataques con drones en Pakistán, Yemen y Somalia que su predecesor, George W. Bush. Durante la presidencia de Obama, hubo un total de 563 ataques estadounidenses, en su mayoría con drones, en esos países, en comparación con los 57 ataques que hubo bajo el mandato de Bush2.
Obama afirmó que estos y otros ataques con drones que ordenó como presidente estaban dirigidos contra yihadistas islámicos armados que se oponían a Estados Unidos. Pero, como informó la organización británica Bureau of Investigative Journalism al final de los dos mandatos presidenciales de Obama: “Los drones han alcanzado a cientos de civiles comunes y corrientes que llevaban una vida cotidiana normal… A lo largo de sus ocho años en el poder, el Bureau ha registrado entre 384 y 807 civiles muertos por ataques con drones en Pakistán, Yemen y Somalia” “3. Muchas otras personas resultaron gravemente heridas. Muchas de las víctimas eran niños.
Los ataques con drones en Pakistán, Yemen y Somalia fueron operaciones “encubiertas” de la CIA y las fuerzas armadas aparte de las guerras “oficiales” de Estados Unidos en Afganistán e Irak iniciadas por Bush4. Cuando Obama recibió el Premio Nobel de la “Paz” hacia finales de su primer año en la Casa Blanca, los ataques con drones de Estados Unidos ya habían matado al menos a 100 civiles en Pakistán durante ese tiempo5. Entre ellos se encontraban familiares cercanos de Faheem Qureshi, de 13 años. Faheem se encontraba en una reunión familiar en su casa, en una aldea de Waziristán del Norte, para celebrar el regreso de un tío que había estado trabajando en el extranjero. Un misil lanzado desde un dron estadounidense impactó en la casa, matando a dos tíos de Faheem y a un primo mayor. Faheem logró escapar con vida, pero necesitó meses de tratamiento médico por lesiones graves, incluso en los ojos. Los médicos lograron salvarle un ojo, pero quedó ciego del otro. Estados Unidos nunca reconoció el horror y la muerte que causó a los civiles en este ataque 6.
Una vez a la semana, Obama se reunía con altos funcionarios para discutir los objetivos de los ataques con drones armados, en sesiones que llamaban “Los martes del terror”. Analizaban minuciosamente una “lista de personas a eliminar” con notas sobre objetivos individuales, a las que llamaban “tarjetas de béisbol”. Luego, Obama daba su visto bueno a los asesinatos de esa semana7. Según se informa, Obama les dijo a los miembros de su equipo de alto nivel: “Resulta que soy muy bueno matando gente. No sabía que ese iba a ser uno de mis puntos fuertes”8.
Civiles en la mira
Un aldeano paquistaní sostiene los restos de un dron estadounidense que se estrelló junto a la frontera con Afganistán, el 25 de agosto de 2011. Foto: AP
Los drones de Obama sí mataron a algunos líderes y miembros de Al-Qaeda y otros grupos armados antiestadounidenses. Pero, bajo las tácticas que utilizó Estados Unidos, los operadores de drones ubicados a miles de millas de distancia podían calificar como “terroristas” a un grupo de personas que se habían reunido y tratarlas como objetivos “legítimos”9. Esto significaba que personas que no formaban parte de grupos yihadistas, sino que simplemente vivían en la misma zona —personas reunidas para eventos comunitarios como bodas y funerales— podían convertirse de repente en víctimas de ataques con drones. En uno de esos ataques en Yemen en 2013, 15 personas que se dirigían a una boda murieron en un ataque con drones porque Estados Unidos supuso que se trataba de un convoy de Al Qaeda10.
Otra táctica insidiosa fueron los ataques de “doble golpe”, en los que un dron armado atacaba un supuesto objetivo y, cuando la gente acudía a ayudar a los heridos o a buscar a sus familiares, era alcanzada por un segundo ataque de dron dirigido deliberadamente al mismo lugar. Según un informe11, un ataque de “doble golpe” en Pakistán mató a 18 aldeanos e hirió a 22, entre ellos una niña de ocho años.
En 2012, drones estadounidenses lanzaron múltiples misiles contra una tienda de campaña en la aldea de Zowi Sidgi, matando al instante a ocho de los jornaleros de la aldea que se habían reunido allí para descansar. Un testigo relató: “Cuando fuimos al lugar donde impactaron los misiles para ayudar a la gente, nos encontramos con una escena terrible. Había partes de cuerpos esparcidas por todas partes. [Vi] cuerpos sin cabeza y cuerpos sin manos ni piernas. Todos los que estaban en la choza quedaron destrozados… Los aldeanos se habían reunido en el lugar con camillas y agua, y habían comenzado a revisar los escombros cuando los drones estadounidenses lanzaron otra ronda de misiles contra el mismo lugar, matando a seis personas e hiriendo a otras dos que fallecieron poco después”.
En 2013, Amnistía Internacional, junto con Observatorio de Derechos Humanos, publicó informes sobre las muertes de civiles causadas por ataques con drones estadounidenses en Pakistán y Yemen, y afirmó que estas acciones militares deberían considerarse crímenes de guerra y violaciones del derecho internacional12.
Asesinatos de ciudadanos estadounidenses
El presidente Barack Obama se pronuncia sobre la muerte del imán Anwar al-Awlaki, nacido en Estados Unidos, en Yemen, durante una ceremonia celebrada en Ft. Myer, en Arlington (Virginia), el 30 de septiembre de 2011. Foto: AP
El 30 de septiembre de 2011, un dron de la CIA mató a Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense que vivía en Yemen, junto con otro ciudadano estadounidense. Al-Awlaki era un defensor del fundamentalismo islámico reaccionario y había expresado su apoyo a los ataques contra Estados Unidos. Los funcionarios de la administración de Obama justificaron su asesinato alegando que representaba una amenaza “inminente”, basándose en “pruebas” secretas.
Estados Unidos nunca presentó ninguna prueba concreta de que al-Awlaki hubiera cometido ningún delito, y él no tuvo la oportunidad de responder a sus acusadores ante un tribunal, lo que constituyó !una violación flagrante de los derechos supuestamente garantizados por la Constitución de los Estados Unidos. Previamente, cuando había salido informes en la prensa que indicaban que Estados Unidos tenía a al-Awlaki en la mira, su padre —un funcionario y académico yemení que había estudiado en Estados Unidos— apeló directamente a Obama para que detuviera el asesinato, incluso mediante una demanda ante un tribunal estadounidense 13. Obama siguió adelante y dio luz verde al asesinato, y dijo que su decisión había sido “fácil”14.
Menos de un mes después, otro ataque con drones de Estados Unidos en Yemen mató a Abdulrahman, el hijo de 16 años de al-Awlaki —quien también era ciudadano estadounidense—, junto con un primo de 17 años y al menos otros cinco civiles. Abdulrahman no tenía antecedentes de participación en ningún grupo yihadista. Las autoridades estadounidenses afirmaron que el ataque tenía como objetivo matar a un hombre que, según ellos, era “un líder de Al-Qaeda”, quien no se encontraba entre los fallecidos — sin siquiera una palabra de disculpa.
Los criminales
Los presidentes de Estados Unidos, tanto republicanos como demócratas: Bush inició el programa de guerra con drones, que Obama amplió considerablemente y que fue continuado y desarrollado aún más por Trump y Biden.
La CIA y el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos: Llevaron a cabo ataques con drones con impunidad, incluso cuando civiles inocentes que no tenían nada que ver con los supuestos “objetivos” perdieron la vida en dichos ataques.
El Congreso de Estados Unidos.: Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 perpetrados por yihadistas en la ciudad de Nueva York y el Pentágono en Washington, D.C., el Congreso aprobó la ley de Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF). Esta ley otorgaba al presidente la facultad de “utilizar toda la fuerza necesaria y apropiada contra aquellas naciones, organizaciones o personas que él determine que planearon, autorizaron, cometieron o ayudaron a cometer los ataques terroristas ocurridos el 11 de septiembre de 2001, o que dieron refugio a dichas organizaciones o personas, con el fin de prevenir cualquier acto futuro de terrorismo internacional contra Estados Unidos…” Esta ley estaba redactada en términos tan amplios que permitía al presidente ordenar acciones militares tanto abiertas como encubiertas contra todo tipo de fuerzas en todo el mundo, a la discreción del presidente. Esto formó parte de la justificación utilizada por Obama para la escalada de los ataques con drones.
Los tribunales de Estados Unidos: Los tribunales federales desestimaron repetidamente las demandas que cuestionaban la constitucionalidad del programa de drones de Obama, alineándose con el argumento del gobierno de que la revisión judicial correría el riesgo de revelar secretos de Estado y obstaculizaría la capacidad de actuar contra aquellos que el presidente declarara como amenazas para Estados Unidos15.
La coartada
Durante los primeros años de la presidencia de Obama, los funcionarios estadounidenses se negaron a revelar nada sobre los ataques con drones y otras acciones militares en Pakistán, Yemen y Somalia, que quedaban fuera de las guerras oficialmente reconocidas en Afganistán e Irak. Ante el aumento de los informes sobre muertes de civiles, Obama y sus funcionarios comenzaron a intentar justificar las guerras con drones.
Afirmaron que los ataques con drones solo se autorizaban cuando los objetivos representaban una “amenaza inminente y contínua para ciudadanos estadounidenses”, sin dar detalles sobre cómo llegaron a esa determinación16. A menudo citaban la ley de Autorización para el Uso de la Fuerza Militar aprobada por el Congress17 después del 11 de septiembre como la base que les otorgaba la facultad para tomar tales medidas.
En cuanto a los cientos de civiles asesinados, Obama afirmó que “los drones no han causado un gran número de víctimas civiles. En su mayor parte, han sido ataques muy precisos contra Al Qaeda y sus afiliados”18.
A mitad de su segundo mandato, Obama se jactó: “Como comandante en jefe, no he dudado en usar la fuerza cuando ha sido necesario. He ordenado que decenas de miles de jóvenes estadounidenses entraran en combate… He ordenado acciones militares en siete países19.
En cuanto al asesinato del ciudadano estadounidense Anwar al-Awlaki, el fiscal general de Obama, Eric Holder, afirmó que no se violaron los derechos de al-Awlaki al proceso debido porque hubo deliberaciones dentro de la administración que decidieron que debía ser asesinado —sobre las cuales Holder y otros funcionarios se negaron a dar detalles20. Después de que el hijo de 16 años de al-Awlaki, también ciudadano estadounidense, fuera asesinado por un dron de la CIA unos días después del asesinato de su padre, el secretario de prensa de Obama respondió a un reportero que señaló que era menor de edad: “Les sugeriría que tuvieran un padre mucho más responsable si realmente les preocupa el bienestar de sus hijos”.
El verdadero motivo
Una aldea de Somalia. El 26 de enero de 2014, entre dos y nueve personas murieron a causa de un ataque con un dron estadounidense. IG: Dronestagram. Una obra de arte, 2012-2015, de James Bridle. (Véase también: Dronestagram: The Drone’s-Eye View)
Los drones armados le dieron una ventaja a los gobernantes de Estados Unidos porque utilizaban tecnología avanzada que sus oponentes yihadistas islámicos no tenían a su disposición en ese momento. Los drones se consideraban más “rentables” que el uso de tropas terrestres (aunque Obama también envió decenas de miles de soldados adicionales a Afganistán), y no implicaban el riesgo de bajas entre los soldados estadounidenses. Los drones proporcionaban “negación de responsabilidad”: Estados Unidos podía afirmar que solo llevaba a cabo operaciones “selectivas y precisas” contra yihadistas específicos en Pakistán, Yemen, Somalia y otros lugares, y no que estaba invadiendo más países.
Los drones también sirvieron para aterrorizar a poblaciones enteras. Según un estudio de 2012 sobre los efectos de los ataques con drones de Estados Unidos en Pakistán, “Los drones sobrevuelan las veinticuatro horas del día las comunidades del noroeste de Pakistán, atacando viviendas, vehículos y espacios públicos sin previo aviso. Su presencia aterroriza a hombres, mujeres y niños, lo que genera ansiedad y traumas psicológicos entre las comunidades civiles. Quienes viven bajo la amenaza de los drones deben enfrentar la preocupación constante de que en cualquier momento se pueda lanzar un ataque mortal, y la certeza de que no tienen poder para protegerse21.
En un marco más amplio, los ataques con drones y otras acciones militares bajo el mandato de Obama formaban parte de la “Guerra Global contra el Terrorismo” lanzada por Estados Unidos bajo el régimen de Bush tras los ataques del 11 de septiembre, primero con las invasiones de Afganistán e Irak, y luego extendiéndose a otros lugares. Esta guerra tenía supuestamente como objetivo a las fuerzas yihadistas islámicas fundamentalistas responsables de los ataques del 11 de septiembre. En ese entonces los gobernantes estadounidenses habían llegado a la conclusión de que estas fuerzas representaban un peligro cada vez mayor para el control de Estados Unidos sobre el Medio Oriente, que era estratégicamente crucial para su dominio global.
Los yihadistas islámicos son reaccionarios y utilizan tácticas acordes con sus fines contrarrevolucionarios, que son extremadamente opresivos para las masas populares. Nadie que busque un mundo mejor debería apoyar a estas fuerzas ni confundirlas con antiimperialistas. Pero los crímenes cometidos por estas fuerzas palidecen ante los del imperio estadounidense, desde los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki hasta la masacre dirigida por la CIA en Indonesia, la guerra genocida en Vietnam y la actual guerra no provocada contra Irán22.
Un dron MQ-9 Reaper despega para una misión en Afganistán, el 29 de septiembre de 2007. Crédito: U.S. Air Force PD
Sin embargo, los ataques del 11-S contra la “patria” de los gobernantes estadounidenses fueron un golpe tan fuerte que tanto demócratas como republicanos se vieron obligados a responder de manera agresiva, con el fin de enviar un mensaje: nadie se saldría con la suya tras un ataque de ese tipo contra Estados Unidos sin una represalia extremadamente violenta. Al mismo tiempo, esos ataques proporcionaron una justificación para medidas importantes que ya se estaban considerando dentro del régimen de Bush antes del 11-S para hacer frente a la propagación del yihadismo islamista antiestadounidense y para fortalecer su control sobre el Medio Oriente y otras regiones23. Los gobernantes de Estados Unidos habían llegado a la conclusión de que estas fuerzas representaban amenazas crecientes para sus intereses en la región del Medio Oriente y para su dominio global. El régimen de Bush vio las invasiones de Afganistán e Irak como un medio para tomar rápidamente el control e imponer condiciones políticas y económicas a estos y otros países que “drenarían el pantano” de las fuerzas islamistas que representaban obstáculos para la dominación estadounidense sobre el Medio Oriente y otras regiones.
Fundamentalmente, la llamada “Guerra Global contra el Terrorismo” fue una guerra por el imperio. Obama evitó usar esa frase para distinguirse de Bush24. Pero la expansión de los ataques con drones y otras acciones militares bajo su presidencia formaban parte de la misma guerra por el imperio, destinada a proteger y fortalecer el control del sistema capitalista-imperialista de Estados Unidos sobre el Medio Oriente y la posición global de Estados Unidos, en un momento en que enfrentaba desafíos crecientes por parte de sus rivales imperialistas, China y Rusia, así como de potencias regionales como Irán25.
La realidad es que todos los presidentes de Estados Unidos, ya sean “liberales” como Obama o fascistas como Trump, representan al sistema capitalista-imperialista y son instrumentos del mismo. Y tienen una función principal: servir a los intereses de este sistema opresivo, explotador y destructor del planeta, sin importar el costo para las vidas de las personas y para el medio ambiente en todo el mundo.